Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

Curso: Las 54 virtudes atacadas
Autora y asesora del curso: Marta Arrechea Harriet de Olivero
Lecci?n 34 y 35 La Mansedumbre y la Docilidad


LA MANSEDUMBRE


La mansedumbre es la virtud ?que tiene por objeto moderar la ira seg?n la recta raz?n?. (1)

Hija de la templanza, la mansedumbre nos modera los arrebatos de c?lera, de furia o de ira, que se levantar?n s?lo en los momentos necesarios y en la medida debida. Nos permite canalizar nuestras pasiones e impulsos, no para reprimirlos, sino para sacarles provecho, ayud?ndonos a vencer la indignaci?n y el enojo, (justo e injusto), y a soportar las molestias y contrariedades con serenidad, otorg?ndonos suavidad en el trato.

La mansedumbre no es una opci?n, sino que est? mandado en el evangelio. Es el control sobre s? mismo, es el c?mo reaccionamos ante lo que nos violenta o nos irrita. Manso es el que logra interiormente la paz, el que no se irrita gratuitamente, el que se domina, que no se altera en forma desmedida ni se descontrola aunque le sobren motivos para hacerlo. Toda la antig?edad educ? en las virtudes especialmente a los guerreros, que deb?an ser valientes, austeros, leales, apuntando a una dimensi?n superior del hombre. Ya los paganos reconoc?an la importancia de inculcar las virtudes para mejorar y elevar la naturaleza humana. Mois?s, por ejemplo, no era un hombre manso por naturaleza, pero las escuelas militares de Egipto le hab?an ense?ado a dominarse. Arist?teles dec?a que la persona mansa, (que es la virtuosa), se encuentra en medio de dos extremos igualmente viciosos. El ?col?rico? (que se enoja por todo y no sabe ni puede medir sus acciones o sus palabras debido al desorden y el desborde de su alma ofendida), y el ?impasible? (el que es incapaz de padecer ni bien ni mal, o todo le da igual). En su ??tica a Nic?maco? Arist?teles ya dec?a: ?Cualquiera puede enojarse. Eso es algo muy sencillo. Pero enojarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el prop?sito justo y en el modo correcto, eso ciertamente no resulta tan sencillo?.

Com?nmente se asocia a la mansedumbre con la timidez, la debilidad y la falta de car?cter, pero la mansedumbre no significa debilidad, por m?s que est? adornada de bondad, paciencia y comprensi?n. La mansedumbre es la virtud de los fuertes que saben dominarse en aras de un bien mayor, los que saben soportar con paciencia las contrariedades y tienen dominio de s? por sobre las pasiones desordenadas y los impulsos violentos. Es una virtud muy importante que lima las asperezas cotidianas y contribuye enormemente a la armon?a y a la paz familiar. Tiene mucho de paciencia y de fortaleza interior. El d?bil generalmente act?a con violencia para que no se descubra su debilidad (fruto muchas veces de su inseguridad). El d?bil llega a ser a veces duro y dominante con los d?biles, pero cede ante los poderosos y se enoja sin motivo para demostrar una fortaleza que no tiene. El manso, al contrario, se domina, medita y frena sus reacciones hasta que el autocontrol se hace h?bito y por lo tanto virtud.

La mansedumbre es la virtud de los pac?ficos, que son valientes sin violencia, que son fuertes sin ser duros. Los pac?ficos son contrarios a la violencia innecesaria, a las guerras injustas, a la agresividad como sistema de comunicaci?n, a la brutalidad y a la crueldad. Pero no son cobardes, es la fuerza apacible y serena de los que logran dominar su temperamento y modelar su car?cter y reaccionan s?lo cuando hace falta. Dicen que la m?sica amansa a las fieras, pero no toda la m?sica. La paz se percibe al o?r a Schubert y no a Wagner, que enardec?a a las multitudes nazis. La virtud de la mansedumbre debe estar en el justo t?rmino medio. Debiera ser como una cumbre entre dos valles, como el punto culminante entre dos precipicios: el de la c?lera irascible y el de la sumisi?n servil.

