S?bado, 21 de mayo de 2011
No es necesario importar vocaciones, pues el Se?or contin?a llamando en cada iglesia y en cada lugar
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Pastoral Vocacional: fruto de la planeaci?n o fruto de la identidad
Pastoral Vocacional: fruto de la planeaci?n o fruto de la identidad

1. Introducci?n: planteamiento del problema

No podemos negar la realidad evidente de la situaci?n vocacional, especialmente en Europa. Haciendo un recorrido por la geograf?a religiosa se observa desde Lisboa hasta Viena la disminuci?n, a veces con tinte dram?ticos, de la vida religiosa femenina. Las estad?sticas hablan por s? solas (1) y basta decir que el grupo m?s numeroso de las religiosas en Europa son aquellas que tienen entre 70 y 80 a?os de edad, el 21%.

Se ha escrito mucho sobre las posibles causas de esta disminuci?n, especialmente cuando se le compara con el crecimiento que experiment? entre los a?os de 1911 y 1931 y que lleg? a ser del 229.9%. Este incremento continuara aunque no en forma sostenida, hasta los a?os sesenta, para comenzar a ver la disminuci?n hacia el inicio de los setenta.

Pocos autores, al considerar el estudio de las estad?sticas se han dado a la tarea de investigar las causas, no del bajo n?mero de aspirantes a la vida religiosa, sino del fen?menos com?n, o m?s bien dicho, de dos fen?menos que se dieron casi al mismo tiempo: la salida, casi en forma exponencial, que muchos institutos sufrieron pro parte de sus religiosas a partir de las d?cadas que marca el inicio del a?o de 1970 y aqu?l de la poca o nula entrada de nuevas vocaciones. Se habl?, como una posible explicaci?n al fen?meno individual de la falta de vocaciones en ese per?odo de un proceso de desestabilizaci?n, de un re-descubrimiento de la persona, de la creatividad en la misi?n, del cuestionamiento sobre el carisma, y por fin, de la vuelta a la institucionalizaci?n y a la formaci?n (2).

Otros, para explicar el fen?meno de la falta de vocaciones, ponen el ?nfasis en el proceso de bienestar econ?mico que llega a Europa a partir de los a?os 70s y que, seg?n ellos, origina en los j?venes una p?rdida de inter?s por los valores religiosos y espirituales.

Para explicar estos dos fen?menos en forme paralela y casi unida, quiero centrar mi atenci?n en lo acaecido a las religiosas en las dos primeras d?cadas del post-concilio: los a?os setentas y ochentas. No podemos dejar de preguntarnos si estos dos fen?menos sociol?gicos tienen un fundamento com?n: la ca?da de las vocaciones y la p?rdida, olvido o replanteamiento de la identidad religiosa. No es posible establecer una regresi?n econom?trica para fijar con exactitud la correlaci?n entre estos dos fen?menos, pero podemos ayudarnos de la Psicolog?a y de la Teolog?a espiritual para explicar la relaci?n que se da entre la p?rdida de la identidad y la vida religiosa durante estas dos d?cadas y la falta de vocaciones, especialmente a partir de 1990.

Sabemos que la vocaci?n es un don de Dios para vivir cerca de Cristo: ?En efecto, la profesi?n de los consejos evang?licos los presenta como signo y profec?a para la comunidad de los hermanos y para el mundo; encuentran pues en ellos particular resonancia las palabras extasiadas de Pedro: ?Bueno es estarnos aqu?? (Mt 17, 4). Estas palabras muestran la orientaci?n cristoc?ntrica de toda la vida cristiana. Sin embargo, expresan con particular elocuencia el car?cter absoluto que constituye el dinamismo profundo de la vocaci?n a la vida consagrada: ?qu? hermoso es estar contigo, dedicarnos a ti, concentrar de modo exclusivo nuestra existencia en ti! En efecto, quien ha recibido la gracia de esta especial comuni?n de amor con Cristo, se siente como seducido por su fulgor: ?l es ?el m?s hermoso de los hijos de Ad?n? (Sal 4544, 3), el Incomparable.? (3)

