Viernes, 20 de mayo de 2011

Identidad del sacerdote, claves de lectura de la sociedad y de la cultura contempor?nea y desaf?os que ?sta presenta
Autor: P. Luis Garza LC | Fuente: Clerus.org

1. Introducci?n

El a?o sacerdotal que el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado para los sacerdotes, en conmemoraci?n del 50? aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, nos ofrece la ocasi?n propicia para preguntarnos qu? cosa es el sacerdote, c?mo se coloca de frente a los grandes retos que la humanidad afronta y qu? papel juega en el drama del hombre moderno.

Buscar responder de manera exhaustiva a estas interrogacionesser?a pretencioso. Por lo tanto, en este breve escrito deseo simplemente dar algunas orientaciones generales e indicar las posibles claves de lectura que ayudar?n a los sacerdotes, ?la parte m?s amada del coraz?n de Cristo?, a encontrar el camino de la propia perfecci?n espiritual y a vivir un ministerio rico de frutos.


2. La identidad del sacerdote

Cualquier propuesta para analizar los retos que afronta el sacerdote del tercer milenio, debe partir de una reflexi?n sobre la propia identidad, de otra manera se corre el riesgo de privar de fundamento la vida misma del sacerdote.


Don y misterio

Antes que nada el sacerdote debe ser considerado, en su significado m?s profundo, como un don y misterio. Un don que supera infinitamente al hombre. Dios fija su mirada en un hombre para configurarlo ontol?gicamente a su hijo Jesucristo para toda la eternidad en un modototalmente gratuito e inmerecido. El sacerdocio es un don de Dios para el hombre escogido y este hombre elegido, el sacerdote, es un don del amor de Dios para los otros. As?, el sacerdote se vuelve un misterio de elecci?n, un misterio de amor y de confianza de parte de Dios, porque llevamos el tesoro de la gracia en vasos de barro. Es Dios quien toma al hombre llamado para invitarlo a ser sacerdote. ?Ninguno puede atribuirse a s? mismo este honor, sino quien es llamado por Dios, como Aar?n? (Hb 5, 4). No basta que uno quiera y decida ser sacerdote. Tal decisi?n es necesaria, pero como respuesta a una precedente llamada de Dios, que resuena en el fondo de la conciencia. Tampoco la comunidad cristiana puede elegir por s? misma los ministros que necesita. Es Cristo mismo quien los llama.

No obstante, lo que constituye el misterio m?s profundo del sacerdote es la configuraci?n ontol?gica con Cristo encuanto salvador operada por el Esp?ritu Santo a trav?s del sacramento del orden. Estos hombres iguales a los otros, cuando son ordenados sacerdotes, son configurados en su ser con Cristo Cabeza y Pastor de Su Iglesia y, por lo tanto, llevan el sello sacramental indeleble que los constituye Alter Christus. Por bondad de la misericordia de Dios participan de la unci?n y de la misi?n salv?fica de Cristo, as? que en Su nombre y con Su poder predican el evangelio, celebran la Eucarist?a y los otros sacramentos y gu?an como pastores al pueblo de Dios siempre en comuni?n con sus obispos. Pueden ser hombres pecadores y d?biles, incapaces por s? mismos de vivir con elegancia el misterio cristiano, sin embargo, la eficacia de la gracia sacramental que viene de Dios por medio de sus manos y de sus palabras, permanece intacta. Entrelazada con la relaci?n con Cristo, est? la relaci?n con laIglesia, al punto que el sacerdocio, la palabra de Dios y los sacramentos pertenecen a los elementos constitutivos de la Iglesia y el ministerio del presbiterado es totalmente a favor de la Iglesia (1).


Presencia de Cristo Salvador

Cristo es Redentor y Salvador y su sacrificio sobre la cruz y su resurrecci?n han tra?do al mundo la reconciliaci?n de las personas con Dios y la recapitulaci?n de todas las cosas en Cristo. (Cfr. Ef 1, 10). El sacerdote es presencia de Cristo Pastor y Cabeza entre los hombres; y sacramento viviente de Cristo en el mundo, como dice la Pastores dabo bobis (2). El sacerdote es un hombre de Dios, elegido por Dios para la gloria de Dios y para el ministerio. En cierto sentido, el sacerdote llega a ser mediador de la gracia, porque ?in persona Christi? predica la fe, santifica a sus hermanos con los sacramentos y los gu?a por los caminos del Evangelio. El sacerdote es unpuente de dos sentidos, entre Dios y el hombre. Por un lado lleva el amor de Dios a los hombres, los acerca a Dios mismo, y por otra, es el camino a trav?s del cual pasan las almas en su viaje hacia la eternidad. Como Cristo es puente, tambi?n ellos, en alg?n modo, siendo sus ministros, son instrumentos eficaces para que las almas pasen y conozcan la vida eterna.


Aquel que ofrece y se ofrece en sacrificio

El sacerdote es un hombre consagrado para ofrecer dones y sacrificios por los pecados (Hb 5, 1). Por esto, la actividad principal del sacerdote debe ser ofrecer el sacrifico y ofrecerse en sacrificio. Es evidente que esto va m?s all? del simple presidir un oficio o una ceremonia. El sacerdote debe no s?lo celebrar la Eucarist?a, sino debe ?Ser Eucarist?a?. Como nos recuerda la carta Ecclesia de Eucharistia, la expresi?n ?in persona Christi?,quiere decir algo m?s que ?en nombre? o ?en las veces? de Cristo, es la identificaci?n especifica, sacramental, con el ?Sumo y eterno Sacerdote?, que es el autor y el sujeto principal del propio sacrificio (3). Por lo tanto, el sacerdote debe unir su vida al Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo y se sacrifica por la salvaci?n de las almas.


