Jueves, 19 de mayo de 2011

La templanza y la fortaleza

La templanza

La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales. ?Una virtud sobrenatural que modera la inclinaci?n a los placeres sensibles, especialmente del tacto y del gusto, conteni?ndola dentro de los l?mites de la raz?n iluminada por la fe?. (1)
Dicho de otra manera, consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos sujet?ndolos a la raz?n.
Nos conduce a evitar toda clase de excesos ya sea en la comida, en la bebida, en el tabaco, en los medicamentos, en nuestras reacciones ante las contrariedades, en la sexualidad o a?n en el descanso. Este dominio de s? interior se reflejar? en nuestra reacci?n ante los embates de la vida y en el uso y posesi?n de las cosas con calma y serenidad. Nos lleva a prescindir de lo innecesario.

Por medio de la templanza yo me mantengo firme y sereno. Todo lo que est? dentro de l?mites se serena, transmite seguridad. Un jard?n cercado es uno de los lugares m?s tranquilos y descansado en el mundo. De igual modo, si el alma del hombre se conserva dentro de ciertos l?mites, adquiere seguridad de saber que es lo que puede y lo que no y cu?l es el lugar que realmente le pertenece. La templanza nos lleva a permanecer sin alterarnos ante las rigurosidades del clima, del fr?o, del calor, de la sed, hasta del hambre. Si me despojan por ej: de la fama por una calumnia, har? lo que est? a mi alcance para defenderla, pero mi reacci?n ser? racional y objetiva y no emocional ni descontrolada. Deber?amos poder comer todos los d?as, pero si un d?a no pude almorzar porque tuve que terminar un trabajo o dedicarle un tiempo extra a una persona que me necesitaba, no debiera alterarme por ello. En todos los ?rdenes, la templanza nos lleva a la moderaci?n, a la mesura, al dominio de s? y a la sobriedad.

?Templanza es se?or?o? dec?a San Jos? Mar?a Escriba de Balaguer y a continuaci?n: ?No todo lo que experimentamos en el cuerpo y en el alma ha de resolverse a rienda suelta. No todo lo que se puede hacer se debe hacer?. Algunos no desean negar nada al est?mago, a los ojos, a las manos; se niegan a escuchar a quien aconseje vivir una vida limpia... La templanza no supone limitaci?n sino grandeza, pues cr?a el alma sobria, modesta, comprensiva: le facilita un natural dominio que es siempre atractivo, porque se nota en la conducta el se?or?o de la inteligencia. Hay mucha m?s privaci?n en la destemplanza, en la que el hombre abdica de s? mismo?. (2)

Abdicar de s? mismo es renunciar a ser hombre. Renunciar a ser aquello para lo cual fui hecho, pensado y creado por Dios. La condici?n humana es la de ser inteligente (que puedo hacer un juicio correcto mediante la inteligencia) y libre (que puedo elegir entre lo bueno y lo malo y por ello hacerme responsable de lo que elijo). Mi propia naturaleza me exige actos acordes a los que no puedo renunciar. Soy creado por Dios un ser racional no puedo ?elegir? ser ?racional?.

El error siempre primero es intelectual. Si pensamos o juzgamos mal, actuaremos en consecuencia y pondremos la voluntad en un camino equivocado. El intelecto entonces lo usaremos para justificar nuestras acciones equivocadas. Deber?a ser al rev?s. La conciencia bien formada debe utilizar la inteligencia para discernir lo verdadero y lo bueno y poner la voluntad en orden a conseguirlo. De ah? que el juicio correcto sea el objetivo, el que est? fuera de nosotros. Dios y Su ley nos dicen que es lo bueno para la persona. Nuestra inteligencia fue creada para discernirlo. Y nuestra voluntad para llegar a poner los medios para lograrlo, a?n en contra de nuestros sentidos que, a veces nos pedir?n lo contrario. ?C?mo se educa en la templanza para que el hombre tenga el se?or?o y el temple propio de quien gobierna sus acciones? Un hombre que sea due?o y se?or de su comportamiento, que tenga dominio de s?? ?C?mo se educa para que el hombre no abdique de s? mismo, es decir, que no renuncie voluntariamente a comportarse como quien es, un hijo de Dios con un alma inmortal dentro de s?? Habr? que ir poniendo las bases desde la infancia para aprender a vivir sujetando nuestro accionar a la raz?n, en detalles aparentemente peque?os pero que, si no se educan y se corrigen, permitir?n des?rdenes con el correr de los a?os en todos los ?mbitos.

