Viernes, 20 de mayo de 2011

Una dificultad a?adida

La historiograf?a contempor?nea empieza a disponer de estudios rigurosos sobre gran parte de las persecuciones que ha sufrido la Iglesia. Sin embargo en ocasiones los historiadores se encuentran con una dificultad que proviene, curiosamente, de la propia voluntad de los afectados.

Las exigencias de la caridad han llevado a muchos santos a padecer en silencio las ofensas y los ultrajes, y es frecuente ?por ejemplo, en el caso de los Fundadores-, que hayan prohibido a sus seguidores consignar siquiera el nombre de los que los difamaron.

Eso explica que en muchas hagiograf?as no se consigne el nombre de los perseguidores hasta que no ha transcurrido un tiempo prudencial. Sin embargo, a pesar del esfuerzo de los santos por borrar la memoria de las ofensas, en un ejercicio heroico de la caridad y el perd?n, en la mayor?a de los casos los historiadores est?n logrando desvelar, no sin dificultades, como sucede en el caso de san Juan Bautista de la Salle, la identidad de los ofensores.

Saturnino Gallego, en su libro Vida y pensamiento de San Juan Bautista de la Salle, investiga la identidad del perseguidor del Santo. Blain, el bi?grafo de san Juan Bautista, evita citar su nombre, utilizando datos confusos o ambiguos, porque afirma que obraba de buena fe, y era"de piedad s?lida y probada".

San Juan de ?vila constituye un ejemplo entre muchos. Cuando se encontraba en la prisi?n de la Inquisici?n de Sevilla, a consecuencia de unas denuncias falsas, le insist?a al Padre P?rraga, uno de sus inquisidores, que tachase los testigos que hab?an depuesto en su contra. Estaba "muy confiado en Dios y en su inocencia, y que ?ste le salvar?a" y no quer?a que la historia conociese aquel pecado que hab?an cometido contra ?l.

Mar?a Milena Toffoli testifica en su Introducci?n a la Autobiograf?ade la Madre Sacramento, la dificultad de los bi?grafos contempor?neos de la Santa: "el hecho de que vivieran todav?a muchas personas que intervienen en la historia, le obliga a callar sobre sucesos delicados y graves relacionados con las mismas".

"Pero despu?s de m?s de cien a?os -escribe Toffoli-, cuando ya los hechos han pasado a formar parte del acervo de la historia, es preciso descorrer el velo para que la figura de la mujer, de Fundadora y de Santa, cual es Mar?a Micaela del Sant?simo Sacramento adquiera su verdadera dimensi?n en el plano humano, sociopedag?gico y espiritual".


Leer entre l?neas

Del mismo modo, en su biograf?a sobre san Pedro Poveda, Mondrone tiene que "leer entre l?neas" para intuir las maledicencias que forzaron a este santo sacerdote a abandonar, despu?s de a?os de intensa dedicaci?n apost?lica, a sus queridos gitanos de Guadix.

En sus Memorias del Oratorio San Juan Bosco vela caritativamente el nombre de sus ofensores. Omite el nombre de Luis Nasi y Vicente Ponzati que intentaron -de buena fe, ya que estaban convencidos de su falta de salud mental- internarle en un manicomio, y alude a ellos llam?ndoles "algunas personas respetables".

Con la misma caridad habla de aquel sacerdote "respetable por su celo y su doctrina" que manifest?, en contra del criterio del Santo, su opini?n pol?tica ante los j?venes del Oratorio y de todos aquellos que mantuvieron una conducta infamante contra ?l.

Por su parte, san Juan de la Cruz disculp? siempre a los que le recluyeron en una c?rcel improvisada y le sometieron a m?ltiples vejaciones: "lo hac?an -comentaba el Santo, comprensivo- por entender acertaban".

"Jam?s le o? -recordaba un compa?ero suyo- quejarse de nadie ni decir mal de los que le hab?an as? tratado".


