Viernes, 20 de mayo de 2011
El mejor m?todo de educaci?n es el amor a vuestros alumnos, vuestra autoridad moral, los valores que encarn?is. Este es el gran compromiso que asum?s, antes que nada, ante vuestra conciencia?. (Juan Pablo II, Aguascalientes, mayo de 1990)
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Actitudes Generales del Buen Formador.
Actitudes Generales del Buen Formador.
El formador debe saber crear, alrededor de quien educa, un clima de amor, de alegr?a, de estudio, de piedad y de amistad: ?El mejor m?todo de educaci?n es el amor a vuestros alumnos, vuestra autoridad moral, los valores que encarn?is. Este es el gran compromiso que asum?s, antes que nada, ante vuestra conciencia?. (Juan Pablo II, Aguascalientes, mayo de 1990)

El amor se presenta como entrega total a los alumnos e implica, adem?s estar con ellos mucho tiempo, afrontar el sacrificio de la incomprensi?n que implica muchas veces la propuesta de la verdad. No se trata s?lo de pensar que se est? amando, cada disc?pulo ha de sentirse aut?nticamente amado por quien lo forma; a tal grado esto, que ante los ojos del educando, el formador no ser? solo visto como un ?superior?, sino como un padre, un amigo, un hermano.

En este sentido, el testimonio del formador consiste en proponer a los alumnos la figura de una persona que encarne, no solo intelectual sino vivencialmente los valores humanos, cristiano y apost?licos que quiere dar a conocer a quien educa.

a) Firmeza en la exigencia, suavidad en la forma.

Quiz? una de las f?rmulas educativas que m?s deber?a recordar todo formador es la concentrada en el adagio cl?sico: Suaviter in forma, fortiter in re: firmeza en la exigencia, suavidad en la forma. No se trata de la simple contraposici?n de dos opuestos; ambos elementos son expresi?n de una misma intencionalidad.

En ocasiones el servicio de autoridad requerir? firmeza en la exigencia. Cuando cuesta trabajo exigir, pueden ayudar las palabras del Se?or al profeta Ezequiel: ?Por no haberle advertido t?? yo te pedir? cuentas a ti. Si por el contrario adviertes al justo ?vivir? ?l por haber sido advertido, y t? habr?s salvado tu vida?. (Ez 3, 20-21)

Para saber exigir, es necesario que el formador sea humilde, ya que la humildad har? que no act?e por quedar bien ante los alumnos, o que el respeto humano frene su acci?n por buscar el aprecio de los dem?s, y evitar todo lo que pudiera desfigurar su imagen de persona ?abierta? y ?buena gente?. Esto trae como consecuencia que no se logre la confianza real de los j?venes que quieren formarse y buscan un gu?a claro y firme.

Pero tambi?n se requiere de la humildad profunda para que la firmeza de la exigencia no se convierta en dureza. La brusquedad no gu?a, aleja. La firmeza de fondo es verdaderamente educativa cuando se une a la suavidad en la forma.

El formador tiene que ser completamente due?o de s? para no dejarse llevar por el orgullo, la impaciencia o el enojo en el trato con su equipo o sus alumnos.

La humildad profunda y el inter?s genuino por el bien de los alumnos a ?l confiados le permitir?n dominarse en momentos en los que quiz? ser?a m?s f?cil desahogarse con una salida brusca o imponer su fuerza de voluntad. Esta misma actitud le ayudar? a saber esperar el mejor momento para poder acercarse, dialogar y solucionar problemas.

Es importante tener en cuenta que nunca se debe dar un trato despectivo o ir?nico por parte de los formadores y mucho menos de una manera p?blica. El mejor modo de ganarse el respeto de los alumnos es tratarlos con respeto sincero.

Por ?ltimo, guiar la formaci?n integral de los j?venes es tambi?n impulsarla. El formador nunca debe ser un freno, sino saber moderar y encauzar la creatividad e iniciativa de sus alumnos fomentando la iniciativa, el esfuerzo y el trabajo en equipo. Para poder formar, debe hacerse en gerundio: formando, y esto se da a trav?s de la responsabilizaci?n y acci?n de los alumnos.

b) Conocer profundamente a cada uno.

