Jueves, 19 de mayo de 2011
El Catecismo de la Iglesia cat?lica recoge la doctrina del Concilio Vaticano I, en la que se afirma la capacidad racional del hombre para conocer la existencia de DiosEnfurru?adoCIC 36).
Autor: Andr? Manaranche | Fuente: libro Preguntas j?venes a la vieja Fe

Bolet?n ?Ser disc?pulos! Aprende a defender tu fe
Tema: Preguntas j?venes
Fuente: Libro preguntas j?venes a la vieja fe. Autor Andr? Manaranche,


I. TUS PREGUNTAS SOBRE DIOS



EL DIOS QUE BUSCA LA INTELIGENCIA

A veces me preguntas:

??Por qu? est? tan seguro de la existencia de Dios? ?Deme una prueba!?.

Y a?ades:

?Si un d?a se prueba que Dios no existe, ?c?mo reaccionar?a? ?Qu? piensa de la gente que dice que Dios no existe??


Nuestros caminos hacia Dios

A su manera, el hombre busca a Dios desde siempre. La Biblia nos presenta una revelaci?n que nos sobrepasa, teniendo en cuenta las capacidades de nuestra sabidur?a humana, que no s?lo se debe poner en movimiento, sino tambi?n evitar las malformaciones groseras de lo divino. Dicho de otra manera, Dios es un derecho del hombre: ?l es, a la vez, transparente en sus obras y diferente de ellas (Sabidur?a 13,1-9; Romanos 1,18-23). Al volver a repetimos esto en el siglo pasado, el Concilio Vaticano I toma partido en favor del esp?ritu humano, castrado por el racionalismo de la m?s bella de sus posibilidades y privado del m?s vital de sus conocimientos. Al mismo tiempo, la Iglesia tambi?n proclama este principio para los ateos, que se adjudican el derecho natural de rechazar a Dios y se vanaglorian de ello como de una liberaci?n; a los agn?sticos, que no niegan nada pero se declaran incompetentes y sin un ?rgano apropiado; y a los mismos cristianos, que se refugian en el sentimiento invocando la ?m?stica?. Haciendo esto, la Iglesia se sit?a inequ?vocamente en el camino de la promoci?n humana sin la menor vacilaci?n. Juan Pablo II no cesa de repetir estas mismas palabras, en una ?poca en que la defensa de los derechos del hombre no siempre se lleva hasta sus ?ltimas consecuencias. El hombre tiene derecho a Dios y nadie le debe privar de la libertad religiosa. Para ti, amigo, la fe te parece ante todo un deber, y un deber penoso; para el Papa es un derecho que permite el acceso a la alegr?a y a la realizaci?n personal. T? preguntas: ? ?estoy obligado a creer??. Y tu pastor te responde: ? ?t? tienes el derecho de privarte de la fe?? T? dudas, temiendo aburrirte o correr un riesgo incontrolable. Pero tambi?n hay otro riesgo, el contrario: asfixiarte por falta de adoraci?n, caer en la pasividad por falta de verdadera alegr?a. Curioso, ?verdad?

Ser?a grotesco que intentase hacerte en diez l?neas una exposici?n de las mil y una razones para admitir la existencia de Dios. Tampoco voy a recurrir a ?pruebas? matem?ticamente comprobables. En este caso, el no creyente ser?a un imb?cil, como ese alumno que no es capaz de encontrar, en la, pizarra de la clase, la soluci?n al problema, que salta a la vista. La cuesti?n de Dios no proviene de lo que Pascal llama el esp?ritu de la geometr?a, sino que supone una reflexi?n en profundidad y que compromete la vida entera. El puro razonamiento no llega a la luz, sobre todo el razonamiento rampl?n, que se queda en el nivel m?s bajo de sus posibilidades, en vez de elevarse ?a los niveles superiores del saber?.

El no creyente no es ning?n tonto, ni el ?ltimo de la clase; puede ser, incluso, muy inteligente y virtuoso, como veremos m?s adelante, pero es insensible al ?por qu? ?ltimo. Tambi?n puede darse el caso que tenga por una caricatura grotesca de Dios, que bloquea su reflexi?n. Ten en cuenta, amigo m?o, que tus falsas im?genes de Dios pueden provocar la incredulidad en otros.