La actitud de los santos ante las contradicciones

?sta es la actitud de los santos ante las contradicciones. "Los baldones e injurias -escrib?a san Alfonso Mar?a de Ligorio- son las delicias que anhelan los santos. San Felipe Neri padeci? en su casa de San Girolamo, en Roma, treinta a?os de malos tratamientos que algunos le dirig?an, raz?n por la cual no quer?a abandonarla e ir al nuevo oratorio de la Chiesa Nuova, por ?l fundado, en que viv?an sus queridos hijos, que le invitaban a retirarse all? con ellos".

Los santos est?n convencidos, como recuerda san Alfonso, de "que todos los trabajos nos vienen de la mano de Dios, o bien directa o indirectamente por medio de los hombres. Por tanto -recomienda Ligorio- cuando nos veamos atribulados, agradezc?moselo al Se?or y aceptemos con alegr?a de ?nimo cuanto ?l se sirva disponer para nuestro bien. Dios hace concurrir todas las cosas al bien de los que le aman".

El beato Juan XXIII, antes de ordenarse sacerdote, escribe en sus notas personales sobre Jes?s, ?tachado de ignorante, falseadas sus doctrinas, expuesto a los escarnios y las burlas de todos, calla humildemente, no confunde a sus calumniadores, se deja golpear, escupir en el rostro, azotar, tratar como loco, y no pierde su serenidad, no rompe su silencio. Yo, pues, permitir? que se diga de m? cuanto se quiera, que se me relegue al ?ltimo puesto, que se echen a mala parte mis palabras y mis obras, sin dar explicaciones, sin buscar excusas, antes bien aceptando gozosamente los reproches que pudieran venirme de los superiores, sin decir palabra".


Tribulaciones sorprendentes

Entre las diversas tribulaciones soportadas por los santos, quiz? una de las m?s sorprendentes fue las que padecieron, entre otros, san Juan Bautista de la Salle, la beata Juana Jugan, santa Rafaela Mar?a de Porras. Son s?lo un ejemplo entre muchos de este tipo, como el de la beata Bonifacia Rodr?guez, beatificada en 2003.


San Juan Bautista de la Salle

A finales de 1702 atribuyeron falsamente a san Juan Bautista de la Salle unos errores ajenos y tras un procedimiento tortuoso, lo destituyeron del cargo de Superior de los Hermanos de la Doctrina Cristiana.

Saturnino Gallego analiza en su biograf?a sobre el Santo los diversos pasos de esa insidia en la que lat?a, junto con la incomprensi?n, un deseo por influir en el gobierno y direcci?n propia de los Hermanos por parte de otras personas: "Su gran pecado -escrib?a La Grange, refiri?ndose al Santo-, por lo que he podido descubrir, es que no se deja gobernar por el se?or p?rroco de San Sulpicio".

San Juan Bautista acept? enseguida la destituci?n; pero los Hermanos no, y el Santo no consegu?a convencerlos. S?lo despu?s de muchas humillaciones y desaires para el Fundador se lleg? a una curiosa soluci?n: de la Salle continuar?a como Superior y el que hab?an nombrado en su lugar quedar?a como Superior oficial, aunque "externo".

El tal "Superior oficial externo" s?lo hizo acto de presencia una vez en tres meses y no regres?.


Juana Jugan

Lo que en la vida de san Juan Bautista fue un episodio, ocup? casi toda la existencia de Juana Jugan. Tras fundar el germen de las futuras Hermanitas de los Pobres y tras doce a?os de intensa actividad apost?lica, fue despojada de todos sus cargos y relegada durante veintisiete a?os, hasta su muerte.

Juana Jugan hab?a sido reelegida como Superiora por la comunidad el 8 de diciembre de 1843, pero un sacerdote, el padre Le Pailleur, dos d?as antes de la Navidad de ese mismo a?o, anul? por su cuenta la elecci?n y nombr? en su lugar como Superiora a una religiosa de 23 a?os.