Deber?amos ser ense?ados, porque tenemos derecho a que se nos ense?e. Que se nos ense?e desde peque?os a que no se puede comer ni todos los caramelos que tengamos a la vista (porque nos har?n mal) ni antes de almorzar (porque nos quitar? el apetito) ni cuando mam? tenga el dinero solamente para comprar los alimentos b?sicos y no los superfluos.

Aunque no parezca, si aprendemos a controlarnos y negarnos peque?os placeres, haciendo renunciamientos desde ni?os, podremos adquirir el control de nosotros mismos al llegar a la edad adulta. Por eso hay que ense?ar desde la ni?ez a distinguir los caprichos, los antojos o los gustos, de las cosas verdaderamente necesarias. Se trata de educar a la persona desde peque?a mostr?ndole lo que es bueno para ella y lo que realmente necesita y de todo aquello que pueda prescindir. De inculcar la serena aceptaci?n ante las contrariedades y diferenciarlas de las que podemos o debemos prescindir. Por ej: un par de zapatillas que no necesitamos (aunque se usen a rabiar) el tiempo indefinido de la luz prendida en la habitaci?n al irnos a dormir, un reloj de marca, un tercer celular nuevo o un segundo equipo de m?sica. El controlarme ante estos apetitos desordenados, (aparentemente peque?os), es lo que me llevar? m?s tarde a poder dominarme ante otros de mayores consecuencias (como puede ser una relaci?n sexual prematrimonial o mucho m?s grave, una extra matrimonial). Para defender a?os m?s tarde valores importantes como la virginidad, la castidad o la fidelidad, tendremos que haber aprendido mucho antes a negarnos un caramelo o varios.

Esta costumbre (copiada de pa?ses como Estados Unidos e impuesta a rajatabla por la televisi?n) de comer todo el d?a, a toda hora y en cualquier lugar, (ya sea en la calle, por los pasillos del colegio, en el cine, en el auto, o mientras atendemos en un despacho de cualquier instituci?n), es una manifestaci?n de falta de dominio absoluto, de se?or?o, de saber esperar a hacer lo apropiado en el lugar que corresponde. Comer para vivir es bueno y necesario. Compartir la comida como una oportunidad para dialogar y comunicarse con los dem?s, para hablar de nuestra jornada, escuchar lo que ha pasado con la ajena y colaborar con nuestros consejos y experiencias es una costumbre cristiana. Invitar a nuestros amigos a nuestra mesa es adem?s un signo de hospitalidad. Ahora, vivir para comer y adem?s comer solo por la calle, por el pasillo de la universidad, en todo momento y cuando tengo ?ganas?, no s?lo es un comportamiento vulgar y ordinario sino que es un atentado a la salud que no cumple con ninguno de los objetivos de nuestra cultura cristiana enunciados anteriormente.

Tampoco se les debe dar a los ni?os y j?venes de todo (aunque materialmente se pueda) porque educar en la templanza y en el autodominio no es un problema de poder o no poder econ?micamente. Se trata de negarse de lo superfluo, de dominarse, de acostumbrarse a vivir con lo esencial.

Lo que est? en juego es la formaci?n de la persona. que deber? manejarse a trav?s de la vida como quien es: un hijo de Dios consciente que las cosas y los placeres ser?n para ?l, si no los domina, como el agua salada, cuanto m?s se toman, mas sed producen. Erraremos el camino buscando en las cosas materiales y en los placeres desordenados saciar esa sed de Dios que tiene nuestra alma inmortal. San Agust?n, siglo IV, entendi? muy bien la clave de este problema con aquella c?lebre frase: ?Se?or, nos has hecho para Ti, y nuestro coraz?n estar? siempre inquieto hasta que descanse en Ti?...

Educar la voluntad constituye la educaci?n de las educaciones. Es un camino que nos exige fortaleza para ir venciendo cada una de las contrariedades con la que nos encontramos a trav?s de la vida. Nos quejamos de lo exigentes que son los ni?os y los j?venes con el tema de las cosas de marca. Es verdad, tanto a los chicos como a los adultos la revoluci?n anticristiana nos bombardea con propagandas comerciales para que el h?bito de consumir nos gane desde la infancia. Pero los primeros que caemos muchas veces en la trampa no son tanto los chicos como nosotros los padres y educadores. Lo mismo deber?amos hacer en el tema de las comidas, de las chucher?as, de los antojos, de los programas, de las diversiones, del uso del tel?fono (aunque podamos pagarlo) del tiempo (del cual habremos de rendir cuentas segundo a segundo) de la peque?a mortificaci?n y se?al de respeto que significa el esperar que un adulto termine de hablar sin interrumpirlo y del ejercicio de paciencia que necesitamos para esperar a que se sirva el resto en la mesa para empezar a comer, etc.

