Viernes, 20 de mayo de 2011
La piedra de toque para saber a ciencia cierta qui?n defiende de verdad en los aut?nticos derechos humanos, es el estatuto del no nacido; o si se prefiere, si se admite o no el aborto, en cualquiera de sus formas.
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La piedra de toque de los ?Derechos Humanos?
La piedra de toque de los ?Derechos Humanos?
La idea de ?derechos humanos? se ha transformado hoy en un lugar indiscutido de la cultura occidental, al punto que quien ose ponerlos en duda puede despedirse tranquilamente de estos atributos que se suponen universales.

De hecho, a tanto ha llegado su ?popularidad?, que hoy se aboga activamente no s?lo por un c?mulo aparentemente interminable de prerrogativas nuevas bajo su sombra, sino que cada vez es mas frecuente que en varios ambientes pretendan extenderse a seres no humanos: animales, plantas y entes inanimados, como los oc?anos, los ecosistemas o incluso la Tierra misma.

De hecho, hace unos cuarenta a?os, Michel Villey hablaba de una verdadera ?inflaci?n? de derechos, pues a fin de cuentas, s?lo se pon?a ?nfasis en la prerrogativa en cuesti?n (la facultad de exigir tal o cual cosa, por curiosa, descabellada o imposible que fuera), sin tener en cuenta qui?n deb?a ser el obligado a satisfacerla, si era realmente posible hacerlo y c?mo, ni mucho menos intentar justificar su fundamento.

As? las cosas, resulta hoy bastante dif?cil no perderse en este verdadero maremagnum de declaraciones, aspiraciones, buenas intenciones, denuncias y demases, porque si bien a primera vista pareciera que todos hablan el mismo idioma, un poco de atenci?n muestra muy a las claras que las palabras tienen significaciones no s?lo muy distintas, sino incluso incompatibles en unos y otros casos. Basta ver lo que ocurre con t?rminos como ?salud? o ?familia? para darse cuenta de ello. Y en realidad, no han faltado quienes sostienen que la primitiva Declaraci?n Universal de Derechos Humanos de la ONU de 1948, ha sido sustituida por otras aspiraciones que poco o nada tienen que ver con su primitivo esp?ritu, aun cuando muchas veces se mantenga la nomenclatura.

Por tanto, ?c?mo distinguir la moneda aut?ntica de la falsa, la verdad de la ficci?n, el sentido com?n de la mera conveniencia pol?tica, econ?mica o ideol?gica? En realidad la respuesta puede no ser tan dif?cil. En efecto, en su primitivo esp?ritu, y que a?n hoy se esgrime ?al menos en teor?a?, los derechos humanos: a) son ciertas prerrogativas que se tienen por el s?lo hecho de ser miembro de la especie humana, sin importar ninguna otra caracter?stica o requisito; b) son anteriores a la ley y al Estado, o si se prefiere, no dependen de ellos para su existencia, debiendo limitarse ambos s?lo a reconocerlos, no inventarlos; y c) que se poseen sobre todo cuando se est? en una situaci?n de desamparo o debilidad frente al poderoso que pretende abusar de su situaci?n de ventaja.

Pues bien, a nuestro juicio, la piedra de toque para saber a ciencia cierta qui?n defiende de verdad en los aut?nticos derechos humanos, es el estatuto del no nacido; o si se prefiere, si se admite o no el aborto, en cualquiera de sus formas. Si los derechos humanos son lo que son, para ser aut?nticos, el derecho a la vida del no nacido no puede jam?s sufrir merma alguna, no s?lo porque no hay derecho superior a ?ste, sino adem?s, porque aqu? calzan perfectamente todos los atributos se?alados anteriormente. Por eso, un dato fundamental es que los derechos humanos se tienen y deben protegerse de forma eficaz, precisamente en los casos de que ?molesten? a los m?s poderosos, cuando ?cueste? respetarlos. Por el contrario, pretender defenderlos s?lo cuando resulte f?cil, conveniente, o se amolden a los propios intereses es, simplemente, una mentira, o cuanto menos, un autoenga?o.

Publicado por mario.web @ 22:15
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