Santo Tom?s de Aquino no habla de ?pruebas? de Dios, sino de ?v?as? hacia Dios, y tiene toda la raz?n del mundo. Es evidente que la v?a concluye en alguna parte, pero proponiendo un camino, no administrando la soluci?n del problema al instante. La soluci?n nos hace cerrar la boca, el asunto concluye y no hay nada m?s que decir. El camino nos conduce hacia el asombro: un nivel en el que nunca se terminar? de descubrir o de vivir. Tengo miedo, amigo m?o, de que me pidas un ?truco? para estar seguro de Dios, para arreglar esta cuesti?n de una vez por todas. Pero reflexiona. Si la existencia de Dios fuese algo evidente, ?qu? har?as despu?s? La clasificar?as en tus archivos como un problema resuelto, como una tesis demostrada sobre la que no es necesario volver. ?Poseer estos archivos te proporcionar?a una vida espiritual? ?Rezar?a Rousseau a su ?Ser Supremo? o Voltaire a su ?Relojero?? Lo dudo. Adem?s, como dec?a uno de vosotros: ? ?Dios nos ha creado como el relojero hace un reloj? Pero a m? no me gustan los relojeros?.

Cada uno encuentra la v?a hacia Dios que le parece mejor, tanto el carbonero como el universitario. Pero no todas las explicaciones sobre Dios son buenas, ni siquiera las que se plantean so pretexto de satisfacer el esp?ritu. Incluso hay algunas tremendamente simples. Es est?pido decir que Dios tiene que existir para hacer posible el arranque de la serie, como el primer huevo que da origen a la primera gallina, o la primera gallina poniendo el primer huevo... Vuelvo a repetirte que Dios no est? s?lo en el principio. ?l es nuestra raz?n de ser permanente. Nadie existe por s? mismo, ni yo, ni mis padres, ni nadie. Los seres creados habr?an podido continuar en la nada, y no han existido siempre. ?Qui?n les pudo llamar, pues, a la existencia, a no ser el Amor increado y eterno? Este es el fondo de la cuesti?n. Dios no es, pues, el Ser supremo, el primero y el m?s grande en la cima de la pir?mide. Dios est? fuera de la construcci?n. He aparecido un d?a en la tierra porque un Amor eterno, que no me necesitaba, me ha querido y no cesa de quererme.

Partiendo de aqu?, la filosof?a prosigue su interrogatorio. Siendo el ser creado finito e imperfecto, ?de d?nde saca la idea de infinitud y de perfecci?n que curiosamente anida en su coraz?n? ?De d?nde saca la idea de Dios, que no est? en su poder, como si fuera una secreci?n del esp?ritu? ?C?mo podr?a pensarse a Dios si no existiera? ?C?mo podr?a tener todas las perfecciones, salvo la de existir...?

Ahora bien, todas estas reflexiones todav?a no son la fe. Creer en Dios no consiste en admitir la idea de Dios, ni siquiera su existencia. Creer es acoger la revelaci?n que de ?l mismo nos hace en su Hijo Jesucristo. Es escuchar a Dios, hablar de Dios. Es ?obedecer al Evangelio? recibi?ndolo con humildad y sin considerarlo como una humillaci?n. Porque, el Evangelio, lejos de vejar nuestra inteligencia, la sacia de una manera inesperada; lejos de detener su actividad, le da en qu? pensar. No reproches a Dios el haber complicado las cosas revel?ndose a s? mismo. Lo hizo porque quer?a que conoci?semos ?ntimamente su vida, con el fin de asociarnos a ella. El misterio no es un jerogl?fico incomprensible para amargarnos la vida, si no una confidencia amistosa, que nos invita a la comuni?n.

En la Biblia, ?conocer? no es tener conocimientos sobre alguien, sino conocer a alguien; no es identificar a alguien por su carnet, sino entrar en contacto con ?l y, en sentido estricto, ?hacer el amor? con el ser querido. Esto es lo que quiso Dios al revelarse: ofrecemos su persona y no su retrato, su ternura y no su existencia bruta. Y, de esta manera, poner fin a los m?ltiples errores que el hombre no cesaba de acumular respecto a su Creador, despu?s de haber pecado.

Por consiguiente, respondiendo a tu pregunta ?deme una prueba de la existencia de Dios?), yo no te di la fe cristiana; simplemente espero haberte abierto el camino, despejando el obst?culo de la duda. No te quedes, pues, tranquilo viendo la ruta despejada. Avanza, vete mucho m?s lejos. All? te espera, no un certificado o un diploma, sino una Presencia. ?Int?ntalo, al menos!

La solidez de nuestra fe

? ?Y si un d?a se probase que Dios no existe...??

Como ves, acabo de contestar a tu pregunta. Primero, Dios no se ?prueba?: se descubre. Adem?s, es imposible probar la existencia de alguien. Para conseguirlo, har?a falta haber recorrido todos los lugares susceptibles de cobijarle, y nadie puede enorgullecerse de haber visitado todos los posibles escondrijos. Se puede afirmar, con Andr? Frossard: ?Dios existe, yo lo he encontrado?. Pero no se puede decir: ?Dios no existe, yo no lo he encontrado?. Si no lo he encontrado es porque, tal vez, no haya escogido el buen camino...