Es m?s; Le Pailleur suplant? a Juana como Fundador de la Congregaci?n y procedi? a una sorprendente "reescritura" y falsificaci?n de la historia de la propia fundaci?n", intentando hacer creer a todos que Juana hab?a sido la tercera religiosa en incorporarse.

La falsificaci?n lleg? hasta la propia tumba: cuando Juana muri? en 1879, se escribi? sobre la l?pida, al lado de su nombre: "tercera Hermanita de los Pobres".

Esta leyenda, creada deliberadamente por el Padre Le Pailleur, aparec?a en los textos oficiales de la ?poca. "La primera vez -escribe Milcent- en la carta escrita por el Obispo de Rennes a la Santa Sede, para presentar a la Congregaci?n y pedir la aprobaci?n pontificia. La fecha del comienzo de la obra se ha convertido en el 15 de octubre de 1840 (en realidad Juana entonces ya hab?a recogido a dos mujeres pobres desde hac?a casi un a?o).

?Se presenta al Padre como Fundador. A Juana s?lo se la nombra entre `cuatro j?venes de humilde condici?n?. Se ha encontrado el borrador de esta carta en los archivos del obispado de Rennes: tiene dos correcciones que modifican sensiblemente el texto: probablemente han sido introducidas por una mano c?mplice, despu?s de que el Obispo aprobase el texto. Se ha tachado el adverbio praesertim (= en particular, especialmente) que subrayaba el papel de Juana; y se ha a?adido la palabra fundatoris al lado del nombre de Le Pailleur".

El autor recuerda otras falsificaciones, que fueron posibles en el interior de la Congregaci?n porque los primeros testigos fueron desapareciendo poco a poco, no sin ocasionar algunos asombros en las nuevas vocaciones "ya que muchas de ellas hab?an o?do en sus familias otra versi?n de los hechos".

Al final, los hechos se aclararon, tras una encuesta apost?lica realizada por la Jerarqu?a. En 1880 Le Pailleur fue llamado a Roma, donde muri? en un convento, sin recobrar el cargo que se hab?a atribuido.

Pocos a?os despu?s, la Santa Sede comenz? a descubrir la verdad hist?rica de los sucesos. La joven religiosa que sustituy? a Juana Jugan -Mane Jamet- conoci? este final, ya que ella muri? en 1893; posiblemente esto la consol?. Su buena fe no puede ponerse en duda: a menudo deb?a sentirse desgarrada entre lo que cre?a la obediencia y el respeto a la verdad. Una religiosa hab?a o?do de ella la siguiente confesi?n: ?no soy yo la primera hermanita ni la Fundadora de la obra. Juana Jugan es la primera y la Fundadora de las Hermanitas de los Pobres?".

Para entender la actitud de Juana Jugan durante este proceso, hay que tener en cuenta, como apunta Garrone, que la Fundadora sabe durante ese periodo "que la barca est? en buena ruta; la elecci?n de la superiora que la substituye de oficio, a pesar del voto de las hermanas, no le parece contraria al bien de la comunidad y de los ancianos a quienes hay que servir?. Contempl? a lo largo de su vida, durante su postergaci?n, el gran desarrollo de la Congregaci?n que hab?a fundado, que contaba, pocos a?os antes de que muriera, con m?s de cien casas en diversos pa?ses y con 2.400 religiosas.

Postergada, humillada, injustamente olvidada, Juana Jugan no tuvo nunca ninguna reacci?n de rencor. "Nunca le o? decir -recuerda una religiosa- la menor palabra que pudiera hacer suponer que ella hab?a sido la primera Superiora General. Hablaba con tanto respeto, con tanta deferencia de nuestras primeras buenas madres (= las superioras). Era tan peque?a, tan respetuosa en sus relaciones con ellas...".


