Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
El fundador de la Falange se defini? como cat?lico, y, adem?s, quiso imprimir ese car?cter tanto a su pensamiento pol?tico como al movimiento que, poco a poco, pero en un plazo de poco m?s de un a?o, acab? siendo un trasunto de s? mismo
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Catolicismo y fundamentaci?n pol?tica: Jos? Antonio Primo de Rivera y la interpretaci?n cat?lica de
Catolicismo y fundamentaci?n pol?tica: Jos? Antonio Primo de Rivera y la interpretaci?n cat?lica de
El diez de abril de 1934, al salir de una vista en el Tribunal de Urgencia de la c?rcel Modelo de Madrid, Jos? Antonio Primo de Rivera sufr?a un atentado. A las pocas horas, el periodista C?sar Gonz?lez Ruano le entrevistaba para el diario ABC. En la conversaci?n, el periodista le pregunt? por aquello que m?s le hubiera preocupado en el caso de haber muerto en el ataque. El fundador de la Falange le contest?: ?Por no saber si estaba preparado para morir. La eternidad me preocupa hondamente. Soy enemigo de las improvisaciones, igual en un discurso que en la muerte. La improvisaci?n es una actitud de la escuela rom?ntica y no me gusta?. No cabe duda de que, cuando Jos? Antonio mostraba su preocupaci?n por no saber si estaba convenientemente preparado para morir, lo hac?a desde un punto de vista cat?lico.
Transcurrieron algo m?s de dos a?os y medio desde que Jos? Antonio realizara esa reflexi?n y tuviera que prepararse para morir. A ello dedic? sus esfuerzos tras concluir el proceso en Alicante: ?trato de disponerme lo mejor posible para el juicio de Dios?, escribi? a su t?o Ant?n. De esta realidad nos queda el testimonio de su testamento y aquellas doce estremecedoras cartas que redactara, pocas horas antes de morir, el 19 de noviembre de 1936. En todas ellas se pon?a en manos de Dios, aceptando resignadamente su decisi?n, con resignaci?n y conformidad cristiana, agradeci?ndole la ?templada calma de la que hasta ahora no ha querido privarme y que le tengo que agradecer infinito?.

Con este breve exordio estimo que delimitamos a la perfecci?n las profundas creencias de un hombre que nunca se dej? seducir por la tendencia, que se extend?a tanto entre la juventud intelectual de su tiempo a la que pertenec?a, como entre los j?venes de su mundo social, de asomarse al factor religioso, en su caso al factor cat?lico, tanto desde posiciones de introspecci?n individualista, como de alejamiento o abandono.

Tanto en sus intervenciones p?blicas, como en los numerosos testimonios particulares que nos han permitido reconstruir la vida de Jos? Antonio, incluyendo un rico anecdotario, el fundador de la Falange se defini? como cat?lico (?Yo soy cat?lico convencido? dijo a su amigo Francisco Bravo), y, adem?s, quiso imprimir ese car?cter tanto a su pensamiento pol?tico como al movimiento que, poco a poco, pero en un plazo de poco m?s de un a?o, acab? siendo un trasunto de s? mismo. Su concepci?n, alt?sima por otra parte, del Derecho y la Justicia tiene su base en Santo Tom?s y en la neoescol?stica. Es ese catolicismo el filtro que transforma los conceptos acu?ados por Ledesma Ramos. Es el catolicismo el sustento de la concepci?n del hombre, del individuo y de la sociedad que Jos? Antonio crea y recrea para su movimiento. Las nociones de ?tica y estilo, quiz? la aportaci?n m?s netamente joseantoniana del falangismo, tambi?n provienen del catolicismo.

