Jueves, 19 de mayo de 2011

Para proceder a la canonizaci?n de un fiel se efect?a un verdadero proceso judicial de los m?s rigurosos que existen en el mundo.
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Por canonizaci?n se entiende el acto pontificio por el que el Santo Padre declara que un fiel ha alcanzado la santidad. El proceso de canonizaci?n es uno de los procesos especiales que est?n regidos por una norma espec?fica. Por la canonizaci?n, se autoriza al pueblo cristiano la veneraci?n del nuevo santo de acuerdo con las normas lit?rgicas. La canonizaci?n actualmente es un acto reservado exclusivamente a la autoridad pontificia. Pero -sin dejar de ser de competencia exclusiva del Pont?fice- al acto de la canonizaci?n precede un verdadero proceso judicial de los m?s rigurosos que existen en el mundo. Baste decir que una causa de canonizaci?n se desarrolla generalmente durante decenios, y no es extra?o encontrar causas que han durado siglos; para llegar a la canonizaci?n de un fiel se siguen varios procesos ante diversos tribunales -muchas veces en pa?ses distintos- e intervienen diversos organismos de la Santa Sede. Con el paso de los a?os, hasta llegar a la declaraci?n de canonizaci?n, pueden haber intervenido decenas de jueces y oficiales especializados de la Santa Sede que examinan con detalle todos y cada uno de los pasos que se han dado.

El acto de canonizaci?n se suele celebrar en una Misa presidida por el Papa, y constituye una de las ceremonias m?s solemnes de la Iglesia Cat?lica. Hasta fechas muy recientes las canonizaciones se han celebrado siempre en el Vaticano -en la Bas?lica de San Pedro, o en la plaza de San Pedro si la congregaci?n de fieles es muy numerosa- pero Juan Pablo II ha celebrado varias canonizaciones en sus viajes apost?licos, y en algunos casos la canonizaci?n ha supuesto uno de los acontecimientos m?s importantes en la memoria colectiva de una naci?n: as? ocurri? con la canonizaci?n del Hermano Pedro (San Pedro de Bethencour) en Guatemala, o la de San Juan Diego en M?xico.

El canon 1403 declara que el proceso que se sigue en las causas de canonizaci?n se rige por una ley especial:

Canon 1403 ? 1: Las causas de canonizaci?n de los Siervos de Dios se rigen por una ley pontificia peculiar.


El procedimiento que se debe seguir en las causas de canonizaci?n est? recogido actualmente en la Constituci?n Apost?lica Divinus perfectionis Magister, de 25 de enero de 1983 (AAS 75 (1983) 349-355) y en las Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in causis sanctorum promulgadas por la Congregaci?n para las Causas de los Santos el 7 de febrero de 1983 (AAS 75 (1983) 396-403). Estas normas modifican y actualizan lo relativo a las causas de canonizaci?n, normas que recogen a veces experiencias muy antiguas.

En una causa de canonizaci?n de un fiel, se desarrollan varios procesos. En primer lugar, se debe proceder a la beatificaci?n, que a su vez -normalmente- requiere dos procesos, uno de virtudes heroicas y otro por el que se declarar probado que Dios ha obrado un milagro por intercesi?n del fiel que se pretende beatificar. Una vez beatificado, para proceder a la canonizaci?n se debe declarar probado un nuevo milagro por intercesi?n del beato. A continuaci?n se describe el proceso de beatificaci?n y canonizaci?n.

Fase previa al proceso de beatificaci?n



La Iglesia pide que se introduzcan causas de beatificaci?n de fieles que hayan fallecido con fama de santidad, y que ?sta sea constante y difundida en diversos lugares. Por ello, para introducir una causa de beatificaci?n se exige que transcurra un plazo. El derecho exige actualmente que haya transcurrido un plazo de cinco a?os desde la muerte del fiel, y que no hayan pasado cincuenta a?os. Anteriormente el plazo era de m?s de cincuenta a?os; la legislaci?n actual ha decidido reducir el plazo para evitar la desaparici?n de pruebas. En este tiempo, y hasta que se proceda a su beatificaci?n, la Iglesia prohibe que bajo cualquier aspecto se d? siquiera la apariencia de culto p?blico al fiel que ha muerto con fama de santidad.

Quienes deseen promover la beatificaci?n de un fiel, pueden editar y distribuir estampas, hojas informativas y otros impresos en las que se contengan oraciones al fiel, pero en ellos debe constar la finalidad de la devoci?n privada de dicho material impreso.

