Viernes, 20 de mayo de 2011

Fundamento b?blico del primado de Pedro
Autor: P. Miguel ?ngel Fuentes , IVE | Fuente: Ediciones del Verbo Encarnado
Algunas de las consultas/objeciones que he recibido sobre este tema son las siguientes:
Jesucristo le dijo a Pedro: Sobre esta piedra edificar? mi iglesia, queriendo decir que sobre el fundamento de que Jesucristo era el Mes?as, el salvador del mundo, se basar?a la doctrina cristiana; y m?s adelante Jes?s le dice a Pedro que nadie era mayor ni menor que los otros... entonces ?por qu? se le considera a Pedro el primer ?Papa??

Las Sagradas Escrituras afirman que nadie puede poner otro fundamento al que ya est? puesto, el cual es Jesucristo; el mismo ap?stol Pedro en una de sus cartas proclama que Cristo ha venido a ser piedra angular de la Iglesia. Por otra parte, en Mateo 16,18, Cristo habla con Pedro y le dice: ?T? eres Pedro y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia?. En la versi?n de la Biblia en griego, Pedro se traduce como peque?a piedra, y a la piedra donde se edificar? la Iglesia se traduce de manera diferente. ?Es entonces Pedro la base de la Iglesia?
Quisiera saber... acerca de la veracidad de que San Pedro estuvo en Roma y fue el primer Papa y c?mo podr?a yo decirles o demostrar que esto es cierto a quienes lo cuestionan.

Son varias preguntas muy relacionadas entre s?, y que encierran cuestiones que afectan no s?lo a la ex?gesis de los textos b?blicos, sino tambi?n a la historia (por ejemplo, la
?ltima sobre si Pedro estuvo en Roma) y a la interpretaci?n tradicional. Antes de responder este tipo de cuestionamientos, ha de tenerse presente la Nota Introductoria con la que empezamos cada una de nuestras respuestas, y tambi?n que en el primer cap?tulo hemos indicado c?mo la Biblia misma nos dice que ella no es la ?nica fuente de autoridad y revelaci?n, envi?ndonos a la Tradici?n (con may?sculas); por tanto, no necesariamente todo lo que creemos ha de contenerse exclusivamente en la Biblia. Pretender esto no es b?blico y ser?a ir contra la Biblia misma. De todos modos, podemos adelantar que las objeciones principales pueden responderse adecuadamente con la Biblia bien interpretada.

El Primado de Pedro

Para los cat?licos es una verdad de fe que Cristo constituy? al ap?stol San Pedro como primero entre los ap?stoles y como cabeza visible de toda la Iglesia, confiri?ndole inmediata y personalmente el primado de jurisdicci?n.

El Concilio Vaticano I defini? y lo repiti? con fuerza el Concilio Vaticano II1; sin embargo, esta verdad fue reconocida desde los primeros tiempos, como podemos constatar apelando a la historia y a los textos de los primeros escritores cristianos (algunos de ellos llamados Padres de la Iglesia). ?stos, de acuerdo con la promesa b?blica del primado, dan testimonio de que la Iglesia est? edificada sobre Pedro y reconocen la primac?a de ?ste sobre todos los dem?s ap?stoles. Tertuliano (fines del siglo II y comienzos del III) dice de la Iglesia: ?Fue edificada sobre ?l?2. San Cipriano dice, refiri?ndose a Mt 16,18s: ?Sobre uno edifica la Iglesia?3. Clemente de Alejandr?a llama a San Pedro ?el elegido, el escogido, el primero entre los disc?pulos, el ?nico por el cual, adem?s de por s? mismo, pag? tributo el Se?or?4. San Cirilo de Jerusal?n le llama ?el sumo y pr?ncipe de los ap?stoles?5. Seg?n San Le?n Magno, ?Pedro fue el ?nico escogido entre todo el mundo para ser la cabeza de todos los pueblos llamados, de todos los ap?stoles y de todos los padres de la Iglesia?6.

En su lucha contra el arrianismo, muchos padres interpretaron que la roca sobre la cual el Se?or edific? su Iglesia era la fe en la divinidad de Cristo, confesada por San Pedro, pero sin excluir por eso la relaci?n de esa fe con la persona de Pedro, relaci?n que se indica claramente en el texto sagrado. La fe de Pedro fue la raz?n de que Cristo le destinara para ser fundamento sobre el cual habr?a de edificar su Iglesia.

