Jueves, 19 de mayo de 2011

La responsabilidad

La responsabilidad es una virtud que nos lleva a ?asumir las consecuencias de nuestros actos intencionados, resultado de las decisiones que tomemos o aceptemos; y tambi?n de nuestros actos no intencionados, de tal modo que los dem?s queden beneficiados lo m?s posible o, por lo menos, no perjudicados; preocup?ndonos a la vez de que las otras personas en quienes pueden influir hagan lo mismo?. (1)

Dicho en otras palabras, es el cargo u obligaci?n moral que resulta para uno del posible yerro en cosa o asunto determinado. Supone el asumir las consecuencias de nuestros propios actos. Ser responsable implica tener que rendir cuentas, no solo aguantar las consecuencias de la propia actuaci?n.
Ser responsable significa obedecer: obedecer a Dios y a Sus leyes, a la propia conciencia, obedecer a las autoridades, sabiendo que esa obediencia no es un acto pasivo, sino es la libre respuesta a un compromiso, a un deber. Es la otra cara de la libertad. Somos responsables precisamente porque fuimos creados libres.

Aparentemente se da por descontado que somos responsables de nuestros actos y ni siquiera los analizamos. No obstante, en la mayor?a de los casos, si bien nuestra libertad nos hace a cada uno conscientes de nuestras acciones, cuando nuestros errores traen consecuencias desagradables, no lo aceptamos tan f?cilmente as? y tratamos de endosarle la responsabilidad que nos corresponde al pr?jimo.

Esto lo vimos ya desde el Para?so. Cuando Ad?n pec?, no asumi? la responsabilidad de su falta y enseguida se excus? diciendo: ?La mujer que me diste por compa?era me dio del ?rbol y yo com?... (G?n.II, 12) que es como decir: ?fue por ella... ya que yo hubiese sido incapaz?. Hubiese sido incapaz?. Eva, a su vez (siguiendo la cadena de eludir responsabilidades) al verse acusada como responsable dijo a Dio: ?La serpiente me enga?? y com?... (G?n.II, 13). . Es incre?ble el atrevimiento de Ad?n quien, en su falta de valor y responsabilidad para asumir su culpa, llega hasta al exceso de atribu?rsela a Dios... (?la mujer que ?Tu? me diste...) lo que t?citamente implicaba era decir que, si no hubiese sido porque ?Tu? (Dios) me la diste yo, Ad?n, no hubiese comido del ?rbol del Bien y del Mal. En realidad era como endos?rselo y decirle t?citamente a Dios que en principio el responsable y culpable del pecado era ?l. Desde entonces, as? nos comportamos en general los hijos de Ad?n en cuanto tenemos que asumir nuestras responsabilidades. Instintivamente, desde Ad?n y Eva, buscamos excusarnos de nuestras faltas detr?s de responsabilidades ajenas.

Nada ha contribuido tanto a bajar el tono moral de la sociedad como la negaci?n de la culpa personal o pecado. Tenderemos en general a pensar y a querer demostrar que es el otro el que tiene la culpa de lo nuestro y no nosotros. El psicoan?lisis moderno, que niega en general la culpa de la personal o pecado, ha destrozado la virtud de la responsabilidad que al hombre le ordenaba la vida.

La psicolog?a moderna ha hecho un da?o tremendo en quitarle al hombre la responsabilidad de su culpa o pecado. Hoy en d?a, toda la educaci?n gira alrededor de este de vivir la vida sin compromiso, sin responsabilidad ni culpa alguna (que es la manera en que la conciencia nos indica que hemos violado la ley de Dios). Y lo m?s grave es que pr?cticamente desde la infancia los ni?os son puestos masivamente hoy en manos de quienes niegan la responsabilidad de la culpa o pecado y lo que ello repercute en el alma humana. Un verdadero Sida para el alma humana.

Una conciencia recta y bien formada es la que nos indicar? claramente cuando hemos actuado mal. A?n si no la tenemos, porque no hemos sido formados, Dios nos ha hecho de manera tal que, en el ?mbito natural, el remordimiento de haber actuado mal en principios b?sicos como mentir, robar, asesinar, o quitarle la mujer al pr?jimo, siempre nos pesar?n.

La revoluci?n anticristiana quiere que nos acostumbremos (a?n contra natura) a ir viviendo tal cual nos vamos levantando de la cama, sin ataduras, haciendo nuestra propia voluntad, y sobre todo, muy sobre todo, sin tener que rendir cuentas a nadie de nuestros actos...sin que nos pesen.

En ?pocas m?s cristianas la persona ten?a una conciencia formada que le dictaba lo que estaba bien y lo que estaba mal, sab?a que exist?a un Juicio Final en donde alg?n d?a tendr?a que rendir cuentas de sus actos, porque hab?a sido creado libre y responsable de sus decisiones y que ?stos siempre ir?an acompa?ados de buenas o malas consecuencias. La maravilla del catecismo cristiano hab?a ense?ado durante 20 siglos al hombre desde su m?s tierna infancia que, al igual que en el Para?so, Dios lo ve?a todo, aun nuestros pensamientos, as? que no val?a la pena actuar como Ad?n y decir ?la mujer que T? me diste? es la que me indujo a pecar.

