Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
Ofrecemos a continuaci?n el texto de la catequesis pronunciada por Benedicto XVI durante la Audiencia General, celebrada este mi?rcoles en la plaza de San Pedro del Vaticano, dedicada a recoger la herencia espiritual de Guillermo de San Thierry.
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Benedicto XVI: La naturaleza humana consiste en amar
Benedicto XVI: La naturaleza humana consiste en amar
CIUDAD DEL VATICANO, mi?rcoles 2 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).-

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Queridos hermanos y hermanas:
En una catequesis anterior he presentado la figura de Bernardo de Claraval, el "doctor de la dulzura", gran protagonista del siglo duod?cimo. Su bi?grafo -amigo y admirador- fue Guillermo de San Thierry, sobre el cual me detengo en la reflexi?n de esta ma?ana.

Guillermo nace en Lieja entre el 1075 y el 1080. De noble familia, dotado de una inteligencia viva y de un innato amor por el estudio, estudi? en famosas escuelas de la ?poca, como la de su ciudad natal y la de Reims, en Francia. Entr? en contacto personal tambi?n con Abelardo, el maestro que aplicaba la filosof?a a la teolog?a de manera tan original que suscitaba mucha perplejidad y oposiciones. Tambi?n Guillermo expresa sus propias reservas, solicitando a su amigo Bernardo que tome posici?n frente a Abelardo. Respondiendo a esa misteriosa e irresistible llamada de Dios que es vocaci?n a la vida consagrada, Guillermo entra en el monasterio benedictino de Saint-Nicaise de Reims en 1113, y algunos a?os despu?s se convierte en abad del monasterio de San Thierry, en la di?cesis de Reims. En aquel periodo estaba muy difundida la exigencia de purificar y renovar la vida mon?stica, de hacerla aut?nticamente evang?lica. Guillermo obr? en este sentido en el interior del propio monasterio, y en general en la Orden benedictina. Sin embargo, encontr? no pocas resistencias frente a sus tentativas de reforma y as?, a pesar del consejo contrario del amigo Bernardo, en 1135, dej? la abad?a benedictina, dej? el h?bito negro y se puso el blanco, para unirse a los cistercienses de Signy. Desde aquel momento hasta la muerte, acaecida en 1148, se dedic? a la contemplaci?n orante de los misterios de Dios, desde siempre objeto de sus m?s profundos deseos, y a la composici?n de escritos de literatura espiritual, importantes en la historia de la teolog?a mon?stica.

Una de sus primeras obras se titula De natura et dignitate amoris (De la naturaleza y la dignidad del amor). En ella se expresa una de las ideas fundamentales de Guillermo, v?lida tambi?n para nosotros. La energ?a principal que mueve al alma humana -dice ?l- es el amor. La naturaleza humana, en su esencia m?s profunda, consiste en amar. En definitiva, una sola tarea es confiada a todo ser humano: aprender a querer, a amar sinceramente, aut?nticamente, gratuitamente. Pero s?lo en la escuela de Dios esta tarea se cumple y el hombre puede alcanzar el fin para el que ha sido creado.

Escribe en efecto Guillermo: "El arte de las artes es el arte del amor... El amor es suscitado por el Creador de la naturaleza. El amor es una fuerza del alma, que la conduce como por un lugar natural al lugar y al fin que le es propio" (La natura e la dignit? dell?amore 1, PL 184,379).

Aprender a amar requiere un largo y comprometido camino, que es articulado por Guillermo en cuatro etapas, correspondientes a la edad del hombre: la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. En este itinerario la persona debe imponerse una asc?tica eficaz, un fuerte control de s? mismo para eliminar todo afecto desordenado, toda concesi?n al ego?smo, y unificar la propia vida en Dios, fuente, meta y fuerza del amor, hasta alcanzar la cima de la vida espiritual, que Guillermo define como "sabidur?a". Al final de este itinerario asc?tico, se experimenta una gran serenidad y dulzura. Todas las facultades del hombre -inteligencia, voluntad, afectos- reposan en Dios, conocido y amado en Cristo.