No negamos -sino que es parte esencial de nuestra fe- que la cabeza invisible de la Iglesia es Cristo glorioso. Lo que sostenemos es que Pedro hace las veces de Cristo en el gobierno exterior de la Iglesia militante, y es, por tanto, vicario de Cristo en la tierra.
Se opusieron a este dogma la Iglesia ortodoxa griega y las sectas orientales, algunos adversarios medievales del papado (Marsilio de Padua y Juan de Jandun, Wicleff y Hus), todos los protestantes, los galicanos y febronianos, los viejos cat?licos (Altkatholiken) y los modernistas7.

Fundamento b?blico

No puede negarse esta verdad si tenemos ante los ojos los Evangelios y el resto de los escritos del Nuevo Testamento (salvo que tengamos partido tomado de antemano en contra del primado de Pedro y forcemos los textos o les hagamos callar lo que dicen a voces).

Cristo distingui? desde un principio al ap?stol San Pedro entre todos los dem?s ap?stoles. Cuando le encontr? por primera vez, le anunci? que cambiar?a su nombre de Sim?n por el de Cefas, que significa ?roca?: T? eres Sim?n, el hijo de Juan [Jon?s]; t? ser?s llamado Cefas (Jn 1,42; cf. Mc 3,16). El nombre de Cefas indica claramente el oficio para el cual le ha destinado el Se?or (cf. Mt 16,18). En todas las menciones de los ap?stoles, siempre se cita en primer lugar a Pedro. En Mateo se le llama expresamente ?el primero? (Mt 10,2). Como, seg?n el tiempo de la elecci?n, Andr?s preced?a a Pedro, el hecho de aparecer Pedro en primer lugar indica su oficio de primado. Pedro, juntamente con Santiago y Juan, pudo ser testigo de la resurrecci?n de la hija de Jairo (Mc 5,37), de la transfiguraci?n (Mt 17,1) y de la agon?a del Huerto (Mt 26,37). El Se?or predica a la multitud desde la barca de Pedro (Lc 5,3), paga por s? mismo y por ?l el tributo del templo (Mt 17,27), le exhorta a que, despu?s de su propia conversi?n, corrobore en la fe a sus hermanos (Lc 22,32); despu?s de la resurrecci?n se le aparece a ?l solo antes que a los dem?s ap?stoles (Lc 24,34; 1Co 15,5).

A San Pedro se le prometi? el primado despu?s que hubo confesado solemnemente, en Cesarea de Filipo, la mesianidad de Cristo. Le dijo el Se?or: Bienaventurado t?, Sim?n, hijo de Jon?s, porque no es la carne ni la sangre(Mt 16,17-19).

Estas palabras se dirigen inmediata y exclusivamente a Pedro. Ponen ante su vista en tres im?genes la idea del poder supremo en la nueva sociedad que Cristo va a fundar. Pedro dar? a esta sociedad la unidad y firmeza inquebrantable que da a una casa el estar asentada sobre roca viva (cf. Mt 7,24 y siguientes). Pedro ha de ser tambi?n el poseedor de las llaves, es decir, el administrador del reino de Dios en la tierra (cf. Is 22,22; Apoc 1,18; 3,7: las llaves son el s?mbolo del poder y la soberan?a). A ?l le incumbe finalmente atar y desatar, es decir (seg?n la terminolog?a rab?nica): lanzar la excomuni?n o levantarla, o tambi?n interpretar la ley en el sentido de que una cosa est? permitida (desatada) o no (atada).

De acuerdo con Mt 18,18, donde se concede a todos los ap?stoles el poder de atar y desatar en el sentido de excomulgar o recibir en la comunidad a los fieles, y teniendo en cuenta la expresi?n universal (cuanto atares... cuanto desatares), no es l?cito entender que el pleno poder concedido a Pedro se limita al poder de ense?ar, sino que resulta necesario extenderlo a todo el ?mbito del poder de jurisdicci?n. Dios confirmar? en los cielos todas las obligaciones que imponga o suprima San Pedro en la tierra.

Algunos han tratado de interpretar este pasaje en el sentido de que Cristo habr?a dicho: t? eres Pedro y (se?alando ahora no a Pedro sino a s? mismo) sobre esta Piedra (Jesucristo) edificar? mi Iglesia. Seg?n ?stos, esta interpretaci?n se deduce de que en el texto griego la palabra usada para Pedro es Petros y la palabra usada para piedra es petra. Quisiera responder a esto usando las palabras de un
significa piedra grande. La declaraci?n: T? eres Pedro [] deber?a ser interpretada como una frase que subraya la insignificancia de Pedro.