Signo de contradicci?n

La identificaci?n con Cristo hace que el sacerdote sea adem?s signo de contradicci?n. Como Cristo, su misi?n implica morir en la cruz en reparaci?n por los propios pecados y por los pecados de las almas que se le han encomendado. El sacerdote est? en el mundo sin ser del mundo. Y el mundo, con sus criterios, har? de ?l, necesariamente, un juicio negativo. El sacerdote es un hombre que vive contracorriente, ya que vive y desaf?a a los otros a vivir la paradojade las bienaventuranzas, y a imitar la vida de Cristo. Nos iluminan y consuelan mucho las palabras de Cristo en la ?ltima Cena: ?Si el mundo os odia, sabed que me odi? a m? antes que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amar?a lo suyo, pero como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso el mundo os odia? (Jn 15, 18-19).


3. Claves para comprender el futuro

Individualizar las claves que definen el futuro es una tarea que sobrepasa la mente humana. Por ello me limito a dar algunos directrices sobre aquello que el futuro puede contener.


Progreso cient?fico fin de si mismo

El siglo XX ha estado marcado, mucho m?s que los siglos precedentes, de una aceleraci?n particular del progreso cient?fico y tecnol?gico: Han sido descubiertas curas para las enfermedades, han sido resueltos problemas de nutrici?n, el mundo se ha vueltopeque?o gracias a los progresos de la comunicaci?n, etc. El hombre se siente muy seguro de s? mismo, muy capaz de dominar la creaci?n y se considera a s? mismo pr?cticamente sin l?mites ni fronteras. Junto con este sentimiento de seguridad y autosuficiencia, se ha verificado el peculiar fen?meno por el cual el hombre ha querido ver en el progreso la raz?n suficiente de s? mismo, d?ndole un valor ?tico y moral por el simple hecho de ser progreso.

Aqu? se esconde una herej?a antigua con una vestidura moderna: la gnosis. Con la gnosis el hombre cree poder garantizarse por s? mismo la salvaci?n. En la gnosis antigua, el hombre obten?a la salvaci?n o liberaci?n por medio de pr?cticas de iniciaci?n particulares o gracias al control del propio esp?ritu o del propio cuerpo. Ahora la salvaci?n le viene dada por el progresocient?fico, que toma el puesto de Dios. El hombre se piensa capaz, con la tecnolog?a, de salvar al hombre, de superar todos sus l?mites y de hacer esencialmente eterna la vida. Parece que la tecnolog?a puede servir para hacer la existencia humana plenamente satisfactoria y resolver todo lo que pueda producir angustia al hombre. Este error en la concepci?n del progreso puede tener tremendas consecuencias para la existencia humana, porque si el progreso se da valor a s? mismo y es m?s importante el progreso cient?fico que la misma persona humana, se pueden suprimir vidas humanas para obtenerlo. Es, en conclusi?n, lo que sosten?a Joseph Mengele, el considerado ??ngel de la muerte? de Auschwitz y, con ?l, toda la ideolog?a nazista. Es tambi?n lo que sostiene la ideolog?a comunista: para la construcci?n del para?so futuro, se puede disponer de la personahumana. Hay tambi?n manifestaciones modernas de este error: la defensa de la investigaci?n sobre las c?lulas estaminales embrionarias para curar enfermedades, que suprime personas por el avance cient?fico.


El asalto contra la vida

Otra clave de la lectura del futuro es el constante asalto contra la vida, cuyas consecuencias todav?a no podemos vislumbrar. Ya desde hace algunas d?cadas, por efecto de una masiva campa?a cultural pr?cticamente en todo el mundo, a excepci?n de los pa?ses musulmanes, se ha establecido en la conciencia de los hombres una forma de rechazo a la vida que toma formas diversas. En algunos pa?ses se asiste a un brutal descenso de ?ndices de natalidad a niveles que no pueden proveer un regreso a la estabilidad de la poblaci?n. Adem?s del aborto ya legalizado desde hace algunos a?os, ha sido introducida la pr?ctica de laeutanasia en la legislaci?n de las naciones. Es evidente que la fuente del desprecio por la vida es el ego?smo, dado que se rechaza y se hace comercio con la vida indefensa o con aquella que no aporta m?s a la estad?stica del bienestar.

Los resultados se comienzan a ver: envejecimiento de la poblaci?n e incapacidad estructural de cubrir los costos de pensiones y retiros, cifras de escalofr?o de abortos a nivel mundial, mantenimiento de la poblaci?n de pa?ses desarrollados s?lo gracias a la emigraci?n, sobre todo musulmana. El futuro no deja presentir nada de bueno si no se hace un cambio radical en la mentalidad de las personas.

El desprecio por la vida ha tra?do consigo la promoci?n de la sexualidad para liberarla de cualquier atadura o responsabilidad y sobre todo de su consecuencia, que es la procreaci?n. Evidentemente la vida moderna ha estado profundamente erotizada y esto hadeterminado en las personas la incapacidad estructural de comprometerse para toda la vida y de establecer relaciones estables y duraderas. Se ve el sexo s?lo en su aspecto l?dico, de aventura; de aqu? el n?mero alto de divorcios y de procreaciones fuera del matrimonio. Las campa?as para distribuir siempre m?s preservativos y buscar evitar los embarazos no han dado resultado, porque no resuelven la verdadera causa, que es la adecuada educaci?n al correcto y maduro uso de la sexualidad.


Sociedad multicultural, relativista e individualista

El mundo como lo solemos imaginar, compacto, unido y definido culturalmente ya no existe. Los pa?ses de hoy son un mosaico de culturas y modos de ver la vida y son tambi?n un mosaico de creencias y religiones. Tambi?n en los pa?ses m?s cat?licos no se puede decir que los principios cat?licos constituyan la base de la cultura ydel comportamiento de la mayor parte de las personas. Hay un alto porcentaje de personas que aceptan y aprueban el aborto, un porcentaje alt?simo de personas que no acuden ya o muy poco a la Iglesia y que, por lo tanto, son cat?licos s?lo de nombre (4). Por otra parte es una sociedad relativista porque sostiene que el conocimiento humano no alcanza jam?s la verdad objetiva y universal, sino que consiste en meras ?aproximaciones? que dependen del momento hist?rico, de la cultura y del modo personal de ver las cosas. Se ha llegado al punto de pensar que lo ?nico que une la sociedad moderna es la tolerancia a los puntos de vista diversos de los otros.

