Viernes, 20 de mayo de 2011
Ensayo del Card. Joseph Ratizinger en el que recoge el derecho de la Iglesia a mantener una doctrina sobre los asuntos econ?micos, porque son asuntos de hombres y para hombres.
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Economia y responsabilidad moral
Economia y responsabilidad moral
Refugiarse en una concepci?n cientifista de la econom?a, regida por leyes que se cumplen inexorablemente, es quitarle al hombre su libertad, aunque se haga en nombre del liberalismo o del marxismo.

La desigualdad entre el norte y el sur representa cada vez m?s una amenaza para la cohesi?n de la familia humana; de ella podr?a resultar, con el paso del tiempo, un peligro no menor que los arsenales de armas. Por tanto, nuevos esfuerzos han de promoverse para vencer esas desigualdades, puesto que los m?todos empleados hasta hoy han sido insuficientes para lograrlo; por el contrario, en estos ?ltimos treinta a?os, la miseria en el mundo ha aumentado en una medida verdaderamente alarmante.

Para buscar soluciones efectivas, ser?n necesarias nuevas ideas econ?micas, pero ?stas no parecen pensables, m?s a?n, no parecen realizables, sin nuevos impulsos morales. En este contexto se sit?a la posibilidad y la necesidad de un di?logo entre Iglesia y Econom?a.

A primera vista -y especialmente desde la perspectiva de una teor?a econ?mica cl?sica- no es evidente la relaci?n entre la Iglesia y la econom?a -dejando aparte que la Iglesia es tambi?n poseedora de entidades econ?micas- y, en cuanto tal, un factor m?s del mercado. Pero aqu? la Iglesia no ha de ser tratada como un elemento econ?mico m?s, sino en s? misma, como Iglesia.

Se nos puede presentar la objeci?n -especialmente frecuente despu?s del Concilio Vaticano II- de los que dicen que debe respetarse la autonom?a de los asuntos t?cnicos; es decir, que la econom?a ha de actuar seg?n sus propias reglas del juego, y no seg?n consideraciones morales que le lleguen a ella desde fuera.

De este modo, y seg?n la teor?a inaugurada por Adam Smith, se considera que mercado y ?tica son t?rminos irreconciliables, porque las acciones ?morales? son contrarias a las leyes del mercado, y que, en consecuencia, deber?a rechazarse del mercado al empresario moralizante. As?, durante mucho tiempo, la ?tica econ?mica fue considerada como ?hierro de madera?: la econom?a se ocupar?a de la efectividad y no de moralidad.

La l?gica interna del mercado ?sus leyes- nos liberan expresamente de la necesidad de basar la propia actuaci?n econ?mica sobre la mayor o menor moralidad de los diferentes factores que intervienen en la vida econ?mica: el juego correcto de las reglas del mercado garantizar?a por s? solo mejor el progreso e incluso la justicia distributiva. Los ?xitos obtenidos por esta teor?a durante mucho tiempo, podr?an impedir que vi?semos sus limitaciones.

Pero en una situaci?n hist?rica distinta, sus presupuestos filos?ficos t?citos -y con ellos, su problem?tica- aparecen m?s claramente. Aunque esta concepci?n se basa en la libertad de los diferentes elementos econ?micos, y, por eso, puede llamarse liberalista, en su verdadero n?cleo es determninista.

Presupone que los individuos y la sociedad est?n hechos de tal manera que el libre juego de las fuerzas del mercado puede actuar s?lo en una direcci?n: la de la autorregulaci?n de la oferta y la demanda, en el sentido de eficiencia y de progreso econ?mico. El hombre, aparentemente libre, act?a realmente en todo momento bajo las leyes necesarias del mercado. Este determinismo contiene, adem?s, otro presu?puesto a?n m?s asombroso: que las leyes naturales del mercado (si puedo expresarme as?) son naturalmente buenas y llevan necesariamente al bien, independientemente de la moralidad de los diversos hombres. Ambos presupuestos no son totalmente err?neos, como demuestran los ?xitos de la econom?a de mercado; pero tampoco son ilimitadamente extensibles, ni ilimitadamente justos, como demuestran los problemas de la econom?a mundial de hoy.

