Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

?Es m?s cre?ble la nada que Dios?
Autor: Andr? Manaranche | Fuente: libro Preguntas j?venes a la vieja Fe
Bolet?n ?Ser disc?pulos! Aprende a defender tu fe
Tema: Preguntas j?venes
Fuente: Libro preguntas j?venes a la vieja fe. Autor Andr? Manaranche,


I. TUS PREGUNTAS SOBRE DIOS


DIOS COMO EXPLICACION


Lo que primero me llama la atenci?n, amigo m?o, es que hablas de Dios sin saber demasiado lo que se esconde tras esta palabra tan usada y tan manida. Por eso, preguntas:

??C?mo definir?a usted a Dios?
-Dios es algo vago. ?Para usted, Dios tiene forma f?sica?
-?C?mo se lo imagina??.


As? pues, antes de concederle a Dios la iniciativa, o colocar tal acci?n en su haber, o endosarle tal cat?strofe, quisieras saber qui?n es este poder misterioso al que los hombres atribuyen la capacidad de bendecir o de maldecir, de crear y de aniquilar. Y tienes raz?n. En efecto, ?Dios? es lo que menos conoce el hombre, aunque sin cesar hable de ?l. Cada uno proyecta sobre esta palabra sus propios sentimientos: el deseo de ser protegido, el miedo de ser castigado, la intercesi?n por los seres queridos, la venganza contra los enemigos, el reconocimiento total, la envidia venenosa, la b?squeda de una belleza radiante, la espera de una noche oscura ?en la que todos los gatos son pardos?, la sed de comunicar con un Ser ?s?per?, la man?a de querer disolverse en una corriente vertiginosa, el deseo de sobrevivir, la voluntad de desaparecer... Dios es lo que espero de Dios; es lo que me conviene que sea, para afirmarlo o para negarlo. En este aspecto, tanto el creyente como el no creyente pueden estar a merced de su imaginaci?n. El ?nico que escapa realmente a esta ilusi?n es el santo, el m?stico cristiano, el que supera las pruebas y atraviesa las ?noches? espirituales. Este no inventa, ciertamente, aun Dios que le contradice duramente, y que no le pasa la mano por la espalda, y que le conduce hacia caminos donde no quisiera ir (Juan 21,18).

Preg?ntate, amigo m?o, si no son tus caprichos, tus man?as, tus miedos o tus frustraciones las que te hacen decir ?Dios?, tanto para poner las manos juntas como para lanzar un pu?etazo. ?Desde este punto de vista, cu?ntas cosas que no tienen nada que ver con la filosof?a se esconden bajo muchos argumentos y discusiones! Eso no quiere decir que no haya que dialogar, pero teniendo presente que una manifestaci?n de amistad hace progresar un debate empantanado, porque el bloqueo se encontraba en el fondo del coraz?n.

En relaci?n con Dios, tambi?n hay ideas falsas ?en fr?o?, que proceden de una falta de formaci?n o de una mala educaci?n religiosa. Hablemos de ellas. La Iglesia sostiene que la inteligencia humana es capaz de buscar a Dios e incluso de admitir su existencia, pero tambi?n reconoce que este proceso es dif?cil, puede desviarse y no consigue encontrar el rostro divino tal y como se nos ha querido manifestar. La raz?n puede construir un retrato robot aproximativo, pero no es capaz de encontrar a alguien, alguien que es Amor y que nos ama. Seg?n los diversos sondeos, la mayor?a de la gente que dice ?creer? en Dios confiesa que no sabe qui?n es y lo identifica con un esp?ritu c?smico, una especie de gas. En cualquier caso, como dice Juan, ?a Dios nadie lo ha visto jam?s; es el Hijo ?nico, que es Dios y est? al lado del Padre, quien lo ha explicado? (Juan 1,18). No olvides nunca esto e intenta evitar tus prejuicios. Y ahora abordemos las seis preguntas principales que me planteas.

El Dios causa

Muchas veces, de una u otra forma, me preguntas:

??C?mo puede crear Dios? ?C?mo se inserta su acci?n en el encadenamiento de los fen?menos?
-?C?mo interviene hoy en el mundo? ?S?lo a trav?s del milagro?
-?Por qu? el Todopoderoso no es capaz de prevenir las cat?strofes?
-?C?mo surge la fe en el coraz?n? ?Hay alg?n mecanismo? ?Por qu? no surge en mi coraz?n?
? Etc?tera.

