Viernes, 20 de mayo de 2011
Ofrecemos a continuaci?n la catequesis del Papa Benedicto XVI a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI para la Audiencia General.
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Benedicto XVI: San Antonio de Padua, el Gran Predicador
Benedicto XVI: San Antonio de Padua, el Gran Predicador
CIUDAD DEL VATICANO, mi?rcoles 10 de febrero de 2010 (ZENIT.org).-
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Queridos hermanos y hermanas,
tras haber presentado, hace dos semanas, la figura de Francisco de As?s, esta ma?ana quisiera hablar de otro santo perteneciente a la primera generaci?n de los Frailes Menores: Antonio de Padua o, como tambi?n se le llama, de Lisboa, refiri?ndose a su ciudad natal. Se trata de uno de los santos m?s populares en toda la Iglesia cat?lica, venerado no solo en Padua, donde se erigi? una espl?ndida Bas?lica que recoge sus despojos mortales, sino en todo el mundo. Son queridas a los fieles las im?genes y las estatuas que le representan con el lirio, s?mbolo de su pureza, o con el Ni?o Jes?s entre los brazos, en recuerdo de una aparici?n milagrosa mencionada por algunas fuentes literarias.
Antonio contribuy? de modo significativo al desarrollo de la espiritualidad franciscana, con sus marcadas dotes de inteligencia, de equilibrio, de celo apost?lico y, principalmente, de fervor m?stico.
Naci? en Lisboa de una familia noble, en torno al 1195, y fue bautizado con el nombre de Fernando. Entr? entre los can?nigos que segu?an la regla mon?stica de san Agust?n, primero en el monasterio de San Vicente en Lisboa, y sucesivamente, en el de la Santa Cruz en Coimbra, renombrado centro cultural de Portugal. Se dedic? con inter?s y solicitud al estudio de la Biblia y de los Padres de la Iglesia, adquiriendo aquella ciencia teol?gica que puso a fructificar en las actividades de la ense?anza y la predicaci?n. En Coimbra tuvo lugar el episodio que marc? un cambio decisivo en su vida: aqu?, en 1220 fueron expuestas las reliquias de los primeros cinco misioneros franciscanos que se hab?an dirigido a Marruecos, donde encontraron el martirio. Su caso hizo nacer en el joven Fernando el deseo de imitarles y de avanzar en el camino de la perfecci?n cristiana: pidi? entonces dejar los can?nigos agustinos y convertirse en Fraile Menor. Su petici?n fue acogida y, tomando el nombre de Antonio, tambi?n ?l parti? hacia Marruecos, pero la Providencia divina dispuso de otra manera. A consecuencia de una enfermedad, se vio obligado a volver a Italia y, en 1221, particip? en el famoso "Cap?tulo de las esteras" en As?s, donde encontr? tambi?n a san Francisco. Sucesivamente, vivi? por alg?n tiempo escondido totalmente en un convento cerca de Forl?, en el norte de Italia, donde el Se?or le llam? a otra misi?n. Invitado, por circunstancias totalmente casuales, a predicar con ocasi?n de una ordenaci?n sacerdotal, mostr? estar dotado de tal ciencia y elocuencia, que los Superiores lo destinaron a la predicaci?n. Comenz? as? en Italia y en Francia una actividad apost?lica tan intensa y eficaz que indujo a no pocas personas que se hab?an separado de la Iglesia a volver sobre sus propios pasos. Estuvo tambi?n entre los primeros maestros de teolog?a de los Frailes Menores, si no incluso el primero. Comenz? su ense?anza en Bolonia, con la bendici?n de Francisco, el cual, reconociendo las virtudes de Antonio, le envi? una breve carta con estas palabras: ?Me gustar?a que ense?ases teolog?a a los frailes?. Antonio puso las bases de la teolog?a franciscana que, cultivada por otras insignes figuras de pensadores, habr?a conocido su cenit con san Buenaventura de Bagnoregio y el beato Duns Scoto.
Convertido en superior provincial de los Frailes Menores de Italia septentrional, continu? con el ministerio de la predicaci?n, altern?ndolo con las tareas de gobierno. Concluido el mandato de Provincial, se retir? cerca de Padua, donde ya hab?a estado otras veces. Tras apenas un a?o, muri? en las puertas de la Ciudad, el 13 de junio de 1231. Padua, que lo hab?a acogido con afecto y veneraci?n en vida, le tribut? por siempre honor y devoci?n. El mismo Papa Gregorio IX, que tras haberle escuchado predicar le hab?a definido "Arca del Testamento", lo canoniz? en 1232, tambi?n a ra?z de los milagros sucedidos por su intercesi?n.
En el ?ltimo periodo de su vida, Antonio puso por escrito dos ciclos de ?Sermones?, titulados respectivamente "Sermones dominicales" y "Sermones sobre los Santos", destinados a los predicadores y a los profesores de estudios teol?gicos de la Ordena franciscana. En ellos comenta los textos de la Sagrada Escritura presentados por la Liturgia, utilizando la interpretaci?n patr?stico-medieval de los cuatro sentidos, el literal o hist?rico, el aleg?rico o cristol?gico, el tropol?gico o moral, y el anag?gico, que orienta hacia la vida eterna. Se trata de textos teol?gico-homil?ticos, que recogen la predicaci?n viva, en la que ?Antonio propone un verdadero y propio itinerario de vida cristiana. Es tanta la riqueza de ense?anzas espirituales contenida en los ?Sermones?, que el Venerable Papa P?o XII, en 1946, proclam? a Antonio Doctor de la Iglesia, atribuy?ndole el t?tulo de ?Doctor evang?lico", porque de estos escritos surge la frescura y la belleza del Evangelio; a?n hoy los podemos leer con gran provecho espiritual.