Ahora bien, para que el formador pueda actuar debida y atinadamente resulta indispensable que tenga un conocimiento profundo de cada uno de sus formandos.

Este conocimiento servir? para ayudar mejor al equipo de trabajo, los ni?os y j?venes, para poder salir al paso de sus dificultades, para aplicar los recursos adecuados para hacer referencia a las motivaciones que m?s le llegan a cada uno y para cumplir de manera eficaz en su labor de fermento dentro del colegio.

Conocer a cada uno es conocer su temperamento, sus cualidades naturales, sus aptitudes. Es bueno tambi?n interesarse por la vida y el entorno familiar tanto del equipo de trabajo como de los ni?os y j?venes del colegio.

No se trata de un conocimiento adquirido de una vez para siempre. El inter?s sincero por el formando le impide ?etiquetarlo? superficialmente bas?ndose en alguna observaci?n moment?nea o, peor a?n, dej?ndose llevar por el ?se dice?. Al contrario, tratar? de conocerlo personalmente, atento siempre a su situaci?n presente, sin prejuicios de ninguna clase. As? podr? ajustar su proceder, d?a a d?a, especialmente cuando haya alg?n problema particular. Podr? escoger los recursos necesarios no s?lo para esta persona, sino para esta persona aqu? y ahora.

En este punto toma gran importancia el trabajo de equipo de los profesores y formadores, ya que pueden ayudarse a conocer mejor a los alumnos, pero cuid?ndose siempre de comunicar las cualidades y aptitudes o dificultades espec?ficas con el fin de ayudar. Nunca comunicar los defectos que puedan predisponer al nuevo profesor o formador. Un medio imprescindible para este fin es el di?logo personal con cada uno y la observaci?n concreta de comportamiento individual.

El formador dentro del colegio debe aprovechar todas las oportunidades que la vida escolar le ofrece para ello. La convivencia en los recreos, el apoyo en las actividades deportivas, la compa??a en las actividades del colegio aunque no sean de responsabilidad directa del grupo o departamento que se tiene a cargo, etc?tera.

El buen pedagogo y formador no s?lo busca conocer al alumno, sino que le ayuda tambi?n a que ?l se conozca a s? mismo. Es una de las mayores aportaciones que el formador puede hacer sobre todo a los j?venes.

c) El formador debe ser cercano y accesible.

El formador debe ser una persona cercana y accesible. Cercan?a significa convivir con los alumnos, estar con y entre ellos; acompa?arles en las celebraciones lit?rgicas, en los momentos de recreaci?n, en las actividades deportivas o culturales, etc?tera.

El buen formador no se conforma con estar con los alumnos o profesores ?nicamente durante los momentos que marcan sus responsabilidades de trabajo, sino que busca estar en todos aquellos momentos que pueden ser propicios para acompa?ar y formar, con la palabra y el ejemplo.

Actividades o momentos que para nosotros pueden parecer intrascendentes, una competencia deportiva, un juego, la proyecci?n de una pel?cula etc. Para los ni?os y j?venes pueden ser de gran importancia y crea una cercan?a muy especial cuando el formador se integra e interesa por la actividad. Estos momentos ayudan a tener m?s oportunidad de escucharlos de manera m?s espont?nea y conocerlos mejor.

Es importante escuchar lo que dicen, recordar lo que preguntan u opinan, retomar conversaciones anteriores mostrando inter?s y conocimiento de cada uno. Estos momentos pueden dar lugar a acercamientos de tipo personal mediante un consejo espec?fico, la recomendaci?n de un libro, etc?tera.

Mostrarse accesible es estar siempre dispuesto a tratar sus asuntos y a escucharles con atenci?n, y siempre se debe tener presente que una de las cosas que m?s se aprecian de los dem?s, es que muestren inter?s por uno.


d) Universalidad en el trato.