Santa Rafaela

?sa fue tambi?n la actitud de santa Rafaela Mar?a Porras, una de las Fundadoras del Instituto de las Esclavas del Sagrado Coraz?n de Jes?s, a la que unas religiosas de su Congregaci?n desposeyeron de todos los cargos de gobierno, tras diecis?is a?os de Fundadora y Superiora General de su Instituto, alegando que se hab?a vuelto loca.

La Santa vivi? as? hasta su muerte: fueron treinta y dos a?os de "aniquilaci?n progresiva y de martirio en la sombra", como dir?a P?o XII el d?a de su Beatificaci?n.

Santa Rafaela conserv? siempre, ante estas contradicciones -como afirmaba su director espiritual, un religioso jesuita que ignoraba que aquella humilde monja a la que dirig?a espiritualmente fuese la Fundadora- una "serenidad de esp?ritu, manifestada en su mirada l?mpida y en la caracter?stica sonrisa en sus labios".

No hubo en ella el m?nimo movimiento de cr?tica. "Yo bendigo cada d?a m?s mi inutilidad -dec?a-; ojal? que acabe de lograr que nadie, se acuerde de m?".


San Alfonso

??C?mo se consuelan los santos, cuando son injuriados -escrib?a san Alfonso- recordando las ignominias que padeci? Jesucristo por nosotros!".

En su vejez el propio san Alfonso tuvo que aplicar ?stas a su propia vida: cuando volvi? de Santa ?gueda, donde le hab?a nombrado Obispo el Papa, descubri? que "la Congregaci?n atravesaba entonces una crisis profunda. Hab?a rivalidades, intrigas y ambiciones y en la misma Curia Romana se segu?a un proceso en el cual los cism?ticos ten?an todas las probabilidades de triunfar.

?El mismo Fundador estaba en peligro: se le acusaba de haber cambiado las Constituciones del Instituto, de haberse dejado enga?ar por el regalismo. dominante, de haber hecho m?s caso de la corte de N?poles que de la autoridad pontificia. Y lleg? la sentencia de P?o VI: Alfonso y sus m?s fieles compa?eros eran separados de la Congregaci?n.

?Al recibir la noticia, s?lo dijo estas palabras: hace seis meses que hago esta sola oraci?n: `Se?or, lo que Vos quer?is lo quiero yo tambi?n.? Pero tan delicada era su conciencia, que pens? en emprender un largo viaje para manifestar su sumisi?n al Papa." Esto provoc? el asombro de los que le rodeaban porque ni siquiera era capaz, a sus a?os, de tenerse en pie.


La Beata Mar?a de la Pasi?n

La Beata Mar?a de la Pasi?n, Fundadora de las Franciscanas Misioneras de Mar?a, sufri? una humillaci?n semejante, aunque durante menos tiempo. Fue depuesta del gobierno de, su Instituto en 1883 y rehabilitada al a?o siguiente.


Olvido y perd?n

La respuesta de todos estos hombres y mujeres de Dios fue siempre el olvido y el perd?n. "Yo dejo a Dios que me defienda -comentaba Santa Mar?a Micaela, conocida como la `Madre Sacramento?, cuando o?a a los Obispos hacerse ecos de las calumnias que propalaban contra ella- porque si lo hago yo, le quito a Dios el derecho de que lo haga y yo f?o m?s en su defensa que en la m?a"

"Este a?o he sido muy calumniado -escrib?a a su director espiritual san Antonio Mar?a Claret y perseguido por toda clase de personas, por los peri?dicos, por folletos, libros remedados, por fotograf?as y por muchas otras cosas, y hasta por los mismos demonios. Alg?n poquito a veces se resent?a la naturaleza; pero me tranquilizaba luego y me resignaba y me conformaba con la Voluntad de Dios. Contemplaba a Jesucristo, y ve?a cu?n lejos estaba de sufrir lo que Jesucristo sufri? por m?, y as? me tranquilizaba. En este mismo a?o he escrito el librito titulado El consuelo de un alma calumniada?

