Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
Documento del Magisterio de la Iglesia acerca de la evangelizaci?n en el mundo contempor?neo
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Evangelii Nuntiandi
Evangelii Nuntiandi
AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES
DE TODA LA IGLESIA ACERCA DE LA EVANGELIZACI?N
EN EL MUNDO CONTEMPOR?NEO


INTRODUCCI?N

Venerables hermanos y amados hijos:
Salud y Bendici?n Apost?lica


Compromiso evangelizador
1. El esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad.

De ah? que el deber de confirmar a los hermanos, que hemos recibido del Se?or al confi?rsenos la misi?n del Sucesor de Pedro (1), y que constituye para Nos un cuidado de cada d?a (2), un programa de vida y de acci?n, a la vez que un empe?o fundamental de nuestro pontificado, ese deber, decimos, nos parece todav?a m?s noble y necesario cuando se trata de alentar a nuestros hermanos en su tarea de evangelizadores, a fin de que en estos tiempos de incertidumbre y malestar la cumplan con creciente amor, celo y alegr?a.

Conmemorando tres acontecimientos
2. Esto es lo que deseamos hacer ahora, al final del A?o Santo, durante el cual la Iglesia se ha esforzado en anunciar el Evangelio a todos los hombres (3), sin embargo otro objetivo que el de cumplir su deber de mensajera de la Buena Nueva de Jesucristo proclamada a partir de dos consignas fundamentales: "vest?os del hombre nuevo" (4) y "reconciliaos con Dios" (5).

Tales son nuestros prop?sitos en este d?cimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, cuyos objetivos se resumen, en definitiva, en uno solo: hacer a la Iglesia del Siglo XX cada vez m?s apta para anunciar el Evangelio a la humanidad del siglo XX.

Nos queremos hacer ?sto un a?o despu?s de la III Asamblea General del S?nodo de los Obispos ?consagrada, como es bien sabido, a la evangelizaci?n?; tanto m?s cuanto que esto nos lo han pedido los mismos padres sinodales. En efecto, al final de aquella memorable Asamblea, decidieron ellos confiar al Pastor de la Iglesia universal, con gran confianza y sencillez, el fruto de sus trabajos, declarando que esperaban del Papa un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos de evangelizaci?n (6) en una Iglesia todav?a m?s arraigada en la fuerza y poder perennes de Pentecost?s.

Tema frecuente de nuestro pontificado

3. En diversas ocasiones, ya antes del S?nodo, Nos pusimos de relieve la importancia de este tema de la evangelizaci?n. "Las condiciones de la sociedad ?dec?amos al Sacro Colegio Cardenalicio del 22 de junio de 1973? nos obligan, por tanto, a revisar m?todos, a buscar por todos los medios el modo de llevar al hombre moderno el mensaje cristiano, en el cual ?nicamente podr? hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza para su empe?o de solidaridad humana" (7). Y a?ad?amos que, para dar una respuesta v?lida a las exigencias del Concilio que nos est?n acuciando, necesitamos absolutamente ponernos en contacto con el patrimonio de fe que la Iglesia tiene el deber de preservar en toda su pureza, y a la vez el deber de presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, con los medios a nuestro alcance, de una manera comprensible y persuasiva.

En la l?nea del S?nodo de 1974

4. Esta fidelidad a un mensaje del que somos servidores, y a las personas a las que hemos de transmitirlo intacto y vivo, es el eje central de la evangelizaci?n. Esta plantea tres preguntas acuciantes, que el S?nodo de 1974 ha tenido constantemente presentes:
??Qu? eficacia tiene en nuestros d?as la energ?a escondida de la Buena Nueva, capaz de sacudir profundamente la conciencia del hombre?
??Hasta d?nde y c?mo esta fuerza evang?lica puede transformar verdaderamente al hombre de hoy?
??Con qu? m?todos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea eficaz?
Estas preguntas desarrollan, en el fondo, la cuesti?n fundamental que la Iglesia se propone hoy d?a y que podr?a enunciarse as?: despu?s del Concilio y gracias al Concilio que ha constituido para ella una hora de Dios en este ciclo de la historia, la Iglesia ?es m?s o menos apta para anunciar el Evangelio y para inserirlo en el coraz?n del hombre con convicci?n libertad de esp?ritu y eficacia?

