Viernes, 20 de mayo de 2011

Dos mujeres pueden, cada una de ellas, ser buenas madres, pero ninguna puede ser un buen padre
Autor: Trayce L. Hansen | Fuente: Renacer
Los defensores del matrimonio homosexual creen que lo ?nico que los ni?os necesitan de verdad es amor. Bas?ndose en dicha suposici?n, concluyen que para los ni?os es tan bueno ser criados por unos amorosos padres del mismo sexo que por otros progenitores de sexos distintos. Pero esa premisa b?sica -y cuanto se deriva de ella- es falsa, porque el amor no basta.

En igualdad de condiciones en todos los dem?s aspectos, los hijos obtienen los m?ximos beneficios cuando los cr?a un matrimonio compuesto de padre y madre. Dentro de este entorno, los ni?os tienen las m?ximas posibilidades de vivir las experiencias emotivas y psicol?gicas que necesitan para desarrollarse.

Hombre y mujer hacen aportaciones diversas a la crianza de los hijos, cada uno de una forma singular e irrepetible por parte del otro. Dicho lisa y llanamente, las madres y los padres no son intercambiables. Dos mujeres pueden, cada una de ellas, ser buenas madres, pero ninguna puede ser un buen padre.

Dos formas de amor

Hay cinco razones por las que ser criados por un padre y una madre redunda en el mejor inter?s de los hijos.
La primera es que el amor materno y el amor paterno, aunque igualmente importantes, son cualitativamente distintos y dan lugar a relaciones paternofiliales diferentes. Espec?ficamente, la combinaci?n del amor de madre, que muestra una devoci?n incondicional, y el amor de padre, que pone condiciones, es lo que resulta esencial para el desarrollo de un hijo. Cualquiera de estas formas de amor puede ser problem?tica sin la otra. Porque lo que un hijo necesita es el equilibrio complementario que ambos tipos de amor y de relaci?n proporcionan.

S?lo los padres heterosexuales ofrecen a sus hijos la oportunidad de establecer relaciones con un progenitor del mismo sexo y del contrario. Las relaciones con ambos sexos en una etapa temprana de la vida hacen que resulte m?s f?cil para un hijo relacionarse con ambos sexos m?s adelante. Para una chica, esto significa que entender? mejor e interactuar? adecuadamente con el mundo masculino, y que se sentir? m?s c?moda en el mundo de las mujeres. Y para un muchacho, lo opuesto ser? verdad. Tener una relaci?n con ?el otro? (un progenitor del otro sexo) tambi?n incrementa la probabilidad de que un hijo sea m?s emp?tico y menos narcisista.

Lo que ense?a un padre

En segundo lugar, los ni?os progresan a trav?s de etapas de desarrollo predecibles y necesarias. Algunas etapas exigen m?s de una madre mientras que otras requieren m?s de un padre. Por ejemplo, durante la primera infancia, los ni?os de ambos sexos suelen estar mejor bajo el cuidado de su madre. Las madres tienen mejor sinton?a con las delicadas necesidades de sus hijos m?s peque?os y, en consecuencia, responden de forma m?s adecuada. Sin embargo, en alg?n momento, si un muchacho ha de convertirse en un hombre como debe ser, tiene que despegarse de su madre y, en vez de ello, identificarse con su padre. Un chico sin padre carece de un hombre con el que identificarse y es m?s probable que tropiece con problemas a la hora de forjar una sana identidad masculina.

Un padre ense?a a un chico c?mo canalizar debidamente sus impulsos agresivos y sexuales. Una madre no puede mostrar a su hijo la forma de controlar sus impulsos porque ella no es un hombre y no tiene impulsos del mismo tipo. Un padre tambi?n inspira en un muchacho una forma de respeto que una madre no puede infundir: un respeto con el que es m?s probable tener a raya a un chico. Y ?sas son las dos razones primordiales por las que los chicos sin padre tienen mayores probabilidades de caer en la delincuencia y acabar en la c?rcel.

La necesidad de un padre tambi?n forma parte de la psique de las chicas. Hay ocasiones en la vida de una muchacha en las que s?lo vale un padre. Por ejemplo, un padre ofrece a una hija un lugar seguro y sin contenido sexual en el que experimentar su primera relaci?n hombre-mujer y afianzar su feminidad. Cuando a una chica le falta un padre que desempe?e ese papel, tiene m?s posibilidades de llegar a ser promiscua, en un intento equivocado de satisfacer su ansia innata de atenci?n y aprobaci?n masculinas.

En general, los padres desempe?an un papel de contenci?n en las vidas de sus hijos. Refrenan en los hijos una conducta antisocial y evitan que el comportamiento de sus hijas tenga un excesivo tono sexual. Cuando falta un padre que cumpla esta funci?n, con frecuencia se derivan nefastas consecuencias tanto para los hijos sin padre como para la sociedad.