Los evang?licos creen que lo que Cristo quiso decir es: Pedro, t? eres una piedrita, pero yo edificar? mi Iglesia en esta masa grande de piedra que es la revelaci?n de mi identidad. Un problema con esta interpretaci?n, que muchos estudiosos protestantes de la Biblia admiten, es que mientras que protestante convertido, James Akin: ?Seg?n la regla de interpretaci?n anticat?lica, petros significa piedra peque?a mientras que petra Petros8petros y petra tuvieron estos significados en la poes?a griega antigua, la distinci?n hab?a desaparecido ya en el primer siglo, cuando fue escrito el evangelio de Mateo. En ese momento, las dos palabras significaban lo mismo: una piedra. Otro problema es que cuando Jes?s le habl? a Pedro, no le habl? en griego sino en arameo. En arameo no existe una diferencia entre las dos palabras que en griego se escriben petros y petra. Las dos son k?fa; es por eso que Pablo a menudo se refiere a Pedro como Cefas (cf. 1Co 15,5; Gal 2,9). Lo que Cristo dijo en realidad fue: T? eres K?fa y sobre esta k?fa edificar? mi Iglesia. Pero aun si las palabras petros y petra tuvieran significados diferentes, la lectura protestante de dos piedras diferentes no encuadrar?a con el contexto. La segunda declaraci?n a Pedro ser?a algo que lo disminuye, subrayando su insignificancia con el resultado que Jes?s estar?a diciendo: ?Bendito eres t? Sim?n hijo de Jon?s! T? eres una piedrita insignificante. Aqu? est?n las llaves del reino. Tal serie de incongruencias hubiera sido no s?lo rara sino inexplicable. (Muchos comentaristas protestantes reconocen esto y hacen todo lo posible para negar el significado evidente de este pasaje, a pesar de lo poco convincentes que puedan ser sus explicaciones).

Tambi?n me di cuenta de que las tres declaraciones del Se?or a Pedro estaban compuestas por dos partes, y las segundas partes explican las primeras. La raz?n porque Pedro es bienaventurado fue porque la carne y sangre no te han revelado esto, sino mi Padre que est? en los cielos (v. 17). El significado del cambio de nombre, T? eres Piedra es explicado por la promesa, Sobre esta piedra edificar? mi Iglesia y los poderes de la muerte no prevalecer?n contra ella (v.18). El prop?sito de las llaves es explicado por el encargo de Jes?s: Lo que ates en la tierra ser? atado en el cielo (v.19). Una lectura cuidadosa de estas tres declaraciones, poniendo atenci?n en el contexto inmediato y en interrelaci?n, muestra claramente que Pedro fue la piedra de la cual habl? Jes?s. ?stas y otras consideraciones me revelaron que las interpretaciones est?ndar anticat?licas de este texto no pod?an quedar en pie despu?s de un cuidadoso estudio b?blico.

Hab?an arrancado a la fuerza la segunda declaraci?n de Pedro de su contexto. Yo ratifiqu? mi interpretaci?n, concluyendo que Pedro era verdaderamente la piedra sobre la cual Jes?s edific? su Iglesia. Creo que esto es lo que un lector sin prejuicios concluir?a despu?s de un cuidadoso estudio gramatical y literario de la estructura del texto. Si Pedro era, de hecho, la piedra de que hablaba Jes?s, eso quer?a decir que ?l era la cabeza de los ap?stoles (...) Y si Pedro era la cabeza terrenal de la Iglesia, ?l reflejaba la definici?n m?s b?sica del Papado?. 9

Contra todos los intentos por declarar este pasaje (que aparece ?nicamente en San Mateo) como total o parcialmente interpolado en ?poca posterior, resalta su autenticidad de manera que no deja lugar a duda. Hasta se halla garantizada, no s?lo por la tradici?n un?nime con que aparece en todos los c?dices y versiones antiguas, sino tambi?n por el colorido sem?tico del texto, que salta bien a la vista. No es posible negar con razones convincentes que estas palabras fueron pronunciadas por el Se?or mismo. No es posible mostrar tampoco que se hallen en contradicci?n con otras ense?anzas y hechos referidos en el Evangelio.