Sin desarrollar esos problemas con detalle, que no es mi tarea, quiero subrayar una frase de Peter Koslowski que pone de relieve el punto crucial: ?la econom?a no s?lo es gobernada por leyes econ?micas sino que es determinada por hombres...?. Aunque la econom?a se basa en que el individuo ordena su actuaci?n dentro de un determinado sistema de reglas, esa econom?a no puede hacer superfluo al hombre, no puede excluir la libertad ?tica del acontecer econ?mico. Hoy d?a est? cada vez m?s claro que el desarrollo econ?mico mundial depende tambi?n del desarrollo de la comunidad mundial, de la familia humana universal, y que, para el desarrollo de esta comunidad universal, el desarrollo de las fuerzas espirituales de la humanidad desempe?a un papel esencial.

Las fuerzas espirituales son tambi?n un factor econ?mico: las leyes del mercado s?lo funcionan si hay un consenso moral b?sico que las soporta. Hasta ahora s?lo he se?alado la tensi?n entre un modelo econ?mico puramente liberal y una cuesti?n ?tica; y as?, he tratado de describir una primera cuesti?n que probablemente tendr? su importancia en este congreso; ahora, en cambio, se?alar? tambi?n la tensi?n opuesta.

En nuestra ?poca, la cuesti?n acerca del mercado y la moralidad ha dejado hace ya mucho tiempo de ser un problema meramente te?rico. Dado que la desigualdad interna de las diversas regiones econ?micas pone en peligro el juego del mercado, desde los a?os cincuenta se ha tratado de restablecer el equilibrio econ?mico mediante proyectos de desarrollo.

Hoy, sin embargo, no puede ocultarse que este experimento, del modo empleado hasta ahora, ha fracasado, e incluso ha incrementado la desigualdad. La consecuencia es que muchos de los que antes hab?an puesto grandes esperanzas en la ayuda econ?mica, ven ahora la causa de su miseria en la econom?a de mercado, considerada como sistema de explotaci?n, como pecado hecho estructura y como injusticia. ?Las leyes del mercado s?lo funcionan si hay un consenso moral b?sico que las soporta.? En esta perspectiva, la econom?a planificada se presenta como una alternativa moral, que es abrazada con fervor casi religioso, que casi se concibe como religi?n.

Porque mientras la econom?a de mercado se basa en los efectos econ?micamente favorables del ego?smo y de su limitaci?n por los ego?smos concurrentes, aqu? parece dominar la concepci?n de una gu?a justa que tiene como fin el igual derecho para todos y la participaci?n igualitaria de los bienes por todos.

Ciertamente, aunque los ejemplos hasta ahora no resulten muy estimulantes, no es refutable la esperanza de que la concepci?n moral podr?a alcanzar el ?xito.

Todo este experimento, puesto sobre un fundamento moral m?s fuerte, podr?a conciliar moral y efectividad en una sociedad, poniendo el ?nfasis no en la maximizaci?n de ganancia, sino en la autolimitaci?n y en el servicio com?n. As?, la controversia entre econom?a y ?tica en este asunto se convierte cada vez m?s en controversia contra la econom?a de mercado, centr?ndose entonces la cuesti?n en poner los fundamentos espirituales de una econom?a dirigida, a la que se considera dotada de un fundamento moral adecuado.

Toda la amplitud de este campo de consideraciones se hace a?n m?s patente si se incluye tambi?n la tercera corriente de pensamiento econ?mico y te?rico que caracteriza la situaci?n actual: el mundo marxista. Desde el punto de vista de su estructura econ?mica te?rica y pr?ctica, el sistema marxista de administraci?n econ?mica centralizada es el contrario absoluto de la econom?a de mercado.

Se espera la salvaci?n del hecho de que no hay poder dedisposici?n privada sobre los medios de producci?n; que oferta y demanda no sintonizan por la concurrencia de mercado; y que, por tanto, no hay sitio para el af?n privado de ganancia, sino que todas las regulaciones del sistema provienen de la administraci?n econ?mica centralizada.