Los hijos aprenden mucho observando a los padres y a los adultos que los rodean, ya que hemos dicho que todos los adultos forman o deforman. Los ni?os observan si los adultos piensan antes de comprar algo, si son capaces de privarse de las cosas por m?s que puedan comprarlas (como un tapado de m?s o un auto ?ltimo modelo). Si alguna vez ceden o no a sus caprichos personales. Si apagan las luces cuando se retiran del cuarto, si cuando compran exigen coherencia entre calidad y precio o pagan por cualquier cosa. Si beben y comen en exceso, si hablan horas interminables de estupideces por tel?fono, si se pasan el d?a tirados mirando videos sin hacer nada ?til. Si son incapaces de esperar hasta el horario de las comidas para comer o si picotean todo d?a. Si se compran todas las revistas de los quioscos, etc. Si cuidan y aprovechan bien de lo que tienen, si lavan con cuidado la ropa para que no se estropee y dure, si controlan los gastos y administran bien el dinero y la comida o gastan y dilapidan irresponsablemente. Si por ejemplo: para no tener que cocinar habitualmente compran comida hecha, si adem?s la compran en exceso para despu?s tirar la mitad (o porque se enfri? en el camino, o porque no saben aprovechar lo que qued? poni?ndolo en el freezer).

Este despilfarro se agrava ante la falta de conciencia de que tantos millones se mueren de hambre. En la cultura cristiana el principio que transmit?a el respeto reverencial a la comida era: ?el pan es sagrado? y por lo tanto ?la comida no se tira?. De ah? que, a trav?s de los siglos, la buena administraci?n del hogar y especialmente en los alimentos era motivo de orgullo. Si sobraba comida uno deb?a tomarse el trabajo de que se aprovechara, de que lo aprovechara alguien. Pero no se tiraba por consideraci?n a aquellos millones que no tienen que comer. Era un reconocimiento que si bien uno no pod?a solucionar el hambre del mundo, ten?a presente (en la mente y en el coraz?n) a esos millones y respetaba a quienes no ten?an que comer. Y con lo que sobraba en el hogar o se guardaba, o se pod?a solucionar las necesidades de alg?n ?pr?jimo?. El desperdiciar la comida, el no valorarla, el no saber optimizar los elementos que tenemos, no es cristiano. Clama al cielo.

Hay que sentir la experiencia de que se puede vivir bien con pocas cosas, para despu?s moverse con verdadera libertad, a?n en la abundancia cuando la haya. La templanza nos permitir? manejar nosotros desde adentro el tim?n de nuestras vidas y no ser manejados desde afuera.

Notas:
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo. P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g 603.
(2) ?Educar la conciencia? Colecci?n de ?Hacer familia? educar en valores. Jos? Luis Aberasturi y Mart?nez. Ediciones Palabra. P?g.167.




La fortaleza

La fortaleza es la ?virtud cardinal infundida con la gracia Santificante que enardece el apetito irascible y la voluntad para que no desistan de conseguir el bien arduo o dif?cil ni siquiera por el m?ximo peligro de la vida corporal?. (1)

Es la ?disposici?n para realizar el bien, a costa de cualquier sacrificio y venciendo todas las dificultades?.

Dicho en otras palabras, la fortaleza ?es una virtud sobrenatural que da fuerzas al alma para correr tras el bien dif?cil, sin detenerse por el miedo ni siquiera por el temor de la muerte?.

Los actos de la fortaleza son dos: emprender cosas arduas y soportarlas. Emprender es acometer, tomar el camino del bien para vencer, intentarlo, y tener la valent?a para encararlo. Y soportar es tener a su vez la fuerza y la paciencia para resistir, tolerar y sobrellevar todas las dificultades y los sufrimientos, aunque sea la muerte.

La sociedad moderna est? tan intoxicada moralmente y nos contrar?a tanto el sentido com?n que el obrar diariamente seg?n la virtud se ha vuelto una empresa heroica. Hoy hacen falta virtudes heroicas para resistir a la propuesta general que nos impone la revoluci?n anticristiana desde los medios de comunicaci?n, los colegios, las universidades y las expresiones culturales de todo tipo.

Para educar en la fortaleza a los j?venes habr? que insistir en inculcarles desde la infancia infinidad de actos peque?os. Habr? que escuchar llorar a la ni?a en vez de comprarle la d?cima mu?eca que acaba de salir (aunque sea m?s f?cil para nosotros compr?rsela) pero mucho m?s formativo y provechoso para ella quedarse sin ella. Habr? que negarse a cebarlo con caramelos para que se quede tranquilo y no grite, habr? que dejarlo a la hora de dormir en su dormitorio con las luces apagadas y no con toda una bater?a de luces para que no tenga miedo, habr? que ense?arles a comer lo que tienen delante y de todo y no ?elegir? s?lo lo que les gusta, etc.