Es la misma actitud que vemos en los chicos (y de los no tan chicos) con el famoso? yo no fui?, fue el otro... el de al lado, de no haber sido por otra persona yo no hubiese sido capaz de semejante falta... porque soy incorruptible... pero fue fulano de tal el que me indujo, o aquella situaci?n en la que yo no ten?a otra opci?n. No obstante, el excusarnos no nos quita la responsabilidad ante Dios del pecado, porque la Iglesia ense?a que Dios lo ve todo, a?n nuestros pensamientos, y la conciencia nos lo reafirma igual.

El primer error lo cometemos desde la m?s tierna infancia cuando un ni?o de 3 a?os se golpea con la esquina de la mesa y le pegamos a la mesa de madera dici?ndole ??mala la mesa!? No, la responsabilidad del golpe no es de la mesa, que no es ni buena ni mala. Hay que llamar a las cosas por su nombre. La responsabilidad es de quien no mira donde camina aunque tenga 3 a?os. De ah? la enorme importancia de los padres y educadores de ense?arnos desde peque?os a cada uno a asumir nuestras culpas para poder corregirlas. Nos golpearemos una o dos veces con la mesa (y hasta es preferible que nos golpeemos) y despu?s aprenderemos a mirar.
M?s tarde ser?: no pude estudiar porque mis compa?eros no me pasaron los deberes de la semana que falt? (y no porque me ocup? de ir a buscarlos reci?n la noche antes de ir a clase). Me aplazaron en el examen porque la profesora es ?una bruja? (y no porque yo no sab?a y no hab?a estudiado). Fue la ?bruja? de geograf?a la que me aplaz? y no yo el que reprob? el examen. Continuaremos con: choqu? el auto porque el otro ?ven?a a mil? (y no porque yo tambi?n y no alcanc? a frenar). Me emborrach? porque mis amigos me dieron cerveza. (Y no porque no tuve la fortaleza de negarme). Le ment? y le miento a mi madre porque con ella no se puede hablar (y no porque yo no estoy dispuesta a o?r lo que tiene para decirme). Llegu? tarde a ingl?s porque mi hermana no sal?a del ba?o (y no porque me qued? en la cama hasta ?ltimo momento). Le fui infiel a mi marido porque no me hac?a feliz, fue quien me empuj? a ser infiel (y no porque a m? me falt? la fortaleza y la voluntad de cumplir con mis promesas de fidelidad ante Dios). Estas actitudes nuestras son cotidianas. El alcohol, el juego y la droga no nos quitan responsabilidad moral ante Dios, porque a nosotros nos cabe frenar los vicios antes de que ellos nos controlen. Es por eso que debemos medirnos en el uso del alcohol, el mal uso del tiempo y todo tipo de tentaciones como nos ense?a la virtud de la templanza. El autodominio sobre nuestras tentaciones en todos los ?rdenes es lo cristiano y es a ello a lo que debemos tender siempre.

Es necesario tener la valent?a de reconocer nuestra responsabilidad en nuestros actos, ya que, si no lo hacemos, caeremos en la injusticia de volcar nuestros errores y faltas sobre hombros ajenos. A mayor cargo, mayor responsabilidad. No es lo mismo el mal ejemplo que puede dar un hermano emborrach?ndose, que al mismo hijo ver al propio padre o madre borrachos. No es lo mismo quien conoci? la Verdad y quien no fue evangelizado, quien tuvo posibilidades de conocerla y quien la rechaz?, quien tuvo poder de decisi?n sobre las vidas de otros (como maestros, profesores, gobernantes) y quienes no.

El m?ximo exponente en quitarnos la responsabilidad de nuestros actos son las nuevas leyes ?garantistas? en la justicia penal donde, el ?nfasis se pone en los derechos y las garant?as de los delincuentes y no de las v?ctimas. De esta manera, a?n si llegamos a matar a alguien a sangre fr?a, nos permitir?n esgrimir que pudo ser por ?emoci?n violenta?, y no porque hemos actuado como asesinos a sangre fr?a. Este nuevo concepto de las leyes garantistas no es mas que otra faceta de la subversi?n anticristiana. Esta vez la subversi?n va contra toda la pedagog?a divina del premio y del castigo seg?n hayamos actuado bien o mal.

Ser responsable significa no s?lo hacerse cargo de nuestras propias decisiones sino tener que rendir cuentas de lo nuestro a otros o a Alguien. Ll?mese a Dios el d?a del Juicio, a nuestros padres con nuestros estudios y salidas, a nuestros profesores con nuestros ex?menes sobre lo que nos han ense?ado, a nuestros jefes con nuestros trabajos, a nuestro marido o mujer en nuestro matrimonio, a nuestro socio con la administraci?n y manejo de la sociedad o simplemente a nuestra propia conciencia (con la cual habremos de convivir hasta la muerte) y que nos recordar? ?ntimamente sin ruido pero sin pausa nuestros actos. De ah? que no sea lo mismo tener responsabilidades como llevar el auto a lavar, hacer mis deberes cuando vuelvo del colegio o cortar el pasto (que puedo cumplir bien o no) que ser responsable, conscientes de que nuestros errores y decisiones siempre beneficiaran o perjudicaran a otras personas.

