Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

El amor verdadero no busca la independencia; no busca la "liberaci?n" de todos los v?nculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar justo al rev?s: se entrega, y no anhela nada m?s que atarse para siempre a quien quiere ?y no dejarle nunca m?s
Autor: Jutta Burggraf | Fuente: Sontushijos.org
El amor verdadero no busca la independencia; no busca la "liberaci?n" de todos los v?nculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar justo al rev?s: se entrega, y no anhela nada m?s que atarse para siempre a quien quiere ?y no dejarle nunca m?s!

Alianza objetiva

Estos son los grandes deseos, los grandes impulsos naturales del amor. Sin embargo, todos conocemos las flaquezas de nuestra naturaleza: hoy, sentimos gran pasi?n por una persona; ma?ana, quiz?, por otra. Por eso, no bastan los deseos de fidelidad; no bastan las promesas secretas o clandestinas. Hace falta llegar a una alianza objetiva: comprometerse tambi?n cara a la sociedad, lo que se traduce en este caso en contraer un matrimonio.

Esta alianza es una protecci?n del amor. Es como decir a otra persona: "Yo te quiero verdaderamente, y siempre quiero quererte. No s? todo lo que pasar? a lo largo de la vida. A lo mejor, hay tentaciones y conflictos. Pero tengo la voluntad de superarlas, y para prob?rtelo, te doy una promesa oficial."

Conocemos los grandes navegantes de la mitolog?a griega. Estos promet?an a sus amigas y amantes volver a casa, despu?s de alg?n tiempo de aventuras y trabajos, pero nunca volv?an. En el mar, escuchaban los cantos de las sirenas, quedaban fascinados y cambiaban de rumbo para estar con ellas. Las mujeres no los ve?an nunca m?s...

Pero hubo uno -Ulises- que previ? el peligro. Quiso que sus compa?eros le ataran al m?stil de la nave. Cuando pasaron por la isla de las sirenas, tambi?n ?l escuch? su canto maravilloso, tambi?n ?l se qued? fascinado, pero no pod?a seguir las voces y los cantos de las sirenas, ya que estaba atado. As?, las sirenas no pudieron seducirle. Fue el ?nico que volvi? a casa.

Toda persona -incluso el m?s ac?rrimo cr?tico del matrimonio- anhela, si es sincero consigo mismo, tener alguien en quien poder abandonarse completamente, alguien que siempre est? con ?l, pase lo que pase, que conf?e en ?l tambi?n cuando todo est? en contra suya; tambi?n cuando sufre fracasos y enfermedades, cuando se hace mayor y m?s d?bil.

Nuevos retos

Cada uno desea, en el fondo de su coraz?n, tener una persona segura, de confianza, a su lado. ?Porqu?, entonces, experimentamos hoy, que tantos hombres y mujeres rechazan de lleno el matrimonio? Muchos de ellos, quiz?, no rechacen el matrimonio "en s?", sino un tipo de matrimonio lleno de mentira y de traici?n tras una imagen respetable. Rechazan a los matrimonios que se cierran, ponen barreras, no tienen amigos, viven una vida c?moda y aburguesada. Hay quienes buscan nuevos caminos, m?s interioridad y autenticidad, y -por desgracia-terminan frecuentemente en la confusi?n.

La cr?tica es dura, pero nos puede servir para plantear de nuevo la vida matrimonial. Es decir, el matrimonio no es anacr?nico, pero tampoco debemos vivirlo de un modo que llaman "burgu?s", con estrechez de miras y falsedad, mirando m?s el aspecto externo que el amor verdadero entre las personas que lo componen.

Uno de los grandes desaf?os de nuestro tiempo consiste en demostrar que el matrimonio es atractivo, tambi?n para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo. Y que, realmente, es el amor el que reina entre los esposos. Conviene demostrar, en definitiva, que la fidelidad matrimonial es posible y que lleva a una felicidad mucho mayor que el amor "espont?neo": ?ste puede ser muy apasionante, pero queda inmaduro, si huye de la entrega definitiva. Hoy en d?a, hacen falta parejas que sean un ejemplo de que el matrimonio, como vida en com?n indisoluble, es la mejor garant?a para la felicidad de toda la familia, y para ellos mismos, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad.

El matrimonio no es anacr?nico en absoluto. Pero es un reto -hoy m?s que nunca- mantenerse unidos uno al otro, tambi?n en tiempos de crisis o de poca comprensi?n. Todo matrimonio pasa por crisis, igual que toda persona, cuando crece, experimenta sus crisis de desarrollo. Es muy normal, que haya momentos duros en la vida. Uno nota monoton?a, desaz?n, quiz? la falta de una plena realizaci?n profesional; ve que los planes se derrumban y que los hijos son muy distintos de lo que se deseaba. A veces, con los a?os aparece el remordimiento de no haber dado al otro todo lo que se le pod?a haber dado... Pero, toda crisis trae consigo un cambio, y puede ser un cambio hacia una madurez mayor, hacia una confianza m?s plena.

El d?a de la boda no es la ?ltima estaci?n, sino al contrario, es el comienzo de la verdadera aventura de la vida del amor. Si se tiene la conciencia clara de que el matrimonio dura hasta la muerte, entonces se esfuerza uno mucho m?s para hacer de ?l una empresa atractiva.

Consejos concretos

?C?mo se puede llegar a superar las dificultades? ?C?mo se puede conseguir que el matrimonio sea feliz? No hay recetas fijas. Pero podemos reflexionar sobre lo que puede facilitar la vida cotidiana.