?No puede usted formarse una idea -le escrib?a san Antonio Mar?a al P. Jos? Xifre, el 15 de enero de 1864- de cu?nto trabaja el infierno contra m?: calumnias las m?s atroces, palabras, obras, amenazas de muerte; todo lo pone en juego para ver c?mo me desprestigia y me espanta; pero con la ayuda de Dios, no hago caso".

La actitud de los santos podr?a resumirse en los consejos que daba san Josemar?a Escriv?: "callar, rezar, trabajar, sonre?r." "No olvid?is que estar con Jes?s es, seguramente, toparse con su Cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que ?l permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera; porque quiere conformarnos, a su imagen y semejanza y tolera que nos llamen locos y que nos tomen por necios".

"Nunca le o? -recordaba un amigo de san Josemar?a que est? camino de los altares, el Siervo de Dios Jos? Mar?a Garc?a Lahiguera- una palabra de mal humor, ni frases hirientes, ni siquiera quejas".

?Lo mejor es re?rse de ellos ?escrib?a santa Teresa a la Madre Mar?a de San Jos? en 1577, a prop?sito de sus atacantes- y dejarlos decir" . La Santa alababa al Se?or por esas persecuciones que permit?a contra las carmelitas.

"Sea con vuestra paternidad, mi padre, el Esp?ritu Santo -le escrib?a al Padre Graci?n-, y d?le fuerzas para pasar esta batalla, que pocos hay ahora en nuestros tiempos que con tanta furia permita el Se?or que los acometan los demonios y el mundo. Bendito sea su nombre, que ha querido merezca vuestra paternidad tanto y tan junto".

Se podr?an citar numerosos ejemplos, desde la antig?edad cristiana hasta nuestros d?as. Basta recordar la vida de san Jos? Benito Cottolengo Fundador de la Peque?a Casa de la Divina Providencia. Escribe uno de sus bi?grafos: "Estremec?ase de gozo por los dolores que le permit?a (Dios), dichoso por poder sufrir alguna cosa por ?l".

San Pedro Poveda comentaba: "He sido el tema de las tertulias, se me ha puesto en solfa; he tenido enemigos de todas clases; he recogido muchas ingratitudes."

Sin embargo, en medio de tantas penalidades, estos hombres y mujeres fueron profundamente felices, porque supieron encontrar en la Cruz el amor de Dios. "Desead sufrir injurias -le aconsejaba san Ignacio al P. Nadal-, trabajos, ofensas, vituperios, ser tenido por loco, ser despreciado de todos, tener cruz en todo por amor de Cristo nuestro Se?or..."


Una l?gica sobrenatural

Estas actitudes s?lo se explican desde una l?gica sobrenatural: m?s que la ofensa personal que se les hace, a los santos les duele la ofensa que esos ataques suponen contra Dios. Porque, como recuerda santa Teresa, esa ofensa "primero se hace a Dios que a m?, porque cuando llega a m? el golpe ya est? dado a esta Majestad por el pecado" .

Por esa raz?n la Santa de ?vila no quer?a lamentos del tipo "raz?n tuve", " hici?ronme sinraz?n", "no tuvo raz?n quien hizo esto conmigo". "De malas razones nos libre Dios -escrib?a con energ?a-. ?Parece que hab?a raz?n para que nuestro buen Jes?s sufriese tantas injurias y se las hiciesen, y tantas sinrazones?"

Comentando este pasaje teresiano, san Alfonso recordaba la respuesta de Jes?s a un m?rtir que se lamentaba por la injusticia que sufr?a, sin haber hecho mal alguno:

"-Y yo, ?qu? mal hice, pregunt?le el Se?or, para verme crucificado y muriendo por los hombres?"


Nunca el mundo ha recibido con gusto...