Pero, a pesar de esta contraposici?n radical de mecanismos econ?micos concretos, tambi?n hay cosas comunes en los presupuestos filos?ficos b?sicos. La primera consiste en el hecho de que tambi?n el marxismo es un determinismo, y que, sin embargo, tambi?n ?l promete la liberaci?n total.

Por eso es b?sicamente err?neo pensar que el sistema de administraci?n econ?mica centralizada es un sistema moral, en contraposici?n al sistema mecanicista de la econom?a de mercado. ?Es err?neo pensar que el sistema de administraci?n econ?mica centralizada es un sistema moral.? Esto se ve claramente, por muestra, en el hecho de que Lenin estaba de acuerdo con la tesis de Sombart, seg?n la cual en el marxismo no hay siquiera un gramo de ?tica, sino s?lo leyes econ?micas.

Ciertamente, el determinismo es aqu? mucho m?s radical y m?s fundamental que en el liberalismo; all?, por lo menos, se acepta un ?mbito subjetivo de autonom?a, considerado como campo de la ?tica; aqu?, por el contrario, devenir e historia quedan totalmente reducidos a econom?a, y la reserva de un campo propio de actuaci?n subjetiva es considerada como resistencia contra las ?nicas leyes v?lidas: las leyes de la historia. Tal resistencia aparece como reaccionaria, antiprogresista e intolerable.

La ?tica, entonces, se reduce a la filosof?a de la historia, y la filosof?a de la historia degenera en estrategia de partido. Pero volvamos al asunto de los aspectos comunes en las bases filos?ficas de marxismo y del liberalismo tomado en sentido estricto.

Como ya se anunci?, el segundo aspecto com?n consiste en que el determinismo incluye el rechazo de la ?tica como elemento independiente y econ?micamente relevante. Esto se demuestra dram?ticamente en el marxismo, donde la religi?n se reduce a la econom?a, a reflejo de un determinado sistema econ?mico -el capitalista-, y en consecuencia, a obst?culo del progreso al que dirigen las leyes naturales de la historia. Se presupone tambi?n que la historia, que avanza dial?cticamente entre lo negativo y lo positivo, acabar? en la positividad total, seg?n una naturaleza intr?nseca nunca explicada.

Queda claro que, desde esta perspectiva, la Iglesia no pod?a ofrecer nada positivo a la econom?a mundial: su papel para la econom?a consistia ?nicamente en el hecho de que debe ser superada. Que de vez en cuando puede ser utilizada como medio para su autodestrucci?n y, por tanto, como instrumento de ?las fuerzas positivas de la historia?, es un descubrimiento reciente que no cambia en nada la tesis b?sica, como es patente.

Por lo dem?s, todo el sistema vive pr?cticamente de la sublimaci?n de la administraci?n centralizada, en la que el mismo esp?ritu del mundo ( Weltgeist ) deber?a actuar si la tesis fuera correcta. Que esto es un mito, en el peor sentido de la palabra, es simplemente un dato emp?rico que sigue verific?ndose continuamente. As?, el mismo rechazo radical de un di?logo concreto entre Iglesia y econom?a, basado en este pensamiento, acaba probando su necesidad.

En el mismo intento de describir el marco de un di?logo entre Iglesia y econom?a, he encontrado un cuarto aspecto, que se hace patente en una conocida sentencia, pronunciada por Theodore Roosevelt en 1912: ?Pienso que la asimilaci?n de los pa?ses latinoamericanos a los Estados Unidos ser? larga y dif?cil mientras esos pa?ses sigan siendo cat?licos?.

En esta misma l?nea, en un discurso dado en Roma en 1969, Rockefeller propuso sustituir all? a los cat?licos por cristianos de otras confesiones: intento que est? en plena marcha, como es notorio. ?Saltar por encima de la pericia de las leyes econ?micas, no es moral sino moralismo.? En ambas declaraciones, la religi?n o, en este caso, una confesi?n cristiana, son concebidas como factores pol?tico sociales y, por tanto, tambi?n pol?tico-econ?micos, de importancia crucial para el modo de desarrollo de las estructuras pol?ticas y de las posibilidades econ?micas.