Es fundamental tomar conciencia de que nuestras actitudes (para bien o para mal) generalmente afectan al pr?jimo Si somos irresponsables como padres y abdicamos en nuestra funci?n de educar, la vida de nuestros hijos pagar? un alto precio en errores por no haber conocido el recto camino a tomar en la vida. Si somos irresponsables en el manejo de una empresa, podemos modificar para mal la vida de varias familias o a?n de generaciones de ellas. En el caso de un pa?s rico como el nuestro hay responsables con nombre y apellido de que no haya trabajo, chicos sin educaci?n, desnutridos y sin accesos a la salud. Una pol?tica de salud que emplea los fondos p?blicos (extra?dos de los sueldos, privaciones y ganancias de los ciudadanos) para gastarlos en preservativos (y no s?lo corromper a la juventud sino impedir que los argentinos nazcan en vez de utilizarlos para medicamentos) tendr? que rendir cuentas ante Dios de semejante injusticia y da?o hecho a millones de personas. Pero los responsables de estas pol?ticas no son an?nimos ni para los ciudadanos ni mucho menos para Dios. Tienen nombre y apellido.

La falta de responsabilidad en nuestros actos nos impide totalmente nuestra santificaci?n, porque el primer paso para mejorar es reconocer que hay errores que corregir y que nosotros libres y responsablemente nos hemos equivocado en nuestras decisiones. La excusa es el camino m?s f?cil para eludir la responsabilidad que, si bien en un primer momento nos enga?a y creemos que nos salva, nos impide conocernos.

Una cosa es pedir perd?n (porque nos reconocemos culpables) y otra muy distinta es excusarnos de lo que debemos asumir como nuestro y no cumplimos. El primer pecado de Ad?n en el Para?so fue el de soberbia (por haber querido ser como Dios, conocedor de la ciencia del Bien y del Mal) pero acto seguido fue la falta de responsabilidad de reconocer su falta que le hizo excusarse escud?ndose detr?s de Eva. La injusticia que cometi? con ella fue que quiso endosarle la responsabilidad que era de ?l, a ella. Pero para eso, primero busc? una excusa.

Las virtudes, o la falta de ellas, como vemos est?n todas entrelazadas como un castillo de naipes y es muy dif?cil caer en la falta de una sin arrastrar a las dem?s. En este caso a la falta de responsabilidad se le podr? a?adir la falta de veracidad, de sinceridad, hasta de valent?a y de justicia. La responsabilidad siempre ser? mayor cuanto mayor sea el cargo que ocupemos o cuanto mayor peso tengan nuestras decisiones. Los padres tendr?n que responder ante Dios por la educaci?n dada a sus hijos aunque esta responsabilidad en la sociedad actual implique una batalla continua. Una joven o un joven responsable que quiere casarse deber? responder alg?n d?a ante sus hijos moralmente por quien les ha elegido en su momento como padre o madre. Un maestro tambi?n ser? responsable ante Dios de lo que ha transmitido o ha dejado de ense?ar a quienes le han sido confiados. Un Ministro de Educaci?n tendr? la responsabilidad de tener que responder ante Dios de lo que se ha trasmitido a los estudiantes durante su gesti?n as? como lo que no se les ha ense?ado y se les ha impedido que sepan.
Un Ministro de Econom?a tendr? que rendir cuentas ante Dios de su responsabilidad sobre las medidas tomadas que han hecho quebrar a miles de ciudadanos de su pa?s con las consecuencias que ello implica. Los gobernantes, aunque se muestren y act?en como inmortales tambi?n ser?n responsables ante Dios el d?a del Juicio de c?mo han administrado los bienes de la Naci?n que les han sido confiados y en qu? medida han contribuido a generar el Bien Com?n (que es el bien de todos y no s?lo de algunos).

En el ?mbito de la Iglesia, esta virtud es esencial por ser especialmente a Ella que le corresponde conducir a las almas por el camino de la salvaci?n. Por eso los obispos en especial tienen una responsabilidad enorme, ?temible incluso a la espada misma de los ?ngeles? (1) pues el obispo debe responder ante Cristo sobre la salvaci?n de las almas del reba?o que le ha sido confiado.


Nota:
(1) "La educaci?n de las virtudes humanas". David Isaacs. Editorial Bello. P?g 139.



El Respeto

El respeto es la virtud que ?act?a o deja actuar, procurando no perjudicar ni dejar de beneficiarse a s? mismo ni a los dem?s de acuerdo con sus derechos, con su condici?n y con sus circunstancias?, (1)

Dicho en otras palabras, es la virtud que nos hace reconocer el valor, la consideraci?n y la dignidad que merece alguien o algo y nos lleva a demostrarlo con nuestras actitudes y acciones. Es la virtud por la cual reconocemos en cada persona el lugar que le corresponde, su dignidad, el lugar y la funci?n que Dios ha querido darle ante nosotros.

En principio el respeto teme herir, lastimar a la persona amada, pero si no llegamos a amarla estamos al menos obligados a recordar a Quien representa.

De ah? que debamos respetar ante todo:

A Dios, a sus leyes y a la Iglesia por ser Su Esposa. El respeto a Dios se expresa especialmente al cumplir y hacer cumplir (dentro de lo posible) sus Mandamientos, que debieran inculcarse desde la infancia, para aprender a verlo como quien es, el Creador y due?o de las almas y del universo. Lograremos respetarlo siendo humildes (reconoci?ndonos creados y moralmente dependientes) y obedientes (mortificando nuestra voluntad propia desde la ni?ez, prepar?ndonos para aceptar la voluntad de Dios a lo largo de nuestras vidas).