Estos peque?os renunciamientos, de los cuales la vida cotidiana est? llena, ordenan toda la vida de un ni?o y lo preparan para pruebas mayores que tal vez los esperen y habr? que poder superarlos virilmente. Ese era el sentido de la famosa frase que se dec?a anta?o a los varones desde peque?os ?los hombres no lloran?... En realidad los hombres pueden y deben llorar leg?timamente sus tristezas cuando la causa lo valga. Tiene derecho a hacerlo. Lo que se trataba de transmitirles con estas palabras era un mensaje de fortaleza. De darles ?nimo para desarrollar esa capacidad de mantener el dominio de s? frente a la adversidad, por su natural funci?n de protector a la que el var?n est? llamado.

Como cabeza de familia a futuro, el var?n deber? tener desarrollado el ejercicio de la fortaleza, para permanecer fuerte y transmitir seguridad a su alrededor. De saber sacar de circulaci?n las grandes preocupaciones para resguardar la tranquilidad del ambiente familiar tan necesario para que los ni?os crezcan felices. Todos los ni?os deber?an poder sentir esa maravillosa experiencia de la infancia que es cuando uno siente que su padre es el hombre m?s poderoso de la tierra...Y para esto hay que ser fuertes. La vida presenta muchos embates. Y quienes est?n llamados a estar al frente de (ya sea de una familia, de una comunidad religiosa, de una instituci?n o de un pa?s) tendr?n que estar preparados para enfrentarlos. Y la fortaleza no se improvisa en la vida adulta, se debe ejercitar desde la ni?ez.

Pensemos en actos sencillos como:
Ofrecer y llevar nuestras penas y sufrimientos diarios en silencio y hasta con una sonrisa (resistiendo la tentaci?n de hacernos las v?ctimas continuamente y ante todo el mundo).
No quejarnos por todo, por el fr?o, el calor, la humedad, los ruidos, la temperatura del agua, porque la ensalada tiene rabanitos y no nos gustan, por cada peque?a incomodidad.
Dominar el sue?o, el cansancio, la rotura del auto, las inclemencias del tiempo (que contradicen nuestros planes).

Controlar nuestras ganas de reaccionar ante todos los comentarios vanos y superficiales que nos toca soportar (producto muchas veces de las limitaciones del pr?jimo).
Aceptar la llegada de una vida nueva (a?n dentro del matrimonio bien constituido) en una sociedad que la condena.

Para despu?s pasar a otros ya no tan sencillos como:
Saber guardar un secreto o confidencia sin sentir la necesidad imperiosa de levantar el tel?fono y cont?rselo a todos. Muchas veces la vida nos presentar? situaciones en las cuales deberemos guardar confidencias que nos habr?n hecho corazones desbordados (pero que confiaron en nosotros) que debi?ramos saber llevar hasta la tumba. Como: un tercer hijo que no es hijo de su aparente padre sino de un amante de su madre, una homosexualidad que no es conocida p?blicamente, una violaci?n que ha sufrido una persona pero que quiere conservar como su secreto, etc. Ser capaces de romper una relaci?n o noviazgo cuando no conviene o sabemos que no funciona y saber mantenernos firmes, con dignidad, sin llamar desbordados todos los d?as por tel?fono o mandar docenas de mensajitos por el celular...

Conservar y defender la virginidad como Dios nos manda aunque la propuesta general sea de mofa y burla ante nuestros valores cristianos. Aceptar las contrariedades y lo que pueda ocurrirnos con fortaleza porque puede resultar una cruz muy pesada a trav?s de toda la vida como: tener una mujer que result? ser una haragana y no se hace cargo del hogar, que no sabe administrarlo y malgasta el sueldo de su marido. Una madre que descuida enormemente la educaci?n de sus hijos y que obliga al padre a un doble esfuerzo (a hacer de padre y madre) durante a?os. Un marido que no se hace cargo de la responsabilidad de sostener su hogar, que tira el dinero en el juego o en sus gustos y caprichos desprotegiendo y rifando la seguridad de los suyos generando una enorme inestabilidad, etc. Un jefe con dinero pero indigno e incapaz que da ?rdenes caprichosas y humillantes pero que debemos soportar para llevar el sustento a nuestro hogar. Un superior de una comunidad religiosa a quien cuesta respetar por su conducta indebida pero que el voto de obediencia nos lo exige, etc.