Como ejemplo de este relativismo, basta citar las recientes declaraciones de un famoso director de cine (5) sobre el concepto de familia: ?En mi mundo cinematogr?fico no juega absolutamente ning?n papel el hecho de que el Papa s?lo reconozca la variantecat?lica de la familia. Una familia es un grupo de personas, centrado en un peque?o ser, que se quieren y cumplen sus necesidades, sin importar si se trata de padres separados, travestis, transexuales o monjas con sida. Mis familias son m?s reales que las del Papa, porque no viven de acuerdo a alg?n tipo de dogma, sino de acuerdo a sus compromisos con la vida?.

La sociedad es muy individualista y ha abandonado el concepto de una naturaleza com?n en la cual todos los seres humanos se encuentran. Lo ?nico que nos identifica es que cada uno busca su propio beneficio. La ?tica es utilitarista y se fija a partir de los propios intereses. Se piensa que todo es l?cito mientras no perjudique a los dem?s. Por haber abandonado una ?tica basada en la naturaleza humana, el ?nico principio que rige es el positivismo y el acuerdo de las partes. Se concede a la decisi?n de la mayor?a laposibilidad de determinar lo que est? bien o est? mal, olvidando que la democracia, sin principios, puede ser la peor de las tiran?as.


Olvido de Dios

Una de las caracter?sticas de la cultura moderna es el olvido sistem?tico de Dios y de su presencia en el mundo. Habitualmente no se postula un ate?smo sino un de?smo: Dios existe, ha creado las cosas, pero as? como ha dotado de leyes la naturaleza y ha dado la libertad y la inteligencia a los hombres, son ellos que llevan adelante la historia. Dios no interviene de ning?n modo en la vida de los hombres.

Cada vez son menos los que se preguntan si lo que el hombre est? construyendo va de acuerdo con la voluntad de Dios. La ciencia, como ya hemos explicado arriba, sigue el propio ritmo y es fin en s? misma. El arte se aleja cada vez m?s de un referente ?tico. En algunos casos llega a ser una verdaderapornograf?a o blasfemia, y son pocos los que se atreven a expresar el propio rechazo por miedo a ser tachados de intolerantes. La pol?tica misma se reduce a buscar la popularidad sin preguntarse si est? sirviendo verdaderamente al bien com?n y estamos llegando al punto de considerar como una obligaci?n para un pol?tico excluir las propias convicciones religiosas y ?ticas de las decisiones pol?ticas.

Seg?n estas personas, la ?hip?tesis? de Dios, ya no es necesaria porque el hombre ha logrado dominar la naturaleza. Dios no puede existir porque anular?a al hombre. Esta ausencia de Dios, del Dios personal de la revelaci?n, ha sido sustituido en el hombre contempor?neo por la superstici?n o por las ofertas pseudo religiosas de las sectas, hoy en boga.


Desprecio de la autoridad

Una de las caracter?sticas de la era moderna es tambi?n eldesprecio de la autoridad, sobre todo a partir de la crisis del 68. Durante aquellos a?os de contestaci?n y revuelta, cualquier autoridad era vista como imposici?n o coacci?n de la propia libertad, ?nico valor absoluto. La autoridad civil y pol?tica, la autoridad religiosa, la autoridad familiar, etc. fueron puestas en duda y evidentemente perdieron fiabilidad.

El desprecio de toda autoridad y la p?rdida de la fe han hecho que tambi?n el Magisterio venga puesto en duda y considerado simplemente como una opini?n m?s, entre muchas otras. Este modo de considerar el magisterio no pertenece s?lo a muchos laicos, m?s expuestos a la secularizaci?n, sino tambi?n a un buen n?mero de religiosos y sacerdotes.

El desprecio de la autoridad ha llevado a la prensa y a los medios de comunicaci?n a hacer lo que hace algunos a?os era impensable: ridiculizar la Iglesiacomo instituci?n, al Papa mismo, a los obispos y al clero en general. Es una situaci?n con la cual debemos convivir. En el lenguaje del concilio Vaticano II, es, quiz?, un signo de los tiempos.


Mentalidad dial?ctica

Otra caracter?stica del mundo contempor?neo es la mentalidad dial?ctica. El hombre, con su necesidad de simplificar las cosas, busca siempre etiquetar a las personas y ver los diversos grupos en oposici?n unos de otros. As?, no es dif?cil contraponer razas diversas, j?venes a adultos, europeos a asi?ticos, etc., y en otra ?poca, capital a trabajo. Cuando se vive en un mundo basado en la contraposici?n, se llega mucho m?s f?cilmente a la revoluci?n y se apunta al objetivo de aniquilar al adversario. La contraposici?n como postulado, en su verdadera esencia, nos pone en las ant?podas del cristianismo, porque lacaridad cristiana une y resuelve la contraposici?n, en lugar de exacerbarla.

En todos estos procesos de transformaci?n de la cultura han participado en modo sutil, pero muy real, los as? llamados ?maestros de la sospecha?: Marx. Nietzsche y Freud. Marx tom? de Hegel la dial?ctica como motor de la historia. Nietzsche hablando del superhombre excluy? la posibilidad de la existencia de Dios, porque para ?l, la fe religiosa era propia de seres acomplejados, incapaces de ser ellos mismos. Freud con su hip?tesis del subconsciente, el yo y el s?per yo, fue la base para la revoluci?n sexual y la separaci?n de la sexualidad de la procreaci?n.