La espera de cinco a?os o m?s, sin embargo, puede ser muy fruct?fera. Los promotores de una causa de beatificaci?n pueden aprovechar estos a?os para recoger testimonios de personas que conozcan la vida del candidato a santo, as? como para redactar una biograf?a de exquisito rigor hist?rico y con buen aparato cr?tico y cuidada documentaci?n, que eventualmente pueda servir para presentarla en los procesos competentes. Adem?s ser? muy ?til que difundan la devoci?n privada al fiel cuya canonizaci?n desean promover. Se suele hacer mediante la difusi?n de estampas u hojas informativas, y actualmente se incorporan nuevos medios: documentales y v?deos, p?ginas web, etc. Tambi?n se pueden editar libros y folletos, como la biograf?a que se ha preparado para el proceso, u otras m?s sencillas para la divulgaci?n, con tal de que sean rigurosamente hist?ricas.



Fase diocesana del proceso de beatificaci?n



Existen dos v?as para la beatificaci?n: se puede introducir un proceso de beatificaci?n por virtudes heroicas, o bien puede incoarse un proceso de martirio. Los recorridos procesales, en ambos casos, son distintos.

El proceso de beatificaci?n por la v?a de virtudes heroicas tiene como finalidad la declaraci?n de que el fiel vivi? las virtudes cristianas en grado heroico. Al introducir el proceso, se establece la duda procesal de si el fiel vivi? las virtudes cristianas en grado heroico. Mientras que si el proceso se desarrolla por la v?a de martirio, la duda sobre la que se establece el proceso es si el fiel sufri? martirio por su fe.

En todo proceso -y tambi?n en el de beatificaci?n y de canonizaci?n- hay un actor, que es quien asume la responsabilidad de impulsar el proceso hasta terminarlo. Puede ser actor del proceso de beatificaci?n cualquier persona, f?sica o jur?dica, aunque en estos procesos, dados los grandes plazos de tiempo que se requieren, lo normal es que sea una persona jur?dica: una di?cesis, la familia religiosa a la que pertenec?a el fiel, etc. En algunos casos se han constituido Asociaciones con el fin de promover la beatificaci?n y canonizaci?n de una persona que han sido quienes se han personado como actores. Quien desee promover una canonizaci?n, ha de tener en cuenta que es una tarea que excede a una sola persona, por los plazos de tiempo que requiere y por el trabajo que exige.

El actor, adem?s, ha de nombrar un postulador de la causa. El postulador tiene la funci?n de representar al actor en la causa: es ?l quien de hecho se encarga de impulsar la causa. Seg?n las Normae servandae, promulgadas por la Congregaci?n para las Causas de los Santos, el Postulador debe residir en Roma en el momento en que la causa se lleve a la Congregaci?n. Pueden ser Postuladores sacerdotes, miembros de Institutos de Vida Consagrada o laicos, peritos en historia, teolog?a y derecho can?nico y expertos en la pr?ctica de la Congregaci?n. Se pueden nombrar Vicepostuladores, que ejercen sus funciones en las diversas partes del mundo como delegados del Postulador.

El tribunal competente para iniciar la causa de beatificaci?n es el del lugar en que ha fallecido el fiel (Normae, 5, a). El postulador ha de presentar una biograf?a del fiel, todos los escritos del fiel -publicados e in?ditos, como cartas, notas de conciencia, etc.- y una lista de personas que puedan testificar sobre la vida del fiel. Tambi?n ha de a?adir las razones que avalan la petici?n: difusi?n de la devoci?n privada, atribuci?n de favores por su intercesi?n, etc. Desde el momento de la introducci?n de la causa, al fiel cuya canonizaci?n se pretende se le llama siervo de Dios. El hecho de que un fiel sea siervo de Dios no prejuzga de ning?n modo su santidad; es m?s, se pueden ofrecer sufragios (Misas de difuntos y oraciones) por su alma.

Una vez introducida la causa por el actor, el Obispo ha de designar censores te?logos que examinen los escritos del siervo de Dios, los cuales deben certificar que en ellos no se contiene ninguna doctrina contraria a la fe y a las buenas costumbres. Una vez examinados los escritos, y si el examen de los escritos es negativo (no hay nada contrario a la fe y las buenas costumbres), el Obispo debe tomar la decisi?n de abrir o no el proceso. De todas maneras, si urge tomar declaraciones a los testigos para que no se pierdan pruebas, se puede seguir adelante sin esperar a que los censores emitan su dictamen. Esto es importante en las causas de siervos de Dios que tienen muchos escritos.

La decisi?n de Obispo debe tener en cuenta el bien de la Iglesia universal, para lo cual le puede ayudar conocer la fama de santidad del siervo de Dios y la difusi?n de su devoci?n. Si decide que la causa de beatificaci?n se inicie, promulga un decreto por el que constituye un tribunal, nombrando al menos un juez y un promotor de justicia. El promotor de justicia tiene la funci?n de buscar la verdad del caso: a veces se le ha designado ?el abogado del diablo?, porque en otras ?pocas no buscaba la verdad, sino que su funci?n era poner dificultades. Muchas veces participa tambi?n en el tribunal un secretario-notario. En el decreto el Obispo ordena tambi?n la recogida de pruebas y de testimonios.

El objetivo del proceso es establecer si el siervo de Dios vivi? en grado heroico las virtudes cristianas y su fama de santidad; para ello se examina la vida del siervo de Dios, y se intenta averiguar, por los hechos de su vida, el modo de vivir las virtudes. N?tese que importan poco los hechos extraordinarios que puede haber habido en la vida de un siervo de Dios: una causa en las que el postulador aporte s?lo hechos extraordinarios, y no aporte pruebas del modo en que el siervo de Dios vivi? las virtudes, dif?cilmente prosperar?. Existe la pr?ctica de considerar que se han vivido las virtudes heroicas, si el siervo de Dios luch? por vivirlas al menos los ?ltimos cinco ?ltimos a?os de su vida. Este criterio se ha flexibilizado recientemente en las causas de ni?os.

Naturalmente, lo dicho vale para las causas por virtudes heroicas: si la causa es de martirio, se centrar? en el momento de la muerte del siervo de Dios, pues se trata de demostrar que muri? por odio a la fe. No importar?n, por lo tanto, el modo de vivir las virtudes heroicas. Las pruebas que se han de aportar se referir?n, por lo tanto, al momento de su muerte.

Una vez constituido el tribunal, en ?l se interrogan a los testigos, los cuales preferiblemente deben ser de visu (de vista); si no existen, o alguno aporta datos importantes, se pueden proponer testigos ex auditu (de o?do). Se deben proponer un n?mero notable de testigos que no pertenezcan al mismo instituto de vida consagrada del siervo de Dios, si es el caso, y tambi?n a personas contrarias a la causa.

Una vez terminada la fase probatoria, se redacta un documento en el que se examinan los datos recogidos (la llamada positio) y se env?an todas las actas a la Congregaci?n para las Causas de los Santos.



Fase romana del proceso de beatificaci?n



En la Santa Sede es competente la Congregaci?n para las Causas de los Santos. Dentro de la Congregaci?n, existe un Colegio de Relatores. Su funci?n es recibir las causas que llegan e impulsarlas, de acuerdo con las normas de la propia Congregaci?n y con el m?ximo rigor.

Una vez recibida la causa, se asigna a uno de los Relatores, el cual preparara las ponencias sobre las virtudes o sobre el martirio del Siervo de Dios. Esta tarea se suele prolongar durante muchos a?os, pues depende ante todo de la importancia de las causas; y la importancia la determina principalmente la fama de santidad. Por eso si el postulador quiere impulsar un causa, puede recoger relatos de favores atribuidos a la intercesi?n del siervo de Dios, si es posible con documentaci?n que avalen el milagro como informes m?dicos, declaraciones juradas, etc. Tambi?n son ?tiles otros documentos que avalen la fama de santidad, como cartas que escriben los fieles. Otro hecho que impulsa la causa es que se haya iniciado ya el proceso de un presunto milagro.

La ponencia sobre las virtudes o sobre el martirio se presenta a la Comisi?n de Te?logos, los cuales emiten su voto. Si ?ste es favorable, se entrega a los Cardenales y Obispos miembros de la Congregaci?n. Si su voto tambi?n es favorable, se presenta al Santo Padre la propuesta de que se apruebe el decreto de virtudes heroicas del siervo de Dios: una vez aprobado, el siervo de Dios recibe el t?tulo de Venerable. Las normas lit?rgicas no permiten dar ning?n culto a los siervos de Dios declarados Venerables, pero desde el momento de su declaraci?n han de cesar los sufragios por su alma, puesto que la Santa Sede ha juzgado que ha vivido en grado heroico las virtudes cristianas.

Si la causa de beatificaci?n se sigue por v?a de martirio, no se procede a la declaraci?n de Venerable. Como se sabe, para la beatificaci?n de los m?rtires no es necesario el proceso del milagro. Una vez aprobada la ponencia por las dos grupos -Comisi?n de Te?logos y Congregaci?n de Cardenales y Obispos- se presenta al Santo Padre, el cual, si lo estima conveniente, proceder? a promulgar el decreto por el que se aprueba el martirio del siervo de Dios, y ordenar? su beatificaci?n.