Eso hace pensar en la tesis de Max Weber sobre el nexo intr?nseco existente entre capitalismo y calvinismo, entre la construcci?n del orden econ?mico y la idea religiosa dominante. La concepci?n de Marx parece, en este caso, casi vuelta al rev?s: no es la econom?a la que produce conceptos religiosos, sino que es la orientaci?n b?sica religiosa la que decide qu? sistema econ?mico puede producir una econom?a libre, mientras que el catolicismo no incluye una educaci?n adecuada para la libertad y la autodisciplina que ella requiere, sino que favorece m?s los sistemas autoritarios, est? sin duda muy difundida, y muchos acontecimientos recientes parecen avalarla.

Por otra parte, el sistema liberal capitalista, con todas las correcciones que con el paso del tiempo ha sufrido, no puede tampoco tomarse hoy como la soluci?n de todos los problemas del mundo, con aquella despreocupaci?n y optimismo de los a?os sesenta: las reservas tercermundistas contra este sistema pueden ser unilaterales, pero seguramente no carecen de todo fundamento.

Para las confesiones cristianas, seria oportuna aqu?, antes de nada, una autocr?tica referida a su ?tica pol?tica y econ?mica; pero no podr? reducirse a un di?logo entre iglesias, sino que s?lo ser? fructuosa si se lleva a cabo con aquellos que son cristianos y dirigen la econom?a. Una larga tradici?n ha hecho que muchos de ellos vean el cristianismo como algo subjetivo, personal; y por esto, en su actuaci?n como economistas, siguen ?nicamente las leyes de la econom?a. Ambos campos parecen excluirse mutuamente, dada la separaci?n entre mundo subjetivo y mundo objetivo t?pica de la Edad Moderna.

Pero ser?a importante que ambos campos se relacionasen, sin mezclarse y sin separarse. Que la formaci?n de sistemas econ?micos y su orientaci?n al bien com?n depende de un determinado orden que, a su vez, s?lo puede ser producido y conservado por fuerzas religiosas, es un hecho hist?rico econ?mico cada vez m?s patente. ?Lo que necesitamos hoy es un m?ximo de pericia econ?mica, pero tambi?n un m?ximo de ethos .? Pero tambi?n est? claro que la decadencia de aquella disciplina hace decaer las leyes de mercado.

Una pol?tica econ?mica, que no s?lo sirva al bien de un grupo, que no s?lo pretenda el bien de un Estado particular, sino el bien com?n de la familia humana universal, requiere un m?ximo de disciplina ?tica y, al mismo tiempo, un m?ximo de fuerza religiosa. Una formaci?n de voluntad pol?tica, que utilice las leyes econ?micas intr?nsecas para ese fin, parece hoy casi imposible, a pesar de todas las grandes declaraciones humanitarias; s?lo parece realizable empleando fuerzas ?ticas totalmente nuevas.

Una moral que, en este asunto, pensase saltar por encima de la pericia de las leyes econ?micas, no es moral sino moralismo, es decir, lo contrario de la moral.

Una objetividad que pretenda saltarse el ethos ignora la realidad del hombre y, por tanto, es m?s bien inobjetividad. Lo que necesitamos hoy es un m?ximo de pericia econ?mica, pero tambi?n un m?ximo de ethos para hacer que la pericia econ?mica se ponga al servicio de los fines justos, y para lograr que el conocimiento del fin sea pol?ticamente realizable y socialmente aceptable.

*Este texto del Cardenal Ratzinger es una versi?n en castellano de Fernando Monge de la introducci?n al simposio sobre ?Iglesia y econom?a, y su responsabilidad para el futuro de la econom?a mundial?, que tuvo lugar en Roma, organizado por el Instituto alem?n de Econom?a y la Fundaci?n Konrad Adenauer.

Publicado por mario.web @ 22:00
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