Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
Ofrecemos el discurso que Benedicto XVI pronunci? este s?bado, al recibir a los obispos de las Regiones Sur 3 y Sur 4 de la Conferencia Episcopal de Brasil, presentes en el Vaticano con motivo de la visita "ad limina Apostolorum".
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Benedicto XVI: sobre la educaci?n y la teolog?a de la liberaci?n
Benedicto XVI: sobre la educaci?n y la teolog?a de la liberaci?n
CIUDAD DEL VATICANO, lunes 7 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).- O


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Queridos hermanos en el episcopado:
Os doy la bienvenida y os saludo a todos y a cada uno de vosotros, al recibiros colegialmente en el marco de vuestra visita ad limina. Agradezco a monse?or Murilo Krieger las expresiones de devota estima que me ha dirigido en nombre de todos vosotros y del pueblo confiado a vuestros cuidados pastorales en las Regiones Sur 3 y 4, exponiendo tambi?n los desaf?os y esperanzas. Oyendo esto, siento elevarse en mi coraz?n acciones de gracias al Se?or por el don de la fe misericordiosamente concedido a vuestras comunidades eclesiales y celosamente conservado por ellas y valientemente transmitido, en obediencia al mandamiento que Jes?s nos dej? de llevar su Buena Noticia a toda criatura, tratando de impregnar de humanismo cristiano la cultura actual.

Por lo que se refiere a la cultura, el pensamiento se dirige a dos ?mbitos cl?sicos en los que ?sta se forma y comunica --la universidad y la escuela--, concentrando la atenci?n principalmente en las comunidades acad?micas que han nacido a la sombra del humanismo cristiano y que se inspiran en ?l, honr?ndose con el nombre de "cat?licas". Ahora bien, "precisamente por la referencia expl?cita y compartida por todos los miembros de la comunidad escolar, a la visi?n cristiana --aunque sea en grado diverso-- es por lo que la escuela es "cat?lica", porque los principios evang?licos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo metas finales" (Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, La escuela cat?lica, n. 34). Que con una convencida sinergia con las familias y con las comunidades eclesiales, promueva esa unidad entre fe, cultura y vida que constituye el objetivo fundamental de la educaci?n cristiana.

Tambi?n se les puede ayudar a las escuelas estatales, de diferentes formas, en su tarea educativa con la presencia de profesores creyentes --en primer lugar, pero no exclusivamente, los profesores de religi?n cat?lica-- y de alumnos formados cristianamente, as? como con la colaboraci?n de las familias y de la misma comunidad cristiana. En efecto, una sana laicidad de la escuela no implica la negaci?n de la trascendencia, y ni siquiera una mera neutralidad frente a aquellos requisitos y valores morales que constituyen la base de una aut?ntica formaci?n de la persona, incluyendo la educaci?n religiosa.

La escuela cat?lica no puede concebirse ni vivir separada de las dem?s instituciones educativas.

Est? al servicio de la sociedad: desempe?a una funci?n p?blica y un servicio de p?blica utilidad que no est? reservado s?lo a los cat?licos sino abierto a todos aquellos que desean beneficiarse de una propuesta educativa calificada. El problema de su equiparaci?n jur?dica y econ?mica con la escuela estatal s?lo se plantear? correctamente si comenzamos por el reconocimiento del papel primario de las familias y del subsidiario de las dem?s instituciones educativas. En el art?culo 26 de la Declaraci?n Universal de los Derechos del Hombre puede leerse: "Los padres tendr?n derecho preferente a escoger el tipo de educaci?n que habr? de darse a sus hijos". El compromiso de siglos de la escuela cat?lica apunta hacia esta direcci?n, impulsado por una fuerza a?n m?s radical, es decir, por la fuerza de que hace de Cristo el centro del proceso educativo.

Este proceso, que comienza en las escuelas primaria y secundaria, se realiza de modo m?s alto y especializado en las universidades. La Iglesia ha sido siempre solidaria con la universidad y con su vocaci?n de llevar al hombre hacia los m?s altos niveles de conocimiento de la verdad y del dominio del mundo en todos sus aspectos. Me agrada expresar mi viva gratitud eclesial a las diferentes congregaciones religiosas que, entre vosotros, han fundado y sostenido universidades de renombre, record?ndoles, sin embargo, que ?stas no son propiedad de quien las ha fundado o de quien estudia en ellas, sino expresi?n de la Iglesia y de su patrimonio de fe.

En este sentido, amados hermanos, vale la pena recordar que, en el pasado mes de agosto, se han cumplido veinticinco a?os de la instrucci?n Libertatis nuntius de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, sobre algunos aspectos de la teolog?a de la liberaci?n; en ella se subrayaba el peligro que implicaba la aceptaci?n acr?tica, por parte de algunos te?logos, de tesis y metodolog?as provenientes del marxismo. Sus consecuencias m?s o menos visibles, hechas de rebeli?n, divisi?n, disenso, ofensa, anarqu?a, todav?a se dejan sentir, creando en vuestras comunidades diocesanas un gran sufrimiento y una grave p?rdida de fuerzas vivas. Suplico a todos los que, de alg?n modo, se han sentido atra?dos, involucrados y tocados en su interior por ciertos principios enga?osos de la teolog?a de la liberaci?n que vuelvan a confrontarse con la mencionada instrucci?n, recibiendo la luz benigna que ella ofrece a manos llenas; recuerdo a todos que "la ?suprema norma de su fe? [de la Iglesia] proviene de la unidad que el Esp?ritu ha puesto entre la Sagrada Tradici?n, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en una reciprocidad tal que los tres no pueden subsistir de forma independiente" (Juan Pablo II, Fides et ratio, n. 55). Que, en el ?mbito de los organismos y comunidades eclesiales, el perd?n ofrecido y recibido en nombre y por amor de la Sant?sima Trinidad, que adoramos en nuestros corazones, ponga fin al sufrimiento de la amada Iglesia que peregrina en las tierras de la Santa Cruz.

Venerados hermanos en el episcopado, en la uni?n con Cristo nos precede y nos gu?a la Virgen Mar?a, tan amada y venerada en vuestras di?cesis y en todo Brasil. En Ella encontramos la verdadera esencia, pura y no deformada, de la Iglesia y as?, por medio de ella, aprendemos a conocer y amar el misterio de la Iglesia que vive en la historia, nos sentidos profundamente parte de ella, nos convertimos en "almas eclesiales", aprendiendo a resistir a esa "secularizaci?n interna" que amenaza a la Iglesia y sus ense?anzas.

Mientras pido al Se?or que difunda la abundancia de su luz sobre todo el mundo brasile?o de la escuelo, encomiendo sus protagonistas a la protecci?n de la Virgen Sant?sima, y os imparto a vosotros, a vuestros sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a los laicos comprometidos, y a todos los fieles de vuestras di?cesis, una paterna bendici?n apost?lica.

Publicado por mario.web @ 14:01
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