El respeto a la Iglesia, a su vez, implica no s?lo el respeto a sus consagrados (aunque muchas veces dejen mucho que desear pero igualmente debemos respetar la investidura) sino el saber comportarnos en la casa de Dios y el trato con las im?genes y elementos sagrados. La Iglesia es un lugar sagrado, diferente y superior a todos los dem?s, reservado para el culto divino. Si bien el grado de nuestra fe nos dictar? ante Quien y en la casa de Quien estamos, hay reglas b?sicas de comportamiento para todas las personas independientemente del grado de fe que cada uno tenga. Detalles como una vestimenta apropiada, una genuflexi?n bien hecha, el mantener el silencio, el no comer chicles ni pastillas, debieran reflejar el respeto que nos inspira el estar en la casa de Dios.

He le?do que en una oportunidad que al entrar un grupo de turistas en una famosa catedral de Europa, se dirigieron al sacerdote pregunt?ndole qu? era lo m?s importante para visitar en esa iglesia. El Padre les pidi? que lo siguieran en silencio. Cuando lleg? frente al Sant?simo, se arrodill? ante el Sagrario dici?ndoles:
?Aqu? hijos m?os est? lo m?s importante que tiene esta Iglesia. Es el due?o de la casa, es el mismo Dios...?

En cuanto al trato con las im?genes y objetos sagrados, siempre deberemos recordar no s?lo lo que ellos representan sino que, en la mayor?a de los casos, han sido bendecidos Si tenemos que reacondicionar por ejemplo, el vestido de la Virgen del altar Mayor de una Catedral, debi?ramos hacerlo en un clima de piedad y de oraci?n, no ante la vulgaridad de un televisor prendido, fumando y con conversaciones mundanas. Los sacerdotes y las catequistas ser?n los principales responsables de inculcar estas delicadezas, desde la catequesis, que responden ni m?s ni menos al grado de fe y de amor con que debieran tratarse las cosas de Dios y de Su Madre.

Dentro del respeto a Dios, que es la Verdad, queda impl?cito el respeto a la verdad en todos los ?rdenes. Los periodistas, y todos los que est?n llamados a transmitir a otros los sucesos, deber?n respetar la verdad de los hechos y no tergiversarlos seg?n sus conveniencias, mintiendo a los ciudadanos y desfigur?ndoles la realidad. Grave responsabilidad tendr?n en este terreno los maestros, profesores e historiadores, quienes deber?n respetar siempre la veracidad hist?rica. Porque la historia siempre ser? a una Naci?n lo que la memoria es a la persona. De una verdadera narraci?n de la historia podremos comprender desde una visi?n sobrenatural lo que nos sucede en la actualidad, ya que la historia del hombre sobre la Tierra no es m?s que las consecuencias de las decisiones tomadas por los hombres en aceptar a Dios o en rechazarlo.

?Tergiversar la historia. ?Por qu? o para qu?? Por motivos ideol?gicos, ante todo. A veces los datos han sido modificados para crear opini?n p?blica. As?, por ejemplo, las leyendas contra la labor de Espa?a en tierras americanas (que pas? luego a la posteridad como la leyenda negra por antonomasia) fueron creadas, en gran parte, por los enemigos de la corona espa?ola - principalmente sus enemigos ingleses y sobre todo la francmasoner?a- para suscitar el consenso internacional contra Espa?a. Con el tiempo, las leyendas pasaron a ocupar un lugar importante en los programas de estudio en nuestras escuelas laicas, e incluso de las cat?licas.

En muchos casos estas leyendas negras han formado parte de campa?as denigratorias contra la Iglesia Cat?lica y contra aquellas instituciones civiles o pol?ticas que la han apoyado en alg?n momento de su historia. Es el caso de la Espa?a cat?lica del siglo XVI. La tergiversaci?n tambi?n ha tenido como m?vil intereses de orden pol?tico. Suele decirse que la historia la escriben los vencedores. Tiene esto algo de verdad; aunque no es toda la verdad, pues la historia a veces se escribe mientras se combate y precisamente como una de las armas m?s ?tiles para alcanzar la victoria. Al menos la victoria pol?tica y militar; nunca la victoria moral que s?lo puede conseguirse con la verdad. Pero ?a cu?ntos pol?ticos, soci?logos e ide?logos, puede importarle una victoria moral?

As? pas? con nuestra propia historia, por lo cual el mismo Juan Bautista Alberdi acusaba a los liberales argentinos de haber desfigurado la historia. Y lo confiesan algunos de ellos, como Mitre cuando escribe a Vicente L?pez: ?usted y yo hemos tenido... la misma repulsi?n por aquellas (figuras hist?ricas) a quienes hemos enterrado hist?ricamente?.

Y Sarmiento le escrib?a al general Paz al ofrecerle su libro ?Facundo?: ?Lo he escrito con el objeto de favorecer la revoluci?n y preparar los esp?ritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes a designio (a prop?sito) a veces, para ayudar a destruir un gobierno y preparar el camino a otro nuevo?. Las ?inexactitudes a designio?, los ?entierros hist?ricos? de las grandes figuras... Es triste saber que nuestra historia est? plagada de mentiras y falsificaciones.
?Qu? intereses pueden seguirse de una adulteraci?n del pasado? Muchos. El m?s importante es el dominio del presente y del futuro. ?La historia de lo que fuimos explica lo que somos?, escrib?a Hillaire Belloc. Si cambio la historia te oculto, entonces, lo que realmente eres; y si no sabes lo que eres, ser?s lo que yo quiero que seas. Si cambio - en tu mente al menos - tu pasado, puedo hacerte guerrear contra tu padre y tu madre haci?ndote creer que son tus enemigos. Puedo hacerte odiar a tus benefactores y puedo lograr que me beses las manos lleno de gratitud a pesar de que soy el ladr?n que te ha lavado el cerebro.