La virtud es un h?bito y los h?bitos no se logran sino con actos frecuentemente reiterados. No basta abstenerse de acciones provocadas por la pasi?n de la ira para tener mansedumbre: es preciso adem?s repetir con frecuencia actos de esa virtud en circunstancias propias para encender la ira. Huir del vicio es caminar hacia la virtud, pero no es propiamente la virtud. No es nada del otro mundo que alguien sea manso, sin que haya nada que lo irrite, ofenda o contradiga. Al contrario, ser?a muy extra?o que se mostrara ?spero y enojadizo en cuanto se le rodee de contemplaciones, cortes?as y miramientos. Las abejas clavan el aguij?n a los que las irritan, pero son inofensivas para quienes, alrededor de la colmena, procuran no alborotarlas. El gato esconde sus u?as para jugar con el que le acaricia, pero hay que ver c?mo se las ense?a a los que lo maltratan.

La mansedumbre se gana con la lucha diaria contra uno mismo. ?No digas ?Es mi genio as?... son cosas de mi car?cter. Son cosas de tu falta de car?cter? nos recuerda Monse?or Escriv? de Balaguer en ?Camino?. De ah? que haya personas que parecen de car?cter muy apacible mientras todos les llevan la corriente, pero no bien se los contradice uno se da cuenta el fuego que hay debajo de las cenizas. Por desgracia, los esp?ritus poco expertos en las cosas de Dios no alcanzamos a entender esta verdad y ponemos la virtud en una calma y serenidad sin escollos ni combates. Creemos que estamos bien cuando no hay conflictos porque no los enfrentamos, lo cual es falso. Tal ignorancia es un peligro serio y puede resultarnos funest?simo. Nos hace considerar como obst?culo para la perfecci?n lo que es un medio necesario, (probar nuestra mansedumbre soportando los defectos del pr?jimo), y nos induce a faltas de caridad por escandalizarnos de sus defectos. De ah? que: ?No es extra?o? dice San Francisco de Sales ?que un religioso sea manso y cometa pocas faltas cuando nada hay que pueda enojarle o probar su paciencia. Cuando me dicen: ?He aqu? un religioso santo, enseguida pregunto: ?Ejerce alg?n cargo en la comunidad? Si me responden negativamente, poco admiro semejante santidad, pues hay gran diferencia entre la virtud de ese religioso y la del que haya sido probado, ora interiormente por tentaciones, ora exteriormente por las contradicciones que se le hacen aguantar.

La virtud s?lida no se adquiere nunca en tiempos de paz, mientras no hay contrariedad de las tentaciones?.

Esto, en la vida cotidiana nos exige a esforzarnos en dominarnos y no montar en c?lera si nuestro hermano perdi? (por primera vez y sin querer) las llaves de la moto, si nos sac? la raqueta de tenis sin pedirnos permiso (porque ten?amos el celular apagado), si nos us? el buzo que m?s nos gusta (porque sali? por primera vez con la chica que le gustaba) y lo dej? en un auto ajeno, si nos contest? mal porque est? alterado y nervioso porque rend?a al d?a siguiente una materia que le pod?a costar el a?o.

Debemos ser mansos ante las ofensas hechas hacia nuestra persona (si pensamos en sacar un bien mayor soport?ndolas). Ahora, si el ofendido es Dios, Su Madre o la Iglesia, cabe la furia y el l?tigo. Podemos y hasta debemos tener una santa ira cuando las ofensas van dirigidas a Dios. Ah? no cabe la mansedumbre, ah? prima otra virtud, la virtud de piedad que exige nuestro testimonio y nos obliga a salir en defensa de Dios como sus hijos que somos. En algunas ocasiones, se impone la santa ira, y renunciar a ella en estos casos ser?a faltar a la justicia o a la caridad, que son virtudes m?s importantes que la mansedumbre. El mismo Cristo, modelo incomparable de mansedumbre, arroj? con el l?tigo a los profanadores del Templo. Nuestro Se?or no perdi? la virtud de la mansedumbre. S?lo manifest? las prioridades y lo que la justicia exig?a, defender ante todo los derechos de su Padre. La ira a veces es necesaria para que, utilizada de manera conveniente, permita el ejercicio de otras virtudes cristianas.