Cuando te planteas tales preguntas, est?s invadido por varios sentimientos: por el esc?ndalo o por la duda.


El esc?ndalo

Primero sientes el esc?ndalo que provoca en ti el mal. El mal que asola el mundo, y que conoces a trav?s de los medios de comunicaci?n, el que te martiriza personalmente. Entonces buscas la causa, es decir, el culpable, porque, en lenguaje jur?dico, ?instruir una causa? es hacer una investigaci?n policial, para identificar al responsable de un determinado delito y poder acusarle. En el proceso intelectual hay, pues, un elemento pasional que quiz? t? no percibes. Retomar? este tremendo interrogante desde m?s atr?s, pero, ya desde ahora, quisiera prevenirte de un error: imaginar un Dios actuando sobre los fen?menos como cualquiera de las fuerzas f?sicas (un se?smo) o humanas (una agresi?n), exactamente en el mismo nivel. Pienso en aquella madre que, en vez de dar a su hijo la medicina, se equivoc? de botella y le administr? un producto t?xico que caus? la muerte de su hijo en medio de unos dolores tremendos. Esta pobre mujer cristiana intentaba aceptar esta ?voluntad de Dios? imagin?ndose que el mismo Se?or le hab?a guiado la mano para hacerle pasar esta prueba. ?Horrible!

Ya ves que, incluso en el hombre m?s moderno y racional, anida algo de esa mentalidad primitiva, llamada animismo, y que no s?lo existe en ?frica. El hombre moderno, cuando sufre un da?o, quiere identificar al culpable para vengarse de ?l o llevarle ante los tribunales. S?lo as? se calma. Pero, ?qu? hacer cuando el mal no se le puede imputar a nadie, como en el caso de un alud o de un c?ncer? El hombre no acepta f?cilmente el recurso del azar, porque esta soluci?n no le tranquiliza lo m?s m?nimo, ni satisface su coraz?n. ?C?mo un acontecimiento importante puede ser puramente accidental o inocentemente fortuito? En el Tercer Mundo, la desgracia se explica por la influencia nefasta de los malos esp?ritus o por el poder del brujo. En Europa, es al mismo Dios al que a menudo se acusa y se conmina a comparecer ya defenderse. ? ?Qu? he hecho yo para que Dios me env?e tantas calamidades? Despu?s de todo, si hubiese un Dios, no me pasar?a eso?. Quejas como ?stas proliferan. Hay incluso cat?strofes (se?smos, inundaciones, erupciones volc?nicas...) a las que se les llama ?actos de Dios?. ?Siniestro! Dios no es ese ?absurdo emperador del mundo? que denunciaba un fil?sofo ateo. Deja, pues, de imaginarte a tu Padre del cielo como un J?piter bigotudo que, desde lo alto del Olimpo, acciona los mecanismos c?smicos de un motor que aplasta entre sus ruedas asesinas al Charlot de los ?Tiempos modernos?.

No hables tampoco de la ?voluntad de Dios? a la ligera. ?Qu? sabes t?? La voluntad del Padre celestial nos ha sido manifestada en Jesucristo como amor y salvaci?n, y de una manera que no admite dudas. Dios no nos inocula las enfermedades como ese mosquito que, durante una misi?n en Benin, me obsequi? con un fuerte ataque de paludismo. No acepto una fiebre o una desgracia como un don del cielo que me ser?a comunicado sin intermediario alguno (directamente del productor al consumidor), sino que, como Pascal, rezo ?por la buena utilizaci?n de la enfermedad, que no es lo mismo?. La voluntad divina no es el mal, sino la gracia para vivir cristianamente un per?odo dif?cil de mi vida. Desconf?a de los atajos, porque suelen ser escandalosos.

