Viernes, 20 de mayo de 2011

Un sacerdote sencillo que, con su patriarcal barba blanca, reflejaba la sabidur?a y la paz interior
Autor: Jean-Baptiste Ribes, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores

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Un pueblito en los Alpes. La peque?a iglesia de Enchastrayes cerca de Barcelonnette. Su sacerdote, el P. Buffe. ?Qui?n era este sacerdote? Se podr?a caracterizar como un hombre de Dios, un hombre sencillo, lleno de amor por su vocaci?n sacerdotal. Un hombre que ten?a un celo ardiente por la salvaci?n de las almas. Los que lo conocieron durante los ?ltimos a?os de su vida, se acuerdan de ?l como una persona sencilla que, con su patriarcal barba blanca, reflejaba la sabidur?a y la paz interior. Una mirada que no se podr?a olvidar jam?s.

Varias familias despu?s del primer contacto con este sacerdote sencillo, se convirtieron en sus fieles parroquianos. Pero, ?qu? ten?a el P. Buffe que atra?a tanto a las personas? Fueron los peque?os detalles que dejaron huella en los corazones. Era un sacerdote lleno de fuego, cuya palabra impactaba, capaz de transmitir el amor de Dios a los dem?s durante sus sermones. Predicaba homil?as tan vividas y sentidas, que a veces dejaba caer algunas l?grimas. Algunos fieles recuerdan haber repetido en varias ocasiones a sus pap?s despu?s de la misa: ?qu? raro, tenemos ganas de hacer todo lo que dice?.

El domingo, la liturgia era siempre muy cuidada y detallada. Muchos fueron los que aprendieron algunos cantos gregorianos con ?l, desde el Kyrie hasta el Credo, pasando por el Gloria.

El d?a en el cual se presentaron dos ni?os para acolitar la misa, se pod?a ver la alegr?a resplandecer sobre su cara. Desde este instante no hubo ni un domingo en el que faltara el incienso. Poco a poco el coro de la iglesia se llen? con m?s de una decena de monaguillos. El P. Buffe se preocup? entonces de la formaci?n espiritual de sus ac?litos. Les ense?? el catecismo y los actos de adoraci?n que se ten?an que decir cada vez que se entraba en una iglesia. A los m?s grandes, les regal? Biblias para las clases suplementarias de catequesis que les daba los s?bados por la ma?ana.

Era un sacerdote que rezaba mucho. Cuando se le iba a visitar o se llegaba muy temprano, antes de misa, se le encontraba muchas veces orando en la capilla. Una oraci?n que era sencilla y llena de amor, como lo reflejaba de manera singular en su manera de bendecir la mesa: ?el pan de ayer est? duro, el pan de ma?ana no lo conozco, gracias, Se?or, por el pan que nos das hoy?.

Al igual que san Jos?, este sacerdote sab?a trabajar la madera. Aprendi? a hacerlo con su pap? que era le?ador, del mismo modo que Cristo aprendi? de su padre, el carpintero. Hab?a dejado en su iglesia varias obras talladas por sus manos, como el tabern?culo que ten?a una forma de capilla y el amb?n.

Al final de su vida, el P. Buffe ten?a una salud bastante delicada, debido a su edad pero tambi?n a un accidente que tuvo un d?a cortando un ?rbol. El ?rbol cay? sobre ?l y se rompieron todas las costillas. Logr? sobrevivir pero, desde entonces, su salud fue mucho m?s fr?gil. Al menos una vez al a?o se ve?a obligado a ir al hospital. Uno de sus monaguillos, antes de entrar al seminario, lo vio por la ?ltima vez en el hospital. En esta ocasi?n, el P.Buffe repiti? lo que sol?a decir cuando se le hac?a preguntas acerca de su salud: ?sigo adelante?. Pas? los tres ?ltimos a?os de su vida en el hospital donde ofreci? todos sus sufrimientos por la salvaci?n de las almas.

Este sacerdote sencillo y desapercibido a los ojos del mundo, muri? en noviembre del 2008. Cuando se enteraron de su muerte los que lo hab?an conocido, les vino a la mente una frase que el P. Buffe sol?a decir: ?mi vida es como un libro cuyo t?tulo es El libro de... y estoy casi al final?. As? es, el cap?tulo de la vida terrena del P. Buffe acababa de terminar. Sin embargo, el cap?tulo final de su vida lo empez? ya en el cielo. Y he aqu? el inicio: ?entra siervo bueno y fiel en el gozo de tu Se?or?.


Publicado por mario.web @ 23:50
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