Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

La Inmaculada Concepci?n es una de las advocaciones principales de Mar?a. Su coraz?n inmaculado nos muestra un don lib?rrimo del amor de predilecci?n del Se?or por su alma. Es el que la distingue m?s del resto de las criaturas desde el primer instante de su concepci?n y nos permite adentrarnos confiada y humildemente en algunas de las riquezas que se desprenden de este coraz?n materno.

Dirijamos por unos momentos nuestra atenci?n al pasaje de la Anunciaci?n e, inicialmente, partamos del significado del t?rmino ?Inmaculada?. Es una palabra derivada del lat?n y compuesta de dos elementos: la preposici?n ?in? que aqu? significa ?sin? y el sustantivo ?macula? que significa ?mancha?.

As? pues, un primer sentido de la palabra ?Inmaculada? es ?sin mancha?.

Dado que en Mar?a este adjetivo se aplica a su concepci?n, conviene recordar que, por la desobediencia inicial de nuestros primeros padres, todo hombre o mujer es concebido y nace con el pecado original cuyas consecuencias, en s?ntesis, expone as? el concilio Vaticano II en la Constituci?n pastoral Gaudium et Spes:

Lo que la revelaci?n divina nos ense?a coincide con la misma experiencia. Pues el hombre, al examinar su coraz?n, se descubre tambi?n inclinado al mal e inmerso en muchos males que no pueden proceder de su Creador, que es bueno. Neg?ndose con frecuencia a reconocer a Cristo como su principio, rompi? adem?s el orden debido con respecto a su fin ?ltimo y, al mismo tiempo, toda su ordenaci?n en relaci?n consigo mismo, con todos los otros hombres y con todas las cosas creadas (Gaudium et Spes, n. 13, 1.)

Todos, menos Mar?a. Ella es ?la mujer sin mancha? desde el primer instante de su concepci?n. Por lo mismo, sin mancha en su fe, en su esperanza y en su caridad. Mar?a recibi? como don un orden y una altura especiales en la vivencia de estas virtudes que son la puerta, el camino y la meta de nuestras relaciones con Dios y con los dem?s.

Y fue tambi?n sin mancha en la vivencia de la prudencia, de la justicia, de la fortaleza y de la templanza. Las faltas que todos los dem?s hemos cometido y podemos cometer en la pr?ctica de estas virtudes no aparecen en la vida de Mar?a por este don especial que Dios le hizo desde el inicio de su vida y que la Iglesia reconoce en Mar?a al declarar el dogma de la Inmaculada Concepci?n.

Este significado se basa, en realidad, en un t?rmino que aparece antes en el pasaje de la Anunciaci?n y que nos introduce en el segundo sentido de la palabra que nos ocupa en el presente cap?tulo: ?Inmaculada?. Se trata de un verbo griego en participio perfecto: ?kejaritom?ne?. Significa ?la llena de gracia, la que ha sido y contin?a llena de gracia.

Para captar algo mejor la riqueza espiritual de este rayo del coraz?n de Mar?a conviene fijarnos en el modo como Dios se presenta a otros elegidos suyos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento: Cuando elige a Mois?s le dice: ?Yo estar? contigo? (Gn 3, 12). En la elecci?n de Jerem?as, cuando ?ste muestra su temor por la vocaci?n que est? recibiendo, le dice igualmente Dios: ?No temas porque yo estar? contigo para salvarte? (Jr 1, 8). A los mismos Ap?stoles, en la ?ltima confirmaci?n de su misi?n antes de subir al cielo, les dice el Se?or: ?Yo estoy con vosotros todos los d?as hasta el fin del mundo? (Mt 28, 20).

En cambio a Mar?a, antes de decirle Dios por medio del ?ngel: ?El Se?or est? contigo? (Lc 1, 28), le ha dicho: ?llena de gracia? (ib?d), que es mucho m?s que la afirmaci?n de un cierto nivel de complacencia y apoyo por parte de Dios a sus dem?s elegidos. El adjetivo ?llena de gracia?, en el sentido literal y fuerte de la expresi?n, viene a significar: ?Porque te he elegido para ser la Madre de mi Hijo, quiero que tu alma y tu cuerpo, tu psicolog?a y tu temperamento, tus instintos y tus emociones, todas tus potencias reciban de modo especial el influjo de mi gracia. Desde el primer instante de tu concepci?n estar?n libres por un don especial de mi amor de toda atadura de pecado y podr?n alcanzar la mayor plenitud de gracia que puede conquistar tu condici?n de criatura en tu naturaleza humana?.

En su Constituci?n apost?lica Ineffabilis Deus que declaraba el dogma de la Inmaculada Concepci?n el 8 de diciembre de 1854, el Papa P?o IX expres? as? este pensamiento:

Eligi? Dios desde el principio y antes de los tiempos, una Madre para que su unig?nito Hijo, hecho carne de ella, naciera en la dichosa plenitud de los tiempos; y en tanto grado la am?, que en s?lo ella se complaci? con se?adal?sima benevolencia.

