Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

Las distintas esperanzas humanas, que inspiran nuestras actividades diarias, corresponden al anhelo de felicidad que Dios ha puesto en el coraz?n de los hombres
Autor: Diego Calder?n, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores

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Los seres humanos siempre estamos a la espera de algo. Por ejemplo, tenemos la esperanza de encontrar un buen trabajo, de obtener resultados excelentes en los estudios, de hallar la persona amada, de alcanzar la plena realizaci?n de nuestras vidas. Desde esta perspectiva, podemos decir, con Benedicto XVI, que ?el hombre est? vivo mientras espera, mientras en su coraz?n est? viva la esperanza? (?ngelus, 28 de noviembre de 2010).

Las distintas esperanzas humanas, que inspiran nuestras actividades diarias, corresponden al anhelo de felicidad que Dios ha puesto en el coraz?n de los hombres (cf. Catecismo de la Iglesia cat?lica, n. 1818). Por lo tanto, la esperanza cristiana purifica y ordena todas nuestras acciones hacia Dios, fuente perfecta y plena de amor y felicidad que colma todos nuestros anhelos.

Benedicto XVI, en la carta enc?clica Spe Salvi, nos propone tres ?lugares? para el aprendizaje y el ejercicio de la esperanza cristiana. En ese sentido, podemos hablar de un ?gimnasio? para fortalecernos en la virtud de la esperanza cristiana, pues el materialismo y el consumismo, que asfixian nuestra sociedad, pueden opacar y debilitar la vivencia de esa virtud.

El primer ?lugar? es la oraci?n. En el di?logo ?ntimo y personal con Dios experimentamos la realidad y la cercan?a de un Padre que escucha y nos habla. El contacto frecuente con el Se?or, en la oraci?n, reaviva y renueva nuestra esperanza porque nos acercamos con la convicci?n de que Dios siempre atiende nuestras s?plicas y est? dispuesto a ayudarnos, pues ?cuando no puedo hablar con ninguno (...) siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme (...) ?l puede ayudarme?.

El segundo ?lugar? es la rectitud del obrar y el sufrimiento. El dolor y los padecimientos, tanto f?sicos como morales, son realidades connaturales a nuestra existencia humana. Cuando las tribulaciones se aceptan, no con una vana resignaci?n, sino con fe y esperanza encontramos un camino de maduraci?n y purificaci?n. Desde esta ?ptica, el sufrimiento adquiere un aut?ntico sentido s?lo a la luz del misterio de Cristo y, as? mismo, los padecimientos se pueden enfrentar con realismo y sin desesperaci?n.

Finalmente, en tercer ?lugar? est? la reflexi?n constante sobre el juicio final. En este sentido, La realidad del juicio nos ayuda a ordenar la vida presente de cara al futuro, a la eternidad. Adem?s, ante muchos de los tr?gicos eventos que han marcado la historia humana esperamos en la justicia divina, pues tiene que existir alguien que pueda responder ?al sufrimiento de los siglos? y al ?cinismo del poder?. Algunos autores de la violencia e injusticia en este mundo podr?n escapar al juicio humano pero no al juicio divino.

En conclusi?n, ?el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza? (Spe Salvi, n. 23). S?lo Dios puede colmar totalmente todos nuestros anhelos y esperanzas.

?Cu?les son mis esperanzas?, ?a d?nde tiende mi coraz?n? La estatura moral y espiritual del hombre se puede medir por aquello que espera (cf. Benedicto XVI, ?ngelus, 28 de noviembre de 2010).


Publicado por mario.web @ 23:31
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