Viernes, 20 de mayo de 2011
Jaime Nubiola reflexiona sobre la sociedad de consumo y la imagen que transmiten los medios de comunicaci?n
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?dolos del consumo
?dolos del consumo
La visita hace unas semanas al enorme almac?n de Ikea en la plaza de Europa de Hospitalet, entre Barcelona y el aeropuerto del Prat, desbord? mis expectativas. No hab?a estado nunca en Ikea. Por la prensa sab?a de su creador Ingvar Kamprad que vive sobriamente en Laussane, utilizando a menudo transportes p?blicos y no haciendo ostentaci?n de su enorme riqueza que le sit?a en los primeros lugares de Forbes. Sab?a de Ikea por mis antiguos alumnos que cuando van a casarse y quieren amueblar su hogar invierten muchas horas en estudiar con ilusi?n su cat?logo lleno de sugerentes soluciones para la escasez de metros que suelen tener los pisos. Luego dedican los s?bados para hacerse con los elementos deseados en la tienda y los domingos para montarlos.

Dise?o sueco y bajo precio era la idea que ten?a. Mi visita me ense?? que se trata de una organizaci?n inteligente, en la que todo est? muy pensado. Est? hecha para que el cliente compre lo que necesita y tambi?n lo que no necesita, pero que por su precio o su dise?o merezca la pena para intentar embellecer su hogar. Lo que m?s me impresion? fue el lema promocional de la temporada: ?Disfruta del orden? (en catal?n ?gaudeix l?ordre?). Uno de los problemas b?sicos de la sociedad de consumo es que las casas se llenan de cachivaches in?tiles que impiden comprar m?s cosas por la simple raz?n de que ya no hay sitio donde ponerlas. Da la impresi?n de que Ikea aspira a solucionarte ese problema con armarios y estanter?as a la medida en los que puedas guardar todos esos objetos innecesarios como si fueran tesoros. Realmente es una formidable estrategia de venta: disfruta del orden que consigues en tu casa instalando muebles en los que ocultar todo lo que desordena tu vida, aunque quiz? para lograr ese orden bastar?a con tirar las cosas in?tiles al container o entregarlas a los Traperos de Ema?s.

En el polo opuesto

En nuestra sociedad de consumo afirmamos nuestra personalidad comprando, adquiriendo cosas, las necesitemos o no. Hace unos pocos d?as me llam? la atenci?n, mientras esperaba el avi?n que me traer?a a Espa?a, c?mo una mujer, ya no joven, se ufanaba de haber comprado en la duty free del aeropuerto de Chicago unas gafas de sol de marca ?que, por supuesto, no necesitaba? por s?lo 300 d?lares, mientras que en Espa?a cuestan 450 euros. Estaba convencida de que hab?a hecho una buena compra simplemente porque eran mucho m?s baratas que aqu?.

Mi colega Ruth Breeze ha estudiado concienzudamente los reportajes sobre los famosos que se publican en la prensa amarilla brit?nica (Sun, Daily Mirror, etc.) y ha advertido ?siguiendo a Baudrillard en La sociedad de consumo? que las estrellas se han transformado en verdaderos ?dolos del consumo. Los famosos ?sean Victoria Beckham, Paris Hilton o tantos otros? son idolatrados porque llegan a consumir aquello que los ciudadanos de a pie nunca llegaremos a poder adquirir. Las estrellas ocupan la cima de una formidable escalera de consumo: est?n en la cumbre del glamour por sus compras lujosas, por sus ex?ticos lugares de vacaciones, por sus car?simas extravagancias. La imagen que transmiten constantemente los medios es que son felices y dichosas precisamente porque consumen caprichosamente lo que les apetece en cada momento.

Me parece que Ikea se encuentra en el otro extremo de esa escalera. Su lema ?disfruta del orden? invita a pensar en nuestros h?bitos de consumo y quiz?s a reprimirlos. De hecho no compr? nada: as? podr? disfrutar m?s del orden como hace ?al parecer? el sabio fundador de Ikea.

Publicado por mario.web @ 23:21
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