4. Los retos para el sacerdote del tercer milenio

La situaci?n que he descrito a pinceladas, nos ofrece un panorama particularmente entusiasmante para el sacerdote. Como dec?a Juan Pablo II al inicio de supontificado, ??ste es un tiempo maravilloso para ser sacerdote? (6). El sacerdote, animado por la conciencia de que Cristo es el ?nico salvador del hombre y que ?l ha sido constituido por medio del sacramento del orden ministro de la redenci?n, es llamado a vivir en el mundo de hoy y en medio de los retos que ?ste presenta para el evangelio de Cristo, con fe y santa audacia. A pesar de la enorme responsabilidad y de las muchas contradicciones, el sacerdote sabe que el poder del mal no triunfar? porque ya fue derrotado para siempre, ??sta es la esencia de la esperanza? (7).

Los p?rrafos siguientes resumen, de alg?n modo, las claves del futuro que he expuesto arriba e individ?an los retos que el sacerdote de hoy encuentra frente a sus ojos. Estos retos se pueden transformar en un programa de vida para los sacerdotes que quieran realizar la misi?n de Cristo en la Iglesia de estenuevo milenio.


Hombres de Dios

El sacerdote debe ser un hombre de Dios. En cuanto sacerdote tiene el sello del sacramento. De consecuencia, su voluntad y sus facultades deben imbuirse de los sentimientos de Cristo (Cfr. Fil 2, 5) Si no est? afincado en Cristo, ser? arrebatado por el hurac?n de la secularizaci?n. Por lo tanto debe ser un hombre de oraci?n, hombre que escucha y medita la Palabra para adherirse amorosamente a aquello que Dios quiere de ?l; debe celebrar los sacramentos con el fervor y la unci?n propia de las cosas sagradas de las cuales se ocupa, sabiendo que para ser hombre de Dios debe hacer un particular esfuerzo y resistir al v?rtigo de la constante y acelerada actividad a la que nos somete el mundo moderno.

Debe tambi?n colaborar con la gracia divina para que su vida cotidiana refleje la santidad que trasmite con los sacramentos. Los sacramentos son eficaces ex opere aChristo operato, pero es evidente que Dios extiende su gracia con m?s abundancia a trav?s de aquellos sacerdotes que con mayor plenitud se configuran con su Hijo, sumo y eterno sacerdote de la Nueva Alianza.

El sacerdote es un hombre profundamente consciente de que la salvaci?n viene de Dios y por esto no puede concebir que la soluci?n de los problemas del hombre est? en los medios humanos o en el sacerdote como persona humana, por cuanto preparado y carism?tico pueda ser. Comprende que debe unir sus acciones y su palabra a una profunda vida eucar?stica- sea en la celebraci?n que en la adoraci?n- que le hace a ?l mismo, en cierto sentido, eucar?stico; es decir, alguien que se hace v?ctima y oblaci?n, como sacerdote, para servir a Cristo en la misi?n de la salvaci?n de las almas. Su presencia entre los hombres, sus hermanos, debe ser como la del centinela de lama?ana, un anunciador de las cosas del m?s all?, un continuo recordatorio de Cristo para las almas, que encarna el amor de Dios en este mundo. El hombre de Dios es el ?nico que puede darle sentido al hombre y a la sociedad de hoy porque hace posible el encuentro con el Dios amor. Se cuenta una bella historia del cura de Ars recordada en una estatua en la entrada del pueblo: Cuando S. Juan Mar?a Vianney fue a Ars por primera vez, perdi? el camino. Pidi? a un pastorcillo que se encontr? que lo guiara y ?ste lo llev? hasta el pueblo. El cura le dijo: ?t? me has mostrado el camino a Ars, ahora yo te mostrar? el camino al cielo?.

Ser un hombre de Dios no es incompatible con tener los pies en la tierra. El sacerdote es una persona que no pierde la propia objetividad ni el realismo. Sabe por una parte, que la humanidad debe someter el cosmos y dominarlo, pero por otra parte, que lo que elhombre anhela definitivamente se encuentra s?lo en el cielo, meta definitiva y objetivo de nuestro peregrinar en esta tierra. No es la ciencia lo que salva al hombre, es Cristo. El sacerdote no puede ceder al horizontalismo o al naturalismo, porque dejar?a de ser necesario para el mundo y se confundir?a con un trabajador o un agente social, que en el mundo son ya bastantes. No debe jam?s caer preso de la visi?n reducida de su sacerdocio, por la cual, ?ste no ser?a sino s?lo un servicio o una funci?n (8). El sacerdote es servidor de Cristo por ser, a partir de ?l, por ?l y con ?l, servidor de los hombres.

En la formaci?n del hombre de Dios juega un papel muy particular la devoci?n a la Virgen Mar?a, como madre, modelo de virtud y, sobre todo, como protectora celestial. Su relaci?n con los sacerdotes, ministros de Cristo, deriva de la relaci?n entre la divinamaternidad de Maria y el sacerdocio de Cristo. Los sacerdotes son sus hijos predilectos y en el coraz?n del sacerdote debe resonar el consejo de S. Bernardo: ?En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en Mar?a, invoca a Mar?a. No se aparte Mar?a de tu boca, no se aparte de tu coraz?n; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes t? de los ejemplos de su virtud. No te descaminar?s si la sigues, no desesperar?s si la ruegas, no te perder?s si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caer?s; si te protege, nada tendr?s que temer; no te fatigar?s si es tu gu?a; llegar?s felizmente al puerto si Ella te ampara? (9).


Constructores de caridad

El sacerdote precisamente por estar centrado en la eternidad y por ayudar a los hombres en su camino hacia el cielo, debe construir la caridad, porque es la caridad la virtud que dealg?n modo anticipa el cielo aqu? en la tierra.

