Viernes, 20 de mayo de 2011
Alfonso Aguil? Pastrana (Conoze.com) reflexiona la educaci?n moral y la vida laica.
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Moral laica
Moral laica
Muchos padres y educadores est?n preocupados por la educaci?n moral de sus hijos, alumnos, etc. Ven que bastantes de sus actuales problemas tienen la ra?z en una deficiente o insuficiente formaci?n b?sica en las convicciones morales, criterios de conducta, ideales de vida, valores, etc. Pero lo que m?s me llama la atenci?n es que bastantes de esos padres y educadores, aun consider?ndose buenos creyentes, apenas cuentan con la fe a la hora de educar, y eso me parece un error de graves consecuencias.

Es cierto que se puede tener una moral muy exigente sin creer en Dios. Y tambi?n es cierto que existen personas de gran rectitud moral que no son creyentes. Y es verdad se pueden encontrar doctrinas ?ticas respetables que excluyen la fe.

Pero no veo que ninguna de esas razones haga aconsejable que una persona creyente eduque a sus hijos como si no tuviera fe, o que ignore la importancia que tiene la religi?n en la educaci?n moral de cualquier persona.

De entrada, no veo c?mo puede existir una ?tica que prescinda totalmente de Dios y pueda considerarse racionalmente bien fundada, pues la ?tica se remite a la naturaleza, y ?sta a su autor, que no puede ser otro que Dios. Adem?s, una ?tica sin Dios, sin un ser superior, basada s?lo en el consenso social, o en unas tradiciones culturales, ofrece pocas garant?as ante la patente debilidad del hombre o ante su capacidad de ser manipulado.

Una referencia a Dios sirve -y la historia parece empe?ada en demostrarlo- no s?lo para justificar la existencia de normas de conducta que hay que observar, sino tambi?n para mover a las personas a observarlas. El creyente se dirige a Dios no s?lo como legislador sino tambi?n como juez.

Porque conocer la ley moral y observarla son cosas bien distintas, y por eso, si Dios est? presente -y presente sin pretender acomodarlo al propio capricho, se entiende- ser? m?s f?cil que se observen esas leyes morales.

En cambio, cuando se prescinde voluntariamente de Dios, es f?cil que el hombre se desv?e hasta convertirse en la ?nica instancia que decide lo que es bueno o malo, en funci?n de sus propios intereses. ?Por qu? ayudar a una persona que dif?cilmente me podr? corresponder? ?Por qu? perdonar? ?Por qu? ser fiel a mi marido o mi mujer cuando es tan f?cil no serlo? ?Por qu? no aceptar esa peque?a ganancia f?cil? ?Por qu? arriesgarse a decir la verdad y no dejar que sea otro quien pague las consecuencias de mi error?

Quien no tiene conciencia de pecado y no admite que haya nadie superior a ?l que juzgue sus acciones, se encuentra mucho m?s indefenso ante la tentaci?n de erigirse como juez y determinador supremo de lo bueno y lo malo.

Eso no significa que el creyente obre siempre rectamente, ni que no se enga?e nunca; pero al menos no est? solo. Est? menos expuesto a enga?arse a s? mismo dici?ndose que es bueno lo que le gusta y malo lo que no le gusta. Sabe que tiene dentro una voz moral que en determinado momento le advertir?: basta, no sigas por ah?.

Sin religi?n es m?s f?cil dudar si vale la pena ser fiel a la ?tica. Sin religi?n es m?s f?cil no ver claro por qu? se han de mantener conductas que suponen sacrificios. Esto sucede m?s a?n cuando la moral laica se transmite de una generaci?n a otra sin apenas reflexi?n. Como ha se?alado Juli?n Mar?as, los que al principio sostuvieron esos principios laicos como elemento de un debate ideol?gico, ten?an al menos el ardor y el idealismo de una causa que defend?an con pasi?n.

Pero si esa moral se transmite a los m?s j?venes, a los hijos, y despu?s a los hijos de estos, sin ninguna vinculaci?n a creencias religiosas, es f?cil que ese idealismo quede en unas simples ideas sin un fundamento claro, y por tanto pierden vigor.

Cuando se niega que hay un juicio y una vida despu?s de la muerte, es bastante f?cil que las perspectivas de una persona se reduzcan a lo que en esta vida pueda suceder. Si no se cuenta con nada m?s, porque no se cree en el m?s all?, el sentido de ?ltima responsabilidad tiende a diluirse, y la rectitud moral se deteriora m?s f?cilmente.

?Y qu? decir al que, a pesar de buscar a Dios, no tiene fe? Le dir?a que buscar a Dios es un paso importante, y que casi siempre supone tener ya algo de fe. Si la b?squeda es sincera, tarde o temprano lo encontrar?. Yo recomendar?a a esa persona que pensara en su propia conducta y en la verdad, que reflexionara sobre qu? est? bien y qu? est? mal, y que procurara actuar conforme a ello, pues tal vez es Dios precisamente quien se lo est? pidiendo, y al obrar bien se dispone a descubrir a quien es la fuente del bien.

Hay ocasiones en que los motivos de conveniencia natural para obrar bien nos impulsan con gran fuerza. Pero hay otras ocasiones -y no son pocas-, en que esos motivos de conveniencia natural pierden peso en nuestra mente, por la raz?n que sea, y entonces son los motivos sobrenaturales los que toman un mayor protagonismo y nos ayudan a actuar como debemos. Prescindir de unos o de otros es un error moral y un error educativo de gran alcance. Por eso, los padres creyentes que dan poca importancia a la formaci?n religiosa de sus hijos suelen acabar por darse cuenta de su error, pero casi siempre tarde y con amargura.

Publicado por mario.web @ 23:19
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