Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
La caridad no puede esperar, tiene prisa. Es no tener que contemplar mis quehaceres por muy importantes que sean.
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La caridad servicial de Mar?a
La caridad servicial de Mar?a
LA VISITACI?N

Lucas 1, 39-56


Composici?n de Lugar: apenas la Virgen supo del milagro de fecundidad operado en Isabel, su prima, se dirigi? a visitarla. Era primavera, cercana, quiz?, la Pascua. La aldea, situada hacia el Sur, en la monta?a de Judea, se supone ser, probablemente, la actual Ain-Karim. Hab?a, desde Nazaret, varios d?as de camino ?tres o cuatro-, y cae dentro de lo probable que Mar?a los hiciera con alguna de las caravanas que se dirig?an a Jerusal?n, confundida entre la gente, a solas con su gozoso secreto. Debi? de ser para Ella un viaje maravilloso. Te acompa?o, Mar?a. D?jame ir en tu compa??a, pues quiero aprender de ti la caridad.

Petici?n: Se?or, ensancha mi coraz?n para que pueda desvivirme en caridad por mi hermano, a ejemplo de Mar?a con su prima Isabel, olvid?ndome de m? mismo.

Fruto: Vivir mi jornada animado por el esp?ritu de caridad activa y servicial, porque en servir est? la verdadera libertad y alegr?a.

Puntos: Veamos los detalles de caridad de Mar?a en la Visitaci?n a su prima Isabel.


1.Ponerse en camino, ?qu? incomodidad! Con lo bien que estaba en su casita de Nazaret, y poder disfrutar a solas de esa noticia tan maravillosa: ?estoy embarazada de Dios?. Ponerse en camino implica desinstalarse, salir de uno mismo, exponerse a las sorpresas del camino y a la inclemencia del clima, a perder mucho tiempo. La caridad siempre me exige un salir de m? mismo y de mi comodidad para ir al otro, que me necesita, que me interpela, que me espera. ?Cu?les son las cadenas que me impedir?an ponerme en camino? El ego?smo ciego, la tibia comodidad, los propios intereses mezquinos. ?Qu? efectos produce en mi alma el ponerme en camino? Una grande alegr?a interior, una liberaci?n de mi ego?smo, un dilataci?n de mi coraz?n. Ah? vemos a Mar?a, feliz, radiante, yendo a Ain Karim para servir a su prima Isabel que est? embarazada de Juan Bautista. ?En algo puedo ayudarte, Isabel? Se?or, dame alas en mi alma para ponerme en camino donde tantos de mis hermanos me esperan para que les eche una mano o las dos.

2. Se fue de prisa a la monta?a, ?qu? urgencia! La caridad no puede esperar, tiene prisa. Ir de prisa significa que no tenemos que contemplar nuestros quehaceres ?por muy importantes que sean- pues nos atar?an a la pata de nuestra mesa ego?sta. Y, ?qui?n te desata? A la caridad tienen que salirle las alas del alma para ir de prisa a socorrer al otro, al pr?jimo que est? m?s necesitado que t?. La caridad no puede ser perezosa. No hay que reflexionar mucho al hacer la caridad, porque encontrar?s siempre motivos para no moverte y hacer esa caridad. Dice el Kempis en su libro Imitaci?n de Cristo: ?Quien ama, corre, vuela; vive alegre, est? libre y nada le entorpece?A quien ama, nada le pesa, nada le cuesta, emprende m?s de lo que puede?El amor est? siempre vigilante e incluso no duerme?S?lo quien ama, puede comprender la voz del amor? (Libro III, cap?tulo 5). Mar?a ama y por eso escuch? la voz del amor que le ped?a ayudar a su prima Isabel. El amor nos abre las alas del alma para volar y ayudar a los dem?s. Quien no ama no pasa de ser un pobre ave de corral que s?lo picotea su granito para llenar su propio buche, y nunca vuela, porque no tiene alas desplegadas, fuertes y consistentes?y est? siempre pele?ndose con las dem?s aves del corral por un rid?culo granito de ma?z.

3. Entr? en casa de Zacar?as, ?qu? intimidad! La casa del otro est? de ordinario cerrada a los dem?s por miedo a los ladrones, a los fisgones, a los intrusos. Nadie abre la propia puerta de su casa a cualquiera. Un m?nimo de intimidad se requiere. La caridad crea lazos de intimidad con el otro. Y aqu? Mar?a cre? lazos con su prima, porque entre ellas estaba la gran noticia que incumb?a a las dos: el nacimiento del Salvador, que exig?a la presencia del precursor, Juan. Cuando el Evangelio todav?a no es palabra p?blica dirigida a todos los hombres, ya es mensaje acogido por Mar?a y hecho carne en ella. Est? encerrado en su seno, es la debilidad de un ni?o. Pero ya est? operante en su vida y desde ella obra la santificaci?n de una familia, transform?ndose en Buena Noticia para todos sus miembros. En lenguaje cristiano ?entrar en la casa de alguien? significa llevar la buena nueva, transformarse en ap?stol. En esa intimidad esas dos mujeres se encend?an con el amor de Dios y provocaron una enorme hoguera de fe, humildad y gratitud: ?Feliz t? que has cre?do? ?C?mo es que viene a m? la Madre de mi Se?or??Mi alma glorifica al Se?or?. As? deber?amos ser cada uno de nosotros cuando visitamos a alguien: provocar el gozo de Dios en lo profundo de las almas.

