Viernes, 20 de mayo de 2011
En el discurso al serle conferida la ciudadan?a honoraria de Frisinga
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El Papa: en el seminario vi que Cristo era m?s fuerte que la tiran?a
El Papa: en el seminario vi que Cristo era m?s fuerte que la tiran?a
CIUDAD DEL VATICANO, mi?rcoles 20 de enero de 2010 (ZENIT.org).- La desolaci?n provocada por el nazismo, el deseo de renacimiento en la posguerra y la certeza de que la tiran?a puede ser derrotada por Cristo son sentimientos ligados a los a?os de formaci?n del Papa en el seminario.

?l mismo los evoc? con emoci?n al recibir, el pasado 16 de enero, a la delegaci?n de la ciudad alemana de Frisinga reunida en el Vaticano para conferir al Papa la ciudadan?a de honor.

Durante el encuentro, el Papa record? la profunda relaci?n que le ata a esta ciudad, inserta en el territorio de la arquidi?cesis b?vara que ?l dirigi? entre los a?os 1977 y 1982, antes de ser nombrado por Juan Pablo II prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe.

Un v?nculo especial destacado tambi?n en la elecci?n de Joseph Ratzinger de incluir en su escudo episcopal y despu?s en el pontificio el s?mbolo del ?Moro de Frisinga? -la cabeza de moro coronada retratada en su lado izquierdo, usada por todos los arzobispos de M?naco y Frisinga desde el 1817, a?o del ?Concordato B?varo?, que marca el a?o de nacimiento de la arquidi?cesis- y del ?Oso de San Corbiniano?, que se refiere a una leyenda relativa al obispo Corbiniano, llegado de Arpajon, cerca de Par?s, en torno al a?o 724 para anunciar el Evangelio a la antigua Baviera.

En su improvisado discurso, el Papa habl? de cuando, el 3 de febrero de 1946, el seminario de Frisinga reabri? sus puertas, despu?s de una larga espera, a un grupo de aspirantes al sacerdocio.

En aquel momento, una parte de la casa se hab?a convertido en hospital militar para prisioneros de guerra extranjeros, que estaban all? a la espera de ser devueltos a su patria, pero a pesar de la falta de comodidad, se viv?a una especie de euforia, explic? Benedicto XVI.

?Est?bamos en dormitorios, en salas de estudio, etc?tera, pero ?ramos felices -afirm?-, no s?lo porque finalmente se hab?an ido las miserias y las amenazas de guerra y del dominio nazi, sino tambi?n porque ?ramos libres y sobre todo porque est?bamos en el camino al que nos sent?amos llamados?.

?Sab?amos que Cristo era m?s fuerte que la tiran?a, que el poder de la ideolog?a nazi y que sus mecanismos de opresi?n?, continu?.

?Sab?amos que a Cristo le pertenecen el tiempo y el futuro, y sab?amos que ?l nos hab?a llamado y que ten?a necesidad de nosotros, que estaba necesitado de nosotros?, destac?.

?Sab?amos que la gente de aquellos tiempos cambiantes nos esperaba, esperaba sacerdotes que llegaran con un nuevo impulso de fe para construir la casa viva de Dios?.

Despu?s llegaron los a?os de la Escuela superior de filosof?a y de teolog?a de Frisinga -que lo ver?n posteriormente como profesor de teolog?a dogm?tica y fundamental-, en los que los profesores ?no eran s?lo estudiosos, sino tambi?n maestros, personas que no ofrec?an s?lo los frutos de su especializaci?n, sino personas a las que les interesaba dar a los estudiantes lo esencial, el pan saludable que necesitaban para recibir la fe desde dentro?.

Benedicto XVI tambi?n record? el d?a de su ordenaci?n sacerdotal junto a su hermano Georg, celebrada en la catedral de Frisinga el 29 de junio de 1951, y las sensaciones experimentadas al permanecer tumbado en el suelo ante el altar, durante la invocaci?n de los santos con el canto de las letan?as.

?Cuando est?s all?, supino, eres consciente una vez m?s de tu miseria y te preguntas: ?pero ser? realmente capaz de todo esto??, confes?.
Tras la imposici?n de las manos por parte del ya mayor cardenal Faulhaber, ?la conciencia de que es el Se?or quien pone las manos sobre m? y me dice: me perteneces a m?, no te perteneces s?lo a ti mismo, te quiero, ponte a mi servicio, pero tambi?n la conciencia de que esta imposici?n de las manos es una gracia, que no crea s?lo obligaciones, sino que es sobre todo un don, que ?l est? conmigo y que su amor me protege y me acompa?a?.

Finalmente, la memoria del Papa se detuvo en los tres a?os y medio que pas? junto a sus padres en el apartamento situado en Lerchenfeldhof, que ?hicieron que sintiera Frisinga verdaderamente como ?mi casa??.

El pont?fice tambi?n record? despu?s las torres de la ciudad que se levantan en Dombert, la colina en la que se alza la catedral, y que ?indican una altura distinta a la que podemos alcanzar con el a?reo: indican la verdadera altura, la de Dios, de la que proviene el amor que nos hace personas, que nos da el verdadero ?ser humano?.

Al principio de la audiencia, seg?n informa ?L?Osservatore Romano?, el alcalde de Frisinga, Dieter Thalhammer, salud? a Benedicto XVI en nombre de los presentes, citando a Thomas Mann, que dec?a que ?un habitante de Frisinga no es s?lo alguien que ha nacido all?; habitantes de Frisinga son todos los que con la vida y con las obras est?n ligados a ella y la estiman y aprecian?.

?En este sentido, usted es un habitante de Frisinga?, a?adi?.

El alcalde tambi?n inform? al Papa de que, en recuerdo de la concesi?n de la ciudadan?a de honor, ser? colocada en el patio de la catedral una obra de bronce.

Publicado por mario.web @ 20:18
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