Todas estas situaciones van surgiendo en las vidas de las personas. De ah? que debamos educar en el esfuerzo, en los proyectos que deben defenderse y llevarse a cabo (no los que se abandona en el camino) y estimular a los j?venes a proponerse metas peque?as pero reales que, aunque les cueste, valdr?n la pena. Toda meta debe ser proporcionada para que sea atractiva, (como levantarse cuando suene el despertador, ba?arse aunque el agua no est? lo caliente que quisi?ramos, comer la comida aunque le falte sal) pero saber que nada valioso se consigue sin una enorme cuota de esfuerzo y superaci?n personal, y que comienza desde el ejercicio de lo peque?o.

Por el contrario, ?malcriar? es, como la palabra indica, criar mal. Es no limitar los deseos, es dar la impresi?n a un ser desde la infancia, de que todo le est? permitido y a nada est? obligado. La persona que crece en este desorden ni se fortalece ni adquiere la experiencia de sus propios l?mites.

Presionando desde la adolescencia s?lo sobre sus derechos y no tomando en cuenta sus obligaciones (y mucho menos los derechos del pr?jimo) llega a creer que s?lo ?l existe, y se acostumbra a no obedecer ni someterse a los dem?s, a no considerar a nadie como superior, con m?s jerarqu?a y autoridad. Si criamos mal, consintiendo en los caprichos, estaremos cercando a la persona en s? misma y construyendo futuros monstruos de ego?smo.

?La supresi?n de las obligaciones y de las contradicciones exteriores entrega al hombre a la tiran?a de lo que hay de menos humano en ?l: sus apetitos inferiores, sus caprichos y, lo que es peor a?n, su repugnancia al esfuerzo, que le sumen en un estado de indiferencia y de aburrimiento?. (2) Recordemos que la felicidad es una puerta que se abre hacia fuera, hacia los dem?s. Leamos con voluntad de comprender este profund?simo texto que nos describe hasta qu? punto es necesaria la fortaleza para prepararse a poder permanecer de pie como personas ante los embates de la vida.

...El cristiano necesita fortaleza. Jes?s no lo disimula ni nos enga?a y sentencia: ?el que quiera ser mi disc?pulo que tome su cruz y que me siga?. Jes?s te invita a que le sigas por el camino del Calvario; y all? en la cumbre, junto a la cruz suya, te ense?ar? la tuya tambi?n. Los mandamientos son cruz. El matrimonio es cruz. La vida religiosa es cruz. El cumplimiento del deber, sea cual sea, es cruz. Toda la vida cristiana vivida seg?n Dios es cruz y es martirio.

Y la perfecci?n cristiana una cruz incomparablemente mayor. Para emprender el camino, para no desfallecer en ?l hasta la muerte, hace falta mucha fortaleza. Para escalar las cumbres de la santidad, la fortaleza tiene que ser heroica. Si quieres vivir cristianamente tendr?s que vencer grandes dificultades. Las pasiones que se rebelan contra la ley de Dios. El demonio que dar? asaltos furibundos. El respeto humano que hay que pisotear muchas veces: las burlas de las personas mundanas, el temor de desagradar a los amigos. La perfidia de los enemigos. Las molestias de los indiferentes. De cuando en cuando, una tormenta inesperada, que sacude el ?rbol, como si quisiera arrancarle de ra?z.

Tienes que ser fuerte como el cedro del L?bano. Para eso te da Jesucristo la virtud de la fortaleza. El cedro es s?mbolo de la fortaleza por su resistencia a la acci?n demoledora del tiempo y a la violencia de los huracanes. ?Cu?l es la causa de esa fortaleza?

Resiste a la acci?n del tiempo porque su madera es incorruptible. Por esta cualidad del cedro, las joyas y los objetos preciosos se guardan en cajas de cedro, las estatuas se hacen con madera de cedro; el que quiera asegurar una existencia larga a un objeto lo fabricar? con madera de cedro. Por todos los vasos de esa madera corre un ?leo precioso que preserva de la caries y la polilla. Acaso es tambi?n fuerte el cedro porque sus hojas respiran el aire puro de las monta?as y sus ra?ces beben el agua pura de la nieve que le rodea.

Se dice que la pureza es fuente de fortaleza. La Virgen fue la m?s fuerte porque fue la m?s pura. Exenta de todo pecado. Por sus venas corr?a sangre pura sin ardores de concupiscencia. En el Monte Calvario, durante la tormenta desencadenada por los pecados de los hombres, junto a la cruz de Jes?s estaba su Madre, Reina de las v?rgenes, y un solo disc?pulo, Juan, el disc?pulo virgen tambi?n... Cuanto m?s puras son las personas m?s fuertes son para soportar las penas del alma y los dolores del cuerpo... La fortaleza del cedro para resistir los vendavales y las tormentas, proviene tambi?n de sus ra?ces. Las ra?ces del cedro penetran profundamente en las entra?as de la tierra y se agarran como brazos de acero a la roca viva. Los vientos las sacuden, pero no le arrancan. Esas ra?ces profund?simas absorben el jugo de la tierra y con ?l alimentan y robustecen las vigorosas ramas para que ellas tambi?n resistan la furia de los vendavales.

