Viernes, 20 de mayo de 2011
Alfonso Aguil? Pastrana (Conoze.com) reflexiona sobre la aceptaci?n y la habilidad social.
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Necesidad de ser aceptado
Necesidad de ser aceptado
El miedo a no ser aceptado es uno de los principales factores que retraen a un ni?o a la hora de aproximarse a un grupo de compa?eros de clase que est?n enfrascados en un juego. Se trata de una inquietud que produce en ?l un cierto grado de ansiedad, que habitualmente potencia su falta de habilidades sociales y aumenta el riesgo de que act?e con torpeza cuando se acerque al grupo ?si finalmente se atreve? e intente incorporarse a ?l aparentando una total naturalidad.

Es ?se un momento cr?tico, en el que esa falta de soltura y de habilidad social se hace patente con toda su crudeza. Como apunta Daniel Goleman, resulta tan ilustrativo como doloroso ver a un ni?o dar vueltas en torno a un grupo de compa?eros que est?n jugando y que no le permiten participar.

Adem?s, los ni?os peque?os suelen ser cruelmente sinceros en los juicios que llevan impl?citos tales rechazos.

La ansiedad que siente el ni?o rechazado, o que teme ser rechazado, no es muy distinta de la que experimenta el adolescente que se encuentra aislado en medio de una conversaci?n de un grupo de amigos, y no sabe bien c?mo o cu?ndo intervenir. O la del que est? en una fiesta, o en una discoteca, y quiz? sufre una profunda soledad, pese a estar rodeado de quienes parecen ser sus amigos ?ntimos. O la que siente un adulto en una comida o una reuni?n en la que no logra situarse y entablar una conversaci?n fluida con nadie.

Si observamos c?mo act?a un ni?o que sabe manejarse bien, veremos que quiz? el reci?n llegado comienza observando durante un tiempo qu? es lo que ocurre, antes de poner en marcha una estrategia de aproximaci?n. Su ?xito depende de su capacidad para comprender el marco de referencia del grupo y saber qu? cosas ser?n aceptadas y cu?les estar?an fuera de lugar.

Un error muy habitual es pretender tomar protagonismo demasiado pronto. Eso es lo que sucede a los ni?os m?s torpes, que enseguida dan sus opiniones o muestran su desacuerdo, cuando a?n no han sido suficientemente aceptados por el grupo, y entonces son rechazados o ignorados.

Los ni?os m?s h?biles observan antes al grupo, para comprender bien lo que est? ocurriendo, y luego hacen algo para facilitar su aceptaci?n, esperando a confirmar esa aceptaci?n por el grupo antes de tomar la iniciativa de dar sus opiniones o proponer un plan. Antes de expresar sus ideas o sus preferencias, procura que los dem?s expresen las suyas: as?, al tener en cuenta los deseos de los dem?s, les resulta m?s f?cil no perder la conexi?n con ellos.

En cambio, el ni?o que fracasa en sus relaciones sociales ?en el aula o en otros ?mbitos? sufre de una manera que a muchos adultos les resulta dif?cil comprender (o recordar).

Pero la cuesti?n clave no es eso, sino el riesgo de que esa frustraci?n reduzca seriamente sus posibilidades futuras en cuanto a las relaciones humanas y condicione negativamente el desarrollo de su estilo sentimental. Por otra parte, tampoco hay que olvidar que todo esto repercute con facilidad tambi?n en su rendimiento acad?mico.

Por eso, lo que la familia y la escuela puedan hacer para fomentar el talento social de los ni?os resultar? de indudable trascendencia de cara a su futuro.

Publicado por mario.web @ 22:57
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