Este car?cter ?totalizante? no fue visto as? por quienes interpretaron el Concilio y creyeron que la vocaci?n a la vida consagrada admit?a diversidad de formas, algunas de ellas parad?jicamente contrarias a lo que intent? decir el Concilio, fijando de esta forma los l?mites entre las diversas vocaciones: ?Todos los fieles, en virtud de su regeneraci?n en Cristo, participan de una dignidad com?n; todos son llamados a la santidad; todos cooperan a la edificaci?n del ?nico Cuerpo de Cristo, cada uno seg?n su propia vocaci?n y el don recibido del Esp?ritu (cf. Rm 12, 38). La igual dignidad de todos los miembros de la Iglesia es obra del Esp?ritu; est? fundada en el Bautismo y la Confirmaci?n y corroborada por la Eucarist?a. Sin embargo, tambi?n es obra del Esp?ritu la variedad de formas. ?l constituye la Iglesia como una comuni?n org?nica en la diversidad de vocaciones, carismas y ministerios.

Las vocaciones a la vida laical, al ministerio ordenado y a la vida consagrada se pueden considerar paradigm?ticas, dado que todas las vocaciones particulares, bajo uno u otro aspecto, se refieren o se reconducen a ellas, consideradas separadamente o en conjunto, seg?n la riqueza del don de Dios. Adem?s, est?n al servicio unas de otras para el crecimiento del Cuerpo de Cristo en la historia y para su misi?n en el mundo. Todos en la Iglesia son consagrados en el Bautismo y en la Confirmaci?n, pero el ministerio ordenado y la vida consagrada suponen una vocaci?n distinta y una forma espec?fica de consagraci?n, en raz?n de una misi?n peculiar? (4).

A este fen?meno debemos sumar el de las fuerzas apost?licas dirigidas a lugares y a ambientes nuevos. Se hablaba de ?fraternidad, koinonia, creatividad por mientras, iglesia local, peque?a comunidad; se multiplicaron los grupos peque?os de religiosos o religiosas en habitaci?n com?n, con un estilo de vida pobre, con una liturgia simplificada y muy a menudo dedicados a un trabajo como cualquier otro laico? (5). Es el tiempo en que se dejan los trabajos apost?licos considerados tradicionales (catequesis en parroquia, educaci?n cat?lica desde la escuela materna-kinder, jard?n de infancia- hasta la universidad, animaci?n de grupos juveniles, direcci?n espiritual) y se lanzan las fuerzas a los as? llamados apostolados de vanguardia: grupos de base, promoci?n de los derechos humanos, trabajos por la justicia y la paz de los pueblos marginados, di?logo interreligioso, concientizaci?n de las clases sociales.

Son dos fen?menos ?la as? llamada p?rdida de la identidad religiosa femenina y el abandono de los apostolados tradicionales- que si se analizan conjuntamente pueden explicar en gran parte la situaci?n de la ca?da de las vocaciones en Europa.

Por un lado se da una fuerte desorientaci?n en la vida consagrada. La mujer consagrada de un momento a otro, no sabe m?s quien es. Desde el punto de vista psicol?gico quien pierde su identidad, entra en una fuerte crisis existencial. No saber quien se es en la vida, significa abandonarse al vaiv?n de las circunstancias. Los int?rpretes del concilio fueron sembrando la duda en la religiosa: se hablaba de la incertidumbre del futuro de la vida consagrada, se dudaba de su validez no s?lo para el mundo sin para la Iglesia, plante?ndose una y otra vez si la vida consagrada era parte espec?fica de la Iglesia Cat?lica. De esta manera muchas religiosas perdieron a?os pensando y re-pensando su identidad. Se preguntaban sobre su futuro y solo ve?an dudas en el horizonte.

Quien no conoce su misi?n en esta vida, no puede ser gu?a eficaz para otros. ?Nada es m?s l?gico y coherente en una vocaci?n, que engendrar otras vocaciones? (6). Pero si esta vocaci?n se encuentra desorientada, apagada, no puede ?ser luz para los dem?s?.

Los a?os pasaban y las generaciones se perd?an. Quien deb?a ayudar a otros a encontrar su vocaci?n y su puesto en la vida, estaba ocupado pensando y re-pensando su vocaci?n. De esta forma, quien deber?a haber seguido orientando a chicos sobre la respuesta a una vocaci?n en la vida, se pasaba ahora las horas en psicoan?lisis, terapias de grupo o ejercicios de yoga, para re-encontrar su identidad perdida qui?n sabe d?nde. Quien deber?a estar al frente en los colegios para formar a las futuras mam?s de los hogares cristianos, ahora se encontraba por las calles repartiendo volantes sobre la dignidad de la mujer y denunciando la opresi?n de los ricos contra los pobres en los pa?ses del Tercer mundo.