Invitaci?n a la reflexi?n y exhortaci?n

5. Todos vemos la necesidad urgente de dar a tal pregunta una respuesta, leal, humilde, valiente, y de obrar en consecuencia.

En nuestra "preocupaci?n por todas las Iglesias" (8), Nos quisi?ramos ayudar a nuestros hermanos e hijos a responder a estas preguntas. Ojal? que nuestras palabras, que quisieran ser, partiendo de las riquezas del S?nodo, una reflexi?n acerca de la evangelizaci?n, puedan invitar a la misma reflexi?n a todo el pueblo de Dios congregado en la Iglesia, y servir de renovado aliento a todos, especialmente a quienes "trabajan en la predicaci?n y en la ense?anza" (9), para que cada uno de ellos sepa distribuir "rectamente la palabra de la verdad" (10), se dedique a la predicaci?n del Evangelio y desempe?e su ministerio con toda perfecci?n.

Una exhortaci?n en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentaci?n del mensaje evang?lico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: est? de por medio el deber que le incumbre, por mandato del Se?or, con vista a que los hombres crean y se salven. S?, este mensaje es necesario. Es ?nico. De ning?n modo podr?a ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelaci?n. Lleva consigo una sabidur?a que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por s? mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios (11). Es la Verdad. Merece que el ap?stol le dedique todo su tiempo, todas sus energ?as y que, si es necesario, le consagre su propia vida.


I. DEL CRISTO EVANGELIZADOR A LA IGLESIA EVANGELIZADORA

Testimonio y misi?n de Jes?s

6. El testimonio que el Se?or da de S? mismo y que San Lucas ha recogido en su Evangelio "Es preciso que anuncie tambi?n el reino de Dios en otras ciudades" (12), tiene sin duda un gran alcance, ya que define en una sola frase toda la misi?n de Jes?s: "porque para esto he sido enviado" (13). Estas palabras alcanzan todo su significado cuando se las considera a la luz de los vers?culos anteriores en los que Cristo se aplica a S? mismo las palabras del Profeta Isa?as: "El Esp?ritu del Se?or est? sobre m?, porque me ungi? para evangelizar a los pobres" (14).

Proclamar de ciudad en ciudad, sobre todo a los m?s pobres, con frecuencia los m?s dispuestos, el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios, tal es la misi?n para la que Jes?s se declara enviado por el Padre; todos los aspectos de su Misterio ?la misma Encarnaci?n, los milagros, las ense?anzas, la convocaci?n de sus disc?pulos, el env?o de los Doce, la cruz y la resurrecci?n, la continuidad de su presencia en medio de los suyos? forman parte de su actividad evangelizadora.

Jes?s primer evangelizador

7. Durante el S?nodo, los obispos han recordado con frecuencia esta verdad: Jes?s mismo, Evangelio de Dios (15), ha sido el primero y el m?s grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfecci?n, hasta el sacrificio de su existencia terrena.

Evangelizar: ?Qu? significado ha tenido esta palabra para Cristo? Ciertamente no es f?cil expresar en una s?ntesis completa el sentido, el contenido, las formas de evangelizaci?n tal como Jes?s lo concibi? y lo puso en pr?ctica. Por otra parte, esta s?ntesis nunca podr? ser concluida. B?stenos, aqu? recordar algunos aspectos esenciales.

El anuncio del reino de Dios

8. Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relaci?n a ?l, todo se convierte en "lo dem?s", que es dado por a?adidura (16). Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo. El Se?or se complacer? en describir de muy diversas maneras la dicha de pertenecer a ese reino, una dicha parad?jica hecha de cosas que el mundo rechaza (17), las exigencias del reino y su carta magna (18), los heraldos del reino (19), los misterios del mismo (20), sus hijos (21), la vigilancia y fidelidad requeridas a quien espera su llegada definitiva (22).


El anuncio de la salvaci?n liberadora

9. Como n?cleo y centro de su Buena Nueva, Jes?s anuncia la salvaci?n, ese gran don de Dios que es liberaci?n de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberaci?n del pecado y del maligno, dentro de la alegr?a de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El. Todo esto tiene su arranque durante la vida de Cristo, y se logra de manea definitiva por su muerte y resurrecci?n; pero debe ser continuado pacientemente a trav?s de la historia hasta ser plenamente realizado el d?a de la venida final del mismo Cristo, cosa que nadie sabe cu?ndo tendr? lugar, a excepci?n del Padre (23).