Ah? est? el secreto de la fortaleza de la Virgen... las ra?ces profundas de su fe... ?Qu? pocos cedros hay entre los hombres! Abundan m?s las ca?as superficiales y quebradizas. La raz?n es porque no hay convicciones arraigadas en las almas. Los motivos de orden natural que son est?mulos para obrar bien, qu? f?cilmente se resquebrajan: la dignidad humana, el buen nombre de la familia... Pero las ra?ces consistentes son los motivos sobrenaturales. El temor del castigo divino. La esperanza de un premio eterno... El amor agradecido a Jesucristo. Estas son las ra?ces profundas que sostienen al alma cuando la tormenta la sacude y el sufrimiento la ahoga. Pero estas ra?ces tienen que alimentarse con la meditaci?n honda y constante de las verdades sobrenaturales.

La vida se va haciendo cada vez m?s superficial. Se vive de impresiones, no se vive de convicciones; y las impresiones son inestables. Cuanto m?s se fomenta la vida de los sentidos, menos abundan las almas de vida interior. Hay pocas personas que mediten; por eso hay pocos cedros robustos y muchas ca?as que se quiebran con un viento ligero.? (3)

El acto mayor visible de la virtud de la fortaleza es el martirio por nuestra fe, de los cuales la historia de la Iglesia est? plagada de ejemplos. Para citar solamente uno lo citaremos a Santo Tom?s Moro, Canciller de Inglaterra y gran amigo del rey Enrique VIII. ?El rey quer?a conseguir legalmente del Papa Clemente VII, d?bil y vacilante, la anulaci?n de su matrimonio con Catalina de Arag?n, bajo pretexto religioso. La causa verdadera era la pasi?n hacia Ana Bolena, ambiciosa, carnal, y sin escr?pulos. Para ello Enrique mueve todos los peones: compra te?logos y canonistas, y consigue, con la ayuda de su secretario, Tom?s Cromwell, que se dobleguen a sus deseos los obispos y el clero de Inglaterra que firman un documento de sumisi?n. Ante tanta intriga y cobard?a, Moro renuncia a su cargo, entregando el Gran Sello, en 1532. El nuevo Arzobispo de Canterbury, Cranmer, declara por su cuenta nulo el matrimonio con Catalina y se celebra en Westminster la boda con Ana Bolena, encinta ya. Moro no asiste. Ante tanta cobard?a se yergue la suave y viril energ?a de Moro, que sigue luchando en continua vigilia desde su retiro de Chelsea.

Clemente VII condena el segundo matrimonio del rey. Enrique VIII reacciona violentamente. Manda que se predique contra el Papa y se declara cabeza de la Iglesia Anglicana. El clero, excepto Fisher, cede por miedo. Moro sufre y vigila. Se proclama el Acta de Sucesi?n, por la que se confirma la independencia respecto de Roma. Moro es atacado, como ?rbol ca?do. Acata la autoridad civil del rey, pero no quiere ser infiel a su conciencia...Se niega con tenacidad y energ?a a firmar la parte religiosa del Acta de Supremac?a, a pesar de las amenazas. Ve a los obispos, excepto Fisher, y a los cl?rigos que van a firmarla.

La actitud de Moro subleva a Enrique, pues se negaba la persona de m?s categor?a del Reino. Al no querer ceder, es enviado a la Torre de Londres. Era el a?o 1534... Los detalles y confidencias que su hija Margarita capt? y vivi? en la Torre, los recogi? luego fielmente su marido Roper en la vida que escribi? sobre Moro. La soledad, las enfermedades, las tentaciones, la oraci?n y la penitencia maduraban a aquel hombre, vigoroso en la fe e interiormente enardecido?. (4)

