Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
Alfonso Aguil? Pastrana (Conoze.com) habla sobre el juzgar a los dem?s
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Redimir a un hombre
Redimir a un hombre
Una tarde de octubre de 1815 un hombre hambriento y cansado llega caminando a la ciudad. Desesperado porque en los albergues no le admiten y no sabe d?nde pasar la noche, Jean Valjean llama a la puerta de una casa. Cuando le abren, se presenta: ?Se?ores, soy un ex presidiario. He pasado diecinueve a?os en la c?rcel?. El due?o de la casa, el obispo de Digne, se mueve a compasi?n y le hace pasar. Pide que en su propia mesa pongan un cubierto m?s y que se adorne para la ocasi?n con dos candelabros de plata.

Valjean era un modesto trabajador, analfabeto y solitario, que fue condenado a diecinueve a?os de trabajos forzados por haber roto un cristal y robado una barra de pan para alimentar a los siete hijos de su hermana viuda. En sus largos a?os de presidio en Tol?n se hab?a llenado de odio hacia una sociedad que le trataba de forma inhumana e injusta. Y al salir de la c?rcel, se da cuenta de que su orden de libertad, de color amarillo, que debe mostrar dondequiera que vaya, le condena a ser en la pr?ctica un marginado.

Tan s?lo el bondadoso obispo de Digne le trata con afecto. Pero, a pesar de recibir de aquel prelado tanta hospitalidad, Valjean se deja llevar por sus impulsos depravados por tantos a?os de presidio y, de madrugada, roba la cuberter?a de plata, golpea a su benefactor y se da a la fuga.

La polic?a no tarda en prenderlo y lo trae a presencia del obispo. Interrogado por los gendarmes, Valjean tiene que soportar un careo con el hombre cuya confianza ha defraudado. Entonces, el anciano prelado, en vez de ratificar las sospechas de la polic?a, sale en defensa del convicto, asegurando que la cuberter?a de plata es un regalo que ?l mismo ha hecho a su hu?sped. E incluso le reprende amablemente por no haber querido llevarse tambi?n los candelabros, que de inmediato introduce en su faltriquera. El presidiario queda libre y este hecho in?dito y asombroso determina el cambio de rumbo de su hasta entonces fatal destino.

Con ese gesto memorable, el obispo de Digne redime a un hombre que parec?a ya totalmente insensible a la bondad. A partir de ese momento, Jean Valjean, enaltecido por esa nueva e inmerecida muestra de confianza en ?l, decide empezar una nueva vida, que desde entonces ser? una incesante epopeya de abnegaci?n.

Esta c?lebre escena de ?Los miserables?, esa gran novela de V?ctor Hugo, nos presenta al obispo de Digne como un personaje egregio que hab?a entendido hasta qu? punto Dios habita en el rostro de sus criaturas m?s afligidas. Una lecci?n magn?fica sobre el fruto de dar una nueva oportunidad a quien ha traicionado nuestra confianza y nos ha hecho da?o. Una muestra de la grandeza que supone hacer el bien de un modo que quiz? no parece razonable pero que permite a una persona superar las tristes inercias que le empujan con fatalidad hacia el mal.

Los hombres no debemos hacer el bien para ser correspondidos y reconocidos ?aunque sea l?gico y leg?timo desearlo?, sino que obramos bien porque creemos que es siempre la mejor opci?n para todos, aunque no todos lo sepan valorar o agradecer.

Debemos ser muy prudentes a la hora de juzgar a los dem?s. Las miserias y los errores de los hombres se deben en buena parte a que han recibido una formaci?n deficiente o errada, y por eso sus fallos no han de ser para nosotros un motivo de indignaci?n sino un est?mulo para procurar ayudarles. El verdadero esp?ritu cristiano impulsa a acercarse con afecto a todos los hombres, y eso aunque sean personas que lleven una vida muy equivocada, o incluso criminal, porque en esos casos ?como ha escrito Josemar?a Escriv?, ?aunque sus errores sean culpables y su perseverancia en el mal sea consciente, hay en el fondo de esas almas desgraciadas una ignorancia profunda, que s?lo Dios podr? medir?.

Publicado por mario.web @ 16:24
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