Viernes, 20 de mayo de 2011

Es de fe que la pena de da?o y la pena de sentido son realmente distintas y no se puede reducir la pena de sentido a la mera aflicci?n psicol?gica producida por la privaci?n de la vista de Dios
Autor: P. Carlos M. Buela | Fuente: www.iveargentina.org
El castigo infligido a las creaturas o pena de sentido

No s?lo es un dogma de fe definida la existencia y eternidad del infierno, tal como fue declarada por el Concilio IV de Letr?n: ??para que reciban seg?n sus obras, ya hayan sido buenas o malas, los unos con el diablo pena perpetua, y los otros con Cristo gloria sempiterna? (13); es tambi?n de fe definida que los condenados padecen pena de da?o, como se ense?a en la constituci?n ?Benedictus Deus:? ??seg?n com?n ordenaci?n de Dios, las almas de los que mueren en pecado mortal actual en seguida despu?s de su muerte descienden a los infiernos, donde son atormentadas con penas infernales? (14), es tambi?n de fe definida la existencia y eternidad de la pena de sentido, como se ense?a en el S?mbolo ?Quicumque?: ??y los que hicieron bien, ir?n a la vida eterna; los que hicieron mal, ir?n al fuego eterno. ?sta es la fe cat?lica: a no ser que uno la crea fiel y firmemente, no podr? salvarse? (15).

En el Concilio Vaticano II, en la Constituci?n dogm?tica sobre la Iglesia, Lumen gentium, 48, se ense?a la necesidad de una constante vigilancia, para que ?no como a siervos malos y perezosos (cf. Mt 25, 26) se nos mande apartarnos al fuego eterno (cf. Mt 25, 41), a las tinieblas exteriores, donde habr? llanto y rechinar de dientes (Mt 22, 13 y 25, 30). Estas palabras se introdujeron en el texto para afirmar ?la pena eterna del infierno?. En efecto, dice la Comisi?n teol?gica: ?Se introdujeron en el texto las palabras de nuestro Se?or acerca de la pena eterna del infierno, como fue pedido expl?citamente por muchos Padres? (16). (M?s adelante indicaremos porqu? las explicaciones de la Comisi?n teol?gica constituyen la explicaci?n oficial del texto). Asimismo, donde se habla de ?la resurrecci?n de vida? y de ?la resurrecci?n de condenaci?n?, en el mismo n?mero, estas palabras se conciben como complemento de las otras palabras referidas al infierno que citamos anteriormente. Dice la Comisi?n teol?gica: ?tomando raz?n de la precedente enmienda, por la l?gica interna de la exposici?n y para m?s satisfacer los deseos de los Padres, se introdujeron las palabras acerca de la resurrecci?n de vida o de juicio? (17).

La principal pena de sentido es el fuego, de ah? que diga el rico epul?n: ?estoy atormentado por estas llamas? (Lc 16, 24). Como lo afirman los Santos Padres y Doctores, y autores eclesi?sticos antiguos, por ejemplo:

* San Ignacio de Antioqu?a: ?No err?is, hermanos m?os: los perturbadores de las familias no heredar?n el reino de Dios. Si, pues, aquellos que han obrado estas cosas seg?n la carne, est?n muertos, ?cu?nto m?s si alguno corrompe, con prava doctrina, la fe de Dios, por la que Jesucristo fue crucificado? Ese tal, estando manchado, ir? al fuego inextinguible; de modo semejante, el que le presta o?do? (18).

* El autor del ?Martirio de San Policarpo?: ?Y atendiendo a la gracia de Cristo, [los m?rtires] despreciaban los tormentos mundanos, liber?ndose, con la duraci?n de una hora, de la pena eterna. Les parec?a fr?o el fuego de los crueles verdugos. Porque ten?an ante los ojos el huir de aquel que es eterno y nunca se extinguir? (19).

* El autor de la llamada 2da. carta a los Corintios: ?Y los incr?dulos ver?n la gloria de ?l y su fuerza y se admirar?n viendo el dominio del mundo en Jes?s, diciendo: Ay de nosotros, porque t? eras y ni lo supimos ni lo cre?mos ni obedecimos a los presb?teros, que nos predicaban de nuestra salvaci?n; y el gusano de ellos no morir? y el fuego de ellos no se extinguir?, y ser?n un espect?culo para toda carne?[los justos] ver?n c?mo son castigados con terribles tormentos y fuego inextinguible, los que erraron y negaron a Jes?s con palabras y obras dar?n gloria a su Dios? (20).

