Viernes, 20 de mayo de 2011
Alfonso Aguil? Pastrana (Conoze.com) habla sobre la empat?a y la comprensi?n de las necesidades del otro como virtud a cultivar
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Ponerse en el lugar de dem?s
Ponerse en el lugar de dem?s
?Hab?a un joven que llevaba tres o cuatro minutos paseando una y otra vez por delante de la oficina y mirando al interior. Por fin -cuenta William Saroyan- entr? y fue al mostrador. Spangler lo vio y sali? a atenderlo. El joven sac? un rev?lver del bolsillo derecho del abrigo y lo sostuvo con mano temblorosa: "D?me todo el dinero. Todo el mundo est? matando a todo mundo, as? que no me importa matarlo a usted. Ni tampoco me importa que me maten. Estoy nervioso y no quiero problemas, as? que d?me todo el dinero deprisa".

?Spangler abri? el caj?n del dinero y sac? el dinero de diversos compartimentos. Coloc? el dinero, billetes, paquetes de monedas y monedas sueltas, sobre el mostrador, delante del chico: "Te dar?a el dinero de todos modos, pero no porque me est?s apuntando con un arma. Te lo dar?a porque lo necesitas. Ten. Es todo el dinero que hay.

C?gelo y luego toma un tren a casa. Vuelve con los tuyos. Yo no informar? del robo. Pondr? el dinero de mi bolsillo. Aqu? hay unos setenta y cinco d?lares."

?Esper? a que el chico cogiera el dinero, pero el chico no lo toc?. "Lo digo en serio, coge el dinero y vete. Lo necesitas. No eres ning?n criminal y no est?s tan enfermo como para no poder curarte. Tu madre te est? esperando. Este dinero es un regalo que yo le hago. Si lo coges no ser?s un ladr?n. T? coge el dinero, guarda ese arma y vete a casa. Tira el arma en alguna parte, as? te sentir?s mejor."

?El joven volvi? a guardarse el arma en el bolsillo del abrigo. Luego se tap? la boca con la mano temblorosa que hab?a estado sosteniendo el arma: "Lo que tendr?a que hacer es pegarme un tiro". "No digas locuras -dijo Spangler, mientras juntaba todo el dinero y se lo daba al joven-, aqu? est? el dinero, c?gelo, vete a casa y ya est?. Si quieres, deja el arma aqu? conmigo. Ten tu dinero. Si necesitas usar un arma para conseguir dinero, entonces es tuyo. S? c?mo te sientes porque yo me he sentido igual. Todos nos hemos sentido igual. Los cementerios y las prisiones est?n llenos de buenos chicos norteamericanos que han tenido mala suerte y han vivido malas ?pocas. No son criminales."

?El joven se sac? el arma del bolsillo y se la pas? por encima del mostrador a Spangler, que la meti? en el caj?n del dinero: "No s? qui?n es usted, pero nadie me ha hablado nunca como me ha hablado usted. No quiero el arma y no quiero el dinero, y s?, me voy a casa. Vine hasta aqu? gorreando el dinero y volver? gorreando."
?"Ven aqu? y si?ntate", le dijo Spangler. El joven fue a la silla contigua a la mesa de Spangler.

?ste se sent? sobre la mesa. El chico ten?a tuberculosis. Hablaron un rato. "Nada tiene sentido para m?. No me gusta la gente. No los quiero cerca de m?. No conf?o en ellos. No me gusta la forma en que viven ni la forman en que hablan ni las cosas en las que creen ni la forma en que se empujan los unos a los otros.

Simplemente estoy cansado y harto y asqueado. No me interesa nada. No puedo darle las gracias lo bastante por lo que ha hecho usted y por la clase de ser humano que es usted, pero tengo que decirle que si usted me hubiera sido hostil le habr?a pegado un tiro. No he entrado aqu? armado en busca de dinero. He entrado aqu? con un arma para averiguar si usted era un hombre decente de verdad. Durante mucho tiempo he despreciado a todo el mundo, y de pronto, a miles de kil?metros de casa, en una ciudad extra?a, he encontrado a un hombre decente. No me lo pod?a creer. Ten?a que averiguarlo. Quer?a que fuera cierto, porque llevo a?os dici?ndome: ?Quiero conocer a un solo hombre no corrompido por el mundo para poder estar yo tambi?n no corrompido, y as? poder vivir y creer.? No estaba seguro la primera vez que nos vimos pero ahora s?. No quiero nada m?s de usted. Ya me ha dado todo lo que quiero. No me puede dar nada m?s."?

Este breve relato habla por s? solo de la importancia de saber tratar a la gente. De c?mo podemos ser una oportunidad para quien parece no merecerla. De que muchos hombres tienen unas razones misteriosas que le empujan a obrar de una manera equivocada, pero pueden cambiar. Siempre es mejor no hacer juicios precipitados, descubrir lo que realmente el otro necesita, ponernos en su lugar, situarnos dentro de sus sentimientos. As? seremos m?s justos.

Publicado por mario.web @ 2:34
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