Su hija Margarita (con quien se escrib?a) le pide ?por piedad que ceda. Moro dice que no se lo permite su conciencia, que bien quisiera complacer al rey, pero en este conflicto no puede ceder. : ?No podr?a poner en riesgo mi alma?. (5) Sabemos que Moro fue despojado absolutamente de todo, de sus propiedades, familia, t?tulos y honores, a?n de sus libros en la celda. Fue presionado en la c?rcel a?n por su mujer, quien lo presionaba para que cediera en aquel famoso di?logo del que nos cuenta la historia:
- ? Tom?s, cede y firma reconociendo al rey como cabeza de la Iglesia - le instaba su esposa Alicia. A lo que Santo Tom?s le contest?:
- Mujer ?qu? negocio me presentas?... Unos pocos a?os de vida terrena
a cambio de una eternidad de gloria?...?
? ?Qu? hac?is aqu?, le dice Alicia, conviviendo con ratas y ratones? En Chelsea ten?is una hermosa casa, biblioteca, libros, galer?a, jard?n, huerta y vuestra familia?. Y el argumento m?s fuerte era: ?Os neg?is a firmar lo que todos los obispos y personajes de este Reino han hecho?. Tom?s le respondi?:
??No se halla esta casa tan cerca del cielo como la m?a??.

A esta escena se suma la fortaleza demostrada por los monjes que tambi?n se negaron a firmar. La misma amenaza dirigieron a dos cartujos que tampoco quisieron ceder: ?Si no os declar?is partidarios de la Reforma, haremos que os arrojen al T?mesis?. Ellos respondieron: ?A nosotros lo ?nico que nos importa es ir al cielo, y nos da igual llegar all? por tierra o por mar?. (6)

?En 1535 fue juzgado y decapitado Fisher, reci?n nombrado Cardenal y obispo de Rochester que estaba en la Torre tambi?n. Poco despu?s es juzgado Moro. Se confiesa fiel s?bdito del rey, pero no quiere jurarle como Cabeza de la Iglesia. Es condenado a morir ahorcado, descabezado y descuartizado. Luego, por ?clemencia del rey? fue s?lo decapitado. Firme ya la sentencia, el acusado se vuelve acusador y aprovecha la ocasi?n, ante el Parlamento, para justificar su conducta, apoyada con el consentimiento de la Cristiandad, fuera de la Inglaterra oficial. A ellos en cambio les echa en cara de condenarlo con una ley injusta que aprobaron por miedo. Encarg? que dieran una moneda de oro al verdugo. Termin? diciendo que mor?a ?como buen s?bdito del rey, ?but God?s first?, pero ante Dios?. (7) Era el 6 de Julio de 1535. Santo Tom?s, patrono de los gobernantes, pag? con su sangre su fidelidad a la fe, pero no hubiese podido resistir sin la virtud heroica de la fortaleza.

Su vida nos grita que la independencia y la soberan?a de la conciencia son sagradas, y el eco resuena hasta el siglo XXI. No hay que doblegarse jam?s ante las intrusiones injustas de los tiranos. Hay valores que est?n por encima de la propia vida. P?o XI lo declar? santo en 1935 en el cuarto centenario de su muerte, y el obispo Fisher fue canonizado tambi?n. El gesto de Santo Tom?s Moro, del Cardenal Fisher y de los cartujos nos recuerdan los cl?sicos versos que pronuncia Pedro Crespo en ?El alcalde de Zalamea?: ?Al rey la hacienda y vidal / se ha de dar, pero el honor / es patrimonio del alma / y el alma s?lo es de Dios?.

La fortaleza a su vez, para resistir los embates de la vida y de arremeter en las buenas empresas y en su debida proporci?n, para que sea virtud, debe estar regida por la raz?n e iluminada por la fe. Debe estar gobernada por la virtud de la prudencia para no correr peligro de caer en la osad?a, que desprecia lo que le indica la prudencia y sale al encuentro del peligro sin reflexionar, de una manera desproporcionada como lo ser?a: tratar de apagar nosotros solos un bosque o un edificio en llamas.


Notas:
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g 588.
(2) ?Educar para el trabajo?. Antonio J. Alcal?. Ediciones Palabra. P?g. 227.
(3) ?Luz? Meditaciones. Juan Rey. S. J Editorial Sal Terrae. P?g 1150.
(4) ?Sin volver la vista atr?s?. Justo L?pez Mel?s. Editorial G.M.S. IBERICA, S.A.P?g 49
(5) ?Sin volver la vista atr?s?. Justo L?pez Mel?s. Editorial G.M.S. IBERICA. S. A P?g. 49
(6) ?Sin volver la vista atr?s?. Justo L?pez Mel?s. Editorial G.M.S. IBERICA. P?g.50
(7) ?Sin volver la vista atr?s. Justo L?pez Mel?s. Editorial G.M.S. IBERICA. P?g. 51.




Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)

En cuanto a la templanza

1. ?Qu? es la Templanza?

2. ?Porque las personas templadas son m?s libres, y por lo tanto m?s felices?