No quiero pecar de ser simplista en este an?lisis, pues soy consciente que la situaci?n es compleja de dilucidar en un art?culo. Pero sostengo mi tesis: se descuid?, durante muchos a?os (y lo peor: se sigue descuidando) la labor b?sica de la evangelizaci?n, principalmente por una p?rdida ficticia de la identidad religiosa. Y quiero recalcar el t?rmino de ficticia, pues el Concilio fue claro desde la Perfectae Caritatis: ?Mas en medio de tanta diversidad de dones, todos los que son llamados por Dios a la pr?ctica de los consejos evang?licos y fielmente los profesan se consagran de modo particular al Se?or, siguiendo a Cristo, quien, virgen y pobre, redimi? y santific? a los hombres por su obediencia hasta la muerte de Cruz. As?, impulsados por la caridad que el Esp?ritu Santo difunde en sus corazones, viven m?s y m?s para Cristo y para su Cuerpo, que es la Iglesia. Porque cuanto m?s fervientemente se unan a Cristo por medio de esta donaci?n de s? mismos, que abarca la vida entera, m?s exuberante resultar? la vida de la Iglesia y m?s intensamente fecundo su apostolado.

Mas para que el eminente valor de la vida consagrada por la profesi?n de los consejos evang?licos y su funci?n necesaria, tambi?n en las actuales circunstancias, redunden en mayor bien de la Iglesia, este Sagrado Concilio establece lo siguiente que, sin embargo, no expresa m?s que los principios generales de renovaci?n y acomodaci?n de la vida y de la disciplina de las familias religiosas y tambi?n, atendida su ?ndole peculiar de las sociedades de vida com?n sin voto y de los institutos seculares.? (7)

Nunca se habla de cambio del concepto de la vida consagrada, sino simple y sencillamente de renovaci?n y acomodaci?n. Despu?s veremos llegar una serie de desviaciones que, mal fund?ndose en estos dos conceptos, y adapt?ndolos a lo que eran interpretaciones personales, originaron cuestionamientos infundados sobre la vida consagrada, de forma que muchas mujeres consagradas, y viene aqu? mi segunda tesis, por falta de formaci?n, que ped?a el Concilio, dejaron vac?as de Evangelio a la generaciones de los a?os 70,80, en Europa.

Durante esos a?os las adolescentes y las j?venes crecieron con todo tipo de ideas sobre la religi?n. No abundaremos en ellas, pero s?lo se?alaremos que debiendo conocer y enamorarse de Cristo, se quedaron con ideas confusas, si no contrarias ?en ocasiones- a la religi?n e incluso a la Iglesia Cat?lica. Como consecuencia l?gica, se abandon? el cultivo de las virtudes cristianas, la frecuencia de los sacramentos, el ejercicio de apostolado y la direcci?n espiritual. De un momento a otro la vida espiritual fue cediendo el puesto a una vida secularizada, esgrimi?ndose como bandera el respeto a la personalidad, a la libertad, a la toma de decisiones ?ntimamente propias, sin influencia de otros. Sin una vida cristiana es muy dif?cil, sino imposible, el que puedan germinar las vocaciones.

Estamos ya en grado de ver la correlaci?n de los dos fen?menos. Por un lado la mujer consagrada se preguntaba y cuestionaba constantemente sobre su identidad, dando una imagen l?nguida de s? misma (8), cuando no abandonando la vida consagrada. Y por otro lado se abandonaba la evangelizaci?n de la sociedad europea, dejando sin gu?a ni direcci?n la formaci?n espiritual y religiosa de las nuevas generaciones de ese continente.

Los resultados no pueden ser m?s evidentes: al no dedicar personal a la evangelizaci?n, personal que estaba en crisis o que hab?a dejado recientemente la Congregaci?n, los j?venes de los a?os 70s y 80s nunca oyeron hablar de un Cristo atractivo y nunca vieron el ejemplo de una mujer consagrada, segura en su fe, que les pudiera servir de im?n para la vida consagrada. Por lo tanto la d?cada de los noventas inicia con una generaci?n de j?venes que no han sido evangelizados adecuadamente y que no han sido formados para plantearse el problema de la vocaci?n en la vida.


