Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
El P. Rossetti, nos ofrece una serie de fragmentos de mensajes eclesiales que profundizan en el trabajo y la redenci?n
?
Clave conceptual: Trabajo
Clave conceptual: Trabajo
En la revelaci?n divina el trabajo emerge desde las primeras p?ginas (Gn 1-3) como una doble realidad. Por una parte, es el reflejo mismo del obrar creativo divino (Gn 2,2), por otra, implicar? fatiga y sudor (Gn 3,17-20). La primera realidad es la esencial, la segunda es contingente y se debe al pecado original. El trabajo en s? deber?a manifestar el dominio del hombre sobre el cosmos, al que est? llamado a someter (Gn 1,28).

Para muchos estudiosos, esta doctrina est? a la base del desarrollo t?cnico industrial del Occidente cristiano. Por otra parte, el trabajo, como todas las realidades creadas, a ra?z del pecado puede vivirse de manera idolatra. Si el hombre pierde la noci?n de vicariedad respecto a su Creador, olvida el fin aut?ntico del trabajo (la cultivaci?n de la tierra), as? como el gozo del descanso (la santificaci?n de la creaci?n y el respeto hacia cada trabajador). Bajo el r?gimen del pecado, el trabajo se convierte f?cilmente en alienante. Puede mutarse tambi?n en un simple instrumento de provecho y, por tanto, de devastaci?n de la naturaleza y de explotaci?n del hombre (cf. los desastres ecol?gicos de la era del tecnicismo y capitalismo). En la Laborem exercens Juan Pablo II recuerda que "Las ense?anzas de la Iglesia han expresado siempre la convicci?n firme y profunda de que el trabajo humano no mira ?nicamente a la econom?a, sino que implica, adem?s y sobre todo, los valores personales" (n.15), subrayando su necesaria integraci?n en el ?mbito del respeto de la dignidad de la persona, m?s all? de cada economismo y materialismo. Por tanto, tambi?n las relaciones de trabajo deben someterse a una serie de derechos-deberes regulables igualmente a trav?s de negociaciones sindicales (nn. 16-23). Cristianamente el trabajo tambi?n puede integrarse en una espiritualidad de la secuela de Jes?s trabajador y de su misterio pascual: "En el trabajo humano el cristiano descubre una peque?a parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo esp?ritu de redenci?n, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros" (LE 27). Se produce as? una redenci?n de la operosidad humana que se ve conjugada a la fecundidad de la Obra (cf. el ergon en el IV Evangelio) de Aquel que es Primicia de Resurrecci?n: "la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino m?s bien aliviar, la preocupaci?n de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo" (GS 39; LE 27). "Todos estos frutos buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia (industriae nostrae), tras haberlos propagado por la tierra en el Esp?ritu del Se?or y seg?n su mandato, los encontraremos despu?s de nuevos, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal (1 Co 15,28)" (GS 39 = CIC 1050).
? ?

Publicado por mario.web @ 11:46
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios