Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

POR Diana Milena Pati?o Ni?o

Yo en el 2005: 22 a?os de edad; estudiante de filosof?a de s?ptimo semestre en la Universidad Nacional de Colombia; atea por opci?n y convicci?n desde hac?a varios a?os; muy liberal; con una relaci?n amorosa muy complicada; depresiva.

Mi panorama para abril de ese a?o pintaba gris y triste. Luchaba por terminar mi carrera y por encontrar alguna raz?n para vivir.

Impulsada por la urgente necesidad de escapar de todo lo que me rodeaba, de mis amigos, de mi familia, de mi entorno y lo que era m?s importante; de m? misma, busqu? la forma de salir del pa?s. Fue as? como en agosto de ese a?o llegu? a tierras francesas como ?fille-au pair?.
Los primeros d?as que estuve en Par?s, la pas? de maravilla, sin embargo, en cuanto llegu? a Marseille -ciudad en la que estudiar?a y trabajar?a- mi coraz?n se ensombreci? nuevamente.

Los d?as pasaban entre el estudio, el trabajo y mi tiempo de descanso. Comenzaba a extra?ar a mi familia, mis amigos, mis comodidades y en general, mi tierra colombiana.

La soledad poco a poco fue devast?ndome y sumergi?ndome de nuevo en depresiones que trataba de compensar con la comida y otros entretenimientos. Un d?a, mientras caminaba hacia el puerto para matar un poco mi tiempo libre, pas? junto a una Iglesia Cat?lica; me asom?, y al ver gente dentro, decid? entrar para sentirme acompa?ada.
Desde ese d?a comenc? a frecuentar esa Iglesia; entraba, me sentaba, miraba a las personas y me sent?a bien en compa??a de ellos.
Pasaron varios d?as en esa din?mica y yo hubiera seguido con esa rutina de no ser por un evento inesperado.

Una tarde, como de costumbre, entr? en la Iglesia por una puerta lateral. Estaba cruzando por la nave principal hacia la otra nave cuando sent? una mirada sobre m? desde el Altar.

Inmediatamente dirig? mi mirada hacia mi observador y he ah? mi gran sorpresa; no hab?a persona f?sica observ?ndome, sino s?lo un c?rculo blanco (en ese entonces para m? La Sagrada Hostia era s?lo eso), posado en una estructura dorada.
La sensaci?n de sentirme observada no se iba, trat? de moverme por la Iglesia y me puse detr?s de una columna para evadir esa incomoda mirada, y esa sensaci?n no se iba.
Finalmente, decid? enfrentar a mi observador y darle la cara. Fue en ese preciso momento cuando, sin darme cuenta, qued? postrada de rodillas. Obtuve la certeza no s?lo de la existencia de Dios, sino de que ?l mismo resid?a all?, en ese peque?o trozo de pan. Llor? como una ni?a que acaba de encontrar a su madre despu?s de haberse perdido por largo tiempo. No pod?a contener mis l?grimas y no comprend?a lo que me suced?a. Estuve mucho tiempo all? de rodillas y llorando, no s? cu?nto.

Ese fue el comienzo de mi camino de regreso a casa, a la casa del Padre. Sin embargo, a pesar de haber obtenido esa Gracia excepcional, mi conversi?n no fue inmediata. Mi racionalismo trataba de impedir por todos los medios que se asentara la creencia, pero Dios gan? la guerra venciendo en cada batalla durante varios a?os.

La fe cat?lica ha sido una aventura en mi vida, una dif?cil y arriesgada aventura en estos tiempos, que le ha dado sentido a mi existencia.

Me ha permitido conocerme m?s y conocer lo que es la felicidad.

?

Ganador del Concurso para j?venes: ?C?mo has descubierto a Dios?


Publicado por mario.web @ 22:15
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