A costa de grandes sacrificios

10. Este reino y esta salvaci?n ?palabras clave en la evangelizaci?n de Jesucristo? pueden ser recibidos por todo hombre, como gracia y misericordia; pero a la vez cada uno debe conquistarlos con la fuerza, "el reino de los cielos est? en tensi?n y los esforzados lo arrebatan", dice el Se?or (24), con la fatiga y el sufrimiento, con una vida conforme al Evangelio, con la renuncia y la cruz, con el esp?ritu de las bienaventuranzas. Pero, ante todo, cada uno los consigue mediante un total cambio interior, que el Evangelio designa con el nombre de met?noia, una conversi?n radical, una transformaci?n profunda de la mente y del coraz?n (25).


Predicaci?n infatigable

11. Cristo llev? a cabo esta proclamaci?n del reino de Dios, mediante la predicaci?n infatigable de una palabra, de la que se dir? que no admite parang?n con ninguna otra: "?Qu? es esto? Una doctrina nueva y revestida de autoridad" (26); "Todos le aprobaron, maravillados de las palabras llenas de gracia, que sal?an de su boca..." (27); "Jam?s hombre alguno habl? como ?ste" (28). Sus palabras desvelan el secreto de Dios, su designio y su promesa, y por eso cambian el coraz?n del hombre y su destino.

Signos evang?licos

12. Pero El realiza tambi?n esta proclamaci?n de la salvaci?n por medio de innumerables signos que provocan estupor en las muchedumbres y que al mismo tiempo las arrastran hacia El para verlo, escucharlo y dejarse transformar por El: enfermos curados, agua convertida en vino, pan multiplicado, muertos que vuelven a la vida y, sobre todo, su propia resurrecci?n. Y al centro de todo, el signo al que El atribuye una gran importancia: los peque?os, los pobres son evangelizados, se convierten en disc?pulos suyos, se re?nen "en su nombre" en la gran comunidad de los que creen en El. Porque el Jes?s que declara: "Es preciso que anuncie tambi?n el reino de Dios en otras ciudades, porque para eso he sido enviado" (29), es el mismo Jes?s de quien Juan el Evangelista dec?a que hab?a venido y deb?a morir "para reunir en uno todos los hijos de Dios, que est?n dispersos" (30). As? termina su revelaci?n, complet?ndola y confirm?ndola, con la manifestaci?n hecha de S? mismo, con palabras y obras, con se?ales y milagros, y de manera particular con su muerte, su resurrecci?n y el env?o del Esp?ritu de Verdad (31).

Hacia una comunidad evangelizada y evangelizadora

13. Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participaci?n en la fe, se re?nen pues en el nombre de Jes?s para buscar juntos el reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora. La orden dada a los Doce: "Id y proclamad la Buena Nueva", vale tambi?n, aunque de manera diversa, para todos los cristianos. Por esto Pedro los define "pueblo adquirido para pregonar las excelencias del que os llam? de la tinieblas a su luz admirable" (32). Estas son las maravillas que cada uno ha podido escuchar en su propia lengua (33). Por lo dem?s, la Buena Nueva del reino que llega y que ya ha comenzado, es para todos los hombres de todos los tiempos. Aquellos que ya la han recibido y que est?n reunidos en la comunidad de salvaci?n, pueden y deben comunicarla y difundirla.

La evangelizaci?n, vocaci?n propia de la Iglesia

14. La Iglesia lo sabe. Ella tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: "Es preciso que anuncie tambi?n el reino de Dios en otras ciudades" (34), se aplican con toda verdad a ella misma. Y por su parte ella a?ade de buen grado, siguiendo a San Pablo: "Porque, si evangelizo, no es para m? motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ?Ay de m?, si no evangelizara!" (35). Con gran gozo y consuelo hemos escuchado Nos, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: "Nosotros queremos confirmar una vez m?s que la tarea de la evangelizaci?n de todos los hombres constituye la misi?n esencial de la Iglesia" (36); una tarea y misi?n que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez m?s urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocaci?n propia de la Iglesia, su identidad m?s profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y ense?ar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrecci?n gloriosa.