Ten en cuenta que ?sta es una tentaci?n corriente. Hace unos veinte a?os, para prevenir el error del que te estoy hablando, los te?logos terminaron por decir que Dios no interven?a para nada en el mundo. As? se terminaba con los pu?os levantados hacia el cielo y, en la organizaci?n del mundo, el hombre gozaba de una total libertad ( el hombre ?secularizado? ). ?Hasta qu? punto se trataba de una soluci?n justa? ?C?mo Dios pod?a seguir siendo el Amor si se desentend?a por completo de nuestros asuntos y se lavaba las manos ante nuestros problemas? Hablar as? era como ?tirar al ni?o con el agua del ba?o?. Por eso la reacci?n no se hizo esperar. En determinados ambientes se puso en marcha el motor celestial y se atribuyeron todos los acontecimientos al Se?or de una manera inmediata: todo lo que pasa ha sido querido por Dios, que ha colocado todo en su sitio como un buen ingeniero. Hay que congratularse de poder ?recibir?, al segundo, la palabra divina que conviene exactamente, sin tener que estrujarse la cabeza. Ya no hay intermediarios, ya no hay distinci?n entre el bien y el mal, pues ambos proceden de la misma fuente. ?Qu? cisco!
Yo creo:
-que Dios act?a, pero a su manera, sin entrar en la cadena o ser su primer motor;
-que no quiere, ni nunca ha querido, el mal;
-que su gracia nos alcanza en circunstancias que el no ha provocado directamente, pero que utiliza para inspiramos una conducta o para ense?amos el camino;
-que esta gracia no nos impide reflexionar y actuar: nuestra participaci?n no la mancha;
-que esta manera normal de actuar por parte de Dios no quita su intervenci?n milagrosa.


Amigo, conf?ate al Padre de Jes?s. No intentes confiscar su voluntad, ni para injuriarle (??Hacerme esto, a m?!?), ni para utilizarle como una m?quina tragaperras (??Dios me ha hablado!?). El Amor no act?a mec?nicamente y no se manipula como un aparato.

Que tu confianza sea absoluta, sin que eso te dispense de actuar. ?Puedes pedir al Se?or que te ayude a encontrar un buen novio o una buena novia, puedes ser escuchado(a) e incluso puedes decirlo, pero sin convertirle en un ojeador de caza o en una Celestina! As? pues, maneja con precauci?n esta noci?n de ?causalidad divina?, sin ser ingenuo cuando las cosas te salgan bien, ni demasiado hura?o si salen mal. Si nadas en la felicidad, que te aproveche; pero, al alabar al Se?or, piensa en los dem?s y no creas que est?s solo en el mundo. No cantes apresuradamente el Magn?ficat para dar gracias a Dios por haber salvado el Carmelo de Lisieux durante los bombardeos de 1944. ?Piensa tambi?n en el convento de los benedictinos, totalmente arrasado! Conv?ncete, con el fil?sofo Jean Lacro ix, que, mediando cierta confusi?n mental y verbal, la causalidad es la raz?n principal de la increencia, o de la ?malcreencia?, o de la fe dolorosa. Sal del infantilismo y deja de ser un ni?o ante Dios.

La duda

Mal entendida, la idea de un Dios-Causa puede exasperarte cuando la pongas en relaci?n con el mal. Y puede obligarte a bajar la cabeza cuando la compares con el resultado de las ciencias naturales. De las dos explicaciones, la divina y la humana, ?cu?l es la buena? Es la idea de tu pregunta, referida anteriormente: ??Qu? piensa de la Creaci?n? ?y qu? pinta Darwin en todo esto??. Una pregunta que se concreta en un conocido dilema: o la Biblia o la ciencia.

Yo pienso que la Escritura habla el lenguaje de su ?poca, como tambi?n t? lo haces, y, sobre todo, que no pretende darnos una explicaci?n. Y esto es algo que tal vez termines por admitir, siempre que te olvides de los malos catecismos aprendidos de memoria. La creaci?n no es el origen, y mucho menos la descripci?n del origen en v?deo. La creaci?n es la afirmaci?n de nuestra dependencia radical de Dios y, al mismo tiempo, nuestra distinci?n de el, que no depende de nadie. A veces te preguntas: ??Qui?n ha creado a Dios?? Sin duda alguna est?s confundiendo la creaci?n con la fabricaci?n (no te preocupes, Sartre lo hizo antes que t?). ?Piensas en un super ingeniero que construye el prototipo, lo monta en la f?brica y produce modelos en serie! ?No estamos en la Seat! Ni siquiera en una maternidad.

F?jate bien, amigo. La creaci?n significa que nuestra raz?n de ser no est? en nosotros, sino s?lo en Dios y en su eterna ternura. ?Soy amado, luego soy?. ?Te quiero porque te quiero?. Esto escandaliza a los racionalistas, que prefieren justificar el mundo por el azar o la necesidad. Yo, en cambio, me alegro de no compartir ninguna de estas dos mec?nicas. Me alegro de proceder de un Dios que no me quiso por necesidad (para romper su soledad, o tener una imagen de s? mismo al rev?s, o complacerse en su buena acci?n, o enorgullecerse de sus extraordinarias posibilidades), ni por capricho (para divertirse como un pr?ncipe aburrido, dedicado a invenciones descabelladas para matar el tiempo). Me congratulo de no deber la existencia a ning?n c?lculo ego?sta, a ninguna sabia programaci?n. Me disgustar?a enormemente haber salido de un laboratorio o de un ordenador, aunque tuviese todo el poder de un misil admirable. Es verdad que no soy aut?nomo, ni soy Dios, pero mi dependencia no s?lo me distingue de mi Padre, sino que tambi?n me une y relaciona con ?l.

