Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
Tema central del ?ltimo libro del cardenal Martino
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Gobernar la globalizaci?n con el principio de subsidiariedad
Gobernar la globalizaci?n con el principio de subsidiariedad
CIUDAD DEL VATICANO, viernes 27 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Gobernar realmente la globalizaci?n significa usar el principio de subsidiariedad para garantizar que todas las personas tengan los bienes fundamentales.

?ste es el mensaje central del libro ?Servire la giustizia e la pace? (?Servir a la justicia y a la paz?) (Libreria Editrice Vaticana).

El volumen recoge algunas de las intervenciones m?s significativas del cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz y durante 16 a?os observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York.

En este libro, el purpurado afronta diversas problem?ticas como la cooperaci?n internacional, el trabajo, la paz, los derechos humanos ante la t?cnica, el bien com?n y la necesidad de una autoridad pol?tica mundial.

Y todo ello a la luz de la doctrina social de la Iglesia, entendida como instrumento de evangelizaci?n.

Globalizaci?n, subsidiariedad y gobierno global
El cardenal parte del concepto de comunidad internacional como comunidad natural y necesaria que encuentra su fundamento en la misma naturaleza humana, en la igualdad de todos los hombres y en su natural sociabilidad.

En este contexto, inserta la doctrina social como catalizador de un orden internacional, centrado en la persona humana, los valores ?ticos y el derecho a la convivencia entre las diversas comunidades pol?ticas.

Aqu? el purpurado reclama la necesidad de elaborar un nuevo ?derecho de las gentes? y solicita la ?constituci?n de poderes p?blicos a nivel mundial, una autoridad mundial, cuyo establecimiento depende del orden ?tico-jur?dico que preside las relaciones internacionales?.

Una estructuraci?n de los poderes a nivel internacional, por tanto, en funci?n de las organizaciones pol?ticas individuales y que no sea sustituida por ellas.

El purpurado destaca despu?s la necesidad de ?desarrollar el potencial pedag?gico de las organizaciones internacionales?.

Afirma que la Declaraci?n universal de los derechos humanos del 1948 y la Carta de las Naciones Unidas deben volver a ser ?un ?paradigma? ?tico-cultural vinculante para todos los Estados miembros?.

?El gobierno de la globalizaci?n -explica- necesita organismos internacionales, sin los cuales no hay un sistema de normativas, pero se corre el peligro de crear ?superestados? que agarrotan el sistema?.

En esta propuesta, el purpurado sit?a el punto clave en el principio de subsidiariedad, entendido como ?la ayuda que hay que dar a la persona para que pueda lograr de manera aut?noma sus propios fines personales y comunitarios? y que implica ?el valor de asumir responsabilidades y el de la participaci?n?.


En una ?poca dominada por la globalizaci?n, que a menudo aparece como un fen?meno ?impersonal? y ?suprapersonal? de rostro indefinido, fruto de la deriva tecnol?gica y que conduce a la ?homogeneizaci?n cultural?, la Iglesia la ve como un momento de ?con-divisi?n?, en el sentido de ?valorar la diferencia (divisi?n), pero en un marco unitario y de colaboraci?n con una finalidad?.

Frente a las consecuencias negativas de la globalizaci?n, en buena parte atribuibles, seg?n el cardenal Martino, a ?un gobierno inadecuado?, la Iglesia invoca ?una globalizaci?n en la solidaridad, una globalizaci?n sin marginaci?n?.

As? lo hab?a destacado Juan Pablo II en el Mensaje para la Jornada mundial de la Paz del 1998.

Humanismo planetario del trabajo

Hay que replantearse, por tanto, el gobierno global, indica el purpurado, pero tambi?n hacer del decent work, es decir, del trabajo digno, un objetivo irrenunciable.

?El trabajo es, de hecho, la clave de la cuesti?n social?, la manera de reducir la pobreza y las desigualdades, porque ?la posibilidad de trabajo transforma al pobre, de ?problema? del que hay que hacerse cargo en ?recurso?.

En el escenario actual, constata el purpurado, se asiste a una disminuci?n de la solidaridad en el mundo del trabajo, no s?lo entre los trabajadores de los pa?ses desarrollados, sino tambi?n en los pa?ses subdesarrollados, vistos cada vez m?s como ?antagonistas?.