La tolerancia es un problema intelectual. Surge de un planteo intelectual y moral. Es por el mandato de amar al pr?jimo que toleramos sus defectos, como el pr?jimo est? llamado a tolerar los nuestros. En lo que no estoy de acuerdo, lo tolero. Nada de voces intempestivas, de gritos desacompasados, de amenazas furibundas. En cambio la mansedumbre hace que domine mi propio temperamento hasta un punto en que no se note lo que me altera y lo que no. La mansedumbre controla nuestras pasiones para encauzarlas oportunamente y bien. Lo que generalmente ocurre es que es muy f?cil equivocarse en discernir si los motivos de nuestra ira son justos o si no lo son, y cuando nos habremos excedido. Nuestro Se?or se present? como ?manso y humilde de coraz?n? (Mateo 11,29) y m?s adelante nos recuerda: ?Bienaventurados los mansos porque ellos heredaran la tierra? (Mateo 5, 4) lo cual nos marca este camino como necesario para encontrar la paz del coraz?n. ?Con sus ap?stoles, Nuestro se?or sufre sus mil impertinencias, su ignorancia, su ego?smo, su incomprensi?n. Les instruye gradualmente, sin exigirles demasiado pronto una perfecci?n superior a sus fuerzas. Les defiende de las acusaciones de los fariseos, pero les reprende cuando tratan de apartarle los ni?os o cuando piden fuego del cielo para castigar a un pueblo. Reprende a Pedro su ira en el huerto, pero le perdona f?cilmente su triple negaci?n, que le hace reparar con tres manifestaciones de amor. Les aconseja la mansedumbre para con todos, perdonar hasta setenta veces siete (es decir, siempre), ser sencillos como palomas, corderos en medio de lobos, devolver bien por mal, ofrecer la otra mejilla a quien les hiera en una de ellas, dar su capa y su t?nica antes que andar con pleitos y rogar por los mismos que les persiguen y maldicen...? ?Con las turbas, les habla con dulzura y serenidad. No apaga la mecha que todav?a humea, ni quiebra del todo la ca?a ya cascada. Ofrece a todos el perd?n y la paz, multiplica las par?bolas de la misericordia, bendice y acaricia a los ni?os, abre Su Coraz?n de par en par para que encuentren en El alivio y reposo todos los que sufren, oprimidos por las tribulaciones de la vida.

Con los pecadores, extrema hasta lo incre?ble su dulzura y mansedumbre. Perdona en el acto a la Magdalena, a la ad?ltera, a Zaqueo, a Mateo el publicano. A fuerza de bondad y delicadeza convierte a la samaritana. Como Buen Pastor va en busca de la oveja extraviada y se la pone gozoso sobre los hombros y hace al hijo pr?digo una acogida tan cordial que levanta la envidia de su hermano. No ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia. Ofrece el perd?n al mismo Judas, a quien trata con el dulce nombre de amigo, perdona al buen ladr?n y muere en lo alto de la cruz perdonando y excusando a sus verdugos?. (2) En un esp?ritu manso, apacible, tranquilo, calmo, sosegado, sin turbaci?n moral, fruto de un dominio interior, de una vida espiritual florecer? la serenidad. Esta serenidad que debi?ramos irradiar en nuestro trato con el pr?jimo, es fruto del dominio y mortificaci?n interior, de ser conscientes de sabernos en manos de Dios y no de un destino ciego y caprichoso. A la mansedumbre y a la serenidad se oponen la ira o iracundia, el esp?ritu indomable, el griter?o, la blasfemia, la injuria y la ri?a.

En nuestra sociedad moderna, la revoluci?n anticristiana ha impuesto adrede el desprecio por la mansedumbre y la serenidad. Estas virtudes tambi?n han desaparecido en nuestra sociedad, que ya no cuenta con Dios como eje de su vida. La subordinaci?n a cualquier autoridad ha puesto en su lugar un esp?ritu rebelde e indomable en todos los ?rdenes, con la violencia y la insubordinaci?n como la propuesta a seguir. Violencia en todas las manifestaciones de la cultura. En la m?sica, en el cine, en la pintura, en la escultura, a trav?s del culto de lo feo, de lo deforme, en contraposici?n a Dios cuyo atributo es la Belleza. Violencia en la ambici?n exacerbada y desmedida por tener. Violencia en las agresiones verbales de las conversaciones. En el trato diario entre las personas, en los gestos, en los modos, en las poses que tomamos hasta para vender un producto en una propaganda de una revista (en c?mo nos sentamos, caminamos o miramos). Hay una forma violenta hasta de mirar, con desaf?o, insolente, una forma de sostener la mirada que es m?s una provocaci?n que simple curiosidad. El sabio consejo de bajar la vista (que nos daban nuestros mayores en ?pocas m?s cristianas) no s?lo nos proteg?a de ver muchas veces lo que no deb?amos, sino que nos evitaban de meternos en problemas m?s serios. El sostener la mirada no s?lo es un desaf?o sino que implica una provocaci?n ?a m?s? Violencia es la forma agresiva de vestirnos o de mostrarnos semidesnudos. Violencia son las injusticias diarias en todos los ?rdenes de la vida. Este clima de violencia, sumado a nuestra falta de virtud en general, nos lleva a una sociedad en donde la mansedumbre y la serenidad brillan por su ausencia porque se nos presentan como carentes de sentido.

