Viernes, 20 de mayo de 2011
La capacidad de formar equipos de personas que colaboren entre s? para lograr una meta com?n, ha mostrado siempre ser muy fructuosa. Pero yo dir?a que hoy se trata de un m?todo irrenunciable. La configuraci?n de nuestro mundo ya no admite las figuras soli
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Visi?n y Misi?n del Comunicador Cristiano del Nuevo Milenio
Visi?n y Misi?n del Comunicador Cristiano del Nuevo Milenio
VISI?N Y MISI?N DEL COMUNICADOR CRISTIANO DEL NUEVO MILENIO
en el contexto actual de las comunicaciones sociales

Elementos del discurso

S.E.R. Mons. Pierfranco Pastore, Secretario del P.C.C.S.,

con motivo de los 35 a?os de la Comisi?n Nacional de M.C.S. (CONAMCOS), Per?.

Lima, 24? marzo 2000


El Episcopado Peruano se cuenta entre los m?s sensibles del continente hacia el campo de las comunicaciones sociales. No ha temido emprender con decisi?n, en cada momento, las iniciativas que la t?cnica ofrec?a para la difusi?n del Evangelio: la prensa escrita, la radio, la producci?n de video y de spots televisivos y ahora el instrumento inform?tico.

Creo que no puede extra?arnos. La Iglesia en el Per? tiene una Historia marcada por el ?mpetu misionero y la tensi?n hacia la santidad. Su Patrona es nada menos que Nuestra Se?ora de la Evangelizaci?n; los misioneros que aqu? llegaron no retrocedieron ante las inmensas distancias, ni ante los peligros y la diversidad de territorios, e hicieron llegar la Palabra de Dios desde la Amazon?a hasta las cumbres andinas.

Es asombroso pensar en los cuatro grandes santos que vivieron en Lima durante la segunda mitad del siglo diez y seis: Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa, San Francisco Solano y San Mart?n de Porres. Los cuatro fueron grandes comunicadores e incansables misioneros, cada uno a su estilo: el Santo Arzobispo como valiente viajero y animador de la fe; Rosa de Lima como gran contemplativa, San Francisco Solano con su humilde cercan?a a los ind?genas, y el popular San Mart?n con el incansable ejercicio de la caridad. Los cuatro son modelos para los comunicadores de hoy, pero muy en particular inspiran y acompa?an a los cat?licos peruanos, directos herederos de tan inmensa riqueza humana y eclesial.

Los primeros esfuerzos

La sensibilidad de los Obispos peruanos hacia los Medios se evidenci? en la existencia, ya en los a?os sesenta, del Centro de Orientaci?n Cinematogr?fica, as? como en la creaci?n de la Comisi?n de Comunicaci?n Social, respuesta inmediata y urgente al llamado que lanzara el Decreto Inter Mirifica, del Concilio Vaticano II. La confluencia de esfuerzos con el DECOS-CELAM y con las Organizaciones cat?licas de comunicaci?n social se vio favorecida por la figura del recordado Excmo. Monse?or Luciano Metzinger. ?l contribuy? no s?lo a fundar e impulsar el trabajo de CONAMCOS, sino que supo animar un movimiento continental. Fueron momentos no f?ciles, pero con la ayuda de Dios se ha decantado una praxis de utilizaci?n de los medios de comunicaci?n social grupales y masivos al servicio de la evangelizaci?n, y una sinton?a eficaz entre las gentes del mundo de la comunicaci?n social y los pastores del pueblo de Dios.

Volviendo a Per?, la eficacia de todo ello pudo ver algunos importantes frutos en iniciativas como la creaci?n de SONOVISO para la producci?n audiovisiva, los premios period?sticos o la Red radiof?nica Arco Iris, de gran efectividad para el enlace e integraci?n de los pueblos del Per?, en particular durante situaciones dif?ciles como cat?strofes naturales o ataques terroristas.

Como ha sucedido tambi?n en otros pa?ses, las obras de comunicaci?n social se vieron impulsadas y enriquecidas con ocasi?n de las visitas del Santo Padre, para que su mensaje llegara a todos los rincones del pa?s y desde Per? tambi?n al resto de la Iglesia. (Deseo recordar aqu? que tuve la alegr?a de acompa?ar a Su Santidad durante su visita a Per? en el a?o ochenta y cinco). Para de que el intercambio de mensajes fuera m?s estable, el Episcopado peruano asumi? desde los inicios de esta d?cada el desaf?o de emprender, con enorme efectividad, la extensi?n de la Red Inform?tica de la Iglesia en Am?rica Latina (RIIAL) en las diversas jurisdicciones eclesi?sticas del pa?s. Quiero agradecer especialmente aqu? el valor y la fe de los Obispos, as? como los desvelos del personal laico que ha desarrollado este proyecto en forma ejemplar, y tambi?n el apoyo de CONAMCOS a la difusi?n de la RIIAL.