"Nunca el mundo ha recibido con gusto, desde un principio -afirmaba Campanella en su Libro apolog?tico contra los impugnadores de las Escuelas P?as en San Jos? de Calasanz- a los que Dios ha suscitado como Fundadores de grandes obras ?tiles para beneficio de los mortales: casi siempre lo ha hecho con indignaci?n y repugnancia."

Tras citar a Mois?s, los Profetas, los Ap?stoles y al mismo Jesucristo, continuaba el dominico:

"Los que sigui?ndole a ?l han fundado ?rdenes religiosas nuevas han sufrido oposiciones no peque?as de parte de los mismos cristianos. Testigos de ello son Santo Tom?s y San Buenaventura, en los op?sculos que escribieron contra los impugnadores de la Orden dominicana y franciscana. Ni los jesuitas ni otras ?rdenes posteriores se vieron libres de persecuciones.

"No es pues de admiraci?n que en nuestro tiempo el Instituto de las Escuelas P?as, util?simo a la rep?blica y a la religi?n, sea perseguido por los seglares y religiosos. Nosotros que, no solamente por la historia de los dem?s, sino por las tribulaciones propias, hemos aprendido que no son acusaciones sino calumnias las que se lanzan contra los bienhechores del mundo (...), hemos querido acallar las murmura ciones de entrambos. Por lo cual refutaremos con razones primero a los seglares, ayunos de verdadera ciencia y verdadero celo; y despu?s a los religiosos movidos por el celo sin ciencia"

La apasionada defensa que hace el dominico Campanella de las Escuelas P?as y de su Fundador en un momento cr?tico de la historia de esta Instituci?n, pone de manifiesto que rara ha sido la instituci?n de la Iglesia que no se ha visto envuelta, en alg?n per?odo de su historia -habitualmente en el de su fundaci?n-, por el temporal de la contradicci?n externa o interna.

Y del mismo modo que los verdugos han ensayado a lo largo de los tiempos, como recordaba Hamman, la pr?ctica totalidad de las. posibilidades de martirio que la mente humana pueda imaginar, determinados verdugos morales han llevado? a cabo, a lo largo de estos veinte siglos de historia de cristianismo, todas las posibilidades denigratorias y todas las modalidades de "linchamiento moral" conocidas en contra de los hombres de Dios, en especial contra los santos.


?Por qu? contra los santos?

?Por qu? se dirige la denigraci?n principalmente contra los hombres santos, cuando podr?a encontrar en el seno de la Iglesia, de origen divino pero compuesta por hombres, todas las miserias humanas imaginables? Parecer?a m?s l?gico que en la diana de las cr?ticas estuviesen aquellos cristianos -corruptos, falsarios, crueles, inmorales, perversos...- que deshonran con sus actuaciones la fe recibida en el Bautismo.

Sin ?nimo de desentra?ar el misterio, se vislumbran algunas de las razones de ese ensa?amiento hist?rico contra los santos, al reflexionar sobre su funci?n en el seno de la Iglesia.

"El esc?ndalo ?escribe Romano Guardini en El Se?or-, es la expresi?n violenta del resentimiento del hombre contra Dios, contra la esencia misma de Dios, contra su santidad. En lo m?s profundo del coraz?n humano dormita, junto a la nostalgia de la fuente eterna, ... la rebeli?n contra el mismo Dios, el pecado, en su forma m?s elemental que espera la ocasi?n propicia para actuar.

Pero el esc?ndalo se presenta raramente en estado puro, como ataque abierto contra la santidad divina en general; se oculta dirigi?ndose contra un hombre de Dios: el profeta, el ap?stol, el santo, el profundamente piadoso.

Un hombre as? es realmente una provocaci?n. Hay algo en nosotros que no soporta la vida de un santo, que se rebela contra ella buscando como pretexto las imperfecciones propias de todo ser humano, sus pecados, por ejemplo. ??ste no puede ser santo! O sus debilidades, aumentadas mal?volamente por la mirada oblicua de los que le rechazan... En una palabra, el pretexto se basa en el hecho de que el santo es un hombre finito.