En ellos, ?l habla de la oraci?n como de una relaci?n de amor, que empuja al hombre a conversar dulcemente con el Se?or, creando una alegr?a inefable, que suavemente envuelve el alma en oraci?n. Antonio nos recuerda que la oraci?n necesita una atm?sfera de silencio, que no coincide con el alejamiento del ruido externo, sino que es experiencia interior, que mira a quitar las distracciones provocadas por las preocupaciones del alma. Seg?n la ense?anza de este insigne Doctor franciscano, la oraci?n se compone de cuatro actitudes indispensables, que, en el lat?n de Antonio, se definen: obsecratio, oratio, postulatio, gratiarum actio. Podr?amos traducirlas as?: abrir confiadamente el propio coraz?n a Dios, conversar afectuosamente con ?l, presentarle las propias necesidades, alabarlo y darle gracias.
En esta ense?anza de san Antonio sobre la oraci?n advertimos uno de los rasgos espec?ficos de la teolog?a franciscana, del que ?l fue el iniciador, es decir, el papel asignado al amor divino, que entra en la esfera de los afectos, de la voluntad, del coraz?n, y que es tambi?n la fuente de donde brota un conocimiento espiritual, que sobrepasa todo conocimiento.
Escribe Antonio: "La caridad es el alma de la fe, la hace viva; sin el amor, la fe muere? (Sermones Dominicales et Festivi II, Messaggero, Padova 1979, p. 37).
S?lo un alma que reza puede realizar progresos en la vida espiritual: este es el objeto privilegiado de la predicaci?n de san Antonio. ?l conoce bien los defectos de la naturaleza humana, la tendencia a caer en el pecado, por eso exhorta continuamente a combatir la inclinaci?n a la codicia, al orgullo, a la impureza, y a practicar las virtudes de la pobreza y de la generosidad, de la humildad y de la obediencia, de la castidad y de la pureza. A principios del siglo XIII, en el contexto del renacimiento de las ciudades y del florecimiento del comercio, crec?a el n?mero de personas insensibles a las necesidades de los pobres. Por este motivo, Antonio invita muchas veces a los fieles a pensar en la verdadera riqueza, la del coraz?n, que haci?ndoles buenos y misericordiosos, les hace acumular tesoros para el Cielo. "Oh ricos ? les exhorta ? haceos amigos ... los pobres, acogedles en vuestras casas: ser?n despu?s ellos quienes os acojan en los eternos tabern?culos, donde est? la belleza de la paz, la confianza de la seguridad, y la opulenta quietud de la saciedad eterna? (Ibid., p. 29).
?No es quiz?s esta, queridos amigos, una ense?anza muy importante tambi?n hoy, cuando la crisis financiera y los graves desequilibrios econ?micos empobrecen a no pocas personas y crean condiciones de miseria? En mi Enc?clica Caritas in veritate recuerdo: "La econom?a necesita de la ?tica para su correcto funcionamiento, no de una ?tica cualquiera, sino de una ?tica amiga de la persona? (n. 45).
Antonio, en la escuela de Francisco, pone siempre a Cristo en el centro de la vida y del pensamiento, de la acci?n y de la predicaci?n. Este es otro rasgo t?pico de la teolog?a franciscana: el cristocentrismo. De buen grado esta contempla, e invita a contemplar, los misterios del humanidad del Se?or, de modo particular, el de la Navidad, que le suscitan sentimientos de amor y de gratitud hacia la bondad divina.
Tambi?n la visi?n del Crucificado le inspira pensamientos de reconocimiento hacia Dios y de estima por la dignidad de la persona humana, de forma que todos, creyentes y no creyentes, puedan encontrar un significado que enriquece la vida. Escribe Antonio: "Cristo, que es tu vida, est? colgado ante ti, porque t? miras a la cruz como en un espejo. All? podr?s conocer cu?n mortales fueron tus heridas, que ninguna medicina habr?a podido curar, si no la de la sangre del Hijo de Dios. Si miras bien, podr?s darte cuenta de cu?n grandes son tu dignidad humana y tu valor... En ning?n otro lugar el hombre puede darse cuenta mejor de cu?nto vale, que mir?ndose en el espejo de la cruz? (Sermones Dominicales et Festivi III, pp. 213-214).
Queridos amigos, que Antonio de Padua, tan venerado por los fieles, interceda por la Iglesia entera, y sobre todo por aquellos que se dedican a la predicaci?n. Que estos, tomando inspiraci?n de su ejemplo, procuren unir la doctrina sana y s?lida, la piedad sincera y fervorosa, la incisividad de la comunicaci?n. En este a?o sacerdotal, oremos para que los sacerdotes y los di?conos lleven a cabo con solicitud este ministerio de anuncio y actualizaci?n de la Palabra de Dios a los fieles, sobre todo a trav?s de las homil?as lit?rgicas. Que ?stas sean una presentaci?n eficaz de la eterna belleza de Cristo, precisamente como recomendaba san Antonio: ?Si predicas a Jes?s, ?l ablanda los corazones duros; si le invocas, endulza las amargas tentaciones: si piensas en ?l, te ilumina el coraz?n; si le lees, te sacia la mente? (Sermones Dominicales et Festivi III, p. 59).
[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez

Publicado por mario.web @ 22:55
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