Viernes, 20 de mayo de 2011

Comenzamos propiamente nuestra expedici?n.

Nos toca explorar en este momento un paraje dif?cil y hasta peligroso. Entramos en el terreno de las falsas felicidades. En cualquier momento de la vida nos podemos topar con alguna de ellas?

?Tomamos un gu?a? Creo que nos conviene. Podr?a ser mi viejo amigo, el del hospital, ?te acuerdas?? ?l desperdici? su vida en falsas felicidades. Se desvivi? en cosas que no saciaron su sed de felicidad. Y despu?s de todo, s?lo obtuvo una felicidad aparente y falsa. Termin? invadido por la tristeza, la amargura y la insatisfacci?n.

Ya ves, la vida de ese joven nos ofrece algunas pistas valiosas: la droga, el alcohol y el "sexo" son falsas felicidades. Comprobemos si es verdad.


La alucinaci?n de la droga

La droga es uno de esos oasis de alucinados. Hacia ?l se precipita vertiginosamente cada d?a m?s gente. El n?mero de los que engrosan las filas de la adicci?n a la droga se infla d?a a d?a. Es para quedarse pasmado. Sin ir m?s lejos; ya hasta nos resulta lo m?s normal que, en determinados lugares de la ciudad en la que vivimos, est?n tirados, como las hojas secas de los ?rboles, grupos cada vez m?s numerosos de j?venes con la jeringa en la mano. Esto, como suelen repetir -hasta cansarnos- nuestros mayores, era inconcebible hace algunos a?os.

Pero, oye: todos esos j?venes (quiz? compa?eros tuyos y m?os) ah? postrados, se engancharon a la droga, embobados por la alucinaci?n de la curiosidad. Todos cedieron ante el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Y la mayor?a iniciaron por poca cosa? algo "sin importancia" -como muchos creen-. "Al fin y al cabo, -ellos mismos afirmaban hace unos meses- fumarse un par de `porros? de vez en cuando es totalmente inofensivo?". "Adem?s -a?ad?an muy seguros de s? mismos-, lo puedo dejar en cuanto yo quiera".

Por desgracia, a todos los amigos que hace tiempo o? asegurar eso, los he visto uno a uno ir sucumbiendo cada vez m?s irreversiblemente en el vicio asesino de la drogadicci?n. Y ah? yacen ahora, esclavizados por esa cadena de la que posiblemente nadie podr? librarlos.

Y no hago teor?a. No trato de repetirte el t?pico serm?n contra la droga. Ya bastante saturada de teor?as tenemos nuestra mente. No puedo gastar mi tiempo y el tuyo en simples sermones o tejiendo ideas ya trilladas, y carentes muchas veces de utilidad.

Yo no puedo reducir a una simple reflexi?n moralizante el tema de la droga. F?jate, a?n en el caso de haberlo querido, me sentir?a incapaz de hacerlo. Porque tengo amigos que, en este preciso momento, est?n sufriendo los fat?dicos efectos de la drogadicci?n. Y ?sto no me es indiferente.

Te refresco aquellas palabras de mi viejo amigo. Rep?salas con atenci?n, y luego dime si se trata de simple teor?a o del mismo rollo de siempre.

"Poco tiempo despu?s la hero?na lleg? a ser tan vital para m? como mi propia existencia. Cuando comenc? a tratar de vivir sin ella, me ocurr?an cosas terribles. Me pon?a muy nervioso y no paraba ni un instante de tiritar. Me asaltaban continuas tandas de fr?o y luego de calor. Vomitaba durante horas hasta no expulsar m?s que sangre. Los calambres me recorr?an el cuerpo por las piernas y la espalda y me hac?an rodar por el suelo a causa del dolor. Me sub?a y bajaba el ritmo respiratorio, la presi?n y la temperatura. Tambi?n ten?a repentinas contracciones musculares, diarrea, me ard?an los ojos? Te prometo que quer?a morirme?".