V?nculos rec?procos entre la Iglesia y la evangelizaci?n

15. Quien lee en el Nuevo Testamento los or?genes de la Iglesia y sigue paso a paso su historia, quien la ve vivir y actuar, se da cuenta de que ella est? vinculada a la evangelizaci?n de la manera m?s ?ntima:

-?La Iglesia nace de la acci?n evangelizadora de Jes?s y de los Doce. Es un fruto normal, deseado, el m?s inmediato y el m?s visible "Id pues, ense?ad a todas las gentes" (37). "Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel d?a unas tres mil personas... Cada d?a el Se?or iba incorporando a los que hab?an de ser salvos" (38).

?Nacida, por consiguiente, de la misi?n de Jesucristo, la Iglesia es a su vez enviada por El. La Iglesia permanece en el mundo hasta que el Se?or de la gloria vuelva al Padre. Permanece como un signo, opaco y luminoso al mismo tiempo, de una nueva presencia de Jesucristo, de su partida y de su permanencia. Ella lo prolonga y lo contin?a. Ahora bien, es ante todo su misi?n y su condici?n de evangelizador lo que ella est? llamada a continuar (39). Porque la comunidad de los cristianos no est? nunca cerrada en s? misma.

En ella, la vida ?ntima ?la vida de oraci?n, la escucha de la Palabra y de las ense?anzas de los Ap?stoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido (40)? no tiene pleno sentido m?s que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiraci?n y la conversi?n, se hace predicaci?n y anuncio de la Buena Nueva. Es as? como la Iglesia recibe la misi?n de evangelizar y como la actividad de cada miembro constituye algo importante para el conjunto.

?Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a s? misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmenso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los ?dolos, necesita saber proclamar "las grandezas de Dios" (41), que la han convertido al Se?or, y ser nuevamente convocada y reunida por El. En una palabra, esto quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio. El Concilio Vaticano II ha recordado (42), y el S?nodo de 1974 ha vuelto a tocar insistentemente este tema de la Iglesia que se evangeliza a trav?s de una conversi?n y una renovaci?n constante, para evangelizar al mundo de manera cre?ble.

?La Iglesia es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada. Las promesas de la Nueva Alianza en Cristo, las ense?anzas del Se?or y de los Ap?stoles, la Palabra de vida, las fuentes de la gracia y de la benignidad divina, el camino de salvaci?n, todo esto le ha sido confiado. Es ni m?s ni menos que el contenido del Evangelio y, por consiguiente, de la evangelizaci?n que ella conserva como un dep?sito viviente y precioso, no para tenerlo escondido, sino para comunicarlo.

?Enviada y evangelizada, la Iglesia misma env?a a los evangelizadores. Ella pone en su boca la Palabra que salva, les explica el mensaje del que ella misma es depositaria, les da el mandato que ella misma ha recibido y les env?a a predicar. A predicar no a s? mismos o sus ideas personales (43), sino un Evangelio del que ni ellos ni ella son due?os y propietarios absolutos para disponer de ?l a su gusto, sino ministros para transmitirlo con suma fidelidad.

La Iglesia, inseparable de Cristo

16. Existe, por tanto, un nexo ?ntimo entre Cristo, la Iglesia y la evangelizaci?n. Mientras dure este tiempo de la Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple sin ella, ni mucho menos contra ella.

En verdad, es conveniente recordar esto en un momento como el actual, en que no sin dolor podemos encontrar personas, que queremos juzgar bien intencionadas pero que en realidad est?n desorientadas en su esp?ritu, las cuales van repitiendo que su aspiraci?n es amar a Cristo pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo pero no a la Iglesia, estar en Cristo pero al margen de la Iglesia. Lo absurdo de esta dicotom?a se muestra con toda claridad en estas palabras del Evangelio: "el que a vosotros desecha, a m? me desecha" (44). ?C?mo va a ser posible amar a Cristo sin amar a la Iglesia, siendo as? que el m?s hermoso testimonio dado en favor de Cristo es el de San Pablo: "am? a la Iglesia y se entreg? por ella"? (45)

Publicado por mario.web @ 17:14
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