La santidad, sin embargo, se presenta m?s insoportable y es objeto de mayores objeciones y recusaciones intolerantes en ?la patria de los profetas?. ?C?mo va a admitirse que es santo un hombre cuyos padres se conocen, que viven en la casa de al lado, que debe ser `como los otros?. El esc?ndalo es el gran adversario de Jes?s".

Como recuerda el te?logo espa?ol Jos? Luis Illanes, la Iglesia "tal y como ella se entiende a s? misma, no es un simple grupo de creyentes que mantiene vivo a lo largo de los siglos la memoria o recuerdo de Cristo, sino una comunidad que participa de la vida de Cristo y que, en Cristo y por Cristo, tiene acceso a la intimidad con Dios, es decir, a la santidad?. Hablar de santidad, concluye el te?logo espa?ol es, en definitiva, hablar de la raz?n de ser de la Iglesia, de lo que la define y constituye.

"La historia de la Iglesia no es otra cosa -explica Illanes-, en su substancia ?ltima, que la historia de la santidad realiz?ndose en el tiempo. Por eso ha podido decirse que la historia cristiana deber?a escribirse y estructurarse a partir de la historia de sus santos: los jalones decisivos de la historia de la Iglesia no est?n constituidos por las grandes gestas culturales o por la confrontaci?n de unas u otras civilizaciones, ni tampoco por la construcci?n de grandes templos o por la celebraci?n de concilios de alcance universal, sino por la real y efectiva promoci?n de santidad."

Desde esta perspectiva teol?gica se entiende mejor que cualquier ataque contra la Iglesia se dirija a los santos como a su punto ?lgido: los santos son dones de Dios a su Iglesia, mediante la cual impulsa su caminar; son una s?ntesis feliz de una iniciativa de la gracia divina con la respuesta libre y generosa del hombre a esa iniciativa. Atacar a los santos es atacar el fruto m?s precioso de la Iglesia.

Los ataques contra los santos y las instituciones de la Iglesia han sido "m?ltiples, variados y constantes", como recordaba Campanella. En los siguientes cap?tulos se alude s?lo a las contradicciones que guardan una mayor actualidad.

-la llamada "contradicci?n de los buenos", en su doble versi?n de incomprensi?n por parte de las almas rectas, pero confundidas;

-la incomprensi?n de miembros de la Jerarqu?a;

-las que acaban provocando denuncias ante los Tribunales eclesi?sticos y civiles;

-las que provienen de acusaciones de determinados ex-miembros de algunas instituciones hacia sus propios Fundadores.

Tratar? m?s tarde de las persecuciones por parte del poder pol?tico, de las controversias que suscitan a veces las vocaciones j?venes; de las acusaciones de locura contra los hombres de Dios; y de las ridiculizaciones y las difamaciones acerca del car?cter de los santos.

No acaba aqu? el elenco de tribulaciones: podr?an citarse tambi?n los atentados y las agresiones f?sicas, los encarcelamientos, las torturas y las deportaciones que han sufrido los hombres de Dios a lo largo de todas las ?pocas.

Muchos de estos sufrimientos han tenido lugar en fechas muy recientes: est?n saliendo a la luz los relatos de los padecimientos morales y fisicos que ha soportado la Iglesia en los pa?ses del Este.

Madjansky refiere algunas de esas penalodades en su libro Un Obispo en los campos de exterminio. Sin embargo, estos aspectos se encuentran m?s pr?ximos al martirologio, y en estas p?ginas se analizan s?lo las contradicciones m?s habituales de los hombres y las mujeres de Dios.

Jos? Miguel Cejas, "Piedras de esc?ndalo"


Publicado por mario.web @ 23:10
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