Viernes, 20 de mayo de 2011

Vale la pena quitarse de la cabeza esa insinuaci?n que no viene de Dios, sino del propio ego?smo
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
Una ?buena tentaci?n? es aquella que repite una y otra vez: ?si me sigues, si cedes s?lo por esta vez, si dejas el rigorismo, si te permites este pecadillo, ganar?s mucho y perder?s muy poco?. Ganar mucho dinero con una trampilla, o lograr un rato de diversi?n pecaminosa despu?s de una semana de tensiones en el trabajo o en la familia, o conseguir un buen contrato a base de calumniar a un amigo, o?

A veces evitamos ese pecado s?lo porque la conciencia nos pone ante nuestros ojos esa frase decisiva: ?No lo hagas, es pecado?.

S?, ya s? que es pecado, respondemos. Pero, si no fuera pecado, ?lo har?a?

Formular esta pregunta es se?al, seguramente, de que no comprendemos la maldad que hay detr?s de esa tentaci?n. La vemos tan apetecible, tan f?cil, tan a la mano, tan ?buena?, que? Pero es pecado, nos dijeron en la catequesis, le?mos en un libro, nos record? un amigo sacerdote?

Hemos de comprender que algo es pecado no s?lo porque un d?a Dios dijo: ?Esto est? mal: no lo hagas?. En realidad, si algo est? mal (y Dios, porque nos ama, nos lo recuerda) es porque con esa acci?n ofendemos a Dios, da?amos al pr?jimo y nos degradamos a nosotros mismos. O, como dec?a santo Tom?s de Aquino (siglo XIII), ?ofendemos a Dios s?lo cuando actuamos contra nuestro propio bien? (?Summa Contra Gentiles?, III, cap. 122).

El pecado no es, por lo tanto, como algunas normas de tr?fico. Cuando busco un lugar para dejar el coche y veo la se?al ?prohibido aparcar?, es posible que me enfade, que no est? de acuerdo con el alcalde o con la polic?a. Dejar el coche ah?, en ese lugar concreto, quiz? no molesta a nadie. S? que est? prohibido, pero si no estuviese prohibido, all? aparcar?a? Incluso con la total certeza de que no causar?a da?o a nadie.

En otras ocasiones, en cambio, la misma se?al de tr?fico vale no s?lo porque la pusieron all?, sino porque descubro que es justo, es bueno, no aparcar en ese lugar. Incluso habr? momentos en los que llegar? a una calle donde me gustar?a aparcar, donde no hay se?al alguna (?est? permitido aparcar all?!), pero no aparcar?a porque me doy cuenta de lo mucho que perjudicar?a a otras personas si lo hiciera.

El pecado es parecido al segundo ejemplo. No depende de la imaginaci?n de Dios o de alg?n capricho del catequista o del sacerdote. Si la Iglesia nos ense?a que el robo es pecado, o el adulterio, o la calumnia, o el masturbarse, o el aborto, es porque en cada uno de esos actos perdemos algo de nuestra vocaci?n al bien, al amor, a la justicia.

No es correcto, por lo tanto, pensar: ?si esto no fuera pecado, lo har?a?. Porque si algo es malo, lo es siempre. Porque, adem?s, mi condici?n de hombre y de cristiano me recuerdan que no vivo para seguir mis caprichos y buscar maneras para que las normas no me impidan realizar lo que me gustar?a hacer ahora, sino que vivo para amar y hacer el bien, a todos y en todo. Por eso no quiero saltarme aquellos mandamientos que me apartan del mal para invitarme a hacer el bien.

Nos ser? m?s f?cil superar la tentaci?n del ?si esto no fuera pecado?? cuando profundicemos y conozcamos mejor el porqu? de los mandamientos, el sentido de cada norma ?tica, el bien que ganamos cuando queremos ser honestos. Los mandamientos no son imposiciones arbitrarias, sino se?ales que nos indican d?nde est? el bien y el mal, qu? nos ayuda a vivir en amistad con Dios y con nuestros hermanos, y qu? actos hieren esa amistad.

Por ejemplo, si no robo, aunque tenga que esperar m?s a?os para comprarme un coche nuevo, vivir? con la conciencia m?s tranquila y en mayor paz con quienes viven a mi lado. Porque habr? respetado el derecho de otro a un dinero que es suyo, que merece tener, que no puedo apropiarme sin da?arle y sin herir mi conciencia.

Lo mismo vale para los dem?s casos: el mal de cada acto pecaminoso es tan grave que destruye riquezas de la propia vida y de la vida de los dem?s, y por lo mismo es muy bueno no ceder nunca a la voz insidiosa de una tentaci?n que me presenta como f?cil y posible algo malo.

Pensemos, adem?s, en positivo: cuando digo no a un pecado, entonces mi coraz?n est? (al menos, deber?a estar) m?s dispuesto a hacer m?s cosas buenas, a vivir m?s a fondo mi condici?n de soltero o de casado, de padre o de hijo, de estudiante o de trabajador, de amigo o de ciudadano honrado.

Por eso, vale la pena quitarse de la cabeza esa insinuaci?n que no viene de Dios, sino del propio ego?smo: ?Si no fuera pecado?? Habr?a que sustituirla por esta otra: ?Porque s? que es pecado, centrar? mi mirada en el mucho bien que puedo llevar a cabo por otros caminos santos y buenos?.

De este modo, creceremos cada d?a en nuestra condici?n cristiana, viviremos como hijos que est?n a gusto en casa, con su Padre de los cielos, con tantos hermanos que tambi?n quieren ser justos y difundir amor para con todos. Aunque ahora tengamos que luchar en?rgicamente contra una tentaci?n f?cil, aunque tal vez pensemos que estamos ?perdiendo? una ocasi?n ?nica.

Es much?simo lo que gano si conservo mi esp?ritu abierto para amar, para estar muy cerca de ese Dios que tanto ha sufrido por hacer m?s bueno mi coraz?n cristiano?


Publicado por mario.web @ 22:16
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