Si esto es as?, no se puede confundir la creaci?n con los or?genes. Ciertamente, la fe nos dice que Dios, al crear, inaugur? el tiempo. Pero, como precisa Santo Tom?s, aunque el mundo hubiese existido desde siempre, no por eso habr?a dejado de ser creado. La creaci?n no es el big-bang: es mi relaci?n con Dios. Si fuese el big-bang, s?lo habr?a sido creado el primer hombre, pero no los dem?s, ni yo mismo. No ser?amos m?s que copias del prototipo, duplicados. Ahora bien, yo he sido tan creado como Ad?n y tan querido por Dios como ?l.

La creaci?n es mucho m?s bella que la procreaci?n. Esta ?ltima puede llevarse a cabo sin amor en la pareja y sin deseo de un hijo, en una especie de coito instintivo. Adem?s, aunque est? llena de ternura, la procreaci?n es una acci?n. Que se termina con el nacimiento. Despu?s, el beb? posee su propia existencia, aunque durante mucho tiempo dependa de su madre, tanto a nivel sanitario como afectivo. Dios no se contenta con dar el pistoletazo de salida. Me crea permanentemente y me ama sin cesar. No se trata de un parto moment?neo, sino de una ternura sin fin. Lo espiritual teje un lazo m?s fuerte que la biolog?a.

Mi creaci?n es m?s bella que mi origen, sobre todo si ?ste tiene alguna tara. He podido ser concebido por descuido una noche de borrachera o de adulterio; mi padre ha podido abandonar inmediatamente a mi madre, y ?sta ha podido pensar en abortar. A pesar de todo eso, mi Padre del cielo me ha querido, me quiere y no cesar? de quererme. S?lo esta ?pap?- terapia? es capaz de curar mis profundas heridas.

La creaci?n del hombre no se confunde, pues, con su procreaci?n, con su comienzo biol?gico. De la misma manera que la creaci?n del universo no se confunde con el big-bang, su comienzo c?smico. El G?nesis no es un reportaje sobre los primeros instantes del mundo. Nos cuenta, con un lenguaje colorido y lleno de im?genes, que s?lo Dios es Dios y que todo lo dem?s procede de ?l sin confundirse con ?l, y sin que las cosas se confundan tampoco con el hombre. Y nos da el sabbat para que compartamos cada semana el asombro de Dios ante su obra. Es decir, puedes adoptar la teor?a cient?fica que m?s te guste, siempre que permanezca en su nivel: el de la explicaci?n de los fen?menos. Si sale de ah?, deja de ser cient?fica y se mete en el campo de la filosof?a.

Hay teor?as materialistas y ateas que niegan la existencia y la acci?n de Dios. Y, al contrario, tambi?n hay explicaciones cient?ficas que creen poder demostrar la existencia de Dios experimentalmente, descubriendo por doquier agujeros que reclaman su intervenci?n. No creas ni a los unos ni a los otros. No deduzcas a Dios mec?nicamente. No le reduzcas al nivel de los fen?menos. La Iglesia llama a esta ilusi?n ?concordismo?, es decir, el intento de hacer concordar la fe y la ciencia en el mismo nivel.

Un joven me plante? esta pregunta: ? ?Qui?n era yo antes de nacer?? Hac?as cuerpo con tu madre, orgullosa de llevarte dentro, de alimentarte, de acariciarte y de quererte. No eres, pues, un producto de una cadena de montaje o de una f?brica cualquiera. Y antes de tu concepci?n estabas en el coraz?n de Dios, como un proyecto de su ternura, un proyecto eterno y ?nico, destinado a la gloria. Esto es lo que eres, amigo m?o, m?s all? de tu carnet de identidad o de tu grupo sangu?neo. ?No confundas, pues, los planes, ni deteriores tu bello misterio!



Documentos y art?culos para profundizar en el tema


La verdad robada sobre Dios

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Publicado por mario.web @ 22:29
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