No es de extra?ar que el manejo manipulador de la historia se haya convertido en una de las armas m?s poderosas en la mentalizaci?n de las generaciones. Porque con la historia puedo hacerte amar lo que en realidad es odioso y hacerte odiar lo que en realidad es amable. Con el dominio de la historia (de la historia escrita y la historia contada) puedo, como hace en nuestros tiempos la New Age, dibujarte un Jesucristo diab?lico y un diablo benefactor de la humanidad; puedo hacerte creer que quienes trajeron la fe s?lo quer?an tu sangre y tu oro; puedo vestirte de piratas a los misioneros y angelizarte los tiranos. El marxismo entendi? muy bien el poder destructivo de esta manipulaci?n cultural; especialmente a partir de un hombre tan inteligente como intelectualmente pervertido como fue Antonio Gramsci, el ide?logo de la revoluci?n cultural.? (2)

Y esta la gran herida que tenemos a trav?s de la cual nos roban el alma y nos paralizan la voluntad, porque ya nadie sabe ni se atreve a hacer nada porque no se sabe bien qu? es lo que hay que hacer o defender.

Respeto a uno mismo. Si no empezamos por respetarnos a nosotros mismos y a darnos el lugar que nos corresponde seg?n la posici?n que Dios ha querido asignarnos dentro de la sociedad, no respetaremos a los dem?s. El respeto que debemos tener con nosotros mismos se llama la dignidad humana. Nace por haber sido creados por Dios a Su imagen y semejanza y haber sido redimidos por Su sangre y de estar predestinados a compartir con Dios la gloria en el cielo. Nuestras almas ya son inmortales y nada podemos hacer para impedirlo, de ah? que debamos tratar de conducirnos de la mejor manera hacia nuestro destino eterno. Diariamente demostraremos nuestra dignidad en nuestra manera de comportarnos, y en eso se basa la educaci?n a?n en los peque?os detalles cotidianos. Presentarnos limpios desde la ma?ana, con la cara bien lavada y bien peinados a desayunar, no s?lo ser? por respeto a quien ha de compartir con nosotros el desayuno (que tiene derecho a tener una visi?n agradable y no al rev?s) sino por nosotros mismos, para comenzar el d?a de acuerdo a quienes somos, personas educadas que queremos vivir sin degradarnos.

Dentro de nuestra cultura, el aseo y la forma de vestirnos refleja a su vez cu?nto respetamos a la persona que nos recibe o recibimos y la dignidad de cada evento. De ah? que debamos presentarnos bien vestidos al colegio con el uniforme o el delantal completo y limpio (por respeto a la instituci?n escolar) a rendir un examen (por respeto al profesor) a una entrevista de trabajo (por respeto a quien nos entrevista y para generar una buena imagen de nosotros mismos) a un casamiento (por respeto a la importancia del sacramento del matrimonio) o a un funeral (por respeto a la despedida que le brindamos a quien acaba de morir, dejando de lado si lo sentimos o no porque poco lo conoc?amos).

Igualmente no debemos prejuzgar, una persona mal vestida puede estar llevando lo ?nico que tiene, puede haber salido del trabajo y puede ser su ?nica oportunidad de ir a misa o a un velorio, puede tener grandes problemas personales y haber descuidado su forma de vestir. Incluso la ignorancia y la falta de formaci?n en todos los niveles sociales pueden llevarnos a vestirnos de manera inadecuada. Pero el tratar de adquirir costumbres que demuestren nuestro respeto es un trabajo que nos debemos nosotros mismos como personas y es un complemento importante en la educaci?n que hace a la virtud de la sociabilidad.

Esta forma de comportarnos seg?n nuestra dignidad de hijos de Dios es lo que nos lleva a tratar de vivir dignamente, tener trabajos humildes pero dignos, tener derecho a sueldos dignos, a un tratamiento digno, a comportamientos dignos, a posturas dignas, a conversaciones dignas, a la altura de quienes somos.

Por el contrario, hay actitudes que nos degradan (como el de tirarnos en el piso de las terminales para esperar un ?mnibus, o sentarnos en la vereda donde hasta los animales hacen sus necesidades, dejar a los bebes gatear por el piso de las oficinas p?blicas o en la misma iglesia como si fuesen animalitos). No somos animales, como nos representan ahora en los programas de televisi?n en donde todos juntos en una misma casa, sin intimidad alguna las personas conviven sin hacer nada, tirados todo el d?a como animales.

Esta falta de dominio de s?, de contrariarnos, de fortalecernos ante lo que nos cuesta, es en la ra?z la falta de la virtud de la templanza que, hab?amos dicho, es la base del se?or?o del alma. La revoluci?n la quiere destruir, para quitar en nosotros todo aquello que nos recuerde ?la imagen y semejanza? de Quien somos y, cuando vemos los programas actuales de televisi?n constatamos que Sat?n ha hecho su trabajo.