La caridad es ante todo caridad hacia Dios y es la virtud que permite al sacerdote ser un hombre de Dios. De esta caridad brota la caridad hacia los dem?s que tiene diversos aspectos. El primero, el m?s fundamental, es tener siempre como centro en todo nuestro actuar, en cada uno de nuestros pensamientos y palabras, el bien de la persona que tenemos delante. No hace nada bien a la Iglesia que algunos sacerdotes se preocupen m?s por las estructuras que de las personas con las que tratan cotidianamente. Recuerdo que la madre Teresa de Calcuta, una vez, cuando le hicieron notar que ella no buscaba soluci?n para las estructuras que provocaban las injusticias, dej? claro que eran ya muchos los que buscaban mejorarlas, mientras que ella procuraba que cada una de las personas entre los m?s pobres de los pobres fuera atendida seg?n su dignidad de hijo de Dios.

Elsacerdote, al buscar el bien de la persona, procura no reducirla a un n?mero o a una estad?stica. No es que la estad?stica sea mala, es m?s, creo que ofrecen algunas ideas para los desaf?os pastorales que la Iglesia afronta, pero no se puede reducir la persona a un simple n?mero.

Construir la caridad exige tambi?n de nosotros construir la comuni?n. La Iglesia es comuni?n, es, con las palabras de San Cipriano, ?un pueblo cuya unidad deriva de la unidad del Padre, del Hijo y del Esp?ritu Santo? (10). El mismo sacerdocio es una ?radical forma comunitaria? y no puede ser ejercitado sino en la comuni?n (11). La primera dimensi?n de esta comuni?n es la jer?rquica, la comuni?n con el Santo Padre, centro visible de la unidad de la Iglesia, y con el propio obispo, pastor de la Iglesia parroquial.

El sacerdote es constructor de comuni?n en elinterior del presbiterado diocesano. Todos los sacerdotes de una Iglesia particular participan del ?nico sacerdocio de Cristo Pastor. Y esta uni?n sacerdotal debe traducirse en relaciones interpersonales llenas de caridad y de rec?proca ayuda. El sacerdote es llamado a acoger con gratitud y a conducir hacia la comuni?n los diversos carismas presentes en su parroquia o en la di?cesis. Debe tener un coraz?n abierto a las diversas formas de vida consagrada y a los nuevos movimientos aprobados por la autoridad competente. Son dones del Esp?ritu Santo para la Iglesia y deben ser acogidos sin prejuicios. En ellos muchos fieles encuentran caminos espec?ficos de santidad cristiana y formas concretas para participar en la acci?n evangelizadora de la Iglesia.

El sacerdote construye la comuni?n con todo el pueblo de Dios y no concibe la Iglesia en forma dial?ctica como oposici?n entre el ministerioordenado y el sacerdocio bautismal que es propio de todos los fieles. Una de las figuras consagradas del Concilio para representar la Iglesia fue la de pueblo de Dios. En este pueblo, que es tambi?n Cuerpo de Cristo, todos tenemos la misma dignidad de hijos de Dios y unidos caminamos hacia la meta definitiva, el cielo. Y la diferencia esencial, no simplemente gradual, entre el ministerio ordenado y la funci?n del laico no s?lo no rompe la unidad, sino la enriquece.

En la predicaci?n y en la vida de Cristo, era evidente la atenci?n que ?l prestaba a los m?s pobres. La atenci?n por el m?s necesitado es una preocupaci?n que debe formar la prioridad pastoral del sacerdote. Ayudar a resolver y cubrir las necesidades de las personas es algo propio del cristiano y mucho m?s del sacerdote. Hoy a la necesidad de los bienes materiales se han a?adido muchas otras necesidades que se han vuelto urgentes: lasoledad en la vejez, la depresi?n y el abandono de tantas personas en las grandes ciudades, las diversas dependencias, muchas veces explotadas por organizaciones o individuos con af?n de lucro, la ni?ez abandonada sin alimentaci?n y sin educaci?n, etc.

El sacerdote est? ah? donde hay m?s necesidad de consuelo y de anuncio de los bienes eternos, donde est?n los m?s indefensos. El sacerdote es aqu?l que lleva esperanza con la palabra y con las acciones para que estas situaciones de miseria sean aliviadas. No obstante tanto avance tecnol?gico, no siempre las personas tienen la posibilidad de recibir las ventajas de estos desarrollos y se encuentran solas y abandonadas.

El sacerdote tiene, en cierta medida, responsabilidad en la creaci?n de sociedades justas. No compete al sacerdote trabajar en las estructuras pol?ticas, sindicales, econ?micas; no es llamado a serconstructor de la ciudad terrena, pero tampoco puede olvidar el mundo en el que vive. ?l puede y debe cooperar a la promoci?n de una sociedad m?s justa y conforme con la voluntad de Dios mediante la predicaci?n de los valores evang?licos y la formaci?n de las conciencias. ?sta es su aportaci?n espec?fica. No se excluye que ?l se?ale las situaciones injustas, pero el amor por sus hermanos exige ir m?s all?, m?s a la ra?z: llegar a transformar el coraz?n de aquellos que provocan tales situaciones. No busca oponerse, sino unir y lograr que en medio de estas situaciones haya mutua comprensi?n y perd?n y responsabilidad efectiva de quien puede mejorar las situaciones injustas. S?lo as? se puede construir una nueva sociedad, puesto que sin cambiar los corazones, los rencores ser?an un peso que mantendr?a a las personas ancladas al pasado,sin esperanza y siempre presas de la violencia destructora.