El primado se lo concedi? definitivamente el Se?or a Pedro cuando, despu?s de la resurrecci?n, le pregunt? tres veces si le amaba y le hizo el siguiente encargo: Apacienta mis corderos, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas (Jn 21,15-17). Estas palabras, lo mismo que las de Mt 16,18s, se refieren inmediata y exclusivamente a San Pedro. Los ?corderos? y las ?ovejas? representan todo el reba?o de Cristo, es decir, toda la Iglesia (cf. Jn 10). ?Apacentar?, referido a hombres, significa lo mismo que gobernar (cf. Hch 20,28), seg?n la terminolog?a de la antig?edad profana y b?blica.

Pedro, por este triple encargo de Cristo, recibi? el supremo poder gubernativo sobre toda la Iglesia.

Despu?s de la ascensi?n a los cielos, Pedro ejerci? su primado. Desde el primer momento ocupa en la comunidad primitiva un puesto preeminente: Dispone la elecci?n de Mat?as (Hch 1,15ss); es el primero en anunciar, el d?a de Pentecost?s, el mensaje de Cristo, que es el Mes?as muerto en la cruz y resucitado (2,14 ss); da testimonio del mensaje de Cristo delante del Sanedr?n (4,8 ss); recibe en la Iglesia al primer gentil: el centuri?n Cornelio (10,1 ss); es el primero en hablar en el concilio de los ap?stoles (15,17 ss); San Pablo marcha a Jerusal?n ?para conocer a Cefas? (Gal 1,18).


Pedro, obispo de Roma y Primer Papa

Una antigua tradici?n, basada en los anales de la Iglesia y de la Arqueolog?a romana, nos indica que Pedro muere en Roma, donde fue obispo. ?ste es el origen de la preeminencia del obispo de Roma sobre los dem?s obispos sucesores de los Ap?stoles.


Tiene fundamento escritur?stico en el texto de 1Pe 5,13: La Iglesia que est? en la Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan. La expresi?n ?Babilonia? se refiere a Roma, como notan todos los exegetas: ?casi todos los autores antiguos y la mayor parte de los modernos, ven designada en esta expresi?n a la Iglesia de Roma... El nombre de Babilonia era de uso corriente entre los jud?os cristianos para designar la Roma pagana. As? es llamada tambi?n en el Apocalipsis (14,8; 16,19; 17,15; 18,2.10), en los libros ap?crifos y en la literatura rab?nica. La Babilonia del ?ufrates, que en tiempo de San Pedro era un mont?n de ruinas, y la Babilonia de Egipto, peque?a estaci?n militar, han de ser excluidas?10.

Esto lo reconocen incluso los autores protestantes serios. Por ejemplo, Keneth Scott Laturet, prestigioso historiador, escribe en su libro ?Historia de la Iglesia?: ?Pedro viajaba, porque sabemos estuvo en Antioqu?a, y lo que parece una tradici?n digna de confianza, sabemos que estuvo en Roma y all? muri?11.

La Enciclopedia Brit?nica da la referencia de todos los obispos de Roma, comenzando por San Pedro y terminando por Juan Pablo II, 264 Obispos en sucesi?n sin interrupci?n12. Si ya ha sido actualizada, figurar? Benedicto XVI como el n?mero 265.

La ?New American Encyclopedia? dice en su secci?n sobre los Papas: ?Cuando San Pedro dej? Jerusal?n vivi? por un tiempo en Antioqu?a antes de viajar a Roma donde ejerci? como Primado?.
10
Muy fuerte es tambi?n el testimonio de la tradici?n que manifiesta la enorme importancia que tuvieron los primeros obispos de Roma sobre la naciente Cristiandad, justamente por ser sucesores de Pedro. As?, por ejemplo, en el a?o 96, o sea 63 a?os despu?s de la muerte de Cristo, ante un grave conflicto en la comunidad de Corinto, quien tom? cartas para poner orden fue el Obispo de Roma, el Papa Clemente, y esto a pesar de que en ese tiempo, todav?a viv?a el Ap?stol Juan en la cercana ciudad griega de ?feso. Sin embargo, fue una carta de Clemente la que solucion? el problema y a?n doscientos a?os despu?s de este hecho se le?a esta carta en esa Iglesia. Esto s?lo es explicable por la autoridad del sucesor de Pedro en la primitiva Iglesia.