Respecto a d?cadas atr?s, en las que se hablaba del ?puesto fijo?, han cambiado adem?s los tipos de trabajo y la misma configuraci?n contractual y jur?dica de los nuevos trabajos, que ocultan a veces verdaderas situaciones de precariedad.

Hoy se presta mayor atenci?n a la movilidad, a la flexibilidad y a la reconversi?n, incentivando ?el nomadismo laboral y la flexibilidad exasperada?, que permiten reducir la desocupaci?n pero que a menudo crean ?retornos negativos de tipo relacional?.

En el escenario actual, contin?a, ?el trabajo tiende a absorber el capital, contrariamente a lo que suced?a en la vieja sociedad industrial, cuando en cambio el sujeto acababa por ser aplastado por el objeto, por la m?quina?.

Pero esto conduce a la ?explotaci?n de los nuevos trabajos, al super-trabajo, al trabajo-carrera que a veces roba espacio a dimensiones tan humanas y necesarias para la persona, a la excesiva flexibilidad del trabajo que hace precaria, y a veces imposible, la vida familiar?.

Por ello hay que volver a considerar a la persona como fin y no como medio, y pensar en la plena ocupaci?n con en ?un objetivo que mantener fijo y alto?.

Adem?s, ?hay que recuperar la solidaridad universal del mundo del trabajo, se?alando el redescubrimiento del valor subjetivo del trabajo?.

El primado de la caridad sobre la justicia
Los derechos humanos reclaman el concepto de justicia, que ?necesita ser purificada de la caridad?, se?ala el cardenal, refiri?ndose a la enc?clica ?Deus caritas est? de Benedicto XVI.

Y, de hecho, ?el verdadero modo de servir a los pobres no es partir de su pobreza en sentido sociol?gico, sino partir de Cristo pobre?.

?Sin referirse a la doctrina social de la Iglesia -contin?a-, quien se compromete con la justicia y con los derechos humanos, con el desarrollo y la defensa de los pobres, corre constantemente el riesgo de perder de vista el ?lugar teol?gico? desde el cual interpretar propiamente su compromiso?

?sta es una consecuencia de la teolog?a de la liberaci?n -al menos en sus expresiones m?s radicales-, que ?intentaba partir de la praxis de la liberaci?n, en lugar de Cristo liberador?, acabando as? produciendo un ?efecto secularizante? y alimentando ?la cultura relativista?.

La ?erradicaci?n de la pobreza? es el componente crucial del desarrollo sostenible. Pero si es cierto que la pobreza y la miseria constituyen amenazas a la sostenibilidad del desarrollo, explica el cardenal, tambi?n es verdad que los problemas medioambientales afectan en mayor medida a las poblaciones pobres, obligadas a vivir en las zonas degradadas o en las ?reas m?s expuestas a los riesgos medioambientales.

La familia, estructura de base de la ecolog?a humana
En el libro, el purpurado trata tambi?n sobre c?mo es posible alcanzar una plena e integral realizaci?n de la persona humana y un aut?ntico humanismo social teniendo en cuenta el lugar central de la familia.

En este sentido, afirma que la familia, con la procreaci?n, ?se coloca como principio gen?tico de la sociedad, mientras que con el cuidado y la educaci?n de los hijos se configura como instrumento primario e insustituible para que cada persona pueda crecer adecuadamente en sus m?ltiples dimensiones e insertarse de manera positiva en el contexto social y cultural?.

?Una sociedad a medida de la familia es la mejor garant?a contra toda deriva de tipo individualista o colectivista porque en ella, la persona est? siempre en el centro de la atenci?n como fin, y nunca como medio?, afirma.

Adem?s, a?ade, ?la solidaridad (???) pertenece a la familia como bien de origen, constitutivo, estructural?

Por ello, las familias deben ser no s?lo sujeto activo de la acci?n pol?tica, sino tambi?n ?protagonistas de su misma promoci?n?, ?protagonistas esenciales de la vida econ?mica?, porque se rigen por la ?l?gica de compartir y de la solidaridad entre generaciones?.

Publicado por mario.web @ 11:48
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