Hasta el concepto de libertad es en Jos? Antonio profundamente religioso; as? Luys Santamarina anotaba como la libertad, en el pensamiento del fundador de la Falange, tiene una ?ra?z m?stica de signo cristiano? porque la libertad s?lo es posible dentro de un orden?. Es el catolicismo lo que aleja a Jos? Antonio, por ejemplo, de algunos planteamientos de Carl Smith o el filtro que le permite traducir pol?ticamente a Ortega. Incluso su disidencia con el fascismo tiene esos or?genes, tal y como nos recuerda Gonzalo Massot al indicar como ?recost?ndose sobre el pensamiento tradicional cat?lico, el fundador de FE toma distancias con el fascismo o cuando ?ste, cediendo ante Hegel, subsume a lo absoluto impersonal en el Estado que pasa, en consecuencia, a ser fuente de eticidad?. Es el catolicismo lo que aleja a los conceptos falangistas del hegelismo. En s?ntesis, como con harta certeza, apunta Sigfredo Hillers de Luque: ?Jos? Antonio inserta y acomoda su doctrina pol?tica a la Weltanschauung cat?lica, fusion?ndose con ella, formando un cuerpo con ella. Esta es la esencia de la doctrina joseantoniana?. Por ello ?no se puede explicar la energ?a potencial de la doctrina de Jos? Antonio olvidando su origen: la teolog?a cat?lica? (Derecho, Estado y Sociedad, II, Madrid 1987).

En el terreno individual, los testimonios nos lo presentan como un cat?lico practicante hasta l?mites de dif?cil comprensi?n para el catolicismo cultural actual. Cumpl?a puntualmente con todos los preceptos; hasta con exageraci?n podr?amos a?adir. Seg?n un art?culo de su prima Nieves S?enz de Heredia, incluso se negaba a trabajar los festivos. A nivel anecd?tico, y estas peque?as historias suelen ser muy reveladoras del car?cter real de los personajes estudiados, bastar?a recordar como, amablemente, casi paternalmente, se dirigi? a uno de sus seguidores que, en una comida, pidi? carne siendo vigilia: ??Hombre!, que por una rubia estupenda se pierda el cielo est? mal, aunque pueda explicarse; pero que lo pierdas por una chuleta?. Pero, al mismo tiempo, tuvo siempre buen cuidado a la hora de no tratar de imponer a sus seguidores su catolicismo practicante; su intenci?n fue siempre atraerlos al mismo con el ejemplo, porque conforme a su esquema de pensamiento lo trascendente era asumir el contenido y lo accidental era la forma.
Cabr?a preguntarse, en este planteamiento inicial, la correlaci?n existente entre esa posici?n personal, su mundo conceptual y su opci?n pol?tica. Volvamos para ello, en el discurrir pol?tico de Jos? Antonio, a dos situaciones extremas en el tiempo: la primera, en los a?os en que su padre asume la jefatura del gobierno; la segunda, en la prisi?n de Alicante.

Seg?n Pablo Vila-San-Juan, en los tiempos de la Dictadura, ya hablaba Jos? Antonio de formar un grupo juvenil de car?cter regeneracionista cuya base estar?a en la ?doctrina de Cristo con alguna parte del programa de Carlos Marx, referentes al capitalismo y a la justicia social?. A lo largo de su construcci?n conceptual, a mediados de los treinta, resulta evidente que, para Jos? Antonio, la pol?tica es un elemento subordinado al proyecto de salvaci?n del hombre dentro del m?s estricto agustinismo: ?lo que puede intentarse pol?ticamente es la puesta en forma para la espera de la gracia?.

En la prisi?n de Alicante, Jos? Antonio tiene tiempo para reflexionar y tratar de profundizar en el sustento de su doctrina pol?tica. Entre los escritos que nos han llegado se conserva el esquema de un libro que pensaba titular Cuaderno de notas de un estudiante europeo, ?un ?ndice de notas de los temas que preocupan a toda la juventud?. En esas hojas, Jos? Antonio, aborda sint?ticamente la evoluci?n que ha conducido al momento actual, donde ?los signos son todos de hundimiento de un mundo?. Sit?a el origen de ese proceso de destrucci?n, como hab?a hecho en otras ocasiones, en la Reforma protestante y la ruptura de la unidad de pensamiento en Europa, por lo que ?la presente situaci?n del mundo es, ni m?s ni menos, la ?ltima consecuencia de la Reforma?. Jos? Antonio, que ya no pertenece a la generaci?n pesimista del 98, sino a la que estima que ?algo se puede hacer?, se niega a aceptar el destino con resignaci?n (??hemos de avenirnos a ser testigos de la cat?strofe predicha por Marx??). Siguiendo ese esquema dial?ctico analiza las posibles soluciones. Desecha la comunista, que para ?l es la catastr?fica. Estima como insuficientes la fascista o la anarquista (?soluciones extremas?).

