Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

Y ?l les dijo: ??Y vosotros, qui?n dec?s que soy yo? Sim?n Pedro contest?: ?T? eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo?.
Autor: Andr? Manaranche | Fuente: Libro preguntas j?venes a la vieja fe.
Bolet?n ?Ser disc?pulos! Aprende a defender tu fe
Tema: Preguntas j?venes
Fuente: Libro preguntas j?venes a la vieja fe. Autor Andr? Manaranche,


I. TUS PREGUNTAS SOBRE DIOS


?UN DIOS CASTIGADOR?

Esta es la pregunta que me planteas:

??C?mo se puede decir que el Sida es un castigo de Dios, cuando hay ni?os totalmente inocentes que mueren por culpa de esta terrible enfermedad??.

Siempre es lo mismo: un Dios-explicaci?n de una plaga contempor?nea. En primer lugar, debo confiarte que estos dos ?ltimos a?os ayud? a bien morir, en un hospital de Par?s, a dos j?venes amigos, afectados por el Sida: Frank, muerto el 18 de mayo de 1988, a los 22 a?os, y Mart?n, muerto el 22 de enero de 1988, a los 29 a?os de edad. Tambi?n debo decirte que Mart?n, pensando en su caso personal, me hab?a planteado tu misma pregunta. Evidentemente, no le trat? como un maldito de Dios, sino como el hijo querido del Abba, nuestro Padre del cielo, y as?, poco a poco, le fui convenciendo. Comprender?s que, si el mismo Dios hubiese enviado desde lo alto del cielo este virus terrible, para castigar a la gente, no nos iba a pedir que am?semos a los afectados en su nombre. ?Al menos que estuviese arrepentido y quisiese reparar un mal del que se avergonzase! ?Seamos l?gicos! En ese caso no nos habr?a dicho: ?amaros los unos a los otros?, sino ?apartaos de los sidosos, est?n malditos...?.

Mi actitud contigo no ser? diferente a la que mantuve con mis amigos, que en paz descansen, aunque mi respuesta tratar? de ser m?s reflexiva y profunda.

?Qui?n plantea esta pregunta?

Perm?teme, en primer lugar, preguntarte con qu? actitud planteas esta pregunta. Porque hay dos formas de reaccionar. Por un lado est?, sin duda, tu reacci?n, que traduce una perplejidad o, incluso, un esc?ndalo doloroso. Y por otro lado, la del ?deshacedor de entuertos?, que muestra su alegr?a, constatando que -?por fin!- Dios defiende su causa, sanciona en?rgicamente el mal, y detiene la decadencia creando esta terrible pero ben?fica disuasi?n. ?Ya iba siendo hora! ?El principio de la sabidur?a es el miedo del polic?a... Y de la enfermedad mortal! Adem?s, la amenaza comienza ya a dar sus frutos: aunque la permisividad moral contin?e, ya no se muestra tan triunfante. A lo que algunos, m?s pesimistas, a?aden: ?es cierto, pero llega demasiado tarde; la Virgen predijo la inminencia de la cat?strofe y la hora ha llegado; prepar?monos para el Apocalipsis?.

Ten en cuenta, adem?s, que no es raro encontrarse con esta actitud. Despu?s de escribir un art?culo en ?Familia cristiana?, para restablecer la verdad, es decir, la bondad de Dios, recib? una carta indignad?sima de un lector, reproch?ndome el haber desfigurado el verdadero rostro de Dios y haber apoyado la inmoralidad. Le respond? pregunt?ndole sencillamente si, cuando comulgaba, recib?a en la hostia el cuerpo de un .verdugo de los dem?s... Y el episodio me hizo recordar un pasaje de la pel?cula ?Se?or Vicente?. Unas se?oras de la alta sociedad, a las que San Vicente Paul hab?a invitado a acoger a unos ni?os abandonados, le responden indignadas: ??Dios no quiere que vivan; son los hijos del pecado!?. A lo que el santo, muy serio, replic?: ?Se?oras, cuando Dios quiere que alguien muera por el pecado, env?a a su propio hijo?. ?Qu? respuesta!

?Qu? dice la Escritura?

Y, sin embargo, la idea de un Dios castigador, que a ti y a m? nos aterroriza, puede basarse en argumentos b?blicos nada despreciables. Es verdad que, desde el primer pecado (G?nesis 3,14-19) hasta los de hoy (Romanos 1,18-32), el Se?or castiga la rebeld?a con penas diversas, de las que la peor es la muerte. Su palabra anuncia el juicio: ?por haber hecho esto..., ?OH hombre!..., te pasar? esto.?

De esta forma en?rgica fue tratado el pueblo de Dios, cuando se mostraba infiel, por los profetas. As?, en tiempo de los Jueces, el pueblo puede elegir entre la zanahoria o el palo. Adem?s, en la Biblia, Dios no se contenta con dejar que el pecado d? su propio fruto autom?ticamente (es lo que se llama la ?justicia inmanente?), sino que infringe el castigo en persona.