Esta violencia est? impuesta diab?licamente desde los dibujitos animados para ni?os en donde todo es pelea, choque, agresividad y fealdad. El cine, la televisi?n e internet (en gran parte al servicio de la revoluci?n) presentan a la juventud como h?roes o modelos a seguir a personajes totalmente opuestos a la mansedumbre y la serenidad. En su gran mayor?a son hist?ricos, excitados, descontrolados, que toman decisiones jam?s calmos sino siempre exacerbados, en situaciones l?mites y llenos de adrenalina. Todo esto es enfermo, es lo opuesto de la actitud sana de la persona que toma las decisiones como se debe con el juicio sereno, manso y tranquilo.



Notas
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo. P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g. 609.
(2) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g 610.




LA DOCILIDAD


La docilidad es la virtud que nos lleva a hacer: ?lo que se nos manda o aconseja tranquilamente sin violentarnos, ni oponerle resistencia, y la que hace f?cil que se nos ense?e. Es la predisposici?n para aceptar las indicaciones que recibimos para encaminarnos hacia el bien.?

La docilidad es hija de la prudencia y de la humildad, porque la actitud d?cil es la que est? abierta al aprendizaje a la correcci?n, al consejo, a aceptar que otros saben m?s que nosotros y que pueden y deben ense?arnos y nosotros debemos dejarnos ense?ar sin resistirnos como fieras. La persona d?cil no ofrece resistencia a aprender, a ser aconsejada, a ser corregida. M?s bien lo acepta con humildad e inter?s. La docilidad hace que no nos altere que nos manden y, si entendemos esta virtud, el acatar la autoridad en todos los ?rdenes no nos resultar? tan ?spero. El entender nos aliviar?, nos facilitar? y nos suavizar? el obedecer y el dejarnos ense?ar. A?n en el mundo de los seres inanimados como el de los materiales, podemos hablar de materiales ?d?ciles? haciendo referencia a los que se dejan trabajar, moldear, tallar, esculpir, (como la madera, el barro, la arcilla), y los que no son f?ciles y generan resistencia, (como la piedra y la roca).

Pedir y escuchar un consejo a las personas capacitadas de darlo es una actitud en la vida no s?lo humilde sino inteligente. Achica el margen de error en todos los ?rdenes. No tendremos que pagar tan altos precios por pensar que siempre nuestro propio parecer es superior al del que sabe. Los adultos que han vivido, y sobre todo si han vivido bien, siempre tendr?n luces m?s largas para divisar el camino a seguir que los j?venes que generalmente utilizan s?lo luces cortas. Estar?n en condiciones de aconsejarnos en las distintas decisiones que habremos de ir tomando a medida que crezcamos. La carrera a seguir, el trabajo a aceptar, el lugar donde habremos de comprar nuestra casa, el m?dico que nos conviene por su seriedad acad?mica. Siempre estaremos m?s iluminados por el consejo de los que saben que por nuestra sola opini?n Ser d?cil a los ojos de Dios es hacer f?cil que se nos ense?e lo que es bueno o malo seg?n Su Ley, y no lo que a nosotros nos parece que la docilidad es. Dejarse ense?ar sin rebeld?a en todos los ?rdenes, no s?lo en los modos que pueden ser muy d?ciles, sino en nuestro interior, empezando por observar las simples leyes de la naturaleza. La actitud de rebeld?a, de soberbia, de rechazo, de autonom?a, mal dispone a la persona a ser ense?ada, aconsejada y a escuchar.

Ser d?cil es aceptar que el profesor del deporte que practico me pueda corregir alg?n defecto, aunque yo me haya destacado igual haci?ndolo mal. Ser d?cil es no empecinarnos en hacer el campamento en un lugar inapropiado en el per?odo de lluvias debajo del cartel que nos indica ?No acampar?. Aceptar que la bandera colorada que ha levantado el guarda vidas me indica que el mar est? peligroso, (aunque a m? me parezca que est? igual que siempre y que yo s? nadar muy bien). Aceptar que las hortensias necesitan mayormente sombra y mucha agua, porque la verdad objetiva de la floricultura nos ense?a que es as?, y no lo que a nosotros nos parece que es bueno para esas flores. Si nos encaprichamos en contra de esa verdad, (demostrada por a?os de experiencia), y las ponemos al rayo del sol todo el d?a y las regamos solo de vez en cuando, simplemente se marchitar?n.

