Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011
Benedicto XVI nos acerca a la realidad m?s cercana e insoslayable: la trascendencia eterna de los actos realizados en esta vida
Autor: Jos?-Fernando Rey Ballesteros | Fuente: Conoze.com

El Demonio es un gran anestesista. Su oficio no se limita, como creen algunos, a ofrecerle al hombre placeres terrenos a cambio de su alma inmortal. Tambi?n conoce el arte de amortiguar dolores y paliar angustias, arte que ejercita por el mismo precio y que, en muchas ocasiones, le ha rendido mejores resultados que el cat?logo de org?as con que sedujo al mism?simo Fausto.?

Un claro ejemplo de ello es el modo en que ha extirpado, en las conciencias de muchos cat?licos, el miedo a su propia existencia. En la magistral pel?cula ?Sospechosos habituales? (Bryan Singer, 1995), Kevin Spacey sentencia ante un at?nito inspector de polic?a: ?La mejor estrategia del Demonio ha sido convencer a la gente de que no existe?. De este modo, el hombre no se defiende de ?l, y le abre las puertas de par en par. El resto del trabajo, para Satan?s, en un mero paseo triunfal.?

En la misma l?nea de acci?n, el gran anestesista ha logrado infiltrar en muchas mentes ?piadosas? el lenitivo que apacig?e la angustia provocada por el gran drama de la vida: la salvaci?n del alma. Lo ha logrado con un argumento tan burdo como tranquilizador: ?Dios, que es muy bueno, no permitir? que nadie se condene. Al final, todos se salvar?n y nadie ir? al Infierno?. Una vez que este pensamiento se ha alojado en la conciencia, la vivencia de la fe se transforma radicalmente.?

Eliminado, por la v?a de la anestesia, el ?problema? del m?s all?, la religiosidad se centrar? en el ?m?s ac?, y todo el discurso religioso versar? sobre las realidades terrenas. El hombre ya no tiene que preocuparse por su salvaci?n eterna; ese asunto est? solventado gracias a la bondad de Dios. Lo que debe hacer el hombre es esforzarse por transformar el mundo presente en un lugar m?s justo.?

No es urgente, en adelante, hablar de Dios a quienes no creen, puesto que su salvaci?n est? garantizada; lo que es urgente es paliar sus necesidades temporales y aliviar sus sufrimientos. De este modo, hemos transformado el sentimiento religioso en una mera inquietud social, y hemos convertido a la Iglesia en una enorme y milenaria ONG. En resumen, hemos decapitado la Fe, amputando en ella todo lo que se eleve por encima de nuestras cabezas.

Por eso se agradece que el Papa, a quien Cristo ha encargado confirmarnos en la Fe, nos ayude a eliminar de nuestra sangre la anestesia inyectada por el Maligno y nos invite a levantar la vista hacia el verdadero drama de la Historia: la salvaci?n. Refiri?ndose a Santa Catalina de G?nova, aprovech? la ocasi?n para impartir una valiosa catequesis sobre el Purgatorio. En una Iglesia en que, para multitud de cristianos, la curaci?n del c?ncer de un familiar se presenta como m?s urgente que la confesi?n sacramental que ayude a ese enfermo a evitar el Infierno, las palabras del Pont?fice no dejan de ser un soplo de aire fresco derramado a trav?s de la azotea. Como en la curaci?n de aquel paral?tico que vio perdonados sus pecados en Cafarna?m, alguien ten?a que levantar las losetas del techo, y el Papa no ha dudado en hacerlo. Ahora vemos el Cielo.

?En Catalina, en cambio, el purgatorio no est? presentado como un elemento del paisaje de las entra?as de la tierra: es un fuego no exterior, sino interior. Esto es el purgatorio, un fuego interior. La Santa habla del camino de purificaci?n del alma hacia la comuni?n plena con Dios, partiendo de su propia experiencia de profundo dolor por los pecados cometidos, en contraste con el infinito amor de Dios?.

Esquivando la simpleza de considerar el Purgatorio como un lugar m?s all? de las nubes o bajo la corteza terrestre, Benedicto XVI nos acerca a la realidad m?s cercana e insoslayable: la trascendencia eterna de los actos realizados en esta vida. El pecado ciega el alma y la incapacita para el goce de las realidades divinas. A?n alcanzado el perd?n en el Sacramento de la Penitencia, la herida infligida no ser? cauterizada sin el fuego. Y ese fuego es el deseo insatisfecho de la contemplaci?n de Dios, el querer ver su Rostro por el deseo natural del alma y no poder gozarlo por la ceguera causada tras el pecado. El mismo dolor, que es dolor de amor y arrepentimiento, representado en forma de fuego, al abrasar el alma anhelante de la contemplaci?n divina, la va purificando y eliminando en ella todo apego a las realidades de este mundo. Ese dram?tico proceso de purificaci?n es lo que conocemos como Purgatorio.

Tras la escucha de las palabras del Pont?fice, deber?a encenderse, en muchos cristianos, una llama de ese mismo fuego que los llevase a liberarse de las ataduras de este mundo. La oraci?n frecuente, la contemplaci?n asidua, la meditaci?n diaria de las realidades divinas va, en esta vida, desprendiendo el alma de los apegos y urgencias de la tierra para vincularla amorosamente a los gozos del Cielo. Unida a la santa pr?ctica del ayuno y la mortificaci?n, esa oraci?n ser? la que nos permita, ahora, realizar la purificaci?n que, de otro modo, ser?a necesario llevar a cabo tras la muerte.

Pero, claro... ?Cu?ntas personas, hoy d?a, est?n preocupadas por ?ahorrarse? el Purgatorio?

Publicado por mario.web @ 22:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios