Viernes, 20 de mayo de 2011

Discurso al recibir en audiencia a los participantes en la XVI Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, que lleva por tema Bio?tica y Ley Natural
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Vatican Information Service

Discurso a los miembros de la Academia Pontificia para la Vida
pronunciado por el Papa el s?bado 13 de febrero de 2010, al recibir en audiencia a los participantes en la XVI Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, que lleva por tema Bio?tica y Ley Natural.

Queridos hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,

ilustres miembros de la Pontificia Academia Pro Vita

Gentiles se?oras y se?ores

Estoy contento de acogeros y de saludaros cordialmente con ocasi?n de la Asamblea general de la Pontificia Academia para la Vida, llamada a reflexionar sobre los temas relativos a la relaci?n entre la bio?tica y la ley moral natural, que parecen cada vez m?s relevantes en el contexto actual por los constantes avances en este ?mbito cient?fico. Dirijo un particular saludo a monse?or Rino Fisichella, presidente de esta Academia, agradeci?ndole por las corteses palabras que ha querido dirigirme en nombre de los presentes. Deseo, adem?s, extender mi agradecimiento personal a cada uno de vosotros por el precioso e insustituible empe?o que llev?is a cabo a favor de la vida, en vuestros diversos contextos de procedencia.

Las problem?ticas que giran en torno al tema de la bio?tica permiten verificar c?mo las cuestiones subyacentes en ella ponen en primer plano la cuesti?n antropol?gica. Como afirmo en mi ?ltima Carta enc?clica Caritas in veritate: "En la actualidad, la bio?tica es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la t?cnica y la responsabilidad moral, y en el que est? en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. ?ste es un ?mbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dram?tica la cuesti?n fundamental: si el hombre es un producto de s? mismo o si depende de Dios. Los descubrimientos cient?ficos en este campo y las posibilidades de una intervenci?n t?cnica han crecido tanto que parecen imponer la elecci?n entre estos dos tipos de raz?n: una raz?n abierta a la trascendencia o una raz?n encerrada en la inmanencia" (n. 74). Ante semejantes cuestiones, que tocan de modo tan decisivo la vida humana en su perenne tensi?n entre inmanencia y trascendencia, y que tienen gran relevancia para la cultura de las futuras generaciones, es necesario poner en pie un proyecto pedag?gico integral, que permita afrontar estas tem?ticas desde una visi?n positiva, equilibrada y constructiva, sobre todo en la relaci?n entre la fe y la raz?n.

Las cuestiones de bio?tica ponen a menudo en primer plano la referencia a la dignidad de la persona, un principio fundamental que la fe en Jesucristo Crucificado y Resucitado ha defendido desde siempre, sobre todo cuando es desatendido de cara a los sujetos m?s sencillos e indefensos. Tambi?n la bio?tica, como toda disciplina, necesita de una referencia capaz de garantizar una lectura coherente de las cuestiones ?ticas que, inevitablemente, surgen ante posibles conflictos interpretativos. En este espacio se abre la referencia normativa a la ley moral natural. El reconocimiento de la dignidad humana, de hecho, en cuanto derecho inalienable, encuentra su fundamento primero en esa ley no escrita por mano de hombre, sino inscrita por Dios Creador en el coraz?n del hombre, que todo ordenamiento jur?dico est? llamado a reconocer como inviolable y cada persona debe respetar y promover (cfr Catecismo de la Iglesia Cat?lica, nn. 1954-1960). Sin el principio fundador de la dignidad humana, ser?a arduo encontrar una fuente para los derechos de la persona e imposible llegar a un juicio ?tico sobre las conquistas de la ciencia que intervienen directamente en la vida humana. Es necesario, por tanto, repetir con firmeza que no existe una comprensi?n de la dignidad humana ligada s?lo a elementos externos como el progreso de la ciencia, la gradualidad de la formaci?n de la vida humana o el pietismo f?cil ante situaciones l?mite. Cuando se invoca el respeto por la dignidad de la persona es fundamental que ?ste sea pleno, total y sin condicionantes, excepto los de reconocer encontrarse siempre ante una vida humana. Ciertamente, la vida humana conoce un desarrollo propio y el horizonte de investigaci?n de la ciencia y la bio?tica es abierto, pero es necesario reafirmar que cuando se trata de ?mbitos relativos al ser humano, los cient?ficos no pueden pensar nunca que tienen en mano s?lo materia inanimada y manipulable. De hecho, desde el primer instante, la vida del hombre se caracteriza por ser vida humana y por esto portadora siempre, en todas partes y a pesar de todo, de dignidad propia (cfr Congr. Para la Doctrina de la fe, Instrucci?n Dignitas personae sobre algunas cuestiones de bio?tica, n. 5). Contrariamente, estaremos siempre en presencia del peligro de un uso instrumental de la ciencia, con la inevitable consecuencia de caer f?cilmente en el libre arbitrio, en la discriminaci?n y en el inter?s econ?mico del m?s fuerte.

Conjugar bio?tica y ley moral natural permite verificar lo mejor posible la necesaria e ineliminable referencia a la dignidad que la vida humana posee intr?nsecamente desde su primer instante hasta su fin natural. En cambio, en el contexto actual, aun surgiendo con cada vez mayor insistencia la justa reclamaci?n a los derechos que garantizan la dignidad de la persona, se nota que no siempre estos derechos son reconocidos a la vida humana en su desarrollo natural y en los estadios de mayor debilidad. Una semejante contradicci?n hace evidente el compromiso que hay que asumir en los diversos ?mbitos de la sociedad y de la cultura, para que la vida humana sea reconocida siempre como sujeto inalienable del derecho y nunca como objeto sometido al arbitrio del m?s fuerte. La historia ha mostrado cu?n peligroso y delet?reo puede llegar a ser un Estado que procede a legislar sobre cuestiones que tocan a la persona y a la sociedad, pretendiendo ser ?l mismo fuente y principio de la ?tica. Sin principios universales que permitan constatar un denominador com?n para toda la humanidad, el riesgo de una deriva relativista a nivel legislativo no debe ser minusvalorado (cfr Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 1959). La ley moral natural, fuente de su propio car?cter universal, permite conjurar este peligro y sobre todo ofrece al legislador la garant?a para un aut?ntico respeto, tanto de la persona como del entero orden de la creaci?n. ?sta se pone como fuente catalizadora de consenso entre personas de culturas y religiones distintas y permite ir m?s all? de las diferencias, porque afirma la existencia de un orden impreso en la naturaleza por el Creador y reconocido como instancia de verdadero juicio ?tico racional para perseguir el bien y evitar el mal. La ley moral natural ?pertenece al gran patrimonio de la sabidur?a humana, que la Revelaci?n, con su luz, ha contribuido a purificar y a desarrollar ulteriormente" (cfr Juan Pablo II, Discurso a la Plenaria de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, 6 de febrero de 2004).

Ilustres Miembros de la Pontificia Academia para la Vida, en el contexto actual vuestro compromiso parece cada vez m?s delicado y dif?cil, pero la creciente sensibilidad de cara a la vida humana anima a proseguir con cada vez mayor empuje y con valor en este importante servicio a la vida y a la educaci?n en los valores evang?licos de las futuras generaciones. Auguro a todos vosotros que continu?is el estudio y la investigaci?n, para que la obra de promoci?n y de defensa de la vida sea cada vez m?s eficaz y fecunda. Os acompa?o con la Bendici?n Apost?lica, que de buen grado extiendo a cuantos comparten con vosotros este empe?o cotidiano.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez

?Libreria Editrice Vaticana]

Publicado por mario.web @ 22:28
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