Por ?ltimo, en la construcci?n de la caridad, el sacerdote debe hacer siempre la caridad en la verdad. Har?a un p?simo servicio como pastor si por un mal entendido concepto de la caridad abandonase la verdad. A las almas se les debe decir la verdad, ayudarles a descubrir su valor y a amarla; se necesita mostrar toda la verdad que Dios nos ha revelado en el Evangelio de Cristo que el Magisterio de la Iglesia nos trasmite. No se puede reducir o cambiar la verdad por ?hacer un bien pastoral?. En todo caso, se puede aplicar la ley de la gradualidad, pero jam?s tergiversar la verdad. El Papa Benedicto XVI nos dice en su enc?clica Caritas in veritate: ?s?lo en la verdad la caridad resplandece y puede ser vivida aut?nticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad [] Sin verdad, la caridad cae en el sentimentalismo. El amor sevuelve un envoltorio vac?o que se rellena arbitrariamente? (12).


Pastor de almas

El sacerdote es un pastor de almas, que cuida de sus ovejas y est? dispuesto a dar la vida por ellas. No se puede subestimar el valor de esta donaci?n, de esta pasi?n que debe arder en el coraz?n de cada sacerdote. ?l es como Cristo, que ofrece la vida por ellas, y es movido por su mismo amor hacia ellas.

Pero adem?s de esta donaci?n que se hace real d?a tras d?a, instruye a las almas con la sana doctrina cat?lica. Les ense?a la fe a trav?s de una adecuada catequesis, con todos los medios posibles, porque el pueblo de Dios tiene una urgente necesidad de conocer la fe para no dejarse arrastrar por otras ideas pseudo religiosas. Pero sobre todo el sacerdote debe ser gu?a y pastor de sus hermanos con un estilo de vida virtuosa, alimentada en la oraci?n y en elcontacto con la Eucarist?a.

La atenci?n por las almas se concretiza sobre todo en la administraci?n del sacramento de la reconciliaci?n y penitencia. El sacerdote debe estar siempre a disposici?n de los fieles para escuchar sus confesiones. Es ah?, en la soledad del confesionario, donde se vive la batalla m?s decisiva para el alma del mundo. Es ah? donde la gracia de Dios toca profundamente a las personas por medio de la humanidad del sacerdote. San Juan Maria Vianney sol?a confesar m?s de diez horas al d?a, consciente del valor de una sola alma y de la acci?n particular de la gracia en este sacramento. El ejemplo de este humilde sacerdote franc?s influy? de forma decisiva en la vida del seminarista, sacerdote, obispo y Papa Juan Pablo II, que durante todo su ministerio busc? siempre tiempo para el confesionario. Incluso como Papa, cada viernes santo bajaba a labas?lica de San Pedro para administrar la misericordia de Dios.

Debemos reconocer que ?la piedad popular es nuestra fuerza, porque se trata de pr?cticas y oraciones muy radicadas en el coraz?n de las personas? (13) y de las sociedades, es expresi?n del anhelo de eternidad que no se extingue jam?s. El pastor de almas no despreciar? esta piedad, sino la promover? y la orientar? adecuadamente para que se transforme en convicciones profundas y duraderas propia de cristianos maduros.
El sacerdote incide en la cultura a trav?s del uso de los medios de comunicaci?n, a trav?s de la educaci?n de los ni?os y de los j?venes y mediante una acci?n evangelizadora en los c?rculos pol?ticos y legislativos. Estos son los veh?culos- medios, educaci?n y legislaci?n- que transforman la cultura (14).

De forma decidida, infundir?en el laico cat?lico el deseo de vivir seg?n su compromiso bautismal para que sean los laicos en cnonjunto, quienes evangelicen el mundo de la ciencia, del arte, de la empresa, etc., les ayudar? ofreci?ndoles formaci?n espiritual y facilitando su trabajo pastoral y los sostendr? en todas sus iniciativas. Debe promover el asociacionismo porque las acciones del laico son vitales para la Iglesia futura. No se puede pensar en una Iglesia en la cual s?lo el clero desarrolle un trabajo pastoral. Esta aqu? el reto pastoral m?s importante del sacerdote y de la Iglesia de este tercer milenio. Es la hora de los laicos y sin ellos no se podr? realizar la Nueva Evangelizaci?n a la cual la Iglesia ha sido llamada por el Papa Juan Pablo II.

Por fin, el pastor de almas, con la oraci?n, mucha esperanza y fe en la acci?n de Dios, desarrollar? una pastoral vocacional adecuada y prudente parapermitir que la invitaci?n del Se?or a la donaci?n total sea escuchada por muchos j?venes y apoyar? este trabajo con un testimonio verdaderamente luminoso y elevado de su ser sacerdote, que suscite en el joven el deseo de dejar todo y seguir a Jesucristo.


Formaci?n integral

Para poder realizar todo este programa, quien aspira al sacerdocio tiene necesidad de una esmerada formaci?n personal que atienda toda su persona. La formaci?n del sacerdote, como pide la Pastores dabo vobis, debe ser integral- espiritual, humana, intelectual y pastoral- dirigida, en modo armonioso, a todos los aspectos de su vida, para que pueda estar preparado para la misi?n. Una formaci?n similar no se improvisa. Requiere a?os y un esfuerzo continuo durante todo el tiempo en el seminario y empe?o responsable y permanente hasta el ?ltimo momento de la vida.

El mundo se ha vuelto muycompetitivo. Las personas obtienen mejores cualificaciones y se actualizan en el propio campo espec?fico. Si esto sucede con personas que se ocupan de materia puramente humana, tanto m?s para el sacerdote que se ocupa de la salvaci?n de las almas, de la fe, de la moral, etc. No bastan los estudios hechos y las capacidades adquiridas en el seminario, pese a la dedicaci?n y al esfuerzo empleado, sino que es importante que en la medida de lo posible los sacerdotes busquen siempre mejorar la propia formaci?n para poder responder a las cuestiones m?s comprometedoras que el mundo presenta. Ser?a oportuno que tambi?n el sacerdote, seg?n el tipo de trabajo pastoral que realiza, y con el fin de entrar en contacto con las personas y con los problemas que las angustian, pudiera tambi?n tener un cierto conocimiento de temas que ata?en a la vida de los hombres, como la econom?a, la vida social y pol?tica,las ideolog?as y las estructuras culturales, etc.