Controlar las propias inclinaciones

El tercer motivo es que chicos y chicas necesitan un progenitor del sexo opuesto que les ayude a moderar sus propias inclinaciones vinculadas a su sexo. Por ejemplo, los muchachos se inclinan en general por la raz?n m?s que por la emoci?n; prefieren las normas antes que las relaciones; correr riesgos en vez de ser cautos, y optan por las normas por encima de la compasi?n, mientras que, por regla igualmente general, las muchachas se inclinan por lo contrario.

Un progenitor del sexo opuesto ayuda a su hijo o hija, seg?n sea el caso, a controlar sus propias inclinaciones naturales ense??ndole, con la palabra y de modo no verbal, el valor de las tendencias contrarias. Esa ense?anza no s?lo facilita la moderaci?n, sino que tambi?n ampl?a el mundo de cada hijo, ayud?ndole a ver m?s all? de su propio y limitado punto de vista.

Confusi?n sexual

En cuarto lugar, el matrimonio entre personas del mismo sexo incrementar? la confusi?n sexual y la experimentaci?n sexual de los j?venes. El mensaje impl?cito y expl?cito del matrimonio homosexual es que todas las opciones son igualmente aceptables y deseables. Por tanto, incluso los hijos provenientes de hogares tradicionales, si caen bajo la influencia del mensaje de que todas las opciones sexuales son iguales, crecer?n pensando que no importa con qui?n se relacione uno sexualmente o se case.

Sostener semejante creencia llevar? a algunos j?venes impresionables a considerar planes sexuales y maritales que nunca antes se habr?an planteado. Y los hijos de familias homosexuales, que tienen m?s probabilidad de incurrir en experimentos sexuales, lo har?n incluso en mayor medida, porque no s?lo sus padres han establecido como modelo de conducta la sexualidad no tradicional, sino que tambi?n esta habr?a recibido la aprobaci?n social.

No hay duda de que la sexualidad humana es maleable. Pensemos en la Grecia o la Roma antiguas, en las que la homosexualidad masculina y la bisexualidad estaban presentes en la sociedad. Ello no suced?a porque la mayor?a de aquellos hombres hubieran nacido con un ?gen homosexual?; se deb?a, m?s bien, a que la homosexualidad era aprobada en tales sociedades. Aquello que una sociedad admite se multiplica dentro de ella.

Otros tipos de matrimonio

Y quinto, si la sociedad permite el matrimonio homosexual, tambi?n tendr? que permitir otros tipos de matrimonio. La l?gica jur?dica es sencilla: si prohibir el matrimonio homosexual es discriminatorio, entonces, rechazar el matrimonio pol?gamo, el matrimonio ?abierto? cuyos c?nyuges mantienen varias relaciones al mismo tiempo, o cualquier otra agrupaci?n marital ser? igualmente considerado discriminatorio.

Las repercusiones emotivas y psicol?gicas que semejante colecci?n de situaciones tengan sobre las psiques y la sexualidad en desarrollo de los ni?os ser?an desastrosas. ?Y qu? les sucede a los hijos de estos matrimonios alternativos si la uni?n se disuelve y, a continuaci?n, cada progenitor ?vuelve a casarse?? Estos hijos podr?an acabar teniendo cuatro padres, o dos padres y cuatro madres, o... pongan ustedes lo que gusten en el espacio en blanco.

Por supuesto que las parejas homosexuales pueden dar amor como las parejas heterosexuales, pero los hijos necesitan m?s que amor. Necesitan las cualidades distintivas y las naturalezas complementarias de un progenitor masculino y otro femenino.

La sabidur?a acumulada a lo largo de m?s de 5.000 a?os ha llegado a la conclusi?n de que la configuraci?n marital y parental ideal es la que forman un hombre y una mujer. Despreciar con arrogancia semejante acervo de sensatez, y utilizar a los hijos como conejillos de indias de un experimento radical, resulta arriesgado, en el mejor de los casos, y catastr?fico en el peor.

El matrimonio homosexual no redunda en el mejor inter?s de los hijos. Y aunque podamos comprender el estado de ?nimo de los homosexuales que desean casarse y tener hijos, no podemos permitir que nuestra compasi?n hacia ellos anule nuestra compasi?n hacia los ni?os. En la contienda entre los deseos de algunos homosexuales y las necesidades de todos los ni?os, no podemos permitir que los ni?os salgan perdiendo.
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NOTAS
Trayce L. Hansen es psic?loga, con pr?ctica cl?nica y forense en California


Publicado por mario.web @ 21:49
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