2. La identidad y la Pastoral Vocacional

?Quisi?ramos recordarles que solo un testimonio coral hace eficaz la animaci?n vocacional, y que la crisis vocacional va unida, ante todo, a la falta de responsabilidad de alg?n testimonio que hace d?bil el mensaje.? (9)

Una persona con una identidad clara ayuda a sus semejantes a encontrar el sentido de la vida. Cuando una persona conoce quien es, cual es su mision en la vida, es capaz de provocar una revoluci?n en todo su ser y en aquellos que la rodean. Lo vemos en el ejemplo de los primeros ap?stoles, que se sintieron atra?dos por Jesucristo pues vieron en el al hombre por excelencia, se?alado por Juan: ? He ah? al Cordero de Dios?.

La identidad del hombre consiste en la construcci?n del hombre aut?ntico e integral en todas sus dimensiones y sus posibilidades, estudiando adecuadamente sus facultades y sus actividades, para descubrir cual es su verdadero ser (10).

La mujer consagrada debe construir esta identidad y para elle debe huir, como dice Cencini (11) , de una concepci?n antropol?gicamente negativa (freudiana) o demasiado positiva (rogeriana). Debe mas bien partir de que es ? un ser consciente y libre llamado a crecer en la conciencia que lleva el dominio de s? mismo, y en la libertad que lleva a la responsabilidad; una realidad dividida en si misma y atra?da por fuerzas opuestas es llamada a vivir la relaci?n interpersonal; un ser capaz de trascenderse a si mismo, hasta el punto de abrirse al divino y de sentirse amado y poder amarlo? (12).

Un camino hacia la construcci?n de una identidad fuerte y bien trabada la encontrar? sin duda en el Magisterio de la Iglesia y el carisma de su Congregaci?n. Estos dos pilares encierran en s? mismos los elementos para fundamentar la raz?n, la voluntad, los sentimientos y la experiencia espiritual que como mujer consagrada debe desarrollar a lo largo de su vida de entrega a la voluntad de Dios. De esta forma ofrece al mundo ?el signo de una esperanza en la medida en que testimonie la dimensi?n trascendente de la existencia.? (13)

Para ser punto de referencia para otros, la mujer debe observarse a si misma. ? En el deseo de ser ella, la mujer se observe a si misma? (14) . Debe observar su fisiolog?a, su psicolog?a, sus facultades superiores y su esp?ritu. Observ?ndolo se dar? cuenta de los l?mites y las posibilidades y as? podr? cultivar lo que de mas aut?ntico hay en ella para ofrecer la imagen de una mujer siempre nueva.

Bajo esta perspectiva, pero siempre con los mismos resultados la religiosa debe construir su identidad en cuatro niveles, pues no podemos olvidar que el ser humano se conforma de diversos elementos que se complementan, se interrelacionan y deben armonizarse. Estos cuatro niveles ser?n: la identidad humana, la identidad cristiana, la identidad consagrada y la identidad carism?tica (15) . Cuando se tiene la identidad clara, cuando se sabe quien es una, la misi?n que se tiene en la vida y hasta donde se debe llegar, se est? en posibilidad de iniciar la aventura de la vida consagrada. ?A lo largo de los siglos nunca han faltado hombres y mujeres que, d?ciles a la llamada del Padre y a la moci?n del Esp?ritu, han elegido este camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a El con coraz?n ? indiviso ? (cf. 1 Co 7, 34). Tambi?n ellos, como los Ap?stoles, han dejado todo para estar con El y ponerse, como El, al servicio de Dios y de los hermanos. De este modo han contribuido a manifestar el misterio y la misi?n de la Iglesia con los m?ltiples carismas de vida espiritual y apost?lica que les distribu?a el Esp?ritu Santo, y por ello han cooperado tambi?n a renovar la sociedad?. (16)

La mujer consagrada que posee una fuerte identidad , lo hemos dicho, atrae a otros j?venes, primero porque el hombre tiene necesidad de ser siempre reconfirmado en su camino y segundo, por la maravillosa oportunidad que hoy tiene la mujer consagrada de ser faro en una Europa secularizada.


3. Identidad y confirmaci?n en la vida

Son muchos los elementos que constituyen la identidad. Alessandro M. Ravaglioli(17) se?ala entre otros: los datos gen?ticos (yo actual), las aspiraciones(yo ideal), y la vocaci?n (yo llamado). Estos tres elementos dan una seguridad en la vida y le indican a la persona hacia donde dirigirse.