En su esfuerzo por adquirir una formaci?n integral, el sacerdote tiene como ?nico ideal a Jesucristo y busca identificarse con ?l no s?lo en el aspecto de su personalidad, sino en todo. Sin duda, el m?s importante es el coraz?n: ser? sacerdote seg?n el coraz?n de Cristo, como dice el profeta Jerem?as: ?Les dar? pastores seg?n mi coraz?n? (Jer 3, 15). Por lo tanto debe amar como Cristo ama, ver como Cristo ve, juzgar como Cristo juzga.


Com Petro et sub Petro

Hoy en d?a, mientras pululan tantas ideas equivocadas y reina la cultura del relativismo, una de los retos que afronta el sacerdote es aquella de ser promotor de la unidad en torno al Papa, principio y fundamento visible de la unidad de la Iglesia. La unidad con el sucesor de Pedro es el camino seguro para vivir en la verdad. Cristo hafundado su Iglesia sobre Pedro y ha orado por ?l para que pueda confirmar a sus hermanos en la fe. Sin el sucesor de Pedro, no subsiste la Iglesia de Cristo.

No se trata de una mera uni?n sentimental o emotiva, sino de apoyar en la roca de Pedro nuestra fe en Cristo. De all? deriva la adhesi?n al magisterio y a la disciplina eclesi?stica. Tal adhesi?n exige no dejarse arrastrar por el amor a las novedades teol?gicas considerando el magisterio anticuado o una opini?n m?s que lanzan los te?logos de moda. Se requiere una postura de fe y de humildad para reconocer que s?lo el sucesor de Pedro y los pastores que guardan plena comuni?n con ?l, son los depositarios del carisma Veritatis. Bajo la gu?a de los pastores, la Iglesia se mantiene en la verdad que Dios nos ha revelado en Cristo para la salvaci?n de la humanidad.

De todo esto se deduce la importancia de laobediencia sacerdotal. La cultura contempor?nea ha modificado el contenido cristiano de esta virtud. La considera como sometimiento humillante y como una renuncia a la propia libertad. No es ?sta la obediencia propia del cristiano y del sacerdote que Cristo nos ha ense?ado aceptando los designios de su Padre. ?factus est oboediens usque ad mortem?. La obediencia del sacerdote tiene su fundamento en la convicci?n de que la autoridad leg?tima de la Iglesia viene de Dios. El sacerdote no renuncia a la propia voluntad, sino que se adhiere con plena libertad a la voluntad de Dios constituida a trav?s de la mediaci?n de sus leg?timos representantes. No renuncia mucho menos a su raz?n, porque mantiene siempre la capacidad de discernir y proponer a los superiores el propio punto de vista. Pero la fe pide al sacerdote que, siendo el mandato es moralmente bueno, si es confirmado por la autoridad una vez hechapresente a ella la propia perplejidad, lo acepte en paz y lo lleve a cumplimiento, a pesar de que no sea complaciente o sea diferente a aquello que ?l pudiera haber decidido. ?sta es la obediencia de la cual tiene necesidad la Iglesia de hoy en sus sacerdotes.


Defensor de la vida

Es evidente que ser defensor de la vida es uno de los grandes compromisos del sacerdote de hoy (15). La vida est? bajo asedio y muchos se han unido para atacar sobre todo a aquella m?s d?bil e indefensa: la persona todav?a no nacida, los ancianos, y los enfermos. Estos nubarrones negros que amenazan la vida y por tanto la cultura y la sociedad, no son nuevos. Los ecos de las locuras colectivas de la segunda guerra mundial nos llegan todav?a hoy. El mismo desprecio de la vida de entonces vive en nuestro tiempo, s?lo que la sociedad moderna tiene como aliada una tecnolog?a m?s desarrollada y capaz de una mayorpotencia exterminadora.

El sacerdote tiene la convicci?n de ser mensajero, promotor y defensor de la vida y ayuda a los fieles a no dejarse enga?ar por las falacias y manipulaciones que se usan hoy, y a crear, por el contrario, una cultura que acoja, celebre, proteja, defienda y promueva la vida. Lo que est? en juego es mucho m?s de lo que parece a simple vista. Las sociedades cristianas son las sociedades m?s desarrolladas y al mismo tiempo las m?s inmersas en esta mentalidad anti-vida. Los pa?ses que por siglos fueron los portadores de la cultura cristiana y que dieron tanto al mundo y a la humanidad en esta simbiosis fecunda de cultura y cristianismo son los que est?n en un riesgo elevado de extinci?n por una especie de suicidio demogr?fico.

Con el fin de promover la cultura de la vida, en la medida de sus posibilidades, el sacerdote ayudar? a las parejas que se preparan al matrimonio aoptar por la vida. Tambi?n se debe preocupar por suscitar investigadores en materia de ?tica m?dica, contribuir a la formaci?n de juristas y legisladores para que apoyen la vida en las iniciativas de ley que se propongan, crear c?rculos de m?dicos y ginec?logos que promuevan la vida y ayuden a instalar en hospitales y estructuras sanitarias, asesores y consejeros de bio?tica.


Signo de contradicci?n

Aunque ya he hablado de esto, a prop?sito de la identidad del sacerdote, quisiera remarcar una idea. El sacerdote sabe que es ?alter Christus? y que participa de la misi?n redentora de Cristo. Por esto realiza su misi?n llevando su cruz personal y ayudando a los dem?s hombres a llevarla como camino ineludible de la vida de cada cristiano. De este modo repara por sus propios pecados y por los pecados de los dem?s y da un valor sacerdotal a su propiosufrimiento.

