Martes, 17 de mayo de 2011
Publicamos la intervenci?n del profesor Andr?s Ollero, titular de la C?tedra Detinsa de Bio?tica y Bioderecho de la Universidad Rey Juan Carlos, en el XI Congreso "Cat?licos y vida p?blica" que se celebra en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.
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Relativismo y dopaje ?tico
Relativismo y dopaje ?tico
MADRID, s?bado, 21 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).-?
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A nadie sorprender?a que, planteado el problema de cu?l sea el fundamento de los llamados derechos fundamentales, el relativismo ?tico apareciera como el principal obst?culo. Si nada es verdad ni mentira, si cada uno tiene su idea de la justicia y todo el mundo es bueno, empe?arse en calificar como fundamental un derecho es un modo de perder el tiempo como otro cualquiera.?

Responder que habr?a que considerar fundamentales a los derechos humanos replantear?a desde otro ?ngulo id?ntica cuesti?n: qu? es eso de la naturaleza humana, desde qu? semana y hasta qu? a?o somos humanos y, sobre todo, una cosa es predicar los derechos humanos (que todo el mundo se apuntar?...) y otra dar trigo.

Como no ser?a bueno que mi funci?n introductoria se desarrollara por los trillados cauces de lo previsible, comenzar? a poner en cuesti?n que la principal amenaza para los derechos humanos derive del relativismo que nos invade; y no por no considerar irreal tal invasi?n. Suscribo sin mayores dudas que nos movemos "en un contexto social y cultural, que con frecuencia relativiza la verdad, bien desentendi?ndose de ella, bien rechaz?ndola" (BENEDICTO XVI Caritas in veritate, 2). Es esto sin duda lo que lleva a convertir a la ley natural en una f?rmula indescifrable, descart?ndola como posible fundamento de esos derechos. Es l?gico pues que se identifique al relativismo como su decisivo enemigo.
Mis dudas provienen del convencimiento de que nuestra sociedad, lo sepa o no, no es en absoluto relativista; ni lo son tampoco las figuras m?s comerciales de la reflexi?n ?tica en Espa?a. Todos ellos y ellas han coincidido en excluirse de tan estrafalario club. Habr?a que reservar semejante audacia a algunos libertarios anarcoides, como Rorty (al que ya tuve ocasi?n de aludir con m?s detenimiento en Congreso anterior).?

Vayamos a ejemplos concretos.

Toda Espa?a ha estado durante estos d?as en vilo ante la tr?gica situaci?n de unos pescadores, compatriotas nuestros con bandera o sin ella, secuestrados por unos piratas notoriamente relativistas. Los efectos del relativismo se han hecho sin duda notar entre nosotros. Cuando se suscribe alegremente que la ley es la ley, y que no tiene nada que ver con lo que sobre la justicia pueda pensar cada cual, pues por visto eso ser?a ?tica privada, el resultado es previsible: la que p?blicamente se desprestigia no es la justicia sino la ley. A nadie se le ha ocurrido poner p?blicamente en duda que liberar a un secuestrado sea exigencia elemental de justicia y ning?n defensor gubernamental de que la ley es la ley, contra toda posible objeci?n de conciencia, ha salido en defensa de unos abnegados jueces empe?ados, ante los asombrados ciudadanos, en que no cabe soltar piratas porque lo dice no se sabe qu? librito que ellos llaman ley. Obviamente se da por hecho que los piratas por uno u otro sistema acabar?n en libertad.
Dejando al margen este peque?o detalle, nadie ha cometido tampoco el error de pretender que la mancha de relativismo con relativismo se quita. El argumento m?s contundente ha sido: "Dos delincuentes no pueden perjudicar a treinta y seis inocentes"; m?s claro agua. Las cifras no son irrelevantes. Si se hubiera tratado de treinta y seis delincuentes y s?lo dos inocentes, alguien se estar?a pasando varios pueblos; de relativismo nada...
Al relativismo se lo invoca para socavar la ?tica objetiva de la ley natural, heredada de nuestra cultura cristiana; pero el resultado no es un vac?o relativista, sino algo a?n m?s grave: la asimilaci?n inconsciente de otra ?tica no s?lo objetiva sino incluso emp?rica. Bentham descubri? esa ?tica verdadera, fruto del c?lculo de expectativas de placer y dolor, que ha llegado a presentarse con acierto como una aritm?tica en imperativo. Es la que nos ilustra, por ejemplo, sobre cu?ntos seres humanos embrionarios podemos sacrificar para poder participar en el sorteo de la curaci?n del Alzheimer. De relativismo nada; en nuestra sociedad hay una ?tica objetiva que, en t?rminos inform?ticos, acaba imponi?ndose por defecto: el utilitarismo. Algunos la califican engoladamente de ?tica p?blica, pero no es sino la mera expresi?n de las ?nicas leyes hoy fuera de discusi?n: las del mercado.

Los medios de comunicaci?n, m?s de una vez inconscientemente, nos adoctrinan en ella a diario. El beb? medicamento es recibido como el no va m?s del altruismo. El problema no es en este caso que sean menos los piratas que los inocentes; es que ahora ni se habla de cu?ntos hayan sido los inocentes embriones sacrificados, porque cualquier cantidad se considerar?a utilitariamente despreciable.

El bueno de Habermas, al que la falta de fe no le impide negarse a renunciar a la raz?n con el mismo denuedo que Benedicto XVI, se enfada no poco ante a una esc?ptica opini?n p?blica, que considera que la din?mica imparable de ciencia, t?cnica y econom?a genera unos hechos consumados que no cabe someter a control ?tico; de ah? que, preocupado por El futuro de la naturaleza humana, lamente las poco entusiastas posturas disidentes ante el avance de las investigaciones que el mercado de capitales haya tenido a bien financiar.

Queda s?lo por descifrar lo del dopaje. No es dif?cil en un pa?s de h?roes del ciclismo. El dopaje ha empujado a la ciencia a estudiar no s?lo sustancias capaces de permitir subir una pared, sino tambi?n otras destinadas a enmascararlas en cualquier posible control. De ah? que se considere producido un positivo tambi?n cuando aparecen restos de este intento de camuflaje. Lo mismo ocurre con el relativismo. Es en efecto pieza decisiva del actual dopaje ?tico de nuestra sociedad; pero s?lo como v?a insuperable para facilitar la callada e inconsciente generalizaci?n del utilitarismo. No s? si escandalizo a alguien, pero me encantar?a verme rodeado de m?s relativistas; vivir sometido a la ?tica por la cuenta de la vieja de los utilitaristas me da un asco invencible; qu? quieren que les diga...

Publicado por mario.web @ 23:56
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