Tambi?n en otras obras, Guillermo habla de esta radical vocaci?n al amor a Dios, que constituye el secreto de una vida de ?xito y feliz, y que ?l describe como un deseo incesante y creciente, inspirado por Dios mismo en el coraz?n del hombre.

En una meditaci?n ?l dice que el objeto de este amor es el Amor con la "A" may?scula, es decir, Dios. Es ?l quien se traslada al coraz?n de quien ama y le hace apto para recibirle. Se da hasta saciar y de tal modo, que desde esta saciedad, el deseo no disminuye nunca. Este torrente de amor es la plenitud del hombre" (De contemplando Deo 6, passim, SC 61bis, pp. 79-83). Llama la atenci?n el hecho de que Guillermo, al hablar del amor de Dios, atribuya una notable importancia a la dimensi?n afectiva. En el fondo, queridos amigos, nuestro coraz?n est? hecho de carne, y cuando amamos a Dios, que es el Amor mismo, ?c?mo no expresar en esta relaci?n con el Se?or tambi?n nuestros sentimientos m?s humanos, como la ternura, la sensibilidad, la delicadeza? ?El Se?or mismo, haci?ndose hombre, ha querido amarnos con un coraz?n de carne!

Seg?n Guillermo, el amor tiene otra propiedad importante: ilumina la inteligencia y permite conocer mejor y de manera m?s profunda a Dios y, en Dios, a las personas y los acontecimientos. El conocimiento que procede de los sentidos y de la inteligencia reduce, aunque no elimina, la distancia entre el sujeto y el objeto, entre el yo y el t?. El amor en cambio produce atracci?n y comuni?n, hasta el punto que se da una transformaci?n y una asimilaci?n entre el sujeto que ama y el objeto amado. Esta reciprocidad de afecto y de simpat?a permite a la vez un conocimiento mucho m?s profundo que el que obra s?lo la raz?n. Esto explica una c?lebre expresi?n de Guillermo: "Amor ipse intellectus est - ya en s? mismo el amor es principio de conocimiento".

Queridos amigos, nos preguntamos: ?no es propiamente as? en nuestra vida? ?No es verdad que conocemos realmente s?lo a quien y lo que amamos? ?Sin una cierta simpat?a no se conoce a nadie ni nada! Y esto vale sobre todo en el conocimiento de Dios y de sus misterios, que superan la capacidad de comprensi?n de nuestra inteligencia: ?a Dios se le conoce si se le ama!

Una s?ntesis del pensamiento de Guillermo de San Thierry figura en una larga carta dirigida a los Certosini de Mont-Dieu, a los que realiz? una visita y que quer?a alentar y consolar. El docto benedictino Jean Mabillon ya en 1960 dio a esta carta un t?tulo significativo: Epistola aurea (Ep?stola ?urea). En efecto, las ense?anzas sobre la vida espiritual contenidas en ella son preciosas para todos los que desean crecer en la comuni?n con Dios, en la santidad. En este tratado, Guillermo propone un itinerario en tres etapas. Es necesario -dice ?l- pasar del hombre "animal" al "racional" para llegar al "espiritual". ?Qu? intenta decir nuestro autor con estas tres expresiones? Al principio una persona acepta la visi?n de la vida inspirada en la fe con un acto de obediencia y de confianza. Despu?s con un proceso de interiorizaci?n, en el que la raz?n y la voluntad desempe?an una gran funci?n, la fe en Cristo es acogida con profunda convicci?n y se experimenta una armoniosa correspondencia entre lo que se cree y se espera y las aspiraciones m?s secretas del alma, nuestra raz?n, y nuestros afectos. Se llega as? a la perfecci?n de la vida espiritual, cuando las realidades de la fe son fuente de ?ntima alegr?a y de comuni?n real y gratificante con Dios. Se vive s?lo en el amor y para el amor. Guillermo funda este itinerario en una s?lida visi?n del hombre, inspirada en los antiguos Padres griegos, sobre todo en Or?genes, los cuales, con un lenguaje audaz, hab?an ense?ado que la vocaci?n del hombre es llegar a ser como Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza. La imagen de Dios presente en el hombre lo empuja hacia la semejanza, es decir hacia una identidad cada vez m?s plena entre la propia voluntad y la divina. A esta perfecci?n, que Guillermo llama "unidad de esp?ritu" no se llega con el esfuerzo personal, aunque sea sincero y generoso, porque es necesaria otra cosa. Esta perfecci?n se alcanza por la acci?n del Esp?ritu Santo, que habita en el alma y la purifica, absorbe y transforma en caridad todo impulso y todo deseo de amor presente en el hombre. "Hay despu?s otra semejanza a Dios", leemos en la Epistola aurea, "que ya no se llama semejanza, sino unidad de esp?ritu, cuando el hombre llega a ser uno con Dios, un esp?ritu, no s?lo por la unidad de un id?ntico querer, sino por no ser capaz de querer otra cosa. De esa manera, el hombre merece convertirse no en Dios, sino en lo que Dios es: el hombre se convierte por gracia en lo que Dios es por naturaleza" (Ep?stola ?urea 262-263, SC 223, pp. 353-355).