La ignorancia no es falta de docilidad, porque la ignorancia a veces puede ser culpa nuestra y otras veces no. Lo mismo que ocurre con las hortensias y en todos los ?mbitos tambi?n ocurre con al alma humana y sus necesidades. La naturaleza tiene sus leyes, a?n para la persona humana. Si nos empecinamos en llevarle la contra a lo sumo resistiremos un tiempo, porque tanto la naturaleza como la naturaleza humana, a la corta o a la larga, nos pasar?n la cuenta. Por ejemplo, la Iglesia nos ense?a que lo bueno para el hombre es cumplir con los Mandamientos. Si somos d?ciles a esta verdad y tratamos al menos de caminar (sino en el camino al menos por la banquina) dej?ndonos guiar por ellos seremos m?s felices que si los ignoramos continuamente e ignoramos adrede que existe siquiera un rumbo a seguir.

La docilidad es fundamental en el mundo de la docencia, en donde los alumnos deben tener la actitud abierta hacia la necesidad de aprender. Antes que el maestro comience a ense?ar el alumno debe ser ?ense?able?. El alumno d?cil vuela en el aprendizaje. De la misma manera que la condici?n para comer algo es que primero ese algo sea ?comestible? y para transitar por un lugar el camino primero tiene que ser ?transitable?. Los docentes necesitan frente a s? alumnos d?ciles, educados, respetuosos para poder empezar con su tarea.

Hoy la revoluci?n anticristiana ha generado una falta de autoridad, obediencia, respeto hacia la jerarqu?a del maestro o profesor y disciplina en las aulas que hace imposible la ense?anza y los resultados est?n a la vista. Escuchamos en los medios que los alumnos rompen a patadas los calefactores para no tener calefacci?n y por ende no tener clases, que a fin de a?o tiran los bancos por las ventanas del colegio y salvajadas antinaturales por el estilo. De ah? que no s?lo se hable de deserci?n escolar por los alumnos, sino que son los profesores y maestros quienes abandonan sus cursos por sentir que los alumnos que tienen adelante ya ?no son ense?ables?. En nuestra Patria, sabemos que la violencia ha llegado a un grado en que un alumno entr? una ma?ana al curso y mat? a mansalva a cinco de sus compa?eros de clase e hiriendo a otros tres mas con una pistola de 9 mm, (como sucedi? en el 2004 en Carmen de Patagones). Pero lo grave es que esta violencia ya es antinatural. Est? generada por la revoluci?n para ser utilizada con otros fines.

La revoluci?n anticristiana ha cortado adrede ese nexo que siempre existi? entre el maestro o profesor que ense?a y el alumno que respetuosamente, reconociendo la superioridad de conocimientos del profesor, aprende. La revoluci?n lo fomenta para que el alumno no reciba ni la cultura de generaciones anteriores, (y por lo tanto, al no saber ni quien es ni de donde viene, ni su propia historia, no tenga ni arraigo ni ra?ces que lo sostengan), ni desarrolle sus talentos y eso le genere una frustraci?n y una violencia que luego ser? ?manejable?, con objetivos pol?ticos.

La destrucci?n de la lectro escritura tambi?n merece unas palabras. Es destruir el idioma y su riqueza, el nivelar para abajo, el minimizar el vocabulario, el sacar de circulaci?n las may?sculas y escribir todo con min?sculas, todo forma parte del mismo plan. Incluso el sistema de cambiar sistem?ticamente todos los libros de texto todos los a?os que imposibilita a los hermanos y familiares heredar y compartir los libros de colegio, con textos incomprensibles para la mayor?a de los padres tiene su explicaci?n. Se trata otra vez de cortar los lazos que un?an a los padres que pod?an colaborar con sus hijos en tareas y deberes escolares. Hoy esto es casi un imposible para la mayor?a de los padres por lo incomprensible y la falta de sentido com?n de los textos. A?n en materias como matem?ticas los adultos nos vemos imposibilitados de ayudar.

