Viernes, 20 de mayo de 2011

A veces basta una llamada, una simple palabra para hacer m?s ligero el peso de quien sufre.
Autor: V?ctor Ram?rez, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores

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En la antig?edad era com?n observar personas enfermas por los caminos y en las plazas de los pueblos. Durante la Edad Media, la caridad de los monjes en medio de guerras y epidemias fue convirtiendo algunos monasterios en lugares de hospedaje para gente herida o gravemente enferma. Hoy existen innumerables hospitales y cl?nicas para atender de la mejor forma posible a quien padece alg?n mal.

Sin embargo, a pesar del progreso t?cnico y los avances sanitarios, los enfermos siguen existiendo y siguen sufriendo. Dice Marco Valerio Marcial que ?el verdadero dolor es el que se sufre sin amigos?. Es evidente que los enfermos tienen constantes molestias f?sicas. Aun as?, existe un dolor m?s profundo y m?s desgarrador que el f?sico. Es el dolor de la soledad y de la indiferencia.

La Iglesia consciente de esto ha querido manifestar su cercan?a a todas aquellas personas que de alguna u otra manera est?n enfermas. Por este motivo ha instituido las llamadas obras de misericordia corporales. Una de ellas es: visitar a los enfermos. Para ello los cat?licos tienen como modelo al mismo Jesucristo, que a lo largo de su vida p?blica mostr? una especial predilecci?n hacia quienes sufren. Ciegos, cojos, paral?ticos, leprosos... a todos los recibe y los cura. Todos contemplan en ?l, el rostro amable de un Dios, que al hacerse hombre, nos comprende mejor y se compadece de nuestras debilidades f?sicas.

Movidos por este ejemplo los cat?licos, de acuerdo a sus posibilidades, se acercan a los hospitales de todo el mundo para ofrecer con su presencia un poco de aliento a quienes tanto lo necesitan. No es una misi?n exclusiva de los sacerdotes o religiosos que dedican su vida a la atenci?n de enfermos. Es m?s bien un impulso del alma que nos lleva a salir de nosotros mismos, de nuestro peque?o mundo, para dedicar unos minutos a los dem?s.

Cu?ntas veces experimentamos un gran alivio en medio de nuestra enfermedad cuando se acerca nuestra madre con una sonrisa o cuando un amigo viene a darnos un saludo. A veces basta una llamada, una simple palabra para hacer m?s ligero el peso de quien sufre.

Adem?s del acto solidario, a los cat?licos que visitan un enfermo les mueve algo mucho m?s profundo. Es la conciencia de servir a Cristo que se manifiesta en el rostro turbado, p?lido y quiz? desesperado de un enfermo en alguna habitaci?n de un hospital.

Qu? hermosa ocasi?n se nos presenta en esta cuaresma para buscar a Cristo en los enfermos. En un mundo agitado por los gimnasios y las salas de est?tica, los cristianos demuestran su grandeza de alma pensando por unos momentos en quienes sufren.

Este peque?o gesto de visitar a un enfermo es una gran voz que se levanta en el mundo de hoy para decirle que no somos indiferentes, que s? nos importan los dem?s. El dolor ajeno nos hace m?s humanos, m?s sensibles y nos ense?a a valorar el precioso don de la salud y de la vida que Dios cada d?a nos regala.


Publicado por mario.web @ 23:46
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