Queridos hermanos y hermanas, este autor, que podemos definir como el "Cantor del amor, de la caridad", nos ense?a a obrar en nuestra vida la elecci?n de fondo, que da sentido y valor a todas las dem?s elecciones: amar a Dios y, por amor suyo, amar a nuestro pr?jimo; s?lo as? podremos encontrar la verdadera alegr?a, anticipo de la bienaventuranza eterna. Introduzc?monos por tanto en la escuela de los Santos para aprender y amar de manera aut?ntica y total, para entrar en este itinerario de nuestro ser. Con una joven santa, Doctora de la Iglesia, Teresa del Ni?o Jes?s, digamos tambi?n nosotros al Se?or que queremos vivir de amor. Y concluyo propiamente con una oraci?n de esta Santa: "Yo te amo, y t? lo sabes, divino Jes?s! El Esp?ritu de amor me inflama con su fuego. Amando Te atrae el Padre, que mi d?bil coraz?n conserva, sin escape... ?Oh Trinidad! S? prisionera de mi amor. Vivir de amor, aqu? abajo, es un darse desmesurado, sin pedir salario... cuando se ama no se hacen c?lculos. ?Yo he dado todo al Coraz?n divino, que est? lleno de ternura! Y corro ligera. No tengo nada m?s, y mi ?nica riqueza es vivir de amor".

[Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:

Hoy me detengo en Guillermo de San Thierry, nacido en Lieja en torno al a?o mil ochenta. De familia noble, y dotado de gran inteligencia y un amor innato por el estudio, fue a las escuelas m?s famosas de su tiempo, como la de su ciudad natal y la de Reims, en Francia. Ingres? en los benedictinos de Saint-Nicaise de Reims y, poco despu?s, fue abad del monasterio de Saint Thierry, comunidad que, no obstante sus grandes deseos, no pudo reformar, por lo cual la abandon? para pasar a la abad?a cisterciense de Signy, en la que se dedic? a la contemplaci?n de los misterios de Dios y a escribir obras de espiritualidad. Llam? la atenci?n sobre los errores teol?gicos de Abelardo, solicitando a su amigo San Bernardo de Claraval que tomara posiciones ante ellos. De la doctrina de Guillermo, que se centr? particularmente en la ciencia del amor, podemos encontrar una s?ntesis en una larga carta que escribi? a los cartujos de Mont-Dieu, a quienes visit? para animarlos y consolarlos. En este escrito, que lleva el significativo nombre de Ep?stola ?urea, ense?a que, por el amor, el ser humano llega a ser por gracia lo que Dios es por naturaleza.

Saludo a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a las Religiosas dominicas de la Presentaci?n de la Sant?sima Virgen, al grupo de artistas del Estado de Yucat?n, a los fieles de la Di?cesis de Zacatecoluca, acompa?ados por el Se?or Obispo, as? como a los dem?s grupos procedentes de Espa?a, Bolivia y otros pa?ses latinoamericanos. Que siguiendo las ense?anzas de Guillermo de San Thierry, al que podemos definir como cantor de la caridad, aprendamos a conocer a Dios am?ndolo. Muchas gracias.

Publicado por mario.web @ 11:53
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