Jueves, 19 de mayo de 2011

Fuente: ECCLESIA


27 de abril de 2011

Jos? Luis Rest?n, director editorial de la Cadena Cope, analiza en P?ginas Digital (27-4-2011) las predicaciones del Papa Benedicto XVI durante la Semana Santa 2011


En apenas una semana (de domingo de Ramos a domingo de Pascua) Benedicto XVI ha desarrollado una catequesis integral que no ha dejado fuera nada de lo esencial para que un cristiano pueda vivir hoy su fe. Para que pueda vivirla con plenitud de raz?n y de afecto, asumiendo el riesgo de la libertad y en di?logo con un mundo que, como dir?a Peguy, ya no es cristiano, pero que busca ansiosamente su rumbo.


Es una riqueza inmensa de la que no deber?amos desperdiciar nada, aqu? s?lo tratar? de recordar algunos pasos de especial trascendencia para el momento que nos toca vivir. Empecemos por el vertiginoso alegato del Papa a favor de la raz?n y de la libertad, realizado a la luz del cirio pascual. Aqu? afronta la cuesti?n m?s decisiva para nuestra cultura: si en el origen est?n la irracionalidad y el azar, o la Raz?n creadora, la libertad y el amor.

No es una pol?mica entre intelectuales: es el nudo desde el que se tejen la convivencia, el afecto y las grandes orientaciones de la vida. Porque si en el origen est? el Logos del que habla san Juan, entonces es bueno ser hombre. Pero si somos fruto de la casualidad en alg?n ?ngulo del universo, entonces nuestra vida estar?a privada de sentido e incluso podr?a verse como una molestia de la naturaleza. ?No la ven tantos as?, en seg?n qu? circunstancias?

El Papa Benedicto se faja apasionadamente con los maestros de la negaci?n, los que abogan por la irracionalidad y la no-libertad como origen de lo humano. Les planta cara poniendo en juego un coraz?n que, como ?l mismo explicaba, es raz?n, afectividad y voluntad. Quiz?s no lo advertimos, pero ?sta es una lucha tit?nica y dram?tica, de consecuencias tremendas para el futuro de la humanidad. La fe cristiana es hoy (con algunos aliados desde el mundo hebreo y desde el mejor pensamiento laico) la gran voz que defiende que la vida es fundamentalmente buena. Y aunque el riesgo de la libertad permite que una "gruesa l?nea oscura" recorra la estructura del universo, el mundo siempre puede ser salvado. Precisamente porque procede del Dios que es Raz?n y Amor.

Un segundo n?cleo fuerte de estos d?as ha sido la certeza de que la fe genera un pueblo, forja la verdadera unidad en la que la persona no es anulada ni diluida, sino exaltada. Visto al rev?s, la p?rdida de la sustancia de la fe est? provocando en los viejos pa?ses de tradici?n cristiana una especie de explosi?n en mil fragmentos, casi tantos como individuos. La aguda plegaria del Papa en la tarde del Jueves Santo, "no permitas que nos convirtamos en no-pueblo", apunta en esa direcci?n. Cuando en muchas ciudades centroeuropeas ya son mayor?a los que viven solos, sin tradici?n y sin familia; cuando falta un centro vital, cuando cada uno se asoma a la complejidad global sin m?s criterio que el ?ltimo eslogan publicitario, hay materia para clamar. El Papa de san Agust?n y san Benito se?ala la llaga de este Occidente cansado de la fe que le hizo nacer, aburrido de su historia y de su cultura. Un Occidente que se encamina a ser no-pueblo, aunque la partida a?n est? lejos de haber concluido, y en el tablero la Iglesia ha colocado jugadores de peso.

Hay un tercer punto sobre el que quisiera detenerme: el de la unidad de la Iglesia, verdadero testamento de Jes?s. Esa unidad es el signo m?s elocuente de la presencia del Se?or en la historia, y por tanto es el presupuesto de la misi?n. "?Cu?nta angustia debi? sentir en su interior!", exclama el Papa al referirse a las cuatro veces en que Jes?s implor? esta unidad en su oraci?n sacerdotal. Sab?a cu?n vulnerable era, desde el inicio, ese tesoro. Y lo vemos cada d?a, no s?lo en las laceraciones hist?ricas que mantienen separados a los cristianos, sino en el seno de la propia Iglesia cat?lica, a veces de un modo clamoroso, otras de forma m?s sutil pero igualmente venenosa. Para sostener esa unidad el Se?or coloc? a Pedro y a sus sucesores como el nudo m?s s?lido de la red. La unidad no es cuesti?n de estrategia ni de negociaci?n, es cuesti?n de sencillez para seguir a Jes?s en quienes ?l dispone como v?nculo visible y viviente. Pedro es la roca, a pesar de su pat?tica desproporci?n y de su vulnerabilidad evidente, simplemente porque se conf?a a Jes?s, porque tras haber mordido el polvo se ha convertido y ha confesado su amor total y sin fisuras. Hoy como siempre, la unidad no vendr? de que discutamos y hagamos congresos, sino de que cada uno se adhiera con sencillez a Pedro que habla y act?a.

En esta lucha tit?nica del Papa de la raz?n y de la libertad a favor del hombre, podemos reconocer la figura erguida de Pedro despu?s del encuentro con Jes?s. Ahora ya no presume de su fuerza, ahora no pretende definir la forma de la misi?n, ahora solamente sigue al Resucitado, y por eso nos puede llevar con seguridad a donde ?l va. A trav?s de las aguas agitadas de la historia, siempre en peligro de hundirse, pero sostenidos por Su mano. O sea, como ahora mismo.


Publicado por mario.web @ 0:37
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