El proceso del milagro



Es competencia del Obispo del lugar en que haya ocurrido la investigaci?n del milagro que se atribuye a la intercesi?n de un siervo de Dios. Se considera milagro a estos efectos un hecho que no es explicable por causa naturales, y que se atribuye a la intercesi?n de un siervo de Dios. La mayor?a de los milagros son de naturaleza m?dica, pero es posible investigar milagros de otro tipo; en cualquier caso, el milagro debe ser f?ssico: "la pr?ctica ininterrumpida de la Iglesia establece la necesidad de un milagro f?sico, pues no basta un milagro moral", seg?n record? Benedicto XVI en el Mensaje al prefecto de la Congregaci?n para las Causas de los Santos. As?, un milagro no m?dico que ha valido para una beatificaci?n ha sido una multiplicaci?n de arroz: a modo semejante a la multiplicaci?n de los panes y los peces, una gran multitud pudo comer con el contenido de un poco de arroz. El hecho ocurri? el 25 de enero de 1949 en Olivenza (Badajoz, Espa?a) por intercesi?n de San Juan Mac?as, y de tres tazas de arroz echados en una olla salieron bastantes ollas de arroz hervido. Fueron testigos todos los habitantes del pueblo. El milagro sirvi? para la canonizaci?n del santo.

Al igual que en el proceso de virtudes heroicas, el postulador iniciar? el proceso en el tribunal competente y propondr? las pruebas pertinentes. En el caso de milagros m?dicos, son ?tiles las pruebas m?dicas anteriores a la curaci?n y posteriores, as? como el testimonio de los m?dicos. No se debe olvidar demostrar que la curaci?n fue por intercesi?n del siervo de Dios: deber? testificar, por lo tanto, la persona que haya pedido el favor al siervo de Dios (que puede ser el beneficiado por el milagro, u otra persona).

S?lo ser?n relevantes los milagros que bajo ning?n aspecto pueda ser explicable por causas naturales. En el caso de las curaciones, por ejemplo, se debe descartar una curaci?n por causas m?dicas que a?n no se explican, pero quiz? alg?n d?a se conocer?n. El postulador deber? buscar asesoramiento de un buen m?dico con recto criterio antes de iniciar el proceso.

Al igual que en el proceso ordinario, se redacta una positio y se env?an las actas a la Congregaci?n para las Causas de los Santos. En este caso, sin embargo, no se interviene un relator. Los milagros atribuidos se estudian en una Comisi?n de peritos (que ser? de m?dicos, si el favor es una curaci?n), despu?s en un Congreso especial de los te?logos, y por fin en la Congregaci?n de los padres cardenales y obispos. Si los informes de los tres grupos es favorable, se presenta al Papa, que es quien tiene la competencia de determinar lo que sea conveniente.

Si el Santo Padre lo estima conveniente, emite un decreto por el que se aprueba el milagro y se ordena la beatificaci?n. Tanto en este caso, como si la beatificaci?n es de un m?rtir, la fecha de la beatificaci?n se decidir? m?s adelante en un Consistorio de Cardenales.

Para la beatificaci?n, el Papa suele designar un Cardenal que la realice en su nombre. Desde el A?o Santo de 1975, Pablo VI comenz? a realizar personalmente las beatificaciones, costumbre que continu? Juan Pablo II. Benedicto XVI ha retomado la norma de delegar a Cardenales la beatificaci?n de los siervos de Dios.

El 29 de septiembre de 2005, la Congregaci?n para las Causas de los Santos emiti? un comunicado en el que indica que la beatificaci?n, siendo un acto pontificio, ser? realizada por un Cardenal en nombre del Santo Padre, que normalmente ser? el Prefecto de la misma Congregaci?n. De acuerdo con estas normas, el rito tiene lugar en la di?cesis que ha promovido la beatificaci?n o en otro lugar considerado id?neo, aunque a petici?n de los Obispos puede ser en Roma. La beatificaci?n se celebra dentro de la celebraci?n eucar?stica.



La canonizaci?n



Una vez beatificado el siervo de Dios, para llegar a la canonizaci?n se debe hacer un nuevo proceso. El procedimiento para la canonizaci?n es similar para los beatos m?rtires y los beatos por v?a de virtudes heroicas.

En la canonizaci?n se espera a la intervenci?n de Dios: es decir, lo que se debe probar es que ha habido un milagro atribuible a la intercesi?n del beato. Por lo tanto, se requiere un milagro para proceder a la canonizaci?n de un beato. El milagro debe ser posterior a la beatificaci?n. Si se da un hecho extraordinario que puede ser milagro, se procede de modo similar al milagro anterior a la beatificaci?n: se inicia un proceso de milagro, que es similar al proceso del milagro para la beatificaci?n. Vale por lo tanto todo lo dicho en su lugar. Una vez terminado el proceso en el que se prueba que ha habido un milagro, el Santo Padre -si lo estima procedente- promulgar? el decreto por el que se ordena la canonizaci?n, y la fecha se decide en un Consistorio de Cardenales.

Por lo tanto, para proceder a la canonizaci?n de un siervo de Dios, se ha debido probar en juicio que ha habido dos milagros. Sin embargo, si el proceso es por v?a de martirio, se debe probar s?lo un milagro.


Publicado por mario.web @ 1:03
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