4. Y salud? a Isabel, ?qu? delicadeza! Detr?s del saludo se esconde ese deseo de salud f?sica y espiritual. El saludo implica uni?n de corazones. El saludo verdadero es portador de gozo y energ?a al otro. El saludo despierta en el otro un deseo de entrar en esa misma corriente de expansi?n y amor. El saludo a su prima ?seguramente lleno de amor c?lido- es ya transmisi?n de la gracia, y con su sola presencia es instrumento de santificaci?n para el hogar de Zacar?as. Y con el saludo Mar?a lleva los bienes mesi?nicos: la alegr?a y la acci?n del Esp?ritu Santo. Hay clima de fiesta en el encuentro, sorpresa por la visita y admiraci?n por las grandezas divinas. Mar?a e Isabel est?n todav?a bajo los efectos de las visitas de Dios en sus vidas; y uno de esos efectos es precisamente el gozo ante la misericordia y la fidelidad del Dios de la alianza. Isabel, impulsada por el mismo Esp?ritu que hab?a obrado en Mar?a la Encarnaci?n, alaba y reconoce en su prima a la Madre de su Se?or, el Redentor de su pueblo. Su gozo es tan intenso ante este nuevo don, que se comunica al hijo que lleva en su seno, el futuro precursor de aquel que est? en el seno de Mar?a. El Esp?ritu no encuentra barreras en estas mujeres llenas de fe y obra con plenitud en ellas, santificando tambi?n la experiencia m?s hermosa de sus vidas: la maternidad.

5. Exclam?, ?Mi alma glorifica al Se?or?. La reacci?n de Mar?a ante las maravillas obradas por Dios en su vida es un c?ntico de alabanza y gratitud. ?Qu? humildad! Mar?a no viene a creerse m?s importante que Isabel, pues la caridad no puede pavonearse ni ser vanidosa. La vanidad mancha la caridad y la pudre de ra?z. Mar?a viene a reconocer que todo lo bueno que ella tiene viene de Dios, es de Dios, y que nada es m?rito suyo. Ella es la Virgen evangelizadora de la buena nueva. Es la portadora de Cristo a sus semejantes. Ella no permanece pasiva en Nazaret; se siente urgida a transmitir los dones recibidos. Mar?a no los retiene para s?, los comunica con generosidad. Lo contemplado en el encuentro personal e ?ntimo con su Dios se vuelve en ella mensaje fecundo e irradiaci?n espont?nea. Nuestra caridad hecha mensaje para los dem?s tiene que estar amasada de humildad, pues no somos nosotros los que movemos el coraz?n; es Dios a trav?s de nosotros quien llena a los dem?s del gozo ?ntimo. Dios es la fuente de la alegr?a. Mar?a se sabe y siente en posesi?n de Dios, por eso exulta su coraz?n. Dios es grande, Ella es peque?a. Dios es la alegr?a, Ella es el recipiente de esa alegr?a de Dios, y lo comparte con nosotros.

6. Y Mar?a se qued? con Isabel unos tres meses, ?qu? abnegaci?n! ?Haciendo qu?? Cocinando, limpiando pisos, yendo de compras, charlando de coraz?n a coraz?n, sudando y cans?ndose. Pero ella estaba feliz, pues la caridad que cuesta provoca felicidad interior, nos desprende de esa costra de ego?smo que tanta paz nos roba y desfigura la belleza de nuestra alma. Mar?a aqu? es la Virgen servicial, la que no duda en abrirse a los dem?s para compartir sus alegr?as y dolores. La servidora del Se?or se hace servidora de sus semejantes. No pod?a ser de otra manera, porque no hay separaci?n entre entrega a Dios y compromiso con los hombres. El primer mandamiento de Jes?s encuentra en Mar?a una encarnaci?n preclara: el amor a Dios es fuente del amor al pr?jimo, y ?ste es consecuencia y sello de autenticidad de aqu?l. Su servicio mayor ?la aceptaci?n de la misi?n maternal- impulsa a Mar?a a esta otra forma de maternidad: el servicio desinteresado a los dem?s. El misterio de la Anunciaci?n tiene su prolongaci?n y complemente en el de la Visitaci?n. ?Soy capaz, no digo de permanecer tres meses, sino tres minutos, tres horas, tres d?as?con alguien que necesita de mi caridad?


Preguntas para reflexionar:

? ?Qu? me impide el servir a mis hermanos: el ego?smo, la comodidad, la soberbia?
? Cuando hago alg?n gesto con mi hermano, ?es por caridad desinteresada o porque busco alguna compensaci?n?
? Al entrar en contacto con mi hermano, ?llevo la alegr?a de Dios que provoca en el otro el gozo ?ntimo? ?O me llevo a m? mismo y mis problemas y reclamos?
? ?Estar?a dispuesto, como Mar?a, a servir a mi pr?jimo durante tres meses, tres semanas, tres d?as, tres horas ayudando y dando mi tiempo, mis haberes y mi cansancio?


Publicado por mario.web @ 21:12
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