Bien sabemos que la vida ofrece a cada momento distintas posibilidades, que llevaran l?gicamente a la realizaci?n personal. Escoger, rechazar, desarrollar, son acciones que realizamos constantemente en base a nuestra opci?n fundamental, que constituye el centro de atracci?n de nuestra identidad. As?, cuando tenemos claro lo que debemos ser, lo que somos y los recursos con los que contamos para pasar de lo que somos a lo que debemos ser, la persona se convierte en una persona segura, sabe hacia donde se dirige, quiere dirigirse hacia esa meta, busca y pone los medios para lograrlo. Y la seguridad es algo que todos buscamos en primera persona. No hay cosa m?s odiosa en la vida que divagar sin sentido, sin esperanza en un futuro: ?Pero, como han subrayado los Padres sinodales, ?el hombre no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se convertir?a en insoportable?. (18)

Si el hombre busca en s? mismo seguridad y seguridades, es posible se sienta atra?do al contemplar el ejemplo de una persona que viva esa seguridad. Alguien que posee una identidad clara y lucha por alcanzar y vivir con coherencia dicha identidad, no puede pasar desapercibida. Ella no es la que se hace notar. Es su seguridad la que hace otros se sientan atra?dos por su estilo de vida.


4. Oportunidad en Europa

Y actualmente en Europa debido al fuerte proceso de secularizaci?n originado en parte, a mi modo de ver, por el vac?o evangelizador que dejaron las mujeres consagradas de la d?cada de los 70 y 80 del siglo pasado, las nuevas generaciones de ni?as, adolescentes y j?venes, est?n creciendo o han crecido sin referencias trascendentales en la vida, por no mencionar la escasez de valores espirituales y cristianos. ?Otro aspecto caracteriza la actualidad sociocultural europea: la abundancia de posibilidades, de ocasiones, de solicitudes, frente a la carencia de enfoques, de propuestas de proyectos? Cuando una cultura, en efecto, no define ya las supremas posibilidades de significado o no logra la convergencia en torno a algunos valores como particularmente capaces para dar sentido a la vida, sino que pone todo al mismo plano, pierde toda posibilidad de opci?n proyectiva y todo llega a ser indiferente y sin importancia? (19). Y como consecuencia de ello tenemos una situaci?n descrita por la Exhortaci?n Apost?lica post sinodal Ecclesia in Europa: p?rdida de la memoria y de la herencia cristiana, agnosticismo practico, indiferentismo religioso, la dificultad de vivir la fe en un contexto social y cultural actual, miedo para afrontar el futuro, fragmentaci?n de la existencia, prevalece un gran sensaci?n de soledad, se multiplican las divisiones y las contraposiciones, crisis familiares, conflictos ?tnicos y raciales, egocentrismo, cuidado exagerado de los propios intereses y privilegios, se da una disminuci?n de la solidaridad interpersonal, se busca fundar una antropolog?a sin Dios y sin Cristo, una cultura de los medios de comunicaci?n contraria al Evangelio, un relativismo moral y jur?dico, se dejan a un lado los valores del evangelio en la formaci?n de la Europa.

Las ni?as y las j?venes nacidas al cobijo de esta nueva cultura, aparentemente de lo que podr?a parecer, est?n ansiosas de mujeres que les indiquen el camino en la vida. Son ni?as y j?venes ?ancianas? con una ?pobreza de sentido? (20). El panorama podr?a parecer desolador, a primera vista : un vasto proceso de secularizaci?n, una sociedad alejada de Dios y que conscientemente quiere construir la sociedad civil al margen de los valores evang?licos, medios de comunicaci?n que promueven una cultura precisamente contraria al Evangelio, j?venes a los que hay que evangelizar, pues nunca han o?do el mensaje de la Buena Nueva. Sin embargo, son precisamente estas dificultades a las que se le presentan a la mujer consagrada como magn?ficas oportunidades para comenzar una pastoral vocacional.


