Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
Alfonso Aguil? Pastrana (Conoze.com) habla de la libertad de opini?n, la tolerancia y la libertad en torno al tema de la fe.
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Respeto a lo sagrado
Respeto a lo sagrado
En la sociedad actual ?escribo glosando ideas de Joseph Ratzinger?, gracias a Dios, se multa a quien deshonra la fe de Israel, su imagen de Dios, sus grandes figuras. Se multa tambi?n a quien vilipendia el Cor?n y las convicciones de fondo del Islam. Sin embargo, cuando se trata de lo que es sagrado para los cristianos, la libertad de opini?n aparece como un bien supremo cuya limitaci?n resultar?a una amenaza contra la tolerancia y la libertad.

El hecho sorprendente de que en el mundo occidental se castiguen con rigor las afrentas a cualquier religi?n menos a la cristiana, contrasta de modo notable con las evidentes ra?ces cristianas de nuestra sociedad, que han favorecido a lo largo de su historia un enorme avance, tanto moral y social como de desarrollo cient?fico y econ?mico. Occidente sufre una extra?a falta de autoestima por su historia, por las ra?ces que le han dado su actual fuerza. Se advierte en esto una especie de complejo, que s?lo cabe calificar de patol?gico, de una sociedad que intenta ?y esto es digno de elogio? abrirse llena de comprensi?n a valores externos, pero que parece no quererse a s? misma; que tiende a fijarse siempre en lo m?s triste y oscuro de su pasado, pero que no logra percibir los valores de fondo sobre los que se fundamenta.

Nuestra sociedad necesita de una nueva aceptaci?n de s? misma, una aceptaci?n ciertamente cr?tica y humilde, pero sin caer en el abandono o la negaci?n de lo que le es propio. La multiculturalidad no puede subsistir sin puntos de referencia. Y no puede subsistir, por ejemplo, sin respeto hacia lo sagrado. Se trata de un punto fundamental para cualquier cultura: el respeto hacia lo que es sagrado para otros, y el respeto a lo sagrado en general, a Dios. Y esto es perfectamente exigible tambi?n a aquel que no cree en Dios. All? donde se quebrante ese respeto, algo esencial se hunde en una sociedad, porque la libertad de opini?n no puede destruir el honor y la dignidad del otro.

Para las dem?s culturas del mundo, la profanidad absoluta que se ha ido formando en Occidente es algo profundamente extra?o. Est?n convencidas que un mundo sin Dios no tiene futuro. Por eso es a?n m?s necesario que la multiculturalidad respete y proteja tambi?n nuestros valores cristianos, al menos con la misma fuerza con que se abre a otros.

Porque el respeto a los elementos sagrados del otro s?lo es posible si lo sagrado, Dios, es respetado. Y los que somos cristianos, ciertamente podemos y debemos aprender de lo que es sagrado para los dem?s, pero tambi?n es deber nuestro mostrar en nosotros el rostro de Dios, de ese Dios que tiene compasi?n de los pobres y de los d?biles, de las viudas y de los hu?rfanos, del extranjero; del Dios que hasta tal punto es humano que ?l mismo se ha hecho hombre, un hombre sufriente, que sufriendo junto a nosotros da dignidad y esperanza al dolor.

El destino de una sociedad depende siempre de minor?as activas y con convicciones. Los cristianos consecuentes deber?an verse a s? mismos como tales minor?as creativas y contribuir a que nuestra sociedad recobre nuevamente lo mejor de su herencia y sepa ponerla al servicio de toda la humanidad. De lo contrario, el acervo de valores de Occidente, su cultura y su fe, aquello sobre lo que se basa su identidad, entrar? en un grave declive, justo en esta hora en que tan necesario es su vigor espiritual para mejorar el mundo en que vivimos.

Publicado por mario.web @ 11:58
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