Perm?teme completar la escena con algunos datos m?s, recogidos en la descripci?n de un doctor con bastante experiencia en estos casos. Comenta este m?dico, al hablar del drogadicto con s?ndrome de abstinencia, que la cantidad de agua que segrega por los ojos y por la nariz es enorme, al igual que la cantidad de fluido expulsado proveniente del est?mago y de los intestinos. Y el sudor que emana su cuerpo es lo bastante abundante como para empapar la ropa de la cama y el colch?n. Sucio, sin afeitar, despeinado, embadurnado con sus propios v?mitos y excrementos, el toxic?mano presenta en esos momentos un aspecto casi infrahumano. Sin comer y sin beber, adelgaza r?pidamente y en veinticuatro horas puede perder hasta cinco kilos. La debilidad en la que se ve abatido puede llegar a impedirle incluso levantar la cabeza. Por eso no es extra?o que muchos m?dicos, llegado este momento, teman por la vida de sus pacientes? ?Pura teor?a esto? No. Pura realidad, y muy cruda. ?No te parece?

Y todos esos infortunados est?n donde est?n porque pensaron hallar en la alucinaci?n de la droga un vergel de bienestar y felicidad. Pero claro, tarde o temprano, como en toda alucinaci?n, despiertan de repente a la cruda realidad de su situaci?n: un cuerpo destrozado, envejecido prematuramente, disminuido notablemente en todas sus capacidades. Y, lo que es peor, un interior vac?o, sediento m?s a?n de esa sed de felicidad que la droga no pudo aplacar en lo m?s m?nimo. Han desperdiciado su vida y con ella la posibilidad de alcanzar alg?n d?a su ansiada felicidad, la verdadera.

?Qu? m?s puedo decirte sobre esto? Pues, nada, que no te alucines ante la droga, que no seas tonto. Mira d?nde est?n yendo a parar tantas vidas j?venes como la nuestra por lanzarse hacia esa alucinaci?n. Encauza la insaciable curiosidad, propia de nuestra edad, a lo seguro, a lo fiable. Mira el ingente mal que la droga causa a tu alrededor. Esto deber?a bastarte para no caer en el mismo error. As? te ahorrar?s un d?a el tener que arrepentirte cuando quiz? ya sea demasiado tarde?


El espejismo del alcohol

Una palabra sobre el alcohol. Si te soy sincero, a m? me da mucha l?stima el constatar c?mo, durante una fiesta normal, o en una noche ordinaria de discoteca, un buen porcentaje de los chicos y tambi?n de las chicas terminan borrachos, tal cual. ?Con lo genialmente que uno se puede divertir sin necesidad de emborracharse! Pues nada; todos creen llegar a ser muy felices as?.

Pero, pens?ndolo bien, por muy alegre que uno se ponga despu?s de empinar el codo m?s de la cuenta, no se puede identificar esa "alegr?a" (propia del borracho) con la felicidad a la que me estoy refiriendo.
Estar "alegre", bajo los efectos de unos cuantos `inocentes? o `cubatas?, no equivale a haber encontrado la verdadera felicidad. Si as? fuese, ser feliz estar?a "chupao" (como dicen los ni?os).

La felicidad no consiste en evadirse por unas horas de la realidad personal a trav?s de la puerta del alcohol. La alegr?a que proporcionan unas copas de m?s se esfuma a la vuelta de una horas. Aunque la resaca quiz? un poco m?s tarde?

No creo que el estar como una cuba eleve y dignifique mucho a una persona. Mas bien al contrario. Cuanto m?s se te sube el alcohol, m?s se rebaja tu honor y dignidad. Porque mientras te dura la "mona", no entiendes, no razonas, no eres due?o de ti mismo. Puedes llegar a hacer barbaridad y media. Y eso desdice mucho de la dignidad de una persona humana normal.

Adem?s, echa un vistazo a tu alrededor y advierte (si es que a?n no has podido hacerlo) las consecuencias inmediatas que lleva consigo el abuso del alcohol. Anda, preg?ntale a un m?dico cualquiera c?mo trata el alcohol en exceso a algunos de nuestros ?rganos m?s importantes, como el h?gado. O cuesti?nale a un neur?logo lo saludable que es para el cerebro saturar con frecuencia nuestro organismo con bebidas alcoh?licas. Inf?rmate un poco en alg?n hospital a cu?nto asciende cada a?o el n?mero de enfermos graves y de muertes a causa del alcoholismo.
Hace poco le? en una revista cient?fica que el alcohol, en un pa?s como Italia, mata m?s de 20 mil personas cada a?o. Se dice r?pido, pero ese dato atestigua que el alcohol se ha convertido en uno de los principales asesinos de nuestra ?poca. Mata al a?o diez veces m?s que la mafia, el terrorismo y la droga juntos.

Otra cosa. Es impresionante pensar cu?ntas tragedias se ocasionan continuamente en el mundo s?lo porque alguno llevaba encima unas copas de m?s. Cu?ntas ri?as tontas han terminado siendo infames homicidios porque uno de los contendientes -o ambos- estaban bebidos. Cu?ntos accidentes automovil?sticos mortales s?lo porque a quien estaba al volante se le hab?an pasado las copas (y las noches de los s?bados de cada fin de semana me dan toda la raz?n en esto). Cu?ntos dramas familiares s?lo porque este vicio ha hecho presa en alguno de los miembros de la familia. Cu?ntos ni?os vienen al mundo deformes, retrasados o con otras enfermedades o deficiencias precisamente por el alcoholismo de sus padres.

En fin, estando as? las cosas, no ser?a un acierto afirmar que el alcohol en exceso conduce a la verdadera felicidad. El abusar del alcohol nos rebaja moralmente y nos destruye f?sicamente. La moraleja es obvia. S?cala t? mismo.


El barrizal del "sexo"

Como ves me he estoy atreviendo a meterme con el "sexo". Pero, tranquilo, no te inquietes. Me refiero a un tipo muy concreto de sexo. Por eso lo he puesto entre comillas.
Hablo de un "sexo" comparable a una de esas charcas turbias y semipodridas que pueden present?rsenos a la vera del camino de la vida. Siempre, por supuesto, bajo apariencia de pozo o venero de agua pura y fresca, fuente de felicidad.

Y para que no me entiendas mal, empiezo afirmando con pleno convencimiento, que el sexo, en s?, es algo genial, querido por Dios para el hombre. Y personalmente (no tengo ning?n reparo en dec?rtelo), creo que pocas cosas hay en este mundo tan maravillosas como la relaci?n de amor aut?ntico y que une de un modo tan ?ntimo y profundo a un hombre y a una mujer.

Pero amigo, lo que no es tan maravilloso y laudable es el uso impropio que a veces las personas hacen de su capacidad sexual.

Los fil?sofos definen al hombre como animal racional. Seg?n esto, lo propio de la naturaleza del hombre apuntar?a no s?lo a la animalidad, sino sobre todo, a lo racional. Por eso el hombre, a la hora de usar el sexo, debe hacerlo conforme a su raz?n, que es aquello que le distingue de los animales. ?sto si de verdad quiere hacer honor a su dignidad humana y respetarla.

Cuando, por ejemplo, un perro hace uso de su sexualidad, lo hace porque le sale instintivamente. No es capaz, -como deber?a serlo el hombre- de dominar esos instintos b?sicos. Su ley son los instintos, y por ellos se deja llevar.

Pero el hombre es m?s que un simple animal. Al menos yo personalmente as? me considero y supongo que t? tambi?n. Por eso, si en el uso de la sexualidad, no hacemos m?s que dejarnos llevar de nuestros instintos naturales buscando ?nicamente nuestra satisfacci?n, nos estamos quedando en la animalidad. Es m?s, incluso estar?amos rebaj?ndonos a algo a?n peor que un animal. Nosotros lo hacemos libre y conscientemente, mientras que los animales no lo pueden hacer as?. En definitiva, estar?amos minando nuestra misma dignidad humana.

Precisamente a ese "sexo" animalesco, que degrada al hombre y lo envilece, me estoy refiriendo ahora. Ese sexo desligado de todo amor aut?ntico y responsable, buscado ?nicamente por puro goce ego?sta (que es lo m?s opuesto al verdadero amor). Ese sexo del que usa su propio cuerpo o el de otra persona como un mero objeto de placer, sin tener en cuenta su dignidad. Esa caricatura deforme de sexo, desenfrenado y brutal. Un "sexo" tremendamente mutilado en su finalidad m?s esencial e inviolable que es la de su apertura a una nueva vida.

Da pena reconocerlo, pero hoy en d?a se ha entronizado a este suced?neo de sexo. Se nos invita a todos (especialmente a los j?venes) de manera obsesiva y a toda costa a postrarnos ante ?l y rendirle culto. Y muchos as? lo hacen.

Pero bueno, yo me pregunto qu? alarga la generosidad de ese "dios sexo" para que sean tantos los que lo adoran con su conducta. ?Es que de verdad otorga algo m?s que un placer de segundos? Pues, resulta que s?; y mucho m?s?

Nos regala unas amplias p?ginas de sucesos sembradas de abusos y violencias sexuales. Nos dona un sinn?mero de embarazos no deseados y sus consecuentes asesinatos o abortos. Nos ofrece una red cada vez m?s vil y desvergonzada del as? llamado "tr?fico de blancas" (o ni?as obligadas a prostituirse). Nos gratifica con un copioso racimo de enfermedades ven?reas. Nos recompensa con un elevado porcentaje de los actuales enfermos de SIDA. Total: casi nada? Vamos, que en regalos a la humanidad la providencia de este "dios sexo" no se queda nada corta?

Cuesta entenderlo, pero da la impresi?n de que nos tapamos lo ojos. No queremos darnos cuenta de que ese tipo de comportamiento sexual nos est? haciendo da?o. Ese "sexo sin fronteras" o "amor libre" (como lo entienden algunos) nos va sometiendo a la esclavitud de nuestras pasiones y bajos instintos. Dejamos de ser due?os y se?ores de nosotros mismos. En pocas palabras: est? deshumaniz?ndonos.

Porque, oye, el tomar a una pobre criatura de 7 a?os y obligarla a ser el juguete sexual de todo el que llegue y tenga para pagar, es un atentado infame contra la dignidad de la persona. Como lo es el usar por la fuerza -y tambi?n sin ella- a alguien como un mero objeto de placer. Una persona nunca puede ser tenida por un simple objeto sin que venga a menos su dignidad.

De aqu? que beber el agua de ese "sexo" contaminado nunca brindar? la felicidad verdadera a nadie. Resulta impensable que una persona obtenga felicidad verdadera de aquello que la envilece, la encadena y la destruye. Igualmente es ilusorio pretender llenar una vasija que se resquebraja apenas toca su fondo el l?quido destructor del que pretendemos llenarla.

Pasa de largo ante la fachada de felicidad de esos charcos. No pierdas el tiempo (el mejor quiz? de tu vida) bordeando la orilla de alguno de ellos. No sue?es en lo que nunca te podr? ofrecer. No lo contiene.
No te dejes enga?ar. Toca y palpa lo que les ocurre a los que se precipitan hacia este tipo de sexo. Cu?nta insatisfacci?n, desilusi?n y hast?o en su interior, cu?nto tedio y asco en sus ojos huidizos, cu?nta perversi?n en sus intenciones, cu?nta debilidad y enfermedad en su organismo. En vez de crecer, de llenarse y saciarse, se han vaciado y disminuido. Han salido perdiendo mucho y, a veces, todo.

Te recuerdo lo que escrib?a mi viejo amigo desde el hospital: "[?] s? por experiencia que el sexo sin amor aut?ntico, s?lo por placer, acaba siendo para cualquiera una asquerosidad [?] As? que tambi?n con el sexo me llev? un gran chasco. Tambi?n aqu? me equivoqu?, apunt? y dispar? donde no deb?a. Te lo digo en serio, -aunque me cuesta-, no gano nada con mentirte. Termin? harto de esa vida asquerosa?".

En el fondo con esas palabras ?l nos est? gritando que eso no es la verdadera felicidad. Nos est? alertando para que no caigamos en el error de buscarla en ese tipo de sexo, como ?l lo ha hecho. Nos est? pidiendo que aprovechemos de verdad la vida, sin desperdiciarla tir?ndola a ese cubo de basura.

La droga, el alcohol y el "sexo" no hacen felices de verdad a nadie. Al contrario, terminan destruyendo la felicidad.


Publicado por mario.web @ 0:12
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