El sacerdote vive la cruz y acompa?a a los fieles cristianos para que puedan aceptarla con resignaci?n cristiana. En cambio la humanidad busca cada vez con mayor intensidad liberarse de cada sufrimiento y dificultad y por esto el sacerdote es un incomprendido. Para los hombres de hoy es signo de contradicci?n porque indica que el camino hacia la felicidad eterna, no sigue necesariamente la v?a del placer y de la ausencia de dificultad.

La reacci?n del mundo ante un sacerdote fiel es sospechar, dudar de sus intenciones, considerarlo un individuo enfermo y con una psicolog?a alterada. Es verdad que lamentablemente algunos de nuestros hermanos en el sacerdocio, no teniendo estabilidad psicol?gica suficiente o la altura moral necesaria, han presentado al mundo una imagen del sacerdote que ha justificado al menos en parte, la sospecha que pesa en el sacerdocio cat?lico, pero es justo y debido no olvidar los cientos de miles de sacerdotes que son fieles a su vocaci?n en medio de grandes dificultades y que con su gran estatura humana y espiritual son instrumentos de bien para millones de personas.

En algunos casos para el sacerdote la cruz no se presenta s?lo como desprecio moral e incomprensi?n. Los sacerdotes por la fidelidad a Cristo han resistido y todav?a resisten a la coacci?n de tantas ideolog?as que lo quieren usar para sus propios fines pol?ticos o de poder. El precio que pagan es alto. Muchos de nosotros hemos recibido el don de la fe por la generosidad sin l?mite, la fidelidad inquebrantable y la fe indomable de sacerdotes que ha preferido la muerte antes que renegar de Cristo. Esta fidelidad es la fidelidad que se espera hoy y siempre de los sacerdotes.

El sacerdote acepta su misi?n y su destino y reconoce que, si no es un signo de contradicci?n, si sus criterios son como los del mundo,si no se distingue de la forma de pensar de la moda que ciertas culturas proponen, quiz? no est? viviendo seg?n su estado de vida sacerdotal y no est? ayudando a los hombres en su camino hacia la patria definitiva. Quiz? su sal se ha vuelto ins?pida. Pero no se puede confundir el ser contracorriente con la contestaci?n y la denuncia pol?tica de ciertas estructuras sociales. El sacerdote va contra corriente porque es evang?lico, no porque toma una orientaci?n pol?tica. Es verdad que a veces hay situaciones de injusticia que claman al cielo y es debido denunciarlas y modificarlas, pero el sacerdote debe mantener su propio puesto, como un hombre de Dios y no como uno que crea agitaci?n y subversi?n.


Santidad

En esta palabra quedan resumidas todas las ideas que he mencionado hasta este momento. S?lo los santos cambian la historia. La santidad es la vocaci?npropia de todos los cristianos, pero para el sacerdote lo es todav?a m?s. La santidad es un concepto que a fuerza de ser usado ha perdido su verdadero significado y toda su capacidad de transformaci?n interior. El sacerdote ser? santo como consecuencia de la propia configuraci?n sacramental con Cristo Pastor; vive como Cristo, imita sus virtudes y recorre el camino de su vida como una ofrenda al Padre por amor hacia los hombres. Ora y entra en el misterio de la Trinidad de la cual ser? reflejo. Ejercita su ministerio consciente de aquello con lo que trata y se beneficia ?l mismo de los sacramentos. Sin la santidad no cumple su misi?n y derrocha su vocaci?n a la cual Dios la ha llamado. ?Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. Quien permanece en m? y yo en ?l, lleva mucho fruto, porque sin m?, no pueden hacer nada? (Jn 15, 5). Es la santidad del sacerdote lo que provoca un reclamo particularen las almas que descubre en ?l aquel misterio de Dios que reaviva la nostalgia de eternidad, propia de cada hombre.


5. Conclusi?n
Con este recorrido he querido describir la identidad del sacerdote, las claves de lectura de la sociedad y de la cultura contempor?nea y los desaf?os que ?sta presenta. Puede parecer, quiz?, que no haya nada nuevo en todo esto. No obstante, considero que cuanto m?s profundamente los sacerdotes vivan su propia identidad, tanto m?s podr?n afrontar los desaf?os del mundo y podr?n ayudar mejor a los hombres a vivir la com?n vocaci?n a la santidad.


PREGUNTAS Y COMENTARIOS

AL P. LUIS GARZA LC

autor de esteart?culo





Notas

1. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 16.

2. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 42.

3. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003), 29.

4. Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte (6 de enero 2001), 40.

5. Pedro Almod?var

6. Juan Pablo II, Discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas y misioneros, Maynooth, Irlanda (1 octubre 1979), 10.

7. Benedicto XVI, Encuentro con los j?venes y con los seminaristas del seminario de San Jos?, Yonkers, NY (19 abril 2008).

8. Cf. Card. Joseph Ratzinger, Il Ministero e la vita dei presbiteri, Relazione nel Simposio Internazionale in occasione del XXX anniversario della promulgazione del Decr. Conc. Presbyterorum ordinis, Citt? del Vaticano (23-28 octubre 1995), 1.1, in ?Sacrum Ministerium?, Annus II, 1/96, p.12.

9. San Bernardo, Homil?as sobre las excelencias de la Virgen Madre, 2.

10. San Cipriano, De Oratione dominica, 23; citato da Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm Lumen Gentium, 4.

11. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 17.

12. Benedicto XVI, Caritas in veritate (29 junio 2009), 3.

13. Benedicto XVI, Discurso a los p?rrocos y sacerdotes de la di?cesis de Roma (22 febrero2007).

14. Cf. Luis Garza, L.C., La batalla por el alma del mundo, Relazione a studenti universitari dagli Stati Uniti, Svizzera (2003), Ed. ART.

15. Cfr. Juan Pablo II, Evangelium Vitae (25 marzo 1995).


Traducci?n del italiano: Mayra Novelo de Bardo. Catholic.net

Publicado por mario.web @ 20:28
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