* San Justino: ??en ning?n modo puede suceder que a Dios se le oculte el maligno, o el avaro, o el insidioso, o el dotado de virtud, y que cada uno va o a la pena eterna o a la salvaci?n eterna seg?n los m?ritos de sus acciones. Porque si estas cosas fuesen conocidas por todos los hombres, nadie elegir?a el vicio para un breve tiempo, sabiendo que ir?a a la condenaci?n eterna del fuego; sino que se contendr?a totalmente y se adornar?a de virtud, ya para conseguir los bienes que est?n prometidos por Dios, ya para huir los suplicios? (21).

* San Ireneo: ?la pena de aquellos que no creen al Verbo de Dios, y desprecian su venida, y vuelven atr?s, ha sido ampliada; haci?ndose no s?lo temporal, sino eterna. Porque a todos aquellos a los que diga el Se?or: Apartaos de m?, malditos, al fuego perpetuo, esos ser?n siempre condenados? (22).

* Discurso a Diogneto: Los m?rtires se admirar?n al ver el castigo de ?la muerte verdadera, que es reservada para aquellos que ser?n condenados al fuego eterno, que ser? suplicio hasta el fin para los que le son entregados? (23).

* Tertuliano habla de: ?fuego continuo? (24), ?fuego eterno? (25), ?fuego perpetuo? (26), ?fuego eterno de la gehenna para la pena eterna? (27).

* San Cipriano: ?La gehenna siempre ardiente quemar? a los que le son entregados, y una pena voraz con llamas vivaces; ni hay posibilidad de que los tormentos tengan alguna vez descanso o fin. Las almas con sus cuerpos ser?n conservadas para infinitos tormentos de dolor ? Creer?n tarde en la pena eterna los que no quisieron creer en la vida eterna? (28).

* San Agust?n: ?ser? un fuego corp?reo? (29).

* San Juan Cris?stomo dice que todos los padecimientos de esta vida, por grandes que se los suponga, son p?lida imagen de las torturas del infierno y ni llegan a ser sombra de aquellos suplicios (30).

* San Gregorio Magno: ?No dudo en afirmar? es corp?reo? (31).

* Santo Tom?s de Aquino: ?Es preciso decir que el fuego que atormentar? a los cuerpos de los condenados es corp?reo? (32).

* Santa Catalina de Siena: ?Hija, la lengua no es capaz de hablar sobre estas infelices almas y sus penas? El primero es verse privados de m?, lo cual les es tan doloroso, que, si le fuera posible, antes que estar libres de las penas y no verme, elegir?an el fuego y atroces tormentos con tal de verme? El cuarto tormento es el fuego, que arde y nunca se acaba. El alma, por su propio ser, no se puede consumir, por no ser algo material, sino incorp?rea. Pero yo, por justicia divina, he permitido que la queme sufriendo, que la aflija y no la consuma. La quema y hace sufrir con penas grand?simas, de modos diversos seg?n la diversidad de los pecados, a unos m?s y a otros menos en conformidad con la gravedad de la culpa? (33).

* Santa Teresa de Jes?s: ??como del dibujo a la verdad, el quemarse ac? es muy poco en comparaci?n de este fuego de all? (34).

* San Alfonso de Ligorio: ?Como el pez en el agua se halla rodeado de agua por todas partes, as? el condenado se halla por completo sumido en el fuego? (35).

* San Juan Bosco cuenta un sue?o que tuvo del infierno donde fue obligado a poner su mano en la pared y dice que al d?a siguiente ?observ? que la mano estaba efectivamente hinchada; y la impresi?n imaginaria de aquel fuego tuvo tal fuerza, que poco despu?s la piel de la palma de la mano se desprendi? y cambi? (36).

* La Virgen de F?tima el 13 de julio de 1917, en su tercera aparici?n, seg?n cont? Luc?a: ??abri? de nuevo sus manos. El haz de luz que de ellas sal?a parec?a penetrar la tierra, y vimos como un mar de fuego, y mezclados en el fuego los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes negras o bronceadas, con forma humana, que se mov?an en el fuego llevadas por las llamas, que de ellas mismas sal?an, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos lados, as? como caen las chispas en los incendios, sin peso ni equilibrio, entre gemidos de dolor y desesperaci?n, que horrorizaban y hac?an estremecer de pavor? Aterrados, levantamos la mirada hacia Nuestra Se?ora, quien nos dijo con bondad y tristeza: -Han visto el infierno a donde van a parar las almas de los pobres pecadores. Cuando recen el Rosario, digan despu?s de cada misterio: -?Oh Jes?s m?o! perd?nanos nuestras culpas, pres?rvanos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las m?s necesitadas de tu misericordia? (37).