Se pronuncia a favor de la ?soluci?n religiosa? de ?sentido cristiano?.

En pocas l?neas, como apunta Andreas B?hmler: ?La Falange es portadora de un ideal cat?lico, que se nutre del pensamiento org?nico-corporativo de la Iglesia de entonces. Pese a lo que hoy pueda parecer a primera vista? el modelo profundo de Naci?n que defiende Jos? Antonio es el de la Espa?olidad -a diferencia del Espa?olismo- y como tal conserva los ejes centrales del ideal cat?lico de la Reconquista y Conquista (donde) el ?nico modo de uni?n arm?nica de la diversidad, que es la uni?n en la fe cat?lica. Patria y catolicidad son inseparables porque la misi?n de la patria es el siempre renovado y renovador empe?o de incorporar a todos a una empresa universal de salvaci?n? (Apuntes sobre la filosof?a pol?tica de Jos? Antonio Primo de Rivera).

El catolicismo del individuo.
Resulta imposible comprender, en toda su exactitud, la importancia del factor cat?lico en el pensamiento de Jos? Antonio, sin analizar, aun cuando sea someramente, la vida religiosa del mismo. Sobre todo porque en Jos? Antonio no existe disociaci?n entre el comportamiento p?blico y el privado, entre la pol?tica y la religi?n. Ya a mediados de los setenta Cecilio de Miguel Medina, en un libro importante, La personalidad religiosa de Jos? Antonio, sigui? la vida religiosa de Jos? Antonio, recopilando an?cdotas, testimonios y revisando los escritos y discursos del fundador de la Falange. A este texto nos remitimos para ampliar lo que aqu? pudieran parecer ejemplos interesados.

Conviene tener presente, para medir el grado de influencia, que gran parte del ser de un individuo se encuentra condicionado por aquellas nociones, conceptos de vida, que va asumiendo como propios durante su infancia, y que s?lo crisis muy profundas de creencias, rupturas traum?ticas, logran destruir de una forma radical. En Jos? Antonio, como en la inmensa mayor?a de los espa?oles de esas generaciones, es el ambiente familiar el agente fundamental, y casi ?nico, de transmisi?n de esos conceptos. Cierto es que los Primo de Rivera distaban de ser una familia an?nima, disuelta en el arquetipo del grupo social al que pertenec?an; en ella se manifestaba el peso que la historia impone a sus miembros, pues hab?an estado presentes, a diversos niveles, en la historia de Espa?a desde el siglo XVII, en las filas castrenses. Una familia, en palabras de Jos? Antonio, muy poco tranquila. Cuando Pilar Primo de Rivera sintetiz?, por vez primera, sus recuerdos sobre su hermano, lo hizo comenzando por el peso de lo castrense y lo religioso, a lo que a?adi? lo que podr?amos denominar como la ambici?n de las letras (Recuerdos de Jos? Antonio, Barcelona 1973).

Jos? Antonio creci? y se form? en un ambiente religioso. Es usual, y resulta dif?cil sustraerse a ello, recoger, aun cuando sea como nota a pie de p?gina, la descripci?n de ese ambiente realizada por su hermana Pilar: ?Por tradici?n familiar la vida nuestra se desenvolv?a en un ambiente de vida religiosa. Todas las devociones y obligaciones se cumpl?an fielmente, debido al cuidado de dos t?as andaluzas encantadoras, hermanas de mi padre, que vinieron a vivir con nosotros a la muerte de mi madre? Se hac?a el mes de Mar?a? se rezaba el rosario en familia, se pon?a el Nacimiento en Navidad y ven?an los reyes; se frecuentaban los Sacramentos y cuando se llegaba a la edad de ayunar no se perd?a un solo d?a en aquella ?poca en que durante la Cuaresma hab?a que ayunar tres veces por semana?.