Un punto al que todos los alumnos suelen ser muy sensibles es a la universalidad en el trato por parte del formador.

Todo lo que parezca exclusivismo o favoritismo es perjudicial y viceversa: un trato substancialmente igual para todos favorece la confianza de cada uno porque demuestra que el formador no se deja guiar por simpat?as o antipat?as, sino por su deseo sincero de ayudar a cada uno seg?n sus necesidades.

Es natural que el formador se entienda m?s f?cilmente con unos que con otros. Hay j?venes agradables en su trato, abiertos y amables, otros menos. Pero debe esforzarse siempre por estar igualmente disponible para todos.

Trato universal no significa trato an?nimo o despersonalizado. Interesarse por todos significa interesarse por cada uno y actuar conforme a sus particularidades, sus necesidades, sus circunstancias actuales.

e) Comprender y aceptar a cada uno como es.

El buen formador debe saber comprender y aceptar a cada uno como es. Es in?til y perjudicial pretender que sea perfecto, que sea como al formador le gustar?a que fuera.

Comprender significa entender las circunstancias y el nivel de desarrollo de cada uno. El buen formador conocer? las caracter?sticas de los ni?os y de los adolescentes para poder lograr de cada uno lo mejor.

Tambi?n es muy necesario ser paciente y no desesperar. Los ni?os y j?venes deber?n ir creciendo y madurando a lo largo de toda su estancia en el colegio. Formar a una persona es una labor que no se consigue en un d?a. De hecho, la formaci?n de una persona continua durante toda su vida. Hay que recordar que se est? formando para que la persona pueda cumplir con una determinada misi?n que le tomar? toda la vida.

As? como a un ni?o peque?o no se le exige ni se le fuerza a resolver complicados problemas o a leer textos largos pues se comprende su nivel de desarrollo, de la misma manera, en la formaci?n integral se debe caminar al paso de la persona, acompa??ndole, gui?ndole y ense??ndole a caminar por s? misma.

De igual manera, el formador paciente sabe esperar la hora de Dios y adaptarse al ritmo de su gracia. Comprende que tiene que ser el mismo formando quien entienda y acepte libremente lo que se le propone. Si percibe que el alumno se encuentra en un momento dif?cil y es incapaz en ese instante de entender o aceptar algo, no debe tener prisas, ni presionar o precipitarse. Espera a que llegue un momento m?s propicio.

Es necesario estar consciente de que en labor de la educaci?n integral en muchas ocasiones tocar? sembrar sin ver los frutos. Hay que saber esperar y trabajar con la confianza de que esta noble labor, unida a la acci?n de la gracia, dar? los frutos que se esperan.

f) Prudencia

Todo esto requiere de una buena dosis de prudencia. No se pueden formular reglas precisas sobre c?mo conviene comportarse con cada persona en cada situaci?n particular. Es la virtud de la prudencia la que ayuda a aplicar los principios generales a los casos particulares. La prudencia exige del formador reflexi?n, discernimiento, an?lisis sereno de las circunstancias. No se trata solamente de un modo natural de ser. Es algo que el formador puede y debe ir adquiriendo y perfilando, sobre todo con su esfuerzo diario por actuar en la pr?ctica de modo prudente.

g) Reconocer la etapa de madurez y el contexto del formando y actuar de acuerdo con sus caracter?sticas.

Es posible que el infante requiera principalmente un trato de confianza y protecci?n por parte de su formador, de tal suerte que ?ste deber? ser un modelo ?presente y cercano?, ?afectuoso y paciente?, con gran imaginaci?n y dinamismo.

Lo m?s seguro es que el adolescente requiera principalmente de su formador car?cter, firmeza y seguridad. El formador deber? ser paciente sin claudicar en la exigencia.

Por ?ltimo, los j?venes esperan de su formador el carisma, el ascendiente, el liderazgo. El formador deber? luchar por mostrarse seguro, alegre y disponible. Debe demostrar un pensamiento profundo, sus argumentaciones deben ser l?gicas y rectas.

Publicado por mario.web @ 18:39
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