1. Amor decidido. Si, al contraer matrimonio, los c?nyuges son conscientes de que toman una decisi?n de por vida y tienen la firme voluntad de permanecer unidos hasta el final, pase lo que pase, en tiempos de sol y de lluvia, de nieve, hielo y tormenta, entonces pueden desarrollarse libremente, en un clima de seguridad y de confianza.

Conviene perder el miedo a las crisis. Conflictos y divergencias de opiniones existir?n siempre all? donde varias personas viven en estrecho contacto. Lo decisivo es la actitud que se adopta ante aquellas situaciones dif?ciles: aprovechar la oportunidad de estrechar los lazos de uni?n, superando juntos las dificultades, buscar el camino de la reconciliaci?n. A menudo, esta disposici?n a perdonar es la ?nica esperanza en el camino hacia un nuevo comienzo. Con los a?os un c?nyuge va amando al otro m?s y m?s porque quiere amarle, porque se ha decidido por el otro de por vida, y est? dispuesto a soportar desilusiones.

2. Respeto mutuo. Hoy en d?a, casi nadie duda de que el hombre y la mujer se encuentran en el matrimonio uno junto al otro con la misma dignidad, para enfrentarse unidos a la vida: que son, en definitiva, de la misma altura; que tienen los mismos derechos y deberes. Hay, a veces, mucha independencia social y econ?mica entre los c?nyuges y, a la vez, una gran dependencia afectiva, que los une de un modo casi enfermizo. Pero s?lo aquel que es interiormente libre y aut?nomo puede entregarse a los dem?s. Por tanto, hay que reconocer tambi?n la necesidad de mantener una sana distancia en el matrimonio. La vida en com?n no debe convertirse en una atadura o c?rcel que restringe la libertad del otro. Un c?nyuge no puede quitar al otro el aire para respirar, la posibilidad de desarrollarse y llevar adelante iniciativas propias, pensamientos o planes personales: para llegar a una profunda unidad, es necesario seguir siendo dos personas individuales.

No se ama al otro, mientras no se le ama en s? mismo. El "t?" no es la prolon?gaci?n del "yo". El "t?" es el misterio del otro que pide ser afirmado en s? mismo. No existe verdadero amor entre un hombre y una mujer, si no se experimenta -incluso en este amor, que hace de ambos una sola carne- un cierto desapego.

3. Apertura a la vida. Un matrimonio en el que el marido y la mujer viven pendientes s?lo el uno del otro, y en sus vidas no hay lugar para nadie m?s, acabar? por cansarse y amargarse. Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes, est? abierto a otras personas, tambi?n a una futura descendencia. Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por su desarrollo.

Pero, si la uni?n sexual se entendiera exclusivamente como la procreaci?n de descendientes, se denigrar?a al c?nyuge al tratarlo como un simple medio; en ?ltima instancia se abusar?a de ?l. Esto ha sido reconocido generalmente en nuestro tiempo de manera muy clara. M?s, de la misma manera se humilla al c?nyuge si se hace de ?l un mero objeto de placer. En cambio, si est?n integrados en el amor matrimonial tanto el deseo de tener hijos como la b?squeda de la uni?n sexual, se puede considerar conseguida la relaci?n.

La fecundidad hace del matrimonio una familia. Por supuesto, los hijos traen consigo desorden e incomodidades para la vida de la pareja, hasta entonces tran?quila, ordenada y controlable. Pero en vez de considerar la maternidad como una esclavitud, hace falta convencerse de nuevo, de que existe una felicidad m?s profunda que la de la satisfacci?n por el dinero y el ?xito; que no s?lo los padres ayudan a los hijos, sino que tambi?n los hijos ayudan a sus padres a madurar espiritualmente (precisamente a trav?s de las preocupaciones que aquellos originan). Los adultos pueden aprender mucho de sus hijos.

4. Sentido del humor. La mejor educaci?n es la convivencia familiar alegre y arm?nica. "Cuando hayas estado un d?a entero sin re?r, habr?s perdido totalmente ese d?a". Este lema es muy importante precisamente para la vida cotidiana de la familia. Las personas carentes de humor e incapaces de re?r llevan una vida poco atractiva. Los matrimonios y las fa?milias, que han dejado de re?r, est?n perdidas.

En cambio, el que tiene sentido del humor, puede olvidarse de s? mismo, y de este modo est? libre para los dem?s. Todos tendemos a veces a plantearnos problemas existenciales por cosas insignificantes, y esto afecta a las relaciones entre los hombres. Debemos esforzarnos por no contemplar las m?ltiples cosas peque?as de la vida cotidiana desde su aspecto negativo. Cada cosa, como es sabido, tiene dos caras, y vale la pena centrar la vista en aquella cara de la que podemos re?rnos a gusto, o al menos sonre?r.

Una persona que se siente querida por su familia, tambi?n es capaz de amar; recibe fuerza y apoyo para la lucha diaria. S?lo el que se siente feliz, puede regalar paz, alegr?a y optimismo a otros; s?lo quien se siente protegido, puede ofrecer apoyo y fortaleza. ?nicamente quien tiene iniciativa, puede transmitirla y atreverse a cambiar el mundo. En una familia sana, los miembros ser?n capaces de desprenderse unos de otros y lanzarse activamente al mundo con generosidad. Est?n abiertos a los problemas de los dem?s, saben lo que es la amistad, y est?n dispuestos a gastarse en servicio al pr?jimo, desinteresadamente y sin miedo a interrumpir con ello la tranquilidad de la tarde.

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Publicado por mario.web @ 18:02
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