D?cil fue Nuestro Se?or Jesucristo a la voluntad de Su Padre. D?cil fue la Sant?sima Virgen para aceptar su maternidad divina que no estaba en sus planes. D?cil fue San Jos? en seguir los dictados del ?ngel para salvar al Ni?o Dios y a Su Madre y huir a Egipto. D?ciles han sido los santos a las inspiraciones divinas y hemos visto los resultados. D?ciles tenemos que ser nosotros para respetar los 10 Mandamientos, para aceptar los consejos de nuestros padres y superiores que representan la voluntad de Dios, para obedecer a los consejos de sacerdotes y directores espirituales (de buena doctrina) en confesi?n, que nos ayudar?n a transitar el mejor camino sin temor a equivocarnos. Para dejarnos ense?ar y corregir por nuestros padres, maestros, hermanos mayores y buenos amigos que tan s?lo estar?n cumpliendo con nosotros los consejos evang?licos de las obras espirituales de misericordia de ?corregir al que yerra? y de ?ense?ar al que no sabe?.

Es f?cil constatar que, en todos los ?mbitos de la vida, y mucho m?s para crecer en la vida espiritual y crecer en santidad, sin la docilidad es imposible que demos ni tan siquiera un paso adelante en orden a nuestra santificaci?n y mejora personal. La revoluci?n anticristiana ha impuesto el vicio opuesto a la docilidad, la rebeld?a como norma a seguir. Presenta al hombre como una vasija llena que no tiene nada ya m?s que recibir en sabidur?a de nada ni de nadie, para que nadie se deje enga?ar por el que sabe, para que no se acepte la cultura y la sabidur?a heredada de siglos anteriores, para cortar lazos con todo y con todos, empezando y terminando con el Divino Maestro que es Dios y de su Iglesia, Madre y Maestra.


Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)

En relaci?n a La mansedumbre


1. ?Qu? es la virtud de la mansedumbre? ?Por qu? esta virtud no es opcional?
2. Es una virtud que est? adornada de bondad, paciencia y comprensi?n ?Por qu? se dice que es la virtud de los fuertes?
3. ?Cu?les son los frutos de la vivencia de esta virtud?
4. ?Cu?l es la diferencia entre la tolerancia y la mansedumbre?
5. ?Cu?les son los vicios contrarios a esta virtud?
6. ?Cu?les son los momentos en que te es m?s dif?cil y m?s sencillo vivir esta virtud?
7. ?Alg?n comentario o sugerencia?

En relaci?n a La Docilidad


1. ?Qu? significa ser d?cil?
2. ?Cu?les son las caracter?sticas de una persona d?cil?
3. ?Por qu? siendo una virtud abierta al aprendizaje cuesta tanto vivirla?
4. ?Qu? suceder?a si hoy se practicase esta virtud (en la familia, en la escuela, en el trabajo, en los grupos sociales)?
5. La rebeld?a es la actitud contraria a esta virtud ?Cu?les son las consecuencias de este vicio en la familia, en las escuelas, en el trabajo, en los grupos sociales? ?Cu?l es la influencia en tu vida personal?
6. ?Alg?n comentario o sugerencia?


Para reflexi?n personal


1. ?Vivo atento a hacer felices a cuantos me rodea? ?A?n cuando tenga que hacer alg?n sacrificio? ?Si puedo hacer alg?n favor de oculto lo hago?
2. ?Cualquier actitud de los dem?s que no concuerda con lo que me agrada, me desconcierta y enfada??Me irrita durante muchos d?as y guardo rencor?
3. ?Domino mi impaciencia? ?Pierdo lo mejor de mis energ?as y de mi tiempo en enojarme por peque?as tonter?as?? Se restar importancia a las cosas??Domino la impaciencia y la ira, a?n internamente, en una en?rgica decisi?n de equilibrio y entrega? ?Me ejercito en el dominio propio? ?Soy constante en esto?
4. ?Domino mi temperamento cuando practico alg?n deporte o juego??Domino el deseo de revancha??S? ganar con equilibrio??S? perder con nobleza??Tengo dominio en mis palabras??Y cuando compiten mis hijos?
5. ?Al obrar soy un apersona puramente temperamental, pasional??No hay en m? una orientaci?n superior de fe y de raz?n?
6. ?Se dirigir mis pasiones por el cauce del deber? ?Me pongo con todas mis fuerzas y siempre a cumplir la voluntad de Dios?
7. ?Temo que se me corrija o se me critique??Acepto con sencillez y humildad las correcciones o explicaciones de quienes son m?s expertos que yo?
8. ?Cu?ndo advierto que alguien me supera tengo la grandeza de alma suficiente para alegrarme? ?Cu?ndo veo que voy a ser pospuesto a otro lo combato y empeque?ezco ante los dem?s??O se reconocer la competencia del otro y me abro a aprender con docilidad?


Publicado por mario.web @ 22:16
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