Desaf?os de los comunicadores cristianos para el siglo XXI

Me pidieron que indicara aqu? algunas de las virtudes que requerir?n los comunicadores en este siglo que comienza. Lo har? brevemente, haciendo notar que son s?lo algunas de las m?s referidas al momento actual, y subrayando con satisfacci?n que CONAMCOS ha demostrado a lo largo de su historia que tales virtudes no le son ajenas.

Comprender que estamos ya viviendo en otra cultura.

A la mayor?a de nosotros hoy nos ha pasado algo similar a lo que vivieron los europeos que, en los ?ltimos a?os del siglo quince, continuaban su ritmo de vida inconscientes de que se hab?a descubierto otro Continente y que el mundo ya hab?a cambiado en forma radical. Estaban en otra ?poca, compart?an el planeta con otras personas, y no lo sab?an. Pues bien, dec?a que a nosotros nos ha pasado algo similar. Durante muchos a?os las cosas a nuestro alrededor permanecieron aparentemente estables. Cuando empezaron a transformarse a velocidades de v?rtigo, no sab?amos exactamente por qu? ni hacia d?nde. Estamos presenciando el nacimiento de una fase hist?rica nueva, con una cultura distinta a la que hasta ahora ha predominado. El Papa Juan Pablo II se?ala que ?No basta, pues, usar los medios para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta ?nueva cultura? creada por la comunicaci?n moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas t?cnicas, nuevos comportamientos psicol?gicos?. ("Redemptoris Missio" N? 37). Comprender que estamos ya viviendo en otra cultura ayudar? a establecer con m?s acierto un di?logo entre la Iglesia y el mundo.

Trabajar en equipo, formar redes.

La capacidad de formar equipos de personas que colaboren entre s? para lograr una meta com?n, ha mostrado siempre ser muy fructuosa. Pero yo dir?a que hoy se trata de un m?todo irrenunciable. La configuraci?n de nuestro mundo ya no admite las figuras solitarias que brillan y se extinguen en un fulgurante aislamiento. La complejidad de la sociedad actual requiere una visi?n interdisciplinar. El uso de los medios de comunicaci?n social exige unidad de pensamiento y de esfuerzo en el respeto por la pluralidad de carismas que la Iglesia posee. Nadie puede permitirse el lujo de rechazar la aportaci?n de los otros sin correr el riesgo de ser m?s pobre. La colaboraci?n de todos en este campo es, si cabe, m?s necesaria y m?s urgente que nunca. Los cuadros dirigentes que la Iglesia intenta formar para la comunicaci?n social deber?n ser capaces de incorporar con plena responsabilidad al pueblo de Dios, sobre todo a los creyentes profesionales que est?n especialmente vocacionados para el testimonio de su fe a trav?s de la gesti?n y difusi?n en los Medios. Al formar una red, siendo cada uno quien es, se hace capaz de escuchar a los dem?s, compartir sus hallazgos y sentarse a la mesa de un banquete donde todos dan y reciben, aceptada la invitaci?n del ?Presidente del Agape?. Suscitar redes implica a la vez paciencia y humildad por parte de todos. As? los frutos son mayores y m?s permanentes, pues se ve que no s?lo el mensaje es el de Cristo, sino tambi?n lo es el modo como se expresa, y es vivido en unidad por las personas que lo proclaman.

Servir a la vocaci?n misionera de toda la Iglesia.

Uno de los m?s importantes cometidos de las Comisiones de Comunicaci?n Social, es no s?lo desarrollar sus propias iniciativas, sino tambi?n contribuir a una mayor difusi?n de lo que otras Comisiones realizan. En definitiva, poner todas sus habilidades en materia de comunicaci?n al servicio de la vocaci?n misionera de toda la Iglesia. No en vano el Papa Juan Pablo II enmarca el trabajo eclesial en los Medios de Comunicaci?n Social como un campo irrenunciable en el cual proclamar el Evangelio. Se requiere no menos valor y no menos santidad en este campo, que para realizar todas las dem?s formas de misi?n que la Iglesia desarrolla. ?Los medios de comunicaci?n social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientaci?n e inspiraci?n para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios..? (Redemptoris missio, N? 37).

Servir a los m?s desprovistos.

