Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comuni?n eclesial, autenticidad, lealtad, conversi?n y pasi?n por Jesucristo, por su Iglesia y por la misi?n evangelizadora a favor de la humanidad
Autor: Editorial Ecclesia | Fuente: www.revistaecclesia.com
El pasado 3 de febrero un grupo de 144 te?logos alemanes, austriacos y suizos -un tercio de su actual totalidad en ejercicio- hicieron p?blico un memorandum titulado ?Iglesia 2011: Un cambio necesario Necesidad de avanzar hacia un nuevo comienzo?. La supresi?n del celibato sacerdotal, el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial, una mayor participaci?n de los laicos y procesos m?s democr?ticos en las elecciones episcopales son los reclamos principales del mismo. En Espa?a, tres antiguos profesores de Teolog?a han encabezado asimismo una campa?a de recogida de firmas de adhesi?n al manifiesto.

?Es este el verdadero cambio que necesita nuestra Iglesia? ?Nuestra propia identidad cristiana y eclesial y los problemas y limitaciones pastorales con que topamos hoy d?a y hasta nuestros mismos pecados pasados o presentes demandan en realidad abordar cuestiones de esta naturaleza? ?Con medidas similares han conseguido otras Iglesias y confesiones cristianas revitalizar, redinamizar y fertilizar sus comunidades o, al contrario, han sido sumidas todav?a m?s en la crisis y en las crisis? ?Siguiendo estas propuestas -no todas de la misma envergadura y cualificaci?n-, ser?amos m?s fieles al Evangelio y prestar?amos mejor servicio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? Creemos sincera, humilde y firmemente que no.

En referencia a la supuesta posibilidad y conveniencia del sacerdocio femenino, la Iglesia -repite paciente y fundamentadamente el magisterio papal de las ?ltimas d?cadas- no puede dar lo que no tiene y a lo que no est? legitimada. Las razones del celibato sacerdotal, de car?cter disciplinar, s?, y tambi?n de amplio respaldo y cobertura espiritual, pastoral y doctrinal -al menos en cuanto a imitaci?n y seguimiento de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y de cuyo sacerdocio participan los sacerdotes ministeriales-, son muy poderosas, fecundas y v?lidas. Y la mayor y mejor participaci?n de los laicos en la vida de la Iglesia no puede ser jam?s cuesti?n de aspiraciones en lograr simplemente por lograr poderes humanos o influencias sociales, en fomentar grupos de presi?n, en alcanzar cuotas estad?sticas y en seguir meros esl?ganes publicitarios. Y por lo respecta a los procesos de los nombramientos de los obispos, bueno ser? recordar que estos nunca se producen sin una amplia y detenida consulta intraeclesial, que obviamente en ning?n lugar est? escrito que no pueda ser de otra manera ni a?n mayor o tambi?n menor a tenor de las circunstancias.

El verdadero cambio necesario que urge nuestra Iglesia pasa siempre y tambi?n ahora por el reto de la santidad, de la fidelidad, de la comuni?n, de la constante renovaci?n espiritual y del ardor evangelizador. El verdadero cambio necesario es vivir de la Palabra de Dios, que encuentra en la Iglesia -como record? d?as atr?s en el Congreso sobre la Biblia de la CEE el te?logo y arzobispo Ladaria- el ?nico ?mbito adecuado para su interpretaci?n como Palabra actual de Dios. El verdadero cambio que necesitamos es el del desapego iluminado desde la fe y desde la independencia ideol?gica ante las consignas y reclamos de la moda y de lo pol?tica, social o culturalmente correcto, que aunque pueda conllevar renuncias, son, en realidad, ofrendas libres, generosas y en positivo por la aut?ntica causa del Reino.

Claro que hay que escuchar y discernir los signos de los tiempos. Claro que siempre es bueno el di?logo y el encuentro. Y estos mismos signos de los tiempos y desde el di?logo y el encuentro precisos lo que se reclama de nosotros los cristianos, de nosotros miembros de la Iglesia, no son posturas acomodaticias ni posicionamientos ideologizados y trasplantados desde fuera. No son viejas y superadas pol?micas, ni nuevas o larvadas divisiones o disensiones. No son posiciones lejanas y hasta contrarias al magisterio eclesial, sino todo lo contrario.

En medio de estos presentes tiempos recios de increencia y secularizaci?n, lo que reclaman los signos de los tiempos no es que nosotros tambi?n nos secularicemos y presentemos, vivamos y transmitamos un Evangelio ?light? o bajo en calor?as para as?, supuestamente -solo supuestamente- hacerlo m?s atractivo y simp?tico, porque si la sal se vuelve sosa... Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comuni?n eclesial, autenticidad, lealtad, conversi?n y pasi?n por Jesucristo, por su Iglesia y por la misi?n evangelizadora a favor de la humanidad. Es, en suma, ser m?s de Dios, del Dios de Jesucristo, para as? ser m?s y mejor de y para los hombres nuestros hermanos.


Publicado por mario.web @ 21:17
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