Por la misma Pilar conocemos que el general encarg?, intentando respetar la voluntad segura de aquella esposa perdida a la que s?lo hab?a prometido por toda dote ?una historia de amor?, la educaci?n religiosa de sus hijos a la t?a Ma y a la t?a In?s. Esa que ?todos los d?as -recuerda Pilar en sus memorias- buscaba el momento para llevarnos a San Pascual para que rez?ramos el Sant?simo cuando pas?bamos por el paseo de Recoletos, no sin cierta resistencia por nuestra parte, que est?bamos deseando que alg?n d?a se distrajera y pas?ramos de largo sin entrar?.

Don Miguel, por su parte, llevaba a aquellos ni?os al relevo de la Guardia, a saludar la Bandera al pasar delante de ella; la vida material de los peque?os Primo de Rivera estaba ?organizada como la de un Regimiento?, hasta con parte diario de actividades colocado en la puerta de cada habitaci?n. Y es que la conjunci?n antes aludida, tan grata a las figuras ret?ricas de Jos? Antonio, de lo castrense y lo religioso, de lo militar y lo misional, tiene sus verdaderas ra?ces en esas vivencias, en esos modos de vida, de la infancia y no en complicadas elucubraciones sobre la traslaci?n posible de formas ideol?gicas posteriores que son adaptadas al modelo espa?ol.

Recordemos aquellos reveladores p?rrafos que sintetizaban el modo perfecto en que ve?a Jos? Antonio c?mo se deb?a vivir la vida: ?no hay m?s que dos normas serias de vivir, la manera religiosa y la manera militar, o, s? quer?is, una sola, porque no hay religi?n que no sea milicia, ni milicia que no est? caldeada por un sentimiento religioso?. Por ello, resulta muy dif?cil sustraerse, al leer a Jos? Antonio, a dejar volar el pensamiento hasta San Ignacio de Loyola y su Compa??a de Jes?s, a la que el propio fundador de la Falange, puso como ejemplo de lo que deb?a ser su movimiento en noviembre de 1933: ?en este peque?o grupo que hoy inicia la lucha no habr? superiores ni inferiores: somos como en los primeros tiempos de la Compa??a de Jes?s, un grupo de hombres de buena fe que debemos censurarnos todos a fin de acertar?. Hasta tal punto consigui? transmitir esta intenci?n a su movimiento pol?tico que, cuando Wenceslao Fern?ndez-Flores lanz?, utilizando la iron?a, una dur?sima cr?tica desde ABC a Jos? Antonio, por no emplear la ley del tali?n ante los asesinatos de falangistas, no dud? a la hora de hablar de franciscanismo: ?Y hay que felicitarse de que sea as?. Pero no creemos que el esp?ritu laico de la Espa?a actual permita desenvolverse y afirmarse una Orden religiosa m?s?.

Es tambi?n lugar com?n el afirmar que, como apunta Pilar Primo de Rivera, ?Jos? Antonio, durante toda su vida, se mantuvo en esas pr?cticas, que hicieron de ?l un verdadero y entero cat?lico?, siendo para ?l la religi?n ?una ?ntima necesidad de su conciencia?. Quedan testimonios orales y escritos de lo que le molestaba que se dudara de esa vinculaci?n que ?l transmitir?a a su movimiento. Buena prueba de ello son las mordaces refutaciones a Gil Robles; su nota ante la defecci?n p?blica del marqu?s de la Eliseda alegando cuestiones religiosas o la carta, de las pocas particulares que conocemos, quiz?s por un inexplicable exceso de celo familiar, dirigida a su t?a Carmen Primo de Rivera, religiosa en Las Descalzas, ?picado por lo dispuesto que siempre est? tu ?nimo a escuchar chismes absurdos de los que ponen en circulaci?n contra m? las se?oras m?s feas de C?rdoba?.

Publicado por mario.web @ 15:10
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