Ireneo, obispo de Lyon, y Padre de la Iglesia de la segunda generaci?n despu?s de los Ap?stoles, escrib?a pocos a?os despu?s: ?Pudiera darles si hubiera habido espacio las listas de obispos de todas las iglesias, mas escojo s?lo la l?nea de la sucesi?n de los obispos de Roma fundada sobre Pedro y Pablo hasta el duod?cimo sucesor hoy?.

Seg?n el primer historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesarea (a?o 312), esta sucesi?n es una se?al y una seguridad de que el Evangelio ha sido conservado y transmitido por la Iglesia Cat?lica.

Bibliograf?a: Hubert Jedin, Historia de la Iglesia, Herder, Barcelona, tomo I; Llorca-Garc?a Villoslada, Montalb?n, Historia de la Iglesia Cat?lica, Tomo I, Edad Antigua, BAC, Madrid 1976, pp. 112-122 (en las notas a pie de p?gina puede verse una abundante bibliograf?a b?blica, hist?rica y arqueol?gica referida a estos hechos); Vizmanos-Riudor, Teolog?a Fundamental, BAC, Madrid 1966, pp. 594-624; M. Schmaus, Teolog?a dogm?tica, Rialp, Madrid 1962, T. IV: La Iglesia, 448-484 y 764-785; C. Journet, L??glise du Verbe incarn?, T. I: La hi?rarchie apostolique, 2? ed. 1955; G. Glez, Primaut? du Pape, ?Dictionnaire de Th?ologie Catholique?, XIII, col. 344 ss.; E. Dublanchy, Infaillibilit?
du Pape, en ?Dictionnaire de Th?ologie Catholique?, VII, col. 1638-1717; J. Madoz, El primado romano, Madrid 1936; O. Karrer, La sucesi?n apost?lica y el Primado, en: ?Panorama de la teolog?a actual?, Madrid 1961, 225-266; G. Philipe, La Iglesia y su misterio en el Concilio Vaticano II, Barcelona 1969, T. I, pp. 363-380; C. Fouard, Saint Pierre et les premi?res ann?es du Christianisme, 10? ed. Par?s 1908; P. De Ambroggi, S. Pietro Apostolo, Rovigo 1951; A. Penna, San Pedro, Madrid 1958; R. Leconte, Pierre, en DB (Suppl.) IV,128 ss.; G. Glez, Pierre (St.), ?Dictionnaire de Th?ologie Catholique?, XIII, col. 247-344; E. Kirschbaum, E. Jynyent, J. Vives, La tumba de S. Pedro y las catacumbas romanas, Madrid 1954; G. Chevrot, Sim?n Pedro, Madrid 1970.


Notas
1 Cf. DS 3055; Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n.18; etc.
2 Tertuliano, De monog. 8.
3 San Cipriano, De unit. eccl. 4.
4 Clemente Alejandrino, Quis dives salvetur 21,4.
5 San Cirilo de Jerusal?n, Catequesis mistag?gicas, 2, 19.
6 San Le?n Magno, Serm?n 4,2.
7 Seg?n la doctrina de los galicanos (E. Richer) y de los febronianos (N. Hontheim), la plenitud del poder espiritual fue concedida por Cristo inmediatamente a toda la Iglesia, y por medio de ?sta pas? a San Pedro, de suerte que ?ste fue el primer ministro de la Iglesia, designado por la Iglesia (?caput ministeriale?). Seg?n el modernismo, el primado no fue establecido por Cristo, sino que se ha ido formando por las circunstancias externas en la ?poca postapost?lica (DS 3452 ss).
8 El autor indica en nota: ?Por ejemplo, D.A. Carson confiesa esto en su comentario sobre Mateo en: ?Expositors Bible Commentary?, Frank Gaebelein, ed. (Grand Rapids: Zondervan, primera edici?n)?.
9 James Akin, Un triunfo y una tragedia, en: Patrick Madrid, op. cit., p. 77-82.
10 Jos? Salguero, O.P., Biblia Comentada, tomo VII, BAC, Madrid 1965, p. 145.
11 Keneth Scott Laturet, Historia de la Iglesia, Ed. Casa Bautista de Publicaciones, Tomo I, p. 112.
12 Cf. Enciclopedia Brit?nica, tomo IX.


Publicado por mario.web @ 23:51
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