5. La pastoral Vocacional del tercer milenio en Europa

Han sido varias las tentativas por poner en marcha una pastoral vocacional en Europa: ?naci? como una emergencia debida a una situaci?n de crisis e indigencia vocacional...se orientaba exclusiva y principalmente a algunas vocaciones (religiosas)...trataba de circunscribir su campo de acci?n a algunas categor?as de personas...nac?a en buena parte del medio (a la desaparici?n, a la disminuci?n) y de la pretensi?n de mantener determinados niveles de presencia o de obras...era permanentemente insegura y t?mida, casi hasta aparecer en condiciones de inferioridad respecto a una cultura antivocacional.. parec?a ser el reclutamiento o el m?todo de propaganda... se cre?a resolver la crisis vocacional con opciones discutibles, por ejemplo importando vocaciones... se improvisaba y se hacia de la animaci?n iniciativas y experiencias epis?dicas.? (21)

Ahora, la pastoral vocacional, siguiendo los lineamientos del evangelio de la esperanza, de la Exhortaci?n Apost?lica pos-sinodal Ecclesia in Europa, deber?a empezar precisamente por la esperanza, pues si la vida consagrada es un don que Dios ha regalado a la Iglesia, debemos suponer y esperar que este don permanecer? en el tiempo mientras permanezca la Iglesia. (22)

Por lo tanto, la mujer consagrada debe partir de la esperanza, si quiere iniciar la pastoral vocacional. Jesucristo (23). Teniendo a Jesucristo en su vida, podr? tener una clara identidad de vida: ?La vocaci?n lleva en s? la respuesta al interrogativo Porqu? ser hombre y c?mo serlo. Esta respuesta da una nueva dimensi?n a toda la vida y establece su sentido definitivo. Tal sentido surge en la paradoja evang?lica del que pierde la vida queriendo salvarla y del que, al contrario, la salva perdi?ndola, a causa de Cristo y del Evangelio, como leemos en Marcos? (24). ?Partir de una identidad clara, fuerte, que d? sentido a la vida, para comenzar una pastoral sobre la vida. Las nuevas generaciones, a?n antes de comenzar la vida, la tienen perdida. No saben quienes son ni lo que buscan. Es necesario, por tanto, que la religiosa se presente como promotora de la vida, como una mujer que acompa?a a otra en el descubrimiento de la vida. Propone la vida como un don y ayuda a la joven a descubrir ese don para ella, debe ella misma vivir en la esperanza.? (25)

De aqu? se desprende que la religiosa deba ser una educadora en la fe con un m?todo de acompa?amiento comprobado para poder prestar ayuda a quien esta en b?squeda del sentido de su vida. Esta b?squeda no se realiza simple y sencillamente con la predicaci?n. Es necesario que el alma vea, se enamore y se decida. Pero no puede hacerlo por s? sola. La direcci?n espiritual, en el caso de la decisi?n de vida es de un valor inestimable como lo atestigua Andre Louf (26). Por otro lado el papel que la mujer va ejercitando y puede ejercitar en la direcci?n espiritual, cada d?a viene m?s reconocido por la Iglesia (27) y por el mismo Derecho Can?nico, que en el Canon 630 explicita y deja abierta la puerta para que las mismas superoras puedan ejercer el papel de directoras espirituales.

La mujer consagrada deber? darse cuenta que no es necesario importar vocaciones, pues el Se?or contin?a llamando en cada iglesia y en cada lugar. Deber?, sin lugar a dudas, no tener miedo al futuro, afianz?ndose en la esperanza cristiana, que nace de la fe y se proyecta hacia la novedad y el futuro de Dios. Para vivir en la esperanza es necesario dejar a un lado el des?nimo, el cansancio, la falta de proyecci?n y deber? centrarse en el cultivo de la vida cristiana a trav?s de aquellas obras apost?licas inspiradas por el carisma de la congregaci?n.

Por ello, concluimos, la pastoral vocacional no es fruto de la planeaci?n, sino fruto de la identidad de vida. Quien sabe qui?n es y ad?nde va, encontrar? la felicidad de seguir al Se?or y con su testimonio de vida, con su seguridad principalmente, no dejara de gritar a otros: ?Hemos encontrado al Mes?as, que quiere decir Cristo. Y le llevo donde Jes?s?. (Jn. 1, 41-42). ?Tengan en cuenta, sin embargo, todos que el ejemplo de la propia vida es la mejor recomendaci?n de su propio instituto y una invitaci?n a abrazar la vida religiosa?. (28)





Comentarios al autor de este art?culo
Germ?n S?nchez Griese


Publicado por mario.web @ 10:42
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