Respeto a los padres. En el cristianismo el respeto a los padres se fundamenta en el respeto a Dios ya que es a ?l a quien representan. La historia humana nos demuestra que siempre existi? en toda vida social alguna forma de autoridad para generar el orden necesario para convivir. Los que creemos en Dios aceptamos adem?s que la autoridad viene de ?l y que tendremos que rendirle cuenta sobre el ejercicio que hemos tenido de la misma. Los pasajes b?blicos que hablan de la obediencia, la sumisi?n y el respeto a los padres son abundantes, de ah? que tengamos la obligaci?n moral de respetar a nuestros padres (y a los mayores) y de obedecerles mientras vivamos bajo su mismo techo. Cuando los hijos se independizan y se casan, si bien ya no deben obediencia a sus padres, s? le deben respeto de por vida. Tal vez los padres dejen mucho que desear y no sean el modelo de virtudes y el ejemplo que debieran. No obstante, siguen siendo los instrumentos que Dios utiliz? para cooperar con ?l en dar la vida y en cumplir con el deber que tienen ante ?l, de educar a sus hijos. El cuarto mandamiento no pone condiciones. ?Honra a tu padre y a tu madre?, sin que esto est? subordinado a que sean dignos. Es un principio de orden natural. Lo ideal es que sea con amor pero, si no es as?, siempre ser? m?s agradable a Dios la obediencia y el respeto de los hijos hacia sus padres (tal vez indignos) que la rebeld?a, el maltrato, el desprecio y la indiferencia.

La revoluci?n anticristiana sabe que el respeto y la obediencia a los padres es la clave para darle estabilidad emocional a una persona, para construir una familia feliz y levantar una sociedad ordenada. Demolerlo con burlas, menosprecios, enfrentamientos, rebeld?as, aires de autonom?a, falta de respeto, mentiras, resquebrajamiento, siempre ser? el ataque m?s certero para destruir no s?lo a la sociedad cristiana sino a la persona misma. Es imposible evitar los desencuentros generacionales y la necesidad de los adolescentes de poner distancia con sus padres para reafirmar su personalidad, pero se denigra y se lastima a los padres En el cuarto mandamiento est?n incluidos adem?s todos los que ejercen alg?n tipo de autoridad leg?timamente constituida que siempre representar? para nosotros la voluntad de Dios como maestros, profesores, polic?as, etc. La autoridad leg?tima siempre nos es dada por Dios para generar el bien de las personas seg?n ?l lo ha establecido.

Respeto al pr?jimo. El respeto hacia los dem?s es la primera condici?n para la convivencia pac?fica y armoniosa de las personas. El respeto a los dem?s debiera ser interno y externo. La buena educaci?n no es m?s que pensar en comportarnos como quien somos y en darle lo mejor de nosotros mismos a nuestro pr?jimo para hacer nuestra convivencia agradable y amistosa.

ser? reconociendo el lugar y jerarqu?a que Dios ha querido que ocupen las diferentes personas que nos rodean y en eso est? impl?cito el respeto a todos los que ostenten alg?n tipo de autoridad. Habr? momentos en que tendremos que decir verdades con valent?a, muchos en que, por respeto o caridad, ser? necesario que nos callemos. Si creemos que la paz es fruto de la justicia, el respeto de las autoridades pol?ticas hacia los derechos naturales y leg?timos de las personas (como el derecho de nacer, el de recibir una educaci?n y una vivienda digna, un trabajo y un salario justo, el derecho a la salud, a la propiedad privada, el de tener protecci?n jur?dica del Estado, etc) ser? la ?nica base s?lida para construir una sociedad justa y verdaderamente feliz. Dentro del respeto a la ley de Dios est? en primer orden el respeto a la vida concebida (tan atacado hoy en d?a) ya que, si nos impiden nacer, est? impl?cito que no podemos obtener todos nuestros otros derechos. Al ser humano que llega a este mundo moderno hechos tan simples como el nacer, crecer y morir en familia, se le ha convertido en una tarea tit?nica, cuando es un derecho natural de todas las personas y debiera ser el ?mbito pol?ticamente generado para todas las personas. Respeto a la vida que nace, a la vida que crece, a la vida que adolece, a la vida que enferma, a la vida que declina y a la vida que muere. Con esto deduciremos que los gobiernos debieran ser los primeros en respetar las leyes de Dios, para lograr la paz y la justicia entre los pueblos.

Externamente el respeto a las personas lo demostraremos a?n en los detalles diarios m?s elementales como: evitando actitudes, gestos irrespetuosos (como sostener miradas desafiantes) contestaciones injuriosas, palabras y tonos despectivos, mortificantes y recriminatorios, interrumpir las conversaciones, contestar sistem?ticamente, no ponerse de pie cuando corresponde hacerlo porque la persona que entra al lugar tiene m?s jerarqu?a que nosotros. A su vez, demostraremos respeto hacia el pr?jimo en los m?nimos detalles de la convivencia diaria como: Saludando a nuestros familiares y al personal de servicio al cruzarlos a la ma?ana en nuestra casa. Dejando el ba?o en condiciones despu?s de ducharnos (respetando no s?lo a la persona que lo limpi? sino a quien vendr? a usarlo despu?s de nosotros). Avisando si vendremos o no a comer (por respeto a quien cocina y a la comida que otros no tienen y que pudiera desperdiciarse). Llegando a horario a las comidas (respetando no s?lo a los mayores sino al compromiso familiar de comer juntos). Dejando las zapatillas embarradas en el lavadero (respetando el trabajo ajeno). Bajando la m?sica en los horarios de descanso el derecho de los dem?s al silencio y al sue?o). Si asistimos a un velorio, adem?s de vestirnos correctamente, comportarnos de la misma manera, por respeto al dolor ajeno, aunque no lo sintamos. A veces no lo sentimos (porque tal vez conoc?amos poco a la persona fallecida) pero hay al lado nuestro gente destrozada por el dolor y es se?al de respeto al dolor ajeno, no hacer chistes, no mantener conversaciones fr?volas e in?tiles, no comer papas fritas en la puerta, o tomar coca cola de la lata... aunque sea a la salida y en la vereda.

Respetaremos al pr?jimo tratando de tener el cambio justo para el pasaje del ?mnibus (respetando al chofer en su trabajo tan exigido y el tiempo de qui?n est? detr?s de nosotros). No tomando una lapicera, un abrigo, un auto o una cochera ajena (respetando la propiedad privada de otros y su derecho a disponer de sus cosas) etc. No generando conversaciones ni chistes obscenos o con doble sentido ante los ni?os y los j?venes (respetando su pureza y su derecho a mantenerla). Sabiendo guardar un secreto (por a la intimidad ajena). El respeto del tiempo ajeno es la base de la virtud de la puntualidad que ya hemos desarrollado en esa virtud.

El respeto a la intimidad es todo un tema. Respetaremos la intimidad ajena golpeando la puerta antes de entrar, no abriendo una carta ajena aunque nos la hayan entregado abierta (como corresponde), retir?ndonos si percibimos que dos personas necesitan decirse algo en privado. No preguntando cosas privadas que no nos corresponden y menos ante otras personas y a quemarropa (por respeto a la intimidad y el pudor de los dem?s). Por ejemplo, no preguntarle a un matrimonio joven en una cena de amigos o familiares: ??Para cu?ndo un bebe?? O si tienen uno :??Para cu?ndo el segundo??. Mucho peor la insistencia. Y si nos contestan cristianamente: ?Cuando Dios quiera?... contestar nosotros: ??Pero est?n buscando o no? ? ? ?Porque a Dios hay que ayudarlo!? ... Esto es incisivo... es una falta de respeto y una agresi?n. Hay muchos motivos que pueden estar demorando la llegada de un bebe esperado. Que los esposos no coincidan en los principios, que est?n atravesando una crisis, que exista un problema serio f?sico que lo impida en alguno de los dos o a?n que el problema s?lo sea psicol?gico. Pero es muy violento verse forzado a dar una explicaci?n tan privada delante de otros. De la misma manera, si ya tienen varios hijos y ante el anuncio de la llegada de un nuevo bebe exclamar: ??Otro m?s!..? invadiendo totalmente un tema de conciencia privado de los dem?s.

Una clara se?al de respeto al pr?jimo tambi?n ser?a ponerse de pie y saludar cuando entre al lugar en donde estamos una persona de mayor jerarqu?a como: Obispos, sacerdotes, un Presidente de la Naci?n, ministros, maestros, profesores, el m?dico en el hospital, los abuelos, t?os, suegros, un pariente que llegue de visita y... en la sociedad cristiana nos pon?amos de pie para saludar a?n a los padres...porque los quer?amos mucho... y (antes de Gramsci) durante generaciones y generaciones, los hijos fuimos educados sobre la base de la veneraci?n de nuestros padres y hasta sab?amos manifest?rselos. El respeto era una de las tantas formas que ten?amos de demostrarlo, que estaba adem?s entre lazado con el miedo a lastimarlos o herirlos...

En contrapartida est? el respeto humano, ese respeto servil, carente totalmente de libertad intelectual, moral y religiosa, que impide al hombre vivir de acuerdo con su conciencia y se somete al poder o a la opini?n por intereses, porque nos conviene. Se trata de respetar al pr?jimo sin respeto humano.

El respeto a la comida merece unas palabras tambi?n. Ya lo hemos tocado en otras virtudes pero no est? de m?s repetirlo. Dentro de la cultura cristiana el ?pan sagrado? y ?la comida no se tira? responde a que hay miles de personas que, por carecer de lo necesario se mueren de hambre en el mundo. Si bien nosotros no podemos solucionar el hambre del mundo, si podemos demostrar nuestra solidaridad con aquellos que no tienen y nuestra gratitud por tenerla nosotros. Este era el sentido de la bendici?n de la mesa. El agradecer a Dios el proveernos de los alimentos necesarios para vivir. Este derroche que hacemos con los alimentos, esta sucesi?n de caprichos de comer ?lo que me gusta? y dejar ?lo que no me gusta? tirando o dejando en los platos alimentos que alimentar?an a tantos, permitiendo que se estropeen alimentos que otros carecen, clama al cielo. Con el nuevo h?bito de vivir ?hacia fuera? comiendo habitualmente en restaurantes y shoppings (a?n con los ni?os) esto se agrava, porque se pierde toda noci?n de cuidado, de la austeridad necesaria, de comer lo ?que hay?, lo que mam? dispuso que hubiera para todos y no ?lo que elijo?, especialmente en el per?odo de formaci?n.

A la naturaleza. El respeto a la naturaleza (que implica todo lo creado) tiene sentido s?lo si aceptamos que la naturaleza es obra de Dios y que ?l la puso para nuestro bien, nuestro servicio y nuestro disfrute, destinada al bien com?n de la humanidad, no para nuestro abuso, nuestro maltrato y nuestro aniquilamiento. De ah? que desde la peque?a hormiga hasta los majestuosos mares (recordando que son obra de Dios) debieren ser tratados con respeto reconociendo en ellos una obra de la cual somos simples administradores de futuras generaciones. Podremos talar ?rboles para utilizar la madera, pero siempre ser? grave prender fuego a un bosque por descuido. De la misma manera los gobernantes est?n obligados moralmente a cuidar los bienes naturales de cada pa?s que ha sido dada por Dios para el bienestar de sus habitantes y no para el enriquecimiento il?cito de los gobernantes de turno ni para que dejen que se los roben otros pa?ses con negociados.

En cuanto al trato con los animales, ser? l?cito servirnos de ellos para nuestro alimento y medicina, as? como domesticarlos para que nos ayuden, pero los experimentos con animales solamente ser?n moralmente aceptables si son razonables y contribuyen a mejorar o salvar vidas humanas. Tambi?n ser? l?cito matar animales para defender nuestros alimentos (como el caso de las plagas) pero nunca lo ser? maltratarlos, aniquilarlos a nuestro arbitrio y menos tratarlos con crueldad y torturarlos para nuestro divertimento. Podremos cazar ballenas para utilizar sus elementos pero nunca ser? l?cito el aniquilar la especie o ponerla en riesgo por codicia ilimitada de dinero. En contrapartida es indigno a su vez invertir en ellos sumas de dinero desproporcionadas que debieran utilizarse para remediar la miseria de los hombres. Por lo tanto debemos amarlos, pero sin desviar hacia ellos un afecto desproporcionado debido ?nicamente a los seres humanos.

La revoluci?n anticristiana nos ha hecho creer que debemos cuidar la tierra y no contaminarla para que vivan bien las focas y los peces, lo cual es subvertir el orden. La orden dada por Dios al hombre en el G?nesis fue: ?Dominad la tierra y sometedla. Dominad sobre todos los seres creados?. No hay que contaminar la tierra, le debemos respeto porque es obra de Dios, pero el rey de la Creaci?n es el hombre no los peces ni los p?jaros. Dejarles a ellos el medio ambiente bien cuidado e impedir que los hombres nazcan con los preservativos y el aborto es subversivo.


Notas:
(1) ?La educaci?n en las virtudes humanas?. David Isaacs. Editorial Eunsa. P?g 155
(2) ?Las verdades robadas?. R.P Miguel Angel Fuentes. IVE. Edic. Verbo Encarnado. P?g.259



Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)

En relaci?n a la Responsabilidad

1. ?Qu? es la responsabilidad?
2. ?Por qu? la expresi?n o actitud de ?Yo hago lo que me parezca, no tengo que rendir cuentas a nadie de mis actos? no es verdad y se ubica m?s en la mentira y el enga?o?
3. ?por qu? para la vivencia de las virtudes y principalmente la ?responsabilidad? es importante la formaci?n de la recta conciencia?
4. ?Por qu? es fundamental tomar conciencia de que nuestras actitudes (para bien o para mal) generalmente afectan al pr?jimo?
5. Alg?n comentario o sugerencia...

En relaci?n al Respeto

1. ?Qu? es el respeto? ?Cu?l es la diferencia entre responsabilidad y respeto?
2. ?Por qu? para la vivencia de esta virtud es importante la formaci?n de la voluntad?
3. Debemos respeto a: A Dios, a sus leyes y a la Iglesia; a la verdad; a uno mismo; a los padres; al pr?jimo, a la naturaleza... Explica dos de ellas y c?mo se vive concretamente este respeto en la realidad donde te encuentras.
4. Alg?n comentario o sugenercia...


Para reflexi?n personal

En relaci?n a la Responsabilidad

1. ?Qu? es para m? la responsabilidad? ?La inc?moda actitud que est? bajo una seria y severa obligaci?n? ?O la conciencia de tener que responder a las exigencias de la voluntad de Dios?
2. ?Pienso que la responsabilidad solo se ha de mostrar en las cosas grandes??Soy fiel en los peque?os detalles de la vida diaria, o solamente en los que considero importantes??Tengo la tendencia a justificarme constantemente??Evado el compromiso?
3. ?Cumplo mis deberes con puntualidad, asiduidad, seriedad humana, perseverancia, generosidad, amor a Dios y a los dem?s?
4. ?Conozco los talentos que Dios me ha dado? ?Los he puesto a producir al m?ximo? ?Qu? voy a entregar a Dios en la cuenta final?
5. ?Tengo realmente mi tiempo organizado? ?Lo que me propongo en el d?a lo saco adelante? ?Respeto el tiempo de los dem?s y el m?o propio? ?Acostumbro a prever todo lo que tengo que hacer o lo dejo a la inspiraci?n del momento? ?Tengo prioridades y las toma en cuenta? ?Se posponer mis gustos a mis obligaciones?

En relaci?n al respeto

1. ?Reconozco que en toda casa, trabajo, escuela, sociedad, hay alguien a quien por su posici?n se debe un respeto por cargo?

2. ?Respeto de la misma manera cuando la persona de autoridad no es de mi agrado? ?El respeto con el que trato a las personas depende de si me cae bien o mal?

3. ?Cu?ndo veo alg?n error o fallo en las personas suelo re?rme, criticar, hablar mal de ellas?

4. ?Me respeto a mi mismo, mi dignidad como persona, como hijo de Dios, como templo del esp?ritu Santo?

5. ?Respeto las normativas y decisiones de las autoridades siempre que no afecte a los principios b?sicos de la dignidad de la persona humana?

6. ?Doy ejemplo de respeto hacia los dem?s?


Publicado por mario.web @ 1:41
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