Jueves, 19 de mayo de 2011

Tengo un amigo de mi ?poca de estudiante universitario, residente desde hace muchos a?os en Z?rich (Suiza), que es una eminencia internacional en el campo de la F?sica. Invitado a un Congreso, con diversos premios Nobel, en Qatar, me escribi? cont?ndome sus experiencias de aquellos d?as. Un dato admirable del que me envi? una foto era la iglesia a tope de filipinos asistiendo a misa un domingo en su idioma, el tagalo.

Era una de una de las nueve misas, cada una en un idioma distinto, que se celebraban los domingos. La iglesia, porque s?lo hab?a una, se llama Our Lady of the Rosary y est? situada a bastantes kil?metros de la capital, en pleno desierto. Fue inaugurada con motivo de la visita de Juan Pablo II hace a?os. No ten?a m?s caminos de acceso que desierto a trav?s y no ten?a campanario porque est? prohibido por ley.

Hasta aqu? un hecho muy concreto pero que no es puntual o, mejor dicho, s? lo es porque habitualmente en los pa?ses isl?micos no permiten siquiera que haya iglesias con culto cristiano y, mucho menos, cat?lico. Mi amigo es ciudadano suizo y es reciente lo all? sucedido estos d?as.

Al llamar el presidente turco -con poca diplomacia- a los alminares las bayonetas de la invasi?n, la Confederaci?n Helv?tica ha reaccionado prohibiendo en Suiza su construcci?n de en las mezquitas. A nosotros nada de campanarios pero ojo con prohibir los alminares. Ellos tienen derecho a mezquitas y nosotros, salvo honrosas excepciones como en Qatar, ni una iglesia. Pero no se les puede pedir peras al olmo. Paciencia.

Lo de Suiza ha provocado una serie de reacciones en numerosos pa?ses, empezando por el propio Gobierno Helv?tico. El sentido com?n que les caracteriza y el respeto a los dem?s -respeto del que ellos carecen- ha llevado a una ofensiva diplom?tica con el mundo musulm?n para suavizar.

En los pa?ses desarrollados en todos los sentidos, aunque no tengan petr?leo, toleran la libertad religiosa porque, dentro de nuestras deficiencias, el sentido de la dignidad de la persona, est? m?s asentado. Intenta el Islam una invasi?n de occidente con el vientre de sus mujeres, con el desprecio a las vidas ajenas y propias mediante atentados de ultra integristas, y as? atemorizan a la poblaci?n. Ellos, por su parte, reaccionan con histeria cuando ven que se reacciona como ha sucedido en Suiza.

Quiz?, tambi?n para los cat?licos, el tema de la libertad religiosa sea uno de los m?s espinosos, y que se va conquistando con el esfuerzo de muchos siglos pero, sobre todo, por la capacidad de conseguirlo que tiene nuestra fe gracias a una antropolog?a que se basa en la dignidad humana.

El respeto a la persona tan propia de una religi?n que ha contribuido al desarrollo del hombre como ninguna otra ha hecho muchos m?rtires. En la Iglesia primitiva muchos murieron por su fe en el Dios que se hab?a revelado en Jesucristo, y precisamente as? murieron tambi?n por la libertad de conciencia y por la libertad de profesar la propia fe, una profesi?n que ning?n Estado puede imponer, sino que s?lo puede hacerse propia con la gracia de Dios, en libertad de conciencia (1).

La Declaraci?n universal de los Derechos del Hombre y los instrumentos jur?dicos de que se dispone tanto a nivel internacional como nacional, tratan de facilitar el hondo sentir de que tiene la dignidad del hombre. Entre estos derechos se han de enumerar algunos c?mo los m?s importantes, que son universalmente reconocidos: el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de la persona; el derecho a la libertad de expresi?n, a la educaci?n y a la cultura; el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, de religi?n, y el derecho a manifestar la propia religi?n, individualmente o en com?n, tanto en privado como en p?blico; el derecho a los alimentos, al vestido, a la vivienda, a la salud, al descanso y al ocio y un largo etc?tera que corresponde a la sustancia de la dignidad del ser humano, entendido integralmente (2).

Ahora bien, entre los derechos del hombre se enumera con toda justicia el derecho a la libertad religiosa; m?s a?n, es el tema fundamental, puesto que la dignidad de toda persona humana tiene su primera fuente en su relaci?n esencial con Dios, Creador y Padre, a cuya imagen y semejanza ha sido creada, en cuanto dotada de inteligencia y de libertad. Ciertamente, la limitaci?n de la libertad religiosa de las personas y de las comunidades no es s?lo una dolorosa experiencia, sino que lesiona ante todo la dignidad misma del hombre, independientemente de la religi?n profesada, o de la concepci?n que se tenga del mundo.

Este derecho es un derecho humano y, por consiguiente, universal: que no deriva del actuar recto de las personas o de su conciencia recta, sino de las personas mismas, esto es, de sus ser existencial que, en sus componentes constitutivas, es sustancialmente el mismo en todas las personas. Es, pues, un derecho que existe en toda persona. Existe siempre, incluso en la hip?tesis de que no fuese ejercitado o fuese violado por sus mismos sujetos. En efecto, la violaci?n de un derecho ni implica su destrucci?n, sino que reaviva la exigencia de que se restituya (3).

La dignidad de la persona humana es la base de todos sus derechos y mientras una ideolog?a o una religi?n no fundamente su antropolog?a en la dignidad del hombre, var?n y hembra por igual, provocar? conflictos insolubles. El cristianismo tiene una moral pero no es una moral, el cristianismo tiene unas ense?anzas pero es mucho m?s que eso, el cristianismo tiene unos ritos pero no es un rito. El cristianismo es el encuentro con una Persona y su seguimiento: Cristo. ?l es quien nos ense?a a comprender, amar, perdonar, convivir, a saber que seremos perseguidos por su causa pero que ?l est? con nosotros hasta el fin del mundo, que el mundo pasar? pero sus palabras no pasar?n.

Las ideolog?as y religiones que no se fundamentan en la grandeza de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios se hunden solas, se autodestruyen. Es cuesti?n de paciencia, de perseverar en el bien. Pero hay que ahogar el mal con oc?anos de bondad. Aunque hay sombras, tambi?n hay luces y no de los signos de los tiempos que m?s influye sobre la convivencia humana es el avance hacia una conciencia m?s madura mundial acerca de la dignidad de las personas (4).



Notas al pie:

1. Cfr. Benedicto XVI, Alocuci?n, 22-XII-2005
2. Cfr. Juan Pablo II, Discurso a la XXXIV Asamblea General de la O.N.U, 2-X-1979
3. Cfr.. Juan Pablo II, A los j?venes de Lombard?a, en Caravaggio, 20-VI-1992
4. Cfr. Juan Pablo II, Al V Coloquio Internacional de Estudios Jur?dicos, 10-III-1984


Autor: Pedro Beteta
Doctor en Teolog?a y Bioqu?mica

Fuente: An?lisis Digital


Publicado por mario.web @ 0:27
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