No podemos desviar la vista de las hondas divisiones de nuestras sociedades, que dejan fuera del convite de la vida digna a innumerables personas. La comunicaci?n social puede prestar un gran servicio a los excluidos evidenciando sus necesidades, abriendo cauces de solidaridad, haciendo accesible a ellos la riqueza de la informaci?n y la posibilidad de ser escuchados. En este sentido los comunicadores latinoamericanos han tenido siempre una afinada sensibilidad de gran valor. Conviene, pues, perseverar en este camino, evitando las tentaciones maniqueas que atribuyen todo el bien a una clase social o a una etnia y todo el mal a otra. La vida real es siempre mucho m?s compleja, por lo cual prejuicios y simplificaciones no pueden tener cabida en los mensajes de los seguidores de Jes?s, que dio la vida ?en rescate por todos? (Mc 10, 45). En un mundo cada vez m?s marcado por la llamada ?globalizaci?n? ?con su alto riesgo de multiplicar el n?mero de los marginados-, la Iglesia ofrece el testimonio de una eclesiolog?a de comuni?n, en que todos son invitados a compartir el banquete. Esta es una hermosa faceta de la vida eclesial que el Concilio Vaticano II hizo presente con tanto acierto, responde providencialmente bien a esa nueva cultura.

Dar a la tecnolog?a su justo valor.

Hoy la Iglesia ya no es una aprendiz en el uso de los medios de comunicaci?n social; su camino le ha hecho perfeccionar progresivamente su presencia en ellos. Pero la cultura de nuestros d?as est? marcada por el protagonismo de la tecnolog?a: no han desaparecido los libros, la prensa, la radio o el cine, y s? se han ido a?adiendo a ellos la televisi?n, los tel?fonos celulares, las redes inform?ticas y los sat?lites, todos con el "com?n denominador" del soporte digital que les permite interactuar entre s?. La Iglesia est? en estos momentos desarrollando, a trav?s de la RIIAL, una acertada ?cultura de uso? de tan novedosas herramientas t?cnicas, sin dejarse ?encantar? por ellas, sino utiliz?ndolas con acierto, seleccionando s?lo aquello que responde a unas verdaderas necesidades pastorales. El comunicador cat?lico sabe que las herramientas tecnol?gicas no son una finalidad sino un gran auxiliar, son medios. No desprecia ni teme a la tecnolog?a; la conoce, y elige la adecuada sin tampoco dejarse arrastrar por la fascinaci?n de lo nuevo en una posible sofisticaci?n innecesaria.

Gestionar la econom?a.

Toda obra compleja presupone una actividad organizativa importante. Para emprender grandes obras de comunicaci?n es necesario tener valor, pero tambi?n prudencia y cautela, pues la Iglesia no realiza sus tareas al modo de este mundo sino de una manera nueva, creativa, humilde y grande a la vez. Adem?s, es comprometido para la Iglesia acometer iniciativas que tengan como principal horizonte el lucro; en todo caso debe orientarse por el bien de las personas ?especialmente de los m?s necesitados- y trabajar para la construcci?n del Reino de Dios. Por fortuna se ha dispuesto de un laicado que ha contribuido a asumir este tipo de proyectos eclesiales evitando los riesgos que comporta una gesti?n para la que, muchas veces, la estructura pastoral no estaba preparada. Es esperanzador ver que hoy muchos cursos formativos para comunicadores incluyen el aspecto administrativo y empresarial. Pueden servir como ejemplo numerosos grandes santos en la historia de la Iglesia que han creado obras de amplias miras, siempre confiados en la Providencia de Dios, y siempre con el norte del bien concreto de las personas y comunidades que deben beneficiarse de tales obras. Ese bien, como cita Aetatis Novae (n. 7), ?comprende la dimensi?n cultural, trascendente y religiosa del hombre y de la sociedad?.

Conclusi?n

Doy por supuestas la alta calidad profesional y el honrado servicio a la verdad que deben marcar a todo comunicador y en particular al comunicador creyente, caracter?sticas sobre las cuales hemos insistido desde hace a?os (Cfr. Aetatis Novae, 2). Son cosas en las que conviene siempre perseverar, ampliando a la vez nuestra visi?n hacia los desaf?os espec?ficos de cada momento hist?rico. Desear?a hacer notar tambi?n que el perfil que he intentado describir puede ser vivido no s?lo en las iniciativas de comunicaci?n eclesiales, sino tambi?n cuando los profesionales cat?licos colaboran en medios comerciales. Los valores del Evangelio, siendo de origen divino, en Cristo son a la vez profundamente humanos.

Antes de terminar desear?a encomendar todas estas intenciones a Nuestra Se?ora de la Evangelizaci?n, protectora de los peruanos y estrella de esta nueva etapa que la Iglesia emprende confiando en su poderosa intercesi?n.

Agradezco mucho su atenci?n y reitero mis felicitaciones a CONAMCOS en esta fecha tan entra?able para ustedes. Que el Se?or premie su labor y la haga fructificar para el bien de esta querida naci?n. Muchas gracias.

Publicado por mario.web @ 22:56
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