Viernes, 20 de mayo de 2011
Invitaci?n a pensar que nos hace Jaime Nubiola aclarando, somos libres para divernirnos
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El imperio de la diversi?n
El imperio de la diversi?n
Libres para divertirse

Uno de los rasgos que afectan medularmente a nuestra sociedad es el enorme auge del espect?culo, de la industria del entretenimiento y del comercio de la diversi?n. En las semanas finales del curso acad?mico un buen n?mero de estudiantes se distrae de la tensi?n de los ex?menes pensando que no har?n nada de provecho en el verano, y eso es precisamente lo que m?s les atrae despu?s de unas semanas de atenci?n intensa al estudio. ?Desconectar? es quiz?s el verbo que expresa mejor esa actitud ante las vacaciones, como si en nuestra vida ordinaria fu?ramos m?quinas de trabajar que se desenchufan al llegar el verano. Lo importante es distraerse, divertirse, desconectar de la rutina habitual.

Esto es as? a escala europea. Espa?a se ha convertido en un destino tur?stico, elegido por m?s de 50 millones de visitantes al a?o. Se trata ?dicen los turistas? de un pa?s divertido, en el que es posible pas?rselo muy bien y adem?s sin hacer un enorme gasto. Toda Espa?a viene a ser en el verano como un Disney World para adultos.

De forma creciente el imperio de la diversi?n no se concentra exclusivamente en el verano, sino que se extiende a las dem?s temporadas del a?o, y no afecta s?lo a la infancia y la juventud sino que coloniza todos los estratos de la vida. Esto se advierte bien en los medios de comunicaci?n, quiz? particularmente en las cadenas de televisi?n. Los programas de televisi?n han dejado de tener una funci?n formativa o informativa y se han volcado decididamente en el entretenimiento, ?porque es lo que la audiencia pide? dicen los responsables.

En este sentido, me impact? la escena de hace unas pocas semanas en la c?rcel de Pamplona. Se trataba de una situaci?n extrema como son casi siempre las que ocurren en los m?rgenes de la sociedad. Un preso marroqu?, de 36 a?os, eludi? los controles de seguridad en un momento de descuido y se encaram? al tejado donde permaneci? durante m?s de dos horas hasta que, con la ayuda de un psic?logo, fue bajado a la calle en la cesta de los bomberos. Durante el tiempo que estuvo en el tejado de la c?rcel amenaz? con suicidarse y en una crisis de ansiedad arranc? varias tejas que ech? a los viandantes y rompi? la antena de televisi?n del centro penitenciario. ?Nos has quitado la poca libertad que ten?amos?, le gritaban los otros internos, que le insultaban e increpaban para que se tirara del tejado a la calle y terminara as? con su vida. El enfado de los presos por haberles roto la antena era notable. Aquel recluso les hab?a dejado sin televisi?n, que es la forma legal que tienen de evadirse de su reclusi?n al menos por unas horas al d?a.

Vida de calidad, vida de diversi?n

Los ciudadanos libres que encuentran en la televisi?n el recurso habitual para desconectar, para liberarse de sus obligaciones, para no prestar atenci?n a los dem?s, me dan todav?a m?s pena que el recluso marroqu?, pues muestran que de forma voluntaria se han sometido a una esclavitud de la atenci?n que casi siempre les vac?a y empobrece. Se trata ?suele decirse? de descansar, de estar entretenido, de pasar el rato, pero todos sabemos que la distracci?n consiste casi siempre en prestar atenci?n a cosas tan banales, en el mejor de los casos, como el cotilleo de los famosos o la vida privada de los invitados a los programas.

En nuestra sociedad hay un miedo atroz al aburrimiento y lo combatimos con el entretenimiento que narcotiza la capacidad de atenci?n. Lo superficial, lo epid?rmico o lo ef?mero son el ant?doto que convierte la existencia humana en un zapping vital. Las formas preferidas de entretenimiento son ahora aquellas que producen una gratificaci?n inmediata y que en todo caso no exigen apenas esfuerzo. De forma creciente, la calidad de una vida comienza a medirse por la cantidad de diversi?n que contiene. Como en realidad no se puede ser feliz ?vienen a decirse? vamos a intentar al menos vivir entretenidos, vivir sin padecer la angustia de la soledad existencial.

Esta actitud, tan difundida en nuestra sociedad, que considera a la diversi?n como el objetivo final de la vida, convierte a la propia vida en un videojuego banal incapaz de dotarla de sentido. Quienes invierten su tiempo y su dinero en Secondlife muestran la verdad de este diagn?stico. Viven una segunda vida en las pantallas de sus ordenadores porque no tienen una vida de primera, una vida real que merezca la pena, con sus penas y sufrimientos, pero tambi?n con sus gozos y alegr?as.

Publicado por mario.web @ 20:12
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