S?bado, 21 de mayo de 2011

Acallar la propia vanidad y no pronunciar palabras que son incienso orgulloso del propio ego
Autor: ?lvaro Correa | Fuente: Catholic.net
Hace algunos a?os, los obispos franceses pidieron a los cristianos realizar un ayuno muy particular: renunciar a palabras in?tiles y emplear palabras para dar testimonio.

Hoy retomamos el tema ya que quiz?s muchos no nos planteamos con seriedad qu? palabras saltan el cerco de nuestros dientes -parafraseando al poeta Homero. Nuestro modo de pensar, a veces tan poco orientado, no deja espacio a una serena reflexi?n sobre las expresiones que utilizamos. Decimos lo primero que nos llega a la boca y despu?s, vistas las consecuencias, nos viene el remordimiento de no haber dicho lo que deber?amos o de haber dicho lo que no deber?amos decir. Queremos entonces dar marcha atr?s y pretendemos en vano arrancar al viento nuestras palabras.

?Hay de verdad ?palabras in?tiles?? El hombre de pensamiento y juicio superficial dir?a que no, pero incluso los ni?os, en cuanto estrenan su uso de raz?n, se dan cuenta de que ciertas palabras y expresiones ?no las deben decir?. Tal vez, con la mano sobre el pecho, cada quien deber?a reconocer la ristra de ?palabras in?tiles? que ha pronunciado y que giran el mundo hiriendo a todo pobre mortal que cruza por su camino.

?La Cuaresma es un momento privilegiado de b?squeda de sentido? -dicen los obispos franceses. Es ciertamente un camino de preparaci?n hacia la Pascua, en el que buscamos caminar con mayor firmeza sobre las huellas de Cristo, obediente por amor hasta la muerte de cruz. La invitaci?n a la penitencia, a la oraci?n, y a las obras de caridad viene a tonificar el alma y a purificarla del pecado para mejor disponerla a ?morir y resucitar con Cristo?.

El ayuno de ?palabras in?tiles? y la exhortaci?n a emplear ?palabras de testimonio? se insertan perfectamente en este triple camino de penitencia, de oraci?n y de caridad.

Es en verdad una grande penitencia acallar la propia vanidad y no pronunciar palabras que son incienso orgulloso del propio ego. Duele tambi?n contener la respuesta acalorada ante una humillaci?n o un insulto. Cuesta sujetar las cr?ticas que saltan de la lengua como de un trampol?n cuando uno es contrariado y la soberbia se yergue en desaf?o. Ya dec?a el ap?stol Santiago que quien domina su lengua es ?un var?n perfecto?. Da pena ver c?mo hay personas que se juzgan enraizadas en el c?rculo de sus amistades cuando su lengua se embarra con palabras soeces o expresiones de doble sentido. ?Piensan que siendo malhablados ser?n mejor escuchados? Tal vez se sientan m?s seguras de s? mismas por sus palabras gruesas, pero uno queda sumamente inc?modo al escucharlas. El condimento insustancial de las ?palabras in?tiles? no hacen m?s que desvelar una inmadurez humana y pobreza de esp?ritu.

Hablar lo justo, hablar bien, hablar educadamente es una conquista de hombres recios y de mujeres finas, con ideal y hondo aprecio por la dignidad propia y ajena. Esta penitencia invita adem?s a cerrar o?dos para que la lengua no aprenda lo que no debe decir. Hoy en d?a la televisi?n y el cine se han convertido en los maestros del l?xico. Viene siendo algo habitual que los ni?os y j?venes sean entretenidos por personajes que apuestan su simpat?a en la vulgaridad. Y cuando se anuncia que el programa es ?para mayores de 18 a?os? es casi infalible que habr?, adem?s de escenas inconvenientes para todo hombre que se precie de tener un m?nimo de rectitud y honestidad moral, una retah?la de expresiones indecentes, irrespetuosas e incluso obscenas. Es muy aconsejable para la Cuaresma el ayuno de todas estas palabras. El alma se ahorra una mala digesti?n.

Por otra parte, qu? duda cabe que toda palabra respetuosa, ponderada y educada es una oraci?n. Esta lengua nuestra no debe queda atada cuando hay mucho que decir y testimoniar sobre el amor de Dios y la vocaci?n eterna del hombre. ?De la riqueza del coraz?n habla la boca?, dijo Jesucristo. ?Y qui?n no lleva en su propio coraz?n alguna riqueza? Hemos de hablar mucho, sin cansarnos, de todo el bien que se ve, que se sabe, que se oye y que se toca. Estamos rodeados de personas maravillosas y vivimos en un mundo incomparablemente bello. Todo es una poes?a del amor de Dios. ?C?mo se va a quedar muda la lengua? Bien sentenciaba san Agust?n que ?no podemos creer y quedarnos callados?. El amor coloca en la lengua la palabra feliz, justa, amistosa y rica. Una palabra o una expresi?n ?in?til? ser?a aquella que procede sin amor del coraz?n, pues todo lo que no tiene amor es de verdad ?in?til?. La oraci?n del hombre que habla bien de y a los dem?s tiene su origen en el di?logo de la propia alma con Dios. Quien vive con el coraz?n en el cielo camina con respeto sagrado sobre la tierra. La lengua que ora aprende a alabar, bendecir, perdonar, disculpar y a ofrecer a los dem?s la palabra digna. Si cada cristiano y hombre de buena voluntad se empe?a en purificar su vocabulario de acuerdo a su ideal de vida eterna, se dar? cuenta de un resultado estupendo: no hay suficiente vocabulario para hacer el bien y es insuficiente el diccionario para expresar la alegr?a del alma. Por el contrario, bien se sabe, basta una sola ?palabra in?til? para manchar una relaci?n consigo mismo y con los dem?s.

La caridad de la Cuaresma tambi?n abraza nuestras expresiones. El diccionario de la Real Academia Espa?ola define la maledicencia como ?el h?bito de maldecir o denigrar?. ?sta es una herida mortal para el alma del cristiano. La persona maldiciente se coloca fuera del esp?ritu de caridad que Cristo nos ha dejado como su tesoro y testamento. Hay una brutal ruptura entre el ejemplo de Cristo y su doctrina de amor sin l?mites al pr?jimo, frente a la maledicencia que denigra la fama y el buen nombre de los dem?s. Por lo general, el maldiciente o dado a la cr?tica ataca como los traidores, siempre por la espalda, cuando su pobre v?ctima no se encuentra presente. La Cuaresma debe purificar este c?ncer de la lengua y del coraz?n. Que las palabras no sean malas, sino buenas hasta que se pueda instaurar una s?lida ?benedicencia? que act?e como una estructura de nuestras amistades. Da pena escribir ?benedicencia? entre comillas, pues el vocablo no est? en el diccionario. La raz?n -seg?n se expresaron los peritos- es porque se trata de una palabra que no usa la gente y como ?el pueblo crea el vocabulario?.... Uno se sonroja leyendo en el diccionario la definici?n de las palabras usadas en los insultos y viendo que no existe el vocablo ?benedicencia?. El pueblo, por lo visto, no habla bien.

Para las fiestas de la Pascua, Dios quiera que el Resucitado escuche de nuestros labios las palabras que son dignas de un hombre y de una mujer preparados para participar de su triunfo sobre el mal y la muerte.


Publicado por mario.web @ 0:26
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