Y m?s adelante:

En tan alto grado la am? Dios por encima de todas las criaturas, que ella, libre siempre absolutamente de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, que no concibe en modo alguno mayor despu?s de Dios y nadie puede imaginar despu?s de Dios

La turbaci?n de Mar?a en este punto puede explicarse no s?lo por el tipo de saludo del ?ngel, sino porque empieza a captar algo de la profunda verdad de la obra que Dios ha realizado en su vida y porque en su humildad ella se siente indigna de tal don.

La ?plenitud de gracia? en Mar?a significa, pues, que ella encarnar? y desarrollar? en un grado superior todas las virtudes que puede cultivar una persona; que en ella el arraigo de los h?bitos buenos ser? m?s profundo; y que toda su persona poseer? una armon?a interior y exterior sin las tristes rupturas que se han dado en todos los dem?s hombres y mujeres desde el pecado original de Ad?n y Eva.

Para valorar esta armon?a originaria transcribo las consecuencias de su p?rdida en nuestros primeros padres y en todos nosotros a consecuencia del pecado original. As? las describe el Catecismo:

La armon?a en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf Gn 3, 7); la uni?n entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones (cf Gn 3, 11-13); sus relaciones estar?n marcadas por el deseo y el dominio (cf Gn 3, 16). La armon?a con la creaci?n se rompe; la creaci?n visible se hace para el hombre extra?a y hostil (cf Gn 3, 17-19). A causa del hombre, la creaci?n es sometida ?a la servidumbre de la corrupci?n? (Rm 8, 21). Por fin, la consecuencia expl?citamente anunciada para el caso de desobediencia (cf Gn 2, 17), se realizar?: el hombre ?volver? al polvo del que fue formado? (Gn 3, 19). La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad (cf Rm 5, 12) (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 400).

Ante este panorama de riqueza y plenitud de gracia del coraz?n inmaculado de Mar?a, no podemos sino maravillarnos del amor de Dios que se eligi? y se form? tal Madre y agradecer al Se?or que la haya tomado de entre los nuestros y la haya convertido en ?orgullo de nuestra raza? (cf Jd 15, 10).

Podemos, tambi?n, y debemos alabarla como la ?Toda hermosa? y con las dem?s alabanzas que la piedad del pueblo cristiano ha condensado en los himnos y cantos marianos.

Conviene, adem?s, meditar dichos himnos y cantos antiguos y presentes, pues todos ellos apuntan de un modo u otro a este origen de sus prerrogativas: la Inmaculada Concepci?n de Mar?a.

Podemos, asimismo, reflexionar en que ella es la ?nica criatura inmaculada. Y que todos nosotros lo m?s que podemos es aspirar a formar un coraz?n que no se deje atrapar y vaya superando las seducciones de la riqueza, el placer, el poder, la soberbia, la ira, la pereza...; un coraz?n que ame y viva la virtud de la castidad en el propio estado de vida de solteros, casados, consagrados o viudos. Ser? ?sta una conquista ardua, de mayor dificultad en determinados per?odos de la vida, pero vale la pena el esfuerzo -afianzado en la correspondencia a la gracia de Dios- porque es as? como vamos limpiando el propio coraz?n y experimentando la verdad de aquella bienaventuranza: ?Bienaventurados los limpios de coraz?n, porque ellos ver?n a Dios? (Mt 5, 8).

Nos conviene tambi?n aumentar cada vez m?s nuestro aprecio por la vida de gracia, de modo que busquemos recuperarla si tenemos la desgracia de perderla e incrementarla durante toda nuestra vida para parecernos m?s a nuestra Madre Inmaculada, ?la llena de gracia?.

As? expresa sus sentimientos de hijo un poeta cat?lico del siglo XX ante Mar?a Inmaculada. Es una plegaria que nos hace mucho bien espiritual y que todos podemos apropiarnos:

Madre de Jesucristo, no vengo ahora a rezar. Yo nada tengo que ofrecer y nada tengo que pedir. Vengo solamente, Madre, para mirarte. Mirarte, llorar de felicidad, saber para m? que soy tu hijo, y que t? est?s all?. S?lo un momento en la quietud del d?a. ?Estar contigo en este sitio donde t? est?s, Mar?a! No decir nada. Contemplar tu cara. Dejar el coraz?n cantar con sus propias palabras. No decir nada. Solamente cantar porque se tiene lleno el coraz?n, como el cenzontle... Porque t? eres hermosa, porque eres Inmaculada, la mujer en la gracia por fin restaurada...
Inefablemente intacta, porque eres la Madre de Jesucristo, que es la Verdad en tus brazos, y la Esperanza y fruto ?nico.
Porque t? eres la mujer, el Ed?n de la antigua ternura olvidada, cuya mirada encuentra nuestro coraz?n de repente, y hace saltar las l?grimas acumuladas. Porque t? est?s ah? para siempre, s?lo porque t? eres Mar?a, s?lo porque existes te doy las gracias, Madre de Jesucristo (CLAUDEL Paul, Oeuvre po?tique, La Vierge a Midi, Gallimard, Paris 1967, pp. 539-540).


Publicado por mario.web @ 17:14
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios