Jueves, 19 de mayo de 2011
Es el instrumento de encuentro de los hombres con Cristo y que llena de gozo el Coraz?n del mismo Jes?s.
Autor: P. Juan J. Ferr?n | Fuente: Catholic.net


Celebramos el d?a del ap?stol San Andr?s, meditaremos hoy acerca de este gran ap?stol.

El Ap?stol Andr?s es un hombre sencillo, tal vez tambi?n pescador como su hermano Sim?n, buscador de la verdad y por ello lo encontramos junto a Juan el Bautista. No importa de d?nde viene ni qu? preparaci?n tiene. Parece, por lo que conocemos de ?l en el Evangelio, que entre otras muchas cosas algo que va a hacer es convertirse en un anunciador de Cristo a otros.

"He ah? el Cordero de Dios" (Jn 1,36). Estando Andr?s junto a Juan el Bautista escucha de ?l estas palabras. De repente se siente inquieto por ellas y se va con Juan tras Jes?s. ?l les pregunta: ?Qu? busc?is?, a lo que ellos le dicen: ?D?nde vives?. Jes?s entonces les dice: "Venid y lo ver?is". Ellos fueron con Jes?s y se quedaron con ?l aquel d?a. Ha sido Juan el Bautista quien les ha ense?ado a Cristo, y antes que nada Andr?s ha querido hacer personalmente la experiencia de Cristo. Estando junto a ?l ha descubierto dos cosas: que Cristo es el Mes?as, la esperanza del mundo, el tesoro que Dios ha regalado a la humanidad, y tambi?n que Cristo no puede ser un bien personal, pues no puede caber en el coraz?n de una persona. A partir de ah?, la vida de Andr?s se va a convertir en anunciadora de Dios para los dem?s hasta morir m?rtir de su fe en Cristo.


"Hemos encontrado al Mes?as" (Jn 1,41). La primera acci?n de Andr?s, tras haber experimentado a Cristo, es la de ir a anunciar a su hermano Sim?n Pedro tan fausta noticia. Sim?n Pedro le cree y Andr?s le lleva con el Maestro. Hermosa acci?n la de compartir el bien encontrado. Andr?s no se queda con la satisfacci?n de haber experimentado a Cristo. Bien sabe que aquel don de Dios, a trav?s de Juan el Bautista que le se?al? al Cordero de Dios, hay que regalarlo a otros, como su Maestro Juan el Bautista hizo con ?l. Queda claro as? que en los planes de Dios son unos (tal vez llamados en primer lugar) quienes est?n puestos para acercar a otros a la luz de la fe y de la verdad. ?Gran generosidad la de Andr?s que le convierte en el primer ap?stol, es decir, mensajero, de Cristo, y adem?s para un hermano suyo!

"Andr?s y Felipe fueron a dec?rselo a Jes?s" (Jn 12,20). Se refieren estas palabras a una escena en la que unos griegos, venidos a la fiesta, se acercaron a los Ap?stoles con la petici?n de ver a Jes?s. Andr?s es uno de los dos Ap?stoles que se convierte en instrumento del encuentro de aquellos hombres con Cristo, encuentro que llena de gozo el Coraz?n del mismo Jes?s. ?Puede haber labor m?s bella en esta vida que acercar a los dem?s a Dios, se trate de personas cercanas, de seres desconocidos, de amigos de trabajo o compa?eros de juego? Sin duda en la eternidad se nos reconocer? mucho mejor que en esta vida todo lo que en este sentido hayamos hecho por los otros. Toda otra labor en esta vida es buena cuando se est? colaborando a desarrollar el plan de Dios, pero ninguna alcanza la nobleza, la dignidad y la grandeza de ?sta.


El Ap?stol Andr?s se erige as?, desde su humildad y sencillez, en una lecci?n de vida para nosotros, hombres de este siglo, padres de familia preocupados por el futuro de nuestros hijos, profesionales inquietos por el devenir del mundo y de la sociedad, miembros de tantas organizaciones que buscan la mejor?a de tantas cosas que no funcionan. A nosotros, hombres cristianos y creyentes, se nos anuncia que debemos ser evangelizadores, portadores de la Buena Nueva del Evangelio, testigos de Cristo entre nuestros semejantes. Vamos a repasar algunos aspectos de lo que significa para nosotros ser testigos del Evangelio y de Cristo.

En primer lugar, tenemos que forjar la conciencia de que, entre nuestras muchas responsabilidades, como padres, hombres de empresa, obreros, miembros de una sociedad que nos necesita, lo m?s importante y sano es la preocupaci?n que nos debe acompa?ar en todo momento por el bien espiritual de las personas que nos rodean, especialmente cuando se trata adem?s de personas que dependen de nosotros. Constituye un espect?culo triste el ver a tantos padres de familia preocupados ?nicamente del bien material de sus hijos, el ver a tantos empresarios que se olvidan del bienestar espiritual de sus equipos de trabajo, el ver a tantos seres humanos ocupados y preocupados solo del futuro material del planeta, el ver a tantos hombres vivir de espaldas a la realidad m?s trascendente: la salvaci?n de los dem?s.


El hombre cristiano y creyente debe adem?s vivir este objetivo con inteligencia y decisi?n, comprometi?ndose en el apostolado cristiano, cuyo objetivo es no solamente proporcionar bienes a los hombres, sino sobre todo, acercarlos a Dios. Es necesario para ello convencerse de que hay hambres m?s terribles y crueles que la f?sica o material, y es la ausencia de Dios en la vida. El verdadero apostolado cristiano no reside en levantar escuelas, en llevar alimentos a los pobres, en organizar colectas de solidaridad para las desgracias del Tercer Mundo, en sentir compasi?n por los afligidos por las cat?strofes, solamente. El verdadero apostolado se realiza en la medida en que toda acci?n, cualquiera que sea su naturaleza, se transforma en camino para ense?ar incluso a quienes est?n podridos de bienes materiales que Dios es lo ?nico que puede colmar el coraz?n humano. ?De qu? le vale a un padre de familia asegurar el bien material de sus hijos si no se preocupa del bien espiritual, que es el verdadero?

Hay un tema en la formaci?n espiritual del hombre a tener en cuenta en relaci?n con este objetivo. Hay que saber vencer el respeto humano, una forma de orgullo o de inseguridad como se quiera llamarle, y que muchas veces atenaza al esp?ritu impidi?ndole compartir los bienes espirituales que se poseen. El respeto humano puede conducirnos a fingir la fe o al menos a no dar testimonio de ella, a inhibirnos ante ciertos grupos humanos de los que pensamos que no tienen inter?s por nuestros valores, a nunca hablar de Cristo con naturalidad y sencillez ante los dem?s, incluso quienes conviven con nosotros, a evitar dar explicaciones de las cosas que hacemos, cuando estas cosas se refieren a Dios. En fin, el respeto humano nunca es bueno y echa sobre nosotros una grave responsabilidad: la de vivir una fe sin entusiasmo, sin convencimiento, sin ilusi?n, porque a lo mejor pensamos eso de que Dios, Cristo, la fe, la Iglesia no son para tanto.

Publicado por mario.web @ 22:28
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