Pero esta t?ctica divina del golpe por golpe puede que funcione a nivel colectivo, pero no a nivel individual. En este segundo nivel, lejos de sancionar inmediatamente al malo, a menudo Dios le deja prosperar y pavonearse en un lujo insolente. Ya tiene papada y, mientras sigue engordando (Salmo 73,6-7), se burla de un cielo que parece sordo, ciego y manco (vers?culos 10-11). En cambio, el justo soporta toda clase de calamidades... ?Realmente la justicia divina escandaliza y confunde! Es el mundo al rev?s. Algo de eso vivi? el pobre Job ahogado por las desgracias, mientras sus amigos intentaban hacerle confesar un pecado secreto que justificase sus males. ?Y Yahv? se contentaba con mandarle guardar silencio!

En la misma ?poca, los profetas se ponen a proclamar que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que viva (Ezequiel 18,23). Sin aflojar su exigencia, Yahv? se muestra dispuesto al perd?n y multiplica sus llamadas al arrepentimiento. El tono va cambiando: se acercan los nuevos tiempos.

El Evangelio confirma esta oferta de misericordia. Puesto en presencia del ciego de nacimiento, Jes?s rechaza categ?ricamente la idea de un castigo personal o familiar (Juan 9,1-3). Asimismo, al hablar de la torre de Silo?, que hab?a sepultado bajo sus escombros a dieciocho personas, evita poner en relaci?n directa la cat?strofe con un eventual pecado cometido por las victimas (Lucas 13, 4-5). Adem?s, el Padre celestial no mira la buena o mala conciencia de los campesinos para sobre sus tierras el sol y la lluvia. En efecto, calienta y riega indistintamente a justos y pecadores sin que las nubes salten las tierras de los malos para castigarles por sus pecados tambi?n nosotros hemos de hacer lo mismo y saludar a nuestros enemigos como si fuesen amigos.

A la inversa, el Se?or no cura a todos los enfermos, y cuando cura a algunos, no se trata de una recompensa, sino de un signo, y los que no son librados de su enfermedad no pueden tom?rselo como un castigo. ?Al?jate, pues, de este simpl?simo que te proporciona d?biles explicaciones!

?Y el Sida?

Volvamos al Sida. Aunque a menudo vaya unido a la homosexualidad (sobre todo el principio) o la toxicoman?a (por el uso de jeringuillas contaminadas), esta terrible enfermedad se transmite tambi?n por otras causas. Por ejemplo por una simple transfusi?n sangu?nea. El personal hospitalario se arriesga permanentemente a un accidente, a pesar de las precauciones tomadas. No debes pues establecer una relaci?n directa entre el Sida y la inmoralidad.

Por otra parte, guard?ndote muy mucho de imaginar un Dios vengador, entregando una especie de querr? bacteriol?gica contra los impuros, como los rusos en Afganist?n. El Sida muestra simplemente que el hombre no puede jugar con su humanidad de una manera insensata, contraviniendo la sabidur?a inscrita en la naturaleza. No se puede hacer el amor de forma cualquiera. ?No se maltratan impunemente las mucosas ni los sentimientos! Desgracia tambi?n para los poderes p?blicos que, bajo el pretexto de acabar por todos los medios con esta grave amenaza, no consiguiesen m?s que amentar y legalizar la permisividad banalizando la distribuci?n de preservativos. La urgencia a corto plazo no debe hacemos olvidar el problema de fondo, que no es s?lo un asunto de la Iglesia, a la que, por otra parte, se acusa de intolerancia y se ridiculiza.

El asunto no es nuevo. En todas las ?pocas, m?s menos turbulentas, algunos creyentes predijeron cat?strofes o atribuyeron una cat?strofe presente al pecado social del momento. ?Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos predicadores presentaron la derrota de Francia como un castigo por su laicismo! No interpretes a tu gusto los acontecimientos de este mundo, atribuy?ndolos a los designios del cielo. En ese caso estar?s proyectando sobre Dios tus terrores y tus violencias. Es verdad que el Sida es una tremenda amenaza ante la que no se pueden cerrar los ojos, ya que su presencia es cada vez m?s evidente. Se comprende tambi?n que algunos vean un juicio de Dios en una plaga de una amplitud galopante. Pero ser?a totalmente err?neo buscar en el Sida el hor?scopo divino. Lo que Dios quiere de ti es que te armes con el coraje de la pureza y de la caridad. ?No busques en otra parte! (1: A mediados del siglo XVI, un te?logo flamenco, Miguel Bayo, defendi? que todo sufrimiento humano era el castigo del pecado original o de los pecados personales. Concluy?, adem?s, que la Virgen Maria no era inmaculada, por lo mucho que hab?a sufrido durante su vida, y que incluso hab?a pecado como todo el mundo. ?Ya ves a donde conducen las teor?as! el Papa San P?o V conden? este error en 1567. Mucho antes, San Agust?n hab?a dicho que el sufrimiento funciona como un remedio m?s que como un castigo).

Documentos y art?culos para profundizar en el tema


Esencia y atributos de Dios


?Por qu? Dios me cre? si sab?a que me iba a condenar?


Efectos del perd?n y la Belleza del perd?n de Dios



Dios tiene una "O"


Publicado por mario.web @ 18:12
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