3. La falta de templanza genera vicios ?cu?les son estos? Hay virtudes que apoyan y ayudan a la vivencia de la templanza ?puedes citar algunas?

4. ?Qu? actos concretos se deben hacer para vivir la templanza?

5. ?Qu? facilita (personalmente, familiarmente, socialmente, laboralmente, etc.)la vivencia de esta virtud? ?Qu? dificulta la vivencia de esta virtud?

6. ?Alg?n comentario o sugerencia?

En Cuanto a la fortaleza

1. ?Qu? es la fortaleza?

2. ?Cu?les son los actos de la fortaleza?

3. ?Por qu? los peque?os actos de renuncia y la educaci?n en la pureza son importantes para la vivencia de esta virtud?

4. ?Por qu? el soporte fundamental de la fortaleza es la fe, c?mo lo han demostrado tantos santos que incluso han llegado al martirio?

5. ?Qu? actos concretos se deben hacer para vivir la fortaleza?

6. ?Alg?n comentario o sugerencia?


Reflexi?n personal:

En cuanto a la templanza


1. ?Me esfuerzo diariamente por ser mejor?
2. ?Cedo ante los gustos, deseos o caprichos que pueden da?ar mi amistad con Dios? ?Soy due?o de mi mismo, de mi propio actuar?
3. ?Soy congruente con lo que pienso, digo y hago? ?Por qu?? ?Mortifico mi vista, para no mirar todo, sin criterio? ?Cuido mis pensamientos? ?Soy curioso y pongo en peligro mi castidad? ?No domino los recuerdos o im?genes que ponen en peligro mi pureza?
4. ?Conozco mis propias debilidades y por ello evito caer en circunstancias que me pongan en peligro mi voluntad? ?Logro vencer al deseo de placer y comodidad por amor y con inteligencia?
5. ?Necesito con mucha frecuencia una palabra de ?nimo para poder seguir adelante? ?Me basta la voz de mi conciencia y la fuerza de mi voluntad decidida a la entrega? ?Sufro grandes depresiones afectivas? ?Me dejo arrastrar hacia donde me lleva el sentimiento?
6. ?Cu?ndo fracaso o me va mal, el mundo se me viene encima? ?Me basta la pureza de intenci?n para tranquilizarme? ?Vivo en una sola l?nea de fuerza de voluntad?
7. ?El mantener mi amistad con Cristo es una gran motivaci?n para mantenerme en los l?mites de un comportamiento moderado?


En cuanto a la fortaleza:

1. ?Tengo claras mis metas y prioridades en la vida? ?Me contento con poco por mediocridad, miedo, flaqueza? ?Tengo miedo a los grandes ideales?
2. ?Acepto con paciencia y alegr?a las contrariedades de la jornada??Las contrariedades comunes que se presentan todos los d?as? ?Las respuestas inoportunas? ?Los accidentes inesperados? ?Todo esto lo acepto por amor a Dios y prepar?ndome para que pueda enfrentar los grandes problemas que se puedan presentar en el futuro?
3. ?He determinado para formarme en la virtud de la fortaleza una serie de renuncias personales? ?Salgo al encuentro de las oportunidades de renuncia voluntariamente? ?Escojo siempre la opci?n menos c?moda? ?El plato m?s apetitoso? ?Rechazar una bebida, un alimento entre comidas? ?no voy a acostarme a la cama fuera de horas??Prolongo excesivamente el tiempo que dedico a la televisi?n? ?A no leer ni mirar aquello que no es conveniente aunque sea agradable?
4. ?Suelo quejarme por todo? ?Acostumbro a silenciar los dolores y si es posible suplir las lamentaciones por sonrisas?
5. ?Soy flojo? ?Los espacios que me invitan a la flojera son ocupados por la negligencia y la indolencia? ?Evito siempre lo que es m?s dif?cil y duro?
6. ?Me habitu? a la austeridad, a las inclemencias climatol?gicas, a la rudeza de las privaciones, al hambre, a la sed, al cansancio, a las incomodidades?
7. ?Soy decidido? ?Suelo postergar por cobard?a por miedo? ?Lo que me propongo lo cumplo? ?Soy una persona que respeta la palabra dada a un amigo, a un familiar, a mi mismo?
8. ?Soy valiente ante el dolor o el peligro? ?Digo siempre la verdad? ?soy doble por cobard?a por miedo a mostrarme realmente como soy?
9. ?Soy firme pero sin perder la flexibilidad? ?Soy fuerte sin perder la ternura? ?mi firmeza est? unida al cari?o, al afecto a la verdadera ternura? O ?Por qu? debo ser firme tambi?n soy duro y tajante en mi trato con los dem?s?


Publicado por mario.web @ 0:59
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios