Viernes, 20 de mayo de 2011
Miguel Aranguren reflexiona sobre las redes sociales y su potencial, as? como de sus riesgos
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Redes sociales, de enemigo a usuario
Redes sociales, de enemigo a usuario
jueves, 07 de enero de 2010

Reconozco que fui su enemigo en los primeros pasos de las redes sociales. Me llegaban cascadas de mensajes de personas ofert?ndome su amistad con un soniquete mec?nico que no terminaba de comprender. En ocasiones me las doy de purista y defiendo a capa y espada que la amistad es virtud que acrisola el tiempo. El tiempo y las alegr?as compartidas. El tiempo y las dificultades compartidas. El tiempo y los dolores llevados en parihuelas.

As? que, de buenas a primeras, que el correo electr?nico se me transformara en una especie de tertulia me produc?a suspicacias, entre otras cosas porque nunca termino de asombrarme ante las soledades del mundo de hoy: siempre tan lleno, siempre tan r?pido.


Por otro lado, me hab?a llegado la preocupaci?n de padres y maestros, desarmados ante las horas que los adolescentes pierden frente a la fr?a pantalla del ordenador. Y de las relaciones no siempre inocentes que su insensatez provoca. Y de Internet convertido en un patio de corrala en donde poner a caldo a un tercero bajo el escudo de una falsa identidad. Y de la suplantaci?n de personalidades para juegos m?s que sucios y otro pu?ado de miserables pr?cticas de las que se aprovecha la candidez de quienes son f?ciles de engatusar gracias a una colorida web.

As? que me resist?. Hasta que, por casualidad, alguien me habl? de las redes sociales como herramienta para dar a conocer mis trabajos literarios. Y de las redes sociales como debate pol?tico frente a los cauces habituales ?siempre tan pocos, siempre tan tasados? que ofrece la democracia. Y de las redes sociales como altavoz de opini?n. Y de las redes sociales para generar grupos a los que unirse por un ideal. Y de las redes sociales como alternativa a los mensajes cada d?a m?s obsoletos de la publicidad tradicional. Y de las redes sociales como cruce de caminos en el que encontrarse con tanta gente a la que hab?amos perdido las huellas.

De todo lo enumerado, tal vez lo m?s sorprendente sea comprobar cu?ntas personas, a lo largo y ancho del mundo, portan sobre su historia nuestro mismo nombre y apellido. Aunque parezca un juego tonto, no lo es si consideramos la individualidad con la que cada uno de nosotros nos entendemos con esos sustantivos propios que nos acompa?an desde la cuna y que har?n guardia el tiempo que nuestra memoria tarde en disiparse sobre la tierra.

Por otro lado, las redes sociales han logrado fragmentar a?n m?s las distancias espaciales entre los hombres. No hace tanto, mantener la amistad con una persona que viv?a a m?s de 200 kil?metros de nuestra casa supon?a un esfuerzo de creatividad: poner una conferencia, escribir una carta, enviar una postal?, ejercicios que nos obligaban a tener presente, durante buena parte del d?a, a aquella baraja que configuraban los amigos de la di?spora.

Hoy, sin embargo, la inmediatez de, incluso, una conversaci?n escrita ha roto la magia que supon?a aguardar la llegada de noticias. Y a quien tenemos lejos podemos considerarlo mucho m?s pendiente de nosotros que a aqu?l que vive en nuestra misma ciudad.

Al fin y al cabo, al amigo que comparte con nosotros la misma urbe le separa la distancia infinita de los atascos, de la incompatibilidad de horarios, de las vidas distintas que unos y otros llevamos. Sin embargo, al que se encuentra en las ant?podas, m?s all? del estrecho de Magallanes lo terminamos por tener hasta en la sopa gracias a las alertas, los chats, las notas?, verbigracia cualquier nomenclatura de este universo electr?nico en constante formaci?n.

Gracias a las redes sociales puede seguirse la vida de algunas personas, minuto a minuto. Nos avisan de cu?ndo est?n conectados, de cu?ndo se van a comer, de cu?ndo comienzan sus vacaciones o de en qu? lugar podr? encontr?rselos durante el fin de semana. Es una radiograf?a a impulsos de la rutina, una novela a peque?os saltos, lo que demuestra que cada cual ha descubierto en esta diminuta ventana al mundo un recreo de libre expansi?n.

Publicado por mario.web @ 2:36
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