Pablo VI en el ?Credo del Pueblo de Dios? afirma que los que hayan rechazado hasta el final el amor y la piedad de Dios: ?ser?n destinados al fuego que nunca cesar? (38).

Por ?ltimo, por el modo de hablar de los documentos y del magisterio ordinario, que as? se ha expresado durante tantos siglos, es de fe que la pena de da?o y la pena de sentido son realmente distintas y no se puede reducir la pena de sentido a la mera aflicci?n psicol?gica producida por la privaci?n de la vista de Dios (39).

Frente a esta nube de testigos, ?se puede, cuerdamente, dudar de la realidad de este ?lugar de castigo? (cf. Lc 16, 28)? ?No ser?a m?s cuerdo vivir de manera de no ir a ?l?

Por tanto, teniendo en cuenta el sentir moralmente un?nime de los Santos Padres y te?logos, el magisterio ordinario de la Iglesia, etc., afirmamos con ellos que el fuego del infierno no es metaf?rico (no existe tan s?lo en la mente de los condenados (40)), sino verdadero, real, corp?reo (en cuanto es un agente material, que existe en su objetiva realidad y que atormenta a los r?probos).

As? como afirmamos su corporeidad, afirmamos que no conocemos su materialidad porque es un fuego especial, sui generis, ya que tiene propiedades diferentes al fuego de la tierra. Es un fuego no extinguible, sino inextinguible (no necesita de combustible para ser alimentado); no temporal, sino eterno; no para confort de los cuerpos, sino para castigo de las almas y de los cuerpos; y que atormenta a los r?probos sin destruirlos. Es un fuego que sin matar, abrasa; sin consumir, quema; sin alumbrar, arde; y que, a pesar de sus llamas, envuelve a los condenados en opacas tinieblas y noches sempiternas.

Ni la m?s escabrosa y estrafalaria descripci?n de las penas de sentido, ni siquiera la m?s truculenta y grotesca, podr?n llegar a mostrar con fidelidad, lo que esas penas son. Los que se horrorizan de esas pinturas o de esas descripciones, m?s bien deber?an apartarse de sus pecados que les impiden ver, con toda su hondura, al fin al que se encaminan por propia culpa.

Por eso, teniendo en cuenta la importancia de la pena de da?o sobre la pena de sentido, dec?a San Juan Cris?stomo: ?Hay muchos hombres que, juzgando absurdamente, desean ante todo evitar el fuego del infierno; pero yo creo que incomparablemente mayor que la pena del fuego ser? la pena de haber perdido para siempre aquella gloria; ni creo que sean m?s dignos de llorarse los tormentos del infierno que la p?rdida del reino de los cielos; pues este tormento es el m?s acerb?simo de todos? (41). En otro lugar dice: ?La pena del fuego del infierno es ciertamente intolerable. Pero, aunque imaginemos mil infiernos de fuego, nada habr?amos adelantado para comprender lo que significa haber perdido la bienaventuranza eterna, ser rechazado por Cristo, o?r de ?l aquellas palabras: No os conozco? (42).

Es que la pena de sentido, por muy grande que sea, es finita, mientras que la pena de da?o es infinita. Ense?a Santo Tom?s: ?La pena es proporcionada al pecado.

En el pecado hay que distinguir dos aspectos.

El primero es la aversi?n del bien imperecedero, que es infinito; y por este motivo el pecado es tambi?n infinito.

El segundo es la conversi?n desordenada a un bien perecedero; y en este sentido el pecado es finito, tanto por parte del objeto al que se convierte, que es finito, como por el acto pecaminoso en s? mismo, ya que los actos de la creatura no pueden ser infinitos.

Por consiguiente, por parte de la aversi?n le corresponde al pecado la pena de da?o, que es infinita, ya que es la p?rdida de un bien infinito, como es el mismo Dios. Y por parte de la conversi?n desordenada a la criatura, le corresponde la pena de sentido, que es finita? (43).

Por muy dif?cil que sea a la sensibilidad del hombre moderno, lo que est? revelado, revelado est?. Y no hay forma cuerda de evadir esa realidad. Un autor despu?s de afirmar la existencia del fuego material y corp?reo -aunque no como el nuestro- nada menos que ? ?lo identifica con el Esp?ritu Santo!: ??El fuego del infierno es, de alg?n modo, el mismo Dios! Es la misma llama de amor viva -que es el Esp?ritu Santo- que purifica en esta vida y en el purgatorio y atormenta eternamente en el infierno? (44).

Comentarios al P. Carlos Miguel Buela


Publicado por mario.web @ 23:11
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