Por ?ltimo, y sobre todo, para m? creer no consiste en tener mis propias ideas sobre Dios, sino en acoger su visita personal. No se trata de contentarme sabiendo que existe, como existe una silla, un ?rbol, o fulanito de tal, sino de experimentar su ternura. No es decir ?Dios?, sino ?Abba, mi querid?simo pap?.

Por eso, cuando esta gracia me ha sido dada, ya no puedo perder la fe, como suele decirse. Imposible perderla por casualidad, como se pierde un manojo de llaves. Lo que se pierde as? no es una fe viva, sino una costumbre mal enraizada, un h?bito familiar, una religi?n juvenil. Y la prueba de todo ello es bien f?cil de hacer. Cuando la gente pierde un objeto que estima mucho, lo reclama r?pidamente en la oficina de objetos perdidos. Pero los que dicen haber perdido la fe no est?n dispuestos a recorrer ni medio kil?metro para buscarla. M?s a?n, a veces, ni siquiera se dan cuenta de lo que han perdido... No se pierde un gran amor sin sentir enseguida un vac?o intolerable, ?verdad?

En cambio, se puede rechazar la fe en Jes?s. La Iglesia no se pronuncia sobre la culpabilidad de este abandono libre y consciente. S?lo nos dice, en el Vaticano I, que el cristiano no tiene ninguna raz?n objetiva para renegar del Evangelio. En efecto, cuando se ha conocido verdadera y experiencialmente el amor de Jes?s, nada puede justificar nuestra deserci?n. Y, sin embargo, los abandonos se multiplican. ?Por qu?? Por razones subjetivas, a las que s?lo Dios puede juzgar. Amigo, con la gracia de Dios y la fuerza del Esp?ritu, creo poder decir que no me escandalizo f?cilmente. Puedo sufrir, sobre todo a causa de determinadas personas de la iglesia, pero hay otras muchas que me ayudan poderosamente. Adem?s, todo esto no tiene nada que ver con mi relaci?n con Jesucristo. Lo que soporta ?l, ?por qu? no lo podr?a soportar yo tambi?n? As? pues, no hagas mezclas explosivas. No tengo ning?n motivo v?lido para dudar del Dios que me ha entregado a su Hijo ya quien he entregado mi coraz?n. Por eso me gusta este c?ntico:

Padre, yo soy tu hijo amado; mil pruebas de amor me has ofrecido.
Alabarte quiero con mi canto,
canto de amor de mi bautismo.

Cuanto m?s viejo me hago, m?s evidente me parece este Dios, m?s descubro su identidad, m?s me hundo en ?l, mi fe se hace m?s familiar y mi coraz?n m?s sencillo. Estamos lejos de las ?pruebas? que reclamabas y que s?lo son buenas para los principiantes. Despu?s, el Se?or es capaz de revelarse a S? mismo, m?s all? de cualquier jerogl?fico cerebral. S? m?s de ?l apret?ndome contra su coraz?n que leyendo un libro.

Me dir?s, sin duda, que tambi?n algunos santos se plantearon la cuesti?n: ? ?y si Dios no existiera?? Es cierto, pero hay que entender bien lo que quer?an decir con ello. El primero en hacerlo es San Pablo, y su razonamiento es el siguiente: si Cristo no hubiese resucitado, lo habr?a perdido todo y ser?a tremendamente desgraciado, porque todo se lo he dado a ?l (1 Corintios 15,14-19). Se trata de una excelente ocasi?n, para el ap?stol y para nosotros, de verificar si realmente se lo hemos dado todo. Este es el objetivo pedag?gico de este supuesto imposible (igual que de este otro: ?Ser?a capaz de amar a Dios aunque me condenara al infierno...?).

El cura de Ars tambi?n dice: ?Si al final de mi vida descubriese que Dios no existe, estar?a atrapado, pero no me arrepentir?a en absoluto haber cre?do en el Amor?. Bajo esta deliciosa ocurrencia, se esconde la certeza de que Dios es Amor y de que nunca el Amor puede fallar. Pienso tambi?n en esta ?maliciosa? reflexi?n de un te?logo: ?si Dios no existiese, se equivocar?a?. ?Y tanto! Pues no podr?a verificar la bella imagen que tenemos de ?l... Y que el mismo nos ha dado: la imagen del Amor. ?De d?nde